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Cuarteto presenta “Respiro” el 20 de septiembre (Vía Rosario)

 

La banda de jazz rosarina se presenta en Plataforma Lavardén a las 21.30 hs

El grupo Cuarteto se presenta nuevamente en Rosario el próximo 20 de septiembre. En esta oportunidad saldrán a escena en el Gran Salón de Plataforma Lavardén a las 21.30 hs, donde darán conocer su primer trabajo discográfico, “Respiro”.

La formación, que tiene un original e innovador enfoque del jazz y está basado en composiciones originales, se funda en la colaboración colectiva y la búsqueda de un potencial mayor del arte en términos compositivos y grupales.

Cuarteto está conformado por Mariano Ruggieri (piano), Emanuel Marquiore (guitarra), Franco Di Renzo (contrabajo), Sebastián Mamet (batería).

Las entradas anticipadas pueden conseguirse en el teatro (Mendoza y Sarmiento) o el día de la función en el hall del 5to piso.

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Excelente recorrido por la historia del instrumento (Tiempo Argentino)

El contrabajo es, quizás junto con la viola, el instrumento de cuerda para el cual existen menos composiciones para su lucimiento solista. Y esto se debe principalmente a que estos instrumentos están destinados a aportar el sustento armónico y rítmico de las obras musicales en las que intervienen.

Sin embargo, el contrabajo es el motor vital de una composición, y esto se puede percibir, tanto en el jazz como en el tango. Sergio Rivas, integrante del trío de Rodolfo Mederos y primer contrabajo de la Orquesta Nacional Juan de Dios Filiberto lo demuestra en su primer disco, Pa’que trabaje el grandote, en el que hace un recorrido por la historia de este instrumento en el tango.Presentado como una recopilación de las obras que fueron escritas para el contrabajo como solista en el género, Rivas se adentra en su historia y la saca a relucir en formato de dúos, lo que permite apreciar no sólo su calidad como ejecutante, sino también el alto nivel de las composiciones que encara.Esta excursión se inicia con tres obras inéditas de Leopoldo Thompson, el primer contrabajista del tango y creador del estilo canyengue, escritas en 1920: “Tren de farra”, “Pierna… ´e palo” y “Mano brava”.

No es casual la elección de este instrumentista y compositor, integrante del primer sexteto del Julio De Caro y que, según el músico e investigador Juan Carlos Cáceres, sentó las bases de la pulsión rítmica del tango, a la que asocia con la presencia de la negritud y la influencia de los ritmo del candombe en el género porteño.

El álbum continúa su recorrido con “Negligee” (1929) de Vicente Sciarretta y se acerca más acá en el tiempo con obras como “Contrabajeando” (1954) de Troilo y Piazzolla, “Kicho” (1970) de Piazzolla, “Que nunca falte” (1993/94) de Omar Valente, “Caminando” (2001) de Rodolfo Mederos y “De tal palo” (2006) de Leopoldo Federico entre otras obras.

Rivas demuestra en los 15 temas que componen la placa su gran nivel como intérprete y consigue momentos de gran interacción con los músicos que participan en los duetos: Armando De la Vega en guitarra acústica, Horacio Romo y Fernando Taborda en bandoneón, Natalia González Figueroa y Oscar De Elía en piano.

Pa’que trabaje el grandote (título que homenajea a una milonga de Argentino Galván, compuesta cerca de 1955 y cuya partitura, anticipatoria de “Contrabajeando”, se encuentra perdida), permite colocar en primer plano a un instrumento que es el corazón rítmico del tango.Pero Sergio Rivas demuestra con este trabajo de investigación, que “el grandote” además de gran tamaño tiene alma y mucho para decir.

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Un muy atractivo disco (El Amante)

Más allá de su carácter de instrumento casi imprescindible en las formaciones tangueras, no son muchas las obras escritas para contrabajo a lo largo de la historia del tango. Sergio Rivas, integrante de la Orquesta Nacional Juan de Dios Filiberto y del trío de Rodolfo Mederos, se ha propuesto en este disco hacer una suerte de historia de los trabajos escritos para “el grandote” a lo largo de casi un siglo.

