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One, two, three, four… (Buenos Aires Herald)

 

By Miguel Bronfman

For the Herald

BARCELONA HORA CERO – GUILLERMO CALLIERO (Blue Art Records). Guillermo Calliero was born in the Province of Santa Fe in 1973, and after just a few years in the local scene he moved to Spain, where he has lived and worked since 2005. After six years, Calliero has become one of the most in-demand trumpet players in the Spanish jazz world, and in recent times he has been playing in saxophonist Perico Sambeat’s big band, in the Barcelona Jazz Orquesta and in other projects as well. He also plays regularly with another Argentine expatriate, Horacio Fumero.

In this new album, recorded in Barcelona in 2010, Calliero walks down a path that many others have followed before him, bringing together jazz with tango, folk music and even candombe. From the album’s cover we already receive a warning: “Jazz and Tango fusion”. An always dicey proposition, in Calliero’s hands what we get as a result is just great music, wonderfully rendered, with passion, honesty and true musicianship totally ridden of mannerisms or clichés. Calliero is a jazz musician, and this is a jazz album, and from that perspective he plays tangos like Por una cabeza (Gardel-Lepera) and Buenos Aires Hora Cero (Piazzolla), folk tunes like La nochera (Jaime Dávalos) or La arenosa (Cuchi Leguizamón), and songs like Montevideo (Ruben Rada) or Sólo se trata de vivir (Nebbia).

Thus, Calliero’s fusion vocabulary is stripped of the need for superficiality, and is lightened instead by a profound lyricism, and a heartfelt search of each song’s inner essence. When he renders Por una cabeza, for instance, he plays it like a ballad, and though he gets support from Marcelo Mercadante on bandoneon (as in Buenos Aires Hora Cero) the tango rhythm (the classic two by two) here is only a vague reference, while the melody and its reverberations are amply developed.

Calliero has a clear, robust, even classic sound and a solid technique, and he counts with the guest presence in the album of Perico Sambeat, pianist José Reinoso (who contributed with the title track) and tenor saxophonist Enrique Oliver, among other top-notch Spanish jazzmen. Great modern jazz, built on familiar foundations.

TRIAS – JUAN CRUZ DE URQUIZA (Independent release). Another great album by another trumpet player. One of the most important Argentine jazz musicians, founder of the remembered Quinteto Urbano, Juan Cruz de Urquiza is accompanied in this album by a powerful quartet of relatively younger talents, completed by Hernán Jacinto on piano and keyboards, Carlos Álvarez on double-bass and Carto Brandán on drums; together they render six original compositions by De Urquiza and a sensitive version of Charly García’s melancholic, beautiful song Llorando en el espejo.

As in his previous work, Vigilia, De Urquiza just goes after what he likes the most: long compositions (between nine and ten minutes each) where he and his men can immerse in intricate and complex improvisations, delivering flights of intense creativity over high-brow harmonies. Just like his companions, De Urquiza has struck a beguiling balance between technique, feeling, insight and imagination, all imbued by a proficient knowledge of the contemporary jazz idiom. The group’s sound is powerful yet sensitive, in a way that enables them to make a record of difficult and brainy music so crystalline and poised. Few jazz groups here can swing hard and play with emotional immediacy. Juan Cruz de Urquiza’s quartet is certainly one of them.

OTRO JARDíN – CARLOS ALVAREZ TRIO (Independent release). This is young double-bass player Carlos Álvarez’ first output as a leader, indeed a very auspicious work in which he takes all the composing and arranging credits. The trio is completed by Hernán Mandelman on drums and multi-saxophones player Rodrigo Domínguez.

While this kind of trio format is undoubtedly a difficult one, these musicians really know how to do their job, both to unfold a cohesive sound and to develop the composer’s original ideas with precision and uncanny sympathy, creating mysterious sounds in a rather dark temper. Domínguez carries on with the melodic responsibility throughout, and he does a splendid job, searching for new resources and avoiding repetition, even when his saxophones are always on the spot. The music has an understated swing and develops over restrained grooves, at times giving place to abstract incursions that always show another, interesting edge. Álvarez finds room for soloing, and when he improvises, with imagination, feeling and self-confidence in his own musical ideas, it is easy to understand why he has been so much in demand in the local scene in recent years.

SóLO LOS DOS – LORENA ASTUDILLO and DANIEL MAZA (Acqua Records). A delightful album from beginning to end, this set features singer Lorena Astudillo (usually more linked to the new local folk wave) and Uruguayan bassist Daniel Maza, rendering together, with no extra company, a collection of songs of what could be labeled as a rioplatense repertoire.

In the intimate climax of just voice and bass (and a light percussion played by both of them) Astudillo and Maza deliver these cherished tunes with grace, elegance and a relaxed, at home-like and lively spirit. Their mutual empathy highlights not only their performances and the songs themselves, but their plain and noticeable joy in dealing with them. Doña Soledad (Alfredo Zitarrosa), Zamba del Carnaval (Leguizamón), Te parece (Rubén Rada), Vete de mí (Homero and Virgilio Expósito) among others, are precious gems revitalized by this fresh and sincere performance, which flow one after another as parts of an organic whole.

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El yang y el yang (Blog La Nacion)

Por Pablo Gianera

Hoy quisiera detenerme brevemente en el yang y el yang, del Eduardo Elía Trío, publicado por el sello Blue/Art. Eduardo Elía es un pianista cordobés que convocó para este disco a dos instrumentistas muy activos en la escena de Buenos Aires: el contrabajista Jerónimo Carmona y el baterista Carto Brandán. De los once temas, diez son del pianista, uno es un standard (“How Deep is the Ocean”) y los otros dos son de Ornette Coleman. Verdaderamente, hay algo ornettiano en en ltrabajo y el interés por las líneas. Como se sabe, el yang es símbolo de actividad y no hay nada más activo que invenciones melódicas de Elía. Debajo, se puede escuchar el primer tema del CD, que se llama justamente “el yang y el yang”. Hasta ahora, el de Elía es posiblemente uno de los más logrados discos argentinos de jazz de este año.

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Eduardo Elía: el jazz bien temperado (La Voz)

Por Santiago Giordano

 

Buena parte de los valores que la tradición musical clásico-romántica otorga al cuarteto de cuerdas (incluso esa idea de comparar su música con una conversación entre personas inteligentes que alguna vez insinuó Goethe) podría trasladarse en la actualidad al trío de jazz. Piano, contrabajo y batería representan toda una tradición en la música artística del siglo 20, una usanza que pianistas como Oscar Peterson, Ahmad Jamal y Bill Evans, desde distintos lugares, supieron enriquecer hasta poner a punto sus exigentes códigos. A esta tradición prestigiosa se liga Eduardo Elía en El yang y el yang(BlueArt), un disco que por contar con la participación de Jerónimo Carmona (contrabajo) y Carto Brandán (batería), una de las bases más afiatadas del jazz argentino, y por haberse grabado en los estudios ION de Buenos Aires nada menos que con Luis Bacqué como ingeniero, podría considerarse fuera de lo común. También, y no por último menos importante, es un disco fuera de los común porque Elías se anima a poner la propia música en tensión con la de los compositores que lo inspiraron para este trabajo. Un disco fuera de lo común, es decir un gran disco de jazz.

El viernes a las 19, en la sala Luis de Tejeda del Libertador (Vélez Sársfield 369) Eduardo Elía Trío presentará El yang y el yang. El sábado la hará en Villa María. Con él estarán los excepcionales laderos Carmona y Brandán. 

–¿Por qué el trío?
 
–Porque el trabajo de trío supone un desafío como pianista del cual estaba seguro iba a salir enormemente enriquecido. Este proyecto comenzó hace tres años con la posibilidad de tocar con dos monstruos del circuito de jazz de Buenos Aires, como son Carmona y Brandán. Después de conocerlos y tocar con ellos, empecé a imaginarme qué tipo de música quería hacer para este disco.