Instrumentista de notable virtuosismo, particularmente en su trabajo con el arco, ofrece aquí un rico muestrario de las obras mencionadas, contando con la colaboración de destacados músicos en diversos dúos. Así se pueden escuchar tres tangos de estilo “canyengue”de Leopoldo Thompson, considerado el primer contrabajista del tango, compuestos en 1920 y en los que lo acompaña el guitarrista Armando De la Vega y Negligée, de Vicente Sciarretta, quien lo tocara en el sexteto de Julio De Caro, de 1929, en dúo con el pianista Oscar D´Elía.

La historia moderna del instrumento comienza con Contrabajeando, 1954, de Troilo y Piazzola, donde lo acompaña el bandoneonista Fernando Taborda. De Piazzolla se escucharán dos obras mayores, Kicho, 1970, dedicada a Enrique Díaz, integrante de varios de sus conjuntos, con Natalia González Figueroa en piano y Contrabajísimo, 1986, donde lo acompaña De la Vega. Pero hay varios títulos más, entre las que cabe destacar, Tangueando en el contrabajo, en dúo con D´Elía, Porteño, de Osvaldo Requena, el único solo de Rivas y De tal palo, que Leopoldo Federico le dedicara a Horacio Cabarcos, aquí otra vez con Taborda.

Un muy atractivo disco, dedicado al instrumento tal vez menos popular de la orquesta, y que muestra sus posibilidades cuando cae en manos de un gran intérprete y muy buenos compositores.
Por Jorge García. 

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Una muestra de virtuosismo (Télam)

Ligado al contrabajo, instrumento desde el que ostenta dos décadas de notable camino como integrante estable de los conjuntos del bandoneonísta Rodolfo Mederos y miembro de la Orquesta Popular de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, Rivas emprendió la tarea documental y artística de repasar la historia de su instrumento dentro del tango.

Con espíritu de buceador pero también -y fundamentalmente- con exquisito talento, el rosarino viaja hasta la década del 20 para asumir tres obras de Leopoldo Thompson, un guitarrista devenido en contrabajista por cuestiones de sonido ligadas a la aparición del piano en las formaciones tangueras.

Desde 1920 hasta casi nuestros días, el músico asume 15 piezas que muestran la riqueza de un instrumento tan esencial como algo desvalorizado dentro del tango y en ese tránsito recupera creaciones de Troilo-Piazzolla, de Astor y, más cerca en el tiempo, de Mederos, Cabarcos y Federico.

Como documento sonoro y como testimonio artístico, Rivas festeja al “grandote” que lo acompaña en sus andanzas musicales y en el tributo regala una muestra de virtuosismo colocada al servicio de nuestra música ciudadana.

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“Todo lo que hacés tiene la impronta de donde sos, y yo soy del tango” (Rosario/12)

 

Por Edgardo Pérez Castillo

Aunque no se haga mención explícita de ello en el propio disco, el acercamiento a Tangolpeando (BlueArt Records, 2012) se resignifica al considerar que se trata del capítulo inicial de Tricota, la serie de discos que Adrián Abonizio ya ha planificado junto a su cómplice musical, Rodrigo Aberastegui, y que explicitará su histórica vinculación con un género que lo ha acompañado (aunque veladamente) durante toda su historia artística: El tango, claro. Con instrumentaciones despojadas, sacando gran rédito del dúo de guitarra y voz, Abonizio firma una docena de canciones de alma tanguera, paseándose por diversas corrientes de un género al que tributa con respeto, y al que logra renovar con letras bellas y fuertes, adornadas con sarcasmo e ironía. El próximo sábado, el cantante y compositor presentará junto a su grupo esa docena de tangos, con un show que dará comienzo a las 21.30 en el Gran Salón de Plataforma Lavardén.

Autor prolífico, Adrián Abonizio supo traslucir en su lírica su esencia tanguera, sin embargo es en Tangolpeando donde logra lanzarse plenamente a un género con el que, dice, ha sostenido “un amor ininterrumpido”. “Siempre quise hacer un disco de tangos, lo que pasa es que lo iba posponiendo por la inmediatez de, como dice un amigo, agarrármela con distintos géneros: Con el folklore, con el llamado rock nacional, con la música rosarina ﷓reconoce﷓. Lo que pasa es que todo lo que hacés tiene la impronta de donde sos, y yo soy del tango, no vengo de otro lado. Mis primeras cosas vitales, cosas para resolver en mi vida, estuvieron basadas en las letras de tango. Pasa que después uno normalmente se tiene que revelar… contra los padres… contra ese lugar común de la tristeza del tango, contra todo lo que significaba el tango cuando uno era chico. Cuando uno era muy chiquito, el tango era cobijo, protección, la radio sonando por ahí cuando no había televisión. Después cuando sos más grande eso se vuelve odioso, porque representa el ahogamiento de la familia. Ves que las letras del tango se repiten en la vida, sos adolescente y no querés saber nada, porque te parece horroroso lo que cuenta el tango”.

Habituado a la construcción de metáforas, Abonizio apela a la comparación cinéfila para graficar atributos inherentes al género: “El tango es el cine negro francés, es el gore de la música. Es lo más dark del mundo. Hablo en líneas generales, no de la tristeza y todo éso. El tango causa tristeza porque es profundamente existencialista. El tango, aún escuchando los más feos, te da un conocimiento cognitivo del mundo que te pone ante el horror. Te dice: ‘Esta es la guerra, arreglate’. Y en toda guerra hay traición, agachadas, cosas maravillosas (porque se sigue viviendo) y después cuando uno procesa todo eso, piensa: ‘Ahora, ¿dónde me sitúo yo?'”.

En su proceso de creación tanguera, Abonizio se fortaleció precisamente en las líricas, con textos a los que no les descubría otro envase que no fuera el del propio tango: “La música, la letra y poética del tango tienen un rubro muy amplio, pero del cual no hay que moverse, entonces vos ves que hay letras que no pueden entrar en una lectura de folclore, y para el rock es medio densa. Porque, entre nosotros, el rock además es un juego de chicos, ya no ofende ni critica a nadie. Por las buenas o las malas el rock se fue aliando a los sistemas de poder y difusión cultural, ya no molesta, es una joda. Incluso las letras de rock llaman la atención sobre cosas que uno ya lee en cualquier lado. Entonces uno como letrista de canciones se va quedando sin una pista en la que poder llegar a ser más incisivo. Sin llegar a hacerte el outsider… Hoy por hoy pienso que el tango no fue superado en sus momentos de más dramatismo e intensidad. Lo que pasa es que el rock, para mi generación, fue un salvataje. Suerte que existieron el rock nacional y el importado, si no no sé qué hubiese hecho”.

-Sobre todo considerando que en un momento el tango dejó de ser referencial, cuando se transformó en un producto de exportación, aliado también con el mercado.

-Sí, claro. Es como la condición humana, como el fútbol. El jugador de fútbol es así: te aliás con los poderes, porque te viene a buscar River y si hablás de más terminás siendo suplente en Tiro Federal. El tango se dio cuenta de éso. Ahí se acalló todo, se autoproscribió y dejó de ser lo que comenzó siendo: una cuestión arrabalera en el verdadero sentido de la palabra. Y yo, si se quiere, en lo personal rescato la poética más elegante o más certera de eso. Porque hoy lo arrabalero vendría a ser la cumbia, pero la letrística de la cumbia es muy pobre, por toda una serie de cuestiones, en todo caso por la formación literaria o educación de sus autores. Las letras arrabaleras también en sus comienzos estaban hechas por tipos a lo mejor iletrados, pero muy informados en el habla, en los cuentos, los sucedidos, los dichos, que son muy ricos. De esa riqueza se hizo el tango.

-Actualmente aparecen muchos compositores jóvenes y talentosos, con una gran variedad estilística dentro del tango. Sin embargo no aparecen letristas en una proporción similar.