Pasado el debut en el disco con Callado (BlueArt 2008), en cuarteto,El yang y el yang representa un crecimiento en las ideas musicales de Elía, alumno de Luis Lewin y Ernesto Jodos, docente en La Colmena y en la Universidad de Villa María. En el primero, la referencia estaba en el bebop y sus alrededores y ahora el pianista villamariense busca más acá, en los albores del free jazz, en las orillas de Ornette Coleman. “En ambos discos pensé en compositores determinados a la hora de elegir música que no fuera mía –explica– y están los que representaban mi visión particular en una época determinada. 

–¿Qué tienen de Coleman los temas tuyos que incluiste en “El Yang y el yang”?
 
–Ornette Coleman fue muy inspirador en este disco. La idea de “liberar” sólo algunos parámetros de la música a la hora de improvisar me cautiva: si con el trío nos tomamos más libertades a la hora de pensar la armonía, tratamos de ser más obvios a nivel melódico y rítmico; si decidimos que el clima general del tema no tenga un ritmo estable, entonces nos aferramos a una armonía precisa, que nos sirva de ancla o punto de encuentro. Improvisamos pensando más en el espíritu de la melodía que en la armonía. Esto nos lleva a agudizar la interacción entre los miembros del trío y al mismo tiempo nos deja mucha más libertad. 

–¿Cómo ves el panorama del jazz en Córdoba?
 

–Es un tema complejo. En Córdoba hay muchos músicos, cada vez se toca mejor, grupos independientes como los chicos de Es Lo Que Hay o escuelas como La Colmena y La Escuelita, que se ocupan de traer referentes de Buenos Aires. Eso hace que cada vez se entienda más eso de que el jazz no es sólo la fusión de los ’80. También es muy importante el esfuerzo que se hace anualmente con el Festival de Jazz de Córdoba, más allá de los problemas lógicos, propios de organizar un evento que involucra a tanta gente, y a tantos músicos. Pero seguimos necesitando más lugares para tocar.

Concierto

Eduardo Elía presenta “el Ying y el yang”. Lugar: Sala Luis de Tejada del Libertador (Vélez Sársfield 365). Día y horario: viernes 26 a las 19.

 

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El último cantor que llegó de París (La Capital)

Por José L. Cavazza

 

Jorge Migoya es una especie de pintor que, con pinceladas de rock, blues y jazz, suele generar paisajes de notable belleza, las que, además, tienen la noble característica de no repetir sus formas. Siempre, desde su perfil de compositor y multiinstrumentista. Sólo hasta hoy porque acaba de editar en BlueArt “Aquí me pongo a cantar”, y, tal como reza el título del CD, el músico rosarino que vive en París desde 1978 ahora también canta. Este álbum, grabado en la capital francesa y masterizado en Argentina, será presentado en vivo esta noche a las 20.30 en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia en un recital con entrada libre y gratuita, donde Migoya estará acompañado por Annabel de Courson en bandoneón, Luis y Mariano Suárez en saxo y trompeta, respectivamente, Charly Pagura en contrabajo, Silvina Gandini en teclados y Pablo Dawidowicz en batería.

Siempre hay y habrá una primera vez pero, ¿por qué ahora un disco cantado? Para Migoya hay dos razones: “Dada la dificultad para la gente de escuchar música sin texto, siempre fue para mí una obsesión cómo llegar a transmitir visiones, sentimientos y estados de animo sólo por el canal de la música. Creo que a veces lo he logrado, otras veces no”.

El rosarino dice que se pasó muchos años componiendo música de teatro de danza y varias veces tuvo la oportunidad de cantar una que otra canción para una obra, y en regla general, si bien al público le gustaba la música, muchos terminaban diciendo: “¡Qué linda canción, pero porque no cantás más!”. “Es más -acota- cuando yo era joven lo que a mí más me gustaba eran todos esos grupos de rock como Jetrho Tull, Led Zepellin, los Beatles o Stones, que no hacían otra cosa que canciones, simplemente canciones. Es cierto, la canción se percibe más accesible y directa, como al alcance de todos, y yo como músico tenía que resolver esta cuestión y para eso no había otra manera de hacerlo que meterme en ese mundo que no conocía demasiado, y lo divertido es que me divertí mucho al hacerlo”.

Migoya toma aliento y explica