-Es que los letristas no nos hemos dado cuenta que tenemos que poner la energía creativa al servicio del tango, como una devolución de favores. Porque hay muchos buenos letristas en distintos estilos, pero que le tienen mucho miedo al tango. Yo le tengo respeto, no miedo. Tenés que ser muy fervoroso pero también tenés que estudiar lo que vas a hacer. Escribir algo de tango significa mantener viva una tradición. Que no tiene que ver con ser un tradicionalista, sino que trato de ponerme a la par de los compositores de los años 30 y 40, trato de no desvirtuar ese sentido. Sin acallarlos diría que hay que ponerse a la misma altura de los autores, protagonizar los hechos históricos de la manera en que ellos lo hicieron. Y esforzarse por tener un nivel estilístico importante. Cuando uno tiene miedo parodia, entonces muchos tipos escriben tangos burlones, canyengues, como chiste. Eso demuestra que uno le tiene miedo a Manzi, a Expósito, y esa glorificación hay que ponerla en su lugar. Los letristas tendríamos que tratar de empardarnos con ellos. Aprender lo que nos dejaron.

-En todo caso, habría que actualizar las formas.

-Claro, ése es otro tema, muy interesante, muy dialéctico, que tiene que ver con la filosofía. ¿Cómo actualizo letrísticamente el tango? ¿Me pongo a hablar del iphone? Es un desafío, que pienso tomar y de hecho estoy tomando. El tiempo dirá, es un desafío muy interesante, porque pisás el palito enseguida. Por eso muchos se refugian haciendo tangos que atrasan. De alguna forma, en Tangolpeando hay tangos que atrasan, están ambientados en un lugar atemporal donde se habla de la prostitución como negocio, del abandono, del vendedor de merca, de la chica de dudosa moral en los barrios. Eso es un lugar común, a propósito, porque a lo mejor todavía no me animo a escribir algunas cosas que van a salir en los otros discos de la trilogía, donde nos vamos a animar un poco más.

-¿Pensaron deliberadamente en esa trilogía?

-Sí, no me hice el improsivado. Con Rodrigo, que es mi amigo y mi otra parte en lo compositivo, somos enamorados de Rivero, y de Goyeneche, pero fundamentalmente de Rivero porque era una voz con dos o tres guitarras. Entonces pensamos en todas las variantes del tango, con las orquestas, el cantor con los dientes blancos y la orquesta detrás… Pero el origen del tango es más bien arrabalero y sucio, entonces Rodrigo estudió cómo sonaban las guitarras de Rivero y yo traté de cantar como un tipo al que le gusta el tango actualmente.

-En ese sentido en este disco corrías un doble riesgo. Porque a la posibilidad siempre presente de pegarse al modo y la voz de un referente (como podría ser el caso de Rivero), además está el hecho de que ya tenés una voz y un modo de cantar propios, identificables, que quizás no encuadran con el tango…

-Claro, pero el tema es tratar de estudiar sin copiar. Yo he escuchado cantores de tango desde que tengo uso de razón. Pero aun hoy cuando cantos clásicos como “Sur” o “Viejo smoking” no sé cómo cantarlos. Lo puedo cantar para mí, y parodio a los cantores, pero cuando canto mis canciones no parodio a nadie. Descubrí que eso es lo bueno: Si muero, muero con esto que soy yo, con esta voz, que no es una voz de cantante de tangos. Es lo más parecido a lo que yo soy. Le recomiendo a todos que traten de parecerse a sí mismos. Y a los compositores de tango que escriban como sí mismos- concluye.

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Lo nuevo del jazz de improvisación (La Capital)

 

El grupo jazzero Suárez-Socolsky-Heinrichsdorff-Dawidowicz presentará el álbum “Bondades”, con un concierto que ofrecerá esta noche, a las 21, en el Teatro Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España, Sarmiento y el río.

El conjunto de jazz contemporáneo fundado en 2011 suma los aportes de experiemntados músicos de la escena rosarina como es el caso de Mariano Suárez (trompeta y flugelhorn) y se completa con Pablo Socolsky (piano), Kay Heinrichsdorff (bajo, guitarra y mbira) y Pablo Dawidowicz (batería y percusión).

El conjunto presentará el repertorio que incluyó en el CD editado por el sello rosarino BlueArt Records, que tiene raíces en el jazz y la música popular contemporánea.

La banda, según se adelantó, tiene como sello distintivo los amplios espacios que sus integrantes dedican a la improvisación, la que se convierte en el elemento preponderante de cada interpretación del grupo.

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“Bondades” (Funes Hoy)



Bondades” es el primer disco de un nuevo grupo de jazz contemporáneo creado a partir de un cruce de músicos de Rosario y Buenos Aires con música original y revitalizadora del género.   El grupo integrado por Mariano Suárez (trompeta y flugelhorn), Pablo Socolsky (piano), Kay Heinrichsdorff (bajo, guitarra y mbira) y Pablo Dawidowicz (batería y percusión) se inicia en el año 2011 con la intención de generar un repertorio original enraizado en el jazz y la música popular contemporánea, en el cual la improvisación sea un elemento preponderante.
 Durante ese año graban en Buenos Aires el disco “Bondades”, editado por el sello BlueArt Records, que presentarán el próximo sábado 4 de agosto a las  21 en el auditorio “Príncipe de Asturias” del Centro Cultural Parque de España, Sarmiento y el río Paraná,  en el marco del ciclo “Fila cero”.
Valor de la entrada $ 40

 

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Jodos: Mundo fragmentado en dos (tríos) (Elintruso.com)

 

Sin dudas que uno de los puntales del jazz argentino de los últimos 20 años es el pianista, compositor, arreglador, productor y docenteErnesto Jodos.

Nacido en 1973 hasido, incluso desde antes de su debut como líder (Sexteto, BAU Records, 2000) una voz distinta, un claro referente a seguir, un provocador, un distinto. EnFragmentos del Mundo (tal el título de su última entrega discográfica), Jodos ha decidido caminar por el sendero del trío de piano pero… con sorpresa incluida.

 

Y valga la aclaración de que no nos referimos a los solo piano que pueden y suelen aparecer en varios discos liderados por un pianista. No señor (ni señora o señorita). Que es un disco de piano, contrabajo y batería, ya lo hemos dicho (escrito). Jodos es acompañado, en 11 de los 12 tracks del CD, por Luciano Ruggieri en batería y Jerónimo Carmona en contrabajo. En el restante, aportan a la causa sonora Mauricio Dawid (contrabajo) y Sergio Verdinelli (batería). Pero todos juntos aparecen en 4 de los temas, transformándose en un quinteto de piano, dos contrabajos y dos baterías.

Con la excepción de Introspection (de Thelonious Monk), Ernesto Jodos vuelve a apostar a sus composiciones. Y lo bien que ha hecho: el resultado es sólido, homogéneo, con diversas aristas de interés que obligan al oyente inquieto a prestar suma atención a los arreglos y variaciones (en muchos casos imperceptibles) y ni qué decir en aquellas piezas en donde el quinteto se hace presente en su totalidad.

Fragmentos del Mundo fue grabado en una sola sesión, registrada el 24 de junio de 2011. Fue editado por el sello rosarino Blue Art y la distribución está a cargo de Sitemusic.

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Jazz de acá (Clarín)

 

Por Jorge Fondebrider

Puestos a juzgar lo ocurrido en 2011, no queda otro remedio que admitir que este año ha sido muy fecundo en materia de jazz. Quizás debido a las pocas visitas internacionales (la mayoría corresponde al Buenos Aires Jazz Festival, poniendo así en primer plano el poco riesgo corrido por los empresarios privados), lo más notable parecen ser los muchos discos de los artistas nacionales.Podrá decirse que se trata de una mera cuestión de gustos, pero algunos se destacan especialmente del conjunto. Es el caso de, por ejemplo, ¿Cuándo dejó la lluvia de ser sagrada? (Café Vinilo), el cd doble de piano solo grabado por Adrián Iaies en vivo. La noticia, si cabe ponerla en estos términos, es que Iaies –uno de los pocos músicos de jazz que en la Argentina tiene idea de lo que significa tener una carrera y saber cómo llevarla adelante– ahora “toca menos”, lo que hace que, paradójicamente, se lo escuche más y mejor. También importa mencionar aquí el fascinante Fragmentos del mundo (Blue Art), de Ernesto Jodos, un gran pianista formador de músicos que, por la tensión que logra y la densidad de sus composiciones, le plantea al oyente un verdadero desafío emocional que siempre vale la pena asumir. En la oportunidad encabeza un doble trío en el que intervienen Jerónimo Carmona y Mauricio Dawid en contrabajos y Luciano Ruggieri y Sergio Verdinelli en baterías. 

Hasta acá, mencionar a Iaies y a Jodos como parte de lo mejor del año no ofrece mayores sorpresas. En cambio, los pianistas Francisco LoVuolo y Paula Shocron, y el trompetista Mariano Loiácono, todos ellos muy jóvenes y hasta ahora usualmente considerados como revelaciones o promesas, con los discos editados por ellos este año se han convertido en extraordinarios exponentes del mejor jazz que se toca en el país. Vueltas (PAI), del Francisco LoVuolo Trío –completado con Cristian Bortoli en contrabajo y Eloy Michelini en batería–, es un gran disco fundamentalmente dedicado a standards. Y si antes ya se sabía que LoVuolo era un muy buen pianista, con la labor llevada a cabo este año en What’s new? (Rivorecords), de Mariano Loiacono, y A xhild is born (Rivorecords), de Carlos Lastra, su disco como líder confirma este año que LoVuolo no tiene techo y que ya se encuentra entre los grandes pianistas argentinos actuales. 

Otro tanto podría decirse de Paula Shocron, quien con Our delight (Rivorecords) y Gran Ensamble (Acqua) logró la rara proeza de editar dos magníficos discos, muy distintos entre sí, en el mismo año. El primero también está dedicado a standards sabiamente elegidos –y ahí se puede adivinar la mano y la experiencia de Eloy Michelini, baterista que también tuvo que ver en las elecciones de LoVuolo y que aquí conforma la base rítmica con el contrabajista Jerónimo Carmona– que permiten comprobar la extraordinaria ductilidad y riqueza de recursos de Shocron como intérprete. El segundo, casi íntegramente compuesto por la pianista para un ensable de trece músicos, la ubica ahora como excelente arregladora y directora de una gran formación. Y no se puede hablar de liderazgos sin dejar de mencionar a Mariano Loiacono. El trompetista cordobés –profundamente vinculado a Rosario, pero ahora afincado en Buenos Aires–, ha grabado con LoVuolo, Carmona, Gustavo Musso (saxo tenor), Pepi Taveira (batería) y, como invitados, Sebastián Loiácono y Ramiro Flores (ambos en saxo alto) What’s new?, probablemente el mejor disco de hard-bop que se haya realizado en la Argentina. Autoridad, madurez y un sonido que ya es reconocible como propio son lo que hacen de este disco fantástico una referencia obligada.   

Corresponde continuar esta breve lista con Detrás de esa puerta (Sofa Records), del Hernán Mandelman Quinteto. Se trata de un disco francamente feliz y muy agradable de escuchar, que, hay que decirlo, merece mayor visibilidad y, por cierto, una tapa mejor que la que perpetró Cecilia Piris, poniéndose a sí misma en primer plano, probablemente sin considerar la música. El grupo liderado por el baterista Mandelman –autor de la mayoría de los temas, salvo dos compuestos por el guitarrista Guillermo Bazzola– está integrado por Natalio Sued (saxo tenor), Rodrigo Domínguez (curiosamente, en saxo alto), Paula Shocron (piano) y Ezequiel Dutil (contrabajo). 

¿Tango y folclore?

Para quienes busquen acercarse al jazz por otros medios, se les recomienda muy especialmente Piazzolla plays Piazzolla (Epsa), del grupo Escalandrum, cd íntegramente dedicado a la música de Astor Piazzolla, abuelo de Daniel “Pipi” Piazzolla, el líder histórico y baterista de la formación, que completan Damián Fogiel (saxo tenor), Martín Pantyrer (clarinete bajo y saxo barítono), Gustavo Musso (saxo alto y soprano), Nicolás Guerschberg (piano y arreglos) y Mariano Sivori (contrabajo). La muy pertinente omisión de todo atisbo de bandoneón que aquí se exhibe ya había sido fundamental enTodo Buenos Aires (BAU), el disco dedicado a Piazzolla como compositor que el guitarrista y arreglador Fernando Tarrés, había editado un año antes, comisionado por Adrián Iaies para el Buenos Aires Jazz Festival de 2010. 

Tarrés, quien a sus méritos suma el de ser el factótum de BAU Records y permanente generador de proyectos, editó este año Songbook III (BAU) con la cantante colombiana Lucía Pulido, un magnífico trabajo que, abrevando en los folclores rurales de la Argentina y de Colombia, cierra el muy fecundo ciclo de un colectivo que, en esta tercera reencarnación –probablemente, la mejor–, conformó un auténtico seleccionado de muy buenos músicos de ambos países, entre los que se menciona especialmente al saxofonista colombiano Antonio Arnedo. Inocencia (Acqua), de la cantante Roxana Amed también se dedica a leer el folclore rural argentino desde el jazz. Lo hace con algunos arreglos excelentes del pianista y compositor Guillermo Klein, a los que se suman los de la propia Amed, acompañada al piano en varios temas por Adrián Iaies y Manolo Juárez. 

Luego, el trompetista Guillermo Calliero, grabó en España Barcelona Hora Cero (Blue Art), donde alternan Gardel con el Cuchi Leguizamón y Jaime Dávalos con Litto Nebbia. Por último, emparentado al jazz por tratarse de música improvisada, corresponde destacarRíos que dan al mar. Variaciones sobre Fito Páez (El Perro Lento Discos), del pianista cordobés Guillermo Di Pietro, quien anteriormente ya había propuesto lecturas afines tanto de la música de Luis Alberto Spinetta como de la de Charly García.  

La hora de las guitarras

Otro buenos discos del año han sido Trío (PAI), Fauna (PAI), Lua (BAU) y el Yang y el Yang (Blue Art) de los pianistas Alan Zimmerman, Manuel Ochoa, Hernán Jacinto y Eduardo Elía, respectivamente. El primero, que además de temas propios incluye composiciones de Sam Rivers, Thelonious Monk, Cole Porter y Charles Mingus; el segundo tiene por protagonistas a Ochoa, Ezequiel Dutil, Pepi Taveira, Sergio Wagner (en trompeta y flügelhorn), Ramiro Flores (en saxos alto y soprano); el tercero –donde a los temas propios, los de Jimmy Van Heusen y Wayne Shorter, se suma un flojo “Cuchillos”, de Charly García– incluye a Ramiro Flores, Mariano Loiácono, Jernónimo Carmona, Oscar Giunta (batería) y, como invitados, a Javier Malosetti (contrabajo), Oscar Feldman (saxto tenor), Hernán Segret (cello) y Alejandro Oliva (percusión); finalmente, el cuarto llama la atención por la calidad de las composiciones propias y por sus brillantes lecturas de dos temas de Ornette Coleman. 

En cuanto a los guitarristas, La corvina alegre (Sofa Records), de Patricio Carpossi, con Natalio Sued, Sergio Wagner, Hernán Merlo (contrabajo) y Fermín Merlo (batería) se cuenta entre lo más sólido del año. Por su parte, los guitarristas y compositores Juan Pablo Domínguez y Leo Alvarez han editado La memoria de los sueños (BAU) y Algunas consideraciones (PAI), dos buenos discos que, por su aproximación al género y las tradiciones que reclaman, no podrían ser más contrastantes. 

El primero incluye a Rodrigo Domínguez, Ernesto Jodos, Carlos Alvarez (contrabajo) y Martin Lambert (batería), mientras que el segundo tiene por protagonistas a Pablo Raposo (piano), Pablo Carmona (contrabajo), Claudio Risso (batería) –los tres, miembros del Trío Índigo, que el año anterior había editado Laelefantamara (PAI)–, a quienes se suman Ricardo Cavalli (saxos tenor y soprano) y Nick Homes (saxo alto).  

En La casa caliente (Sofa Records), del Nicolás Chientaroli Trío, y Otro jardín (PAI), del Carlos Alvarez Trío, se ofrece una propuesta donde uno puede imaginarse sin problema el gusto que les dio tocar a los músicos –a la sazón Chientaroli en piano, Carlos Alvarez en contrabajo y Hernán Rodríguez en batería, en el primer registro, y Carlos Álvarez, Rodrigo Domínguez y Hernán Mandelman, en el segundo–, pero donde, por la naturaleza de las composiciones, cuesta un poco más imaginarse cuál es el lugar del oyente. 

El problema de la composición, sin embargo, tiene una excelente resolución en la empresa que lleva a cabo el Ensamble Real Book Argentina. El proyecto, animado por el pianista Esteban Sehinkman –quien, dicho sea de paso, editó este año un muy interesante El sapo argentino de boca ancha (independiente), con Matías Méndez (bajo) y Daniel “Pipi” Piazzolla–, se propone recuperar y recopilar las composiciones de músicos de jazzargentinos y de hacerlas disponibles para otros músicos, por lo que en el disco Ensamblede Real Book Argentina ofrece arreglos de distintos integrantes del grupo –Cirilo Fernández, Nicolás Sorín, Alan Plachta, Diego Schissi, Bernardo Monk, “Pollo” Raffo, Sergio Alvarez– sobre composiciones ajenas. 

El cuadro del año bien podría completarse con los muy buenos A child is born(Rivorecords), de Carlos Lastra, y Trías (PAI), de Juan Cruz de Urquiza, a los que se suman Rojo (Sony Music), de Mariano Otero, Puertos (independiente), de Daniel Camelo & Inmigrantes Big Band, Texturas del verde (PAI), de El Cuatriyo, Behind the Bass(independiente), de Alejandro Herrera, y Pornografía (Sofa Records), del grupo Pol.4tete.

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Desde Barcelona, Guillermo Calliero Quartet (Platea Santa Fe)

 

Guillermo Calliero es un notable trompetista nacido en Santa Fe y radicado en Barcelona desde hace seis años. El año pasado publicó en España el disco titulado “Barcelona hora cero”, con versiones magníficas de temas de Iván Lins, Carlos Gardel, Astor Piazzolla, Rubén Rada, Cuchi Leguizamón, Litto Nebbia y Jaime Dávalos. Su sonido de trompeta es melódico, con la influencia de Fats Fernandez, uno de sus mentores. BlueArt Records, el sello argentino especializado en jazz, lo edita ahora para el mercado argentino.

Antes de su presentación en los prestigiosos festivales de jazz de Buenos Aires y Rosario, Calliero se presenta en exclusiva en la ciudad de Santa Fe. Estará acompañado por notables músicos del país como Hernán Jacinto, piano y Hugo García en batería y otro argentino residente en Barcelona, el bajista Martín Laportilla.


Sobre el disco de Calliero
En el disco, grabado en Barcelona entre marzo y mayo de 2010, participan como invitados Horacio Fumero (contrabajo), Marcelo Mercadente (bandoneón), Perico Sambeat (saxo alto), José Reinoso (piano), Enrique Oliver (saxo tenor), Martín Laportilla (bajo eléctrico), Juan Rodríguez Berbin (batería), Nicolás Arnicho (tambor repique), José Luis San Martín (tambor chico) y Juan San Martín (tambor piano).

José Reinoso, músico y productor artístico del disco editado originalmente en España, escribió: “Una primera cualidad que sorprende de Guillermo Calliero es su sonido de trompeta, que es grande, redondo, a veces nos puede parecer que escuchamos un flugel horn en lugar de una trompeta. Otra característica muy acentuada en Guillermo es su fuerte vocación melódica, no importa el camino que escoja, al final siempre consigue encontrar ´esas´ notas bellas. También está muy presente en su playing una fuerte influencia de su Argentina natal, el tango y el folklore, todo esto siempre de la mano del omnipresente y universal lenguaje de be-bop, el cual Guillermo domina con maestría”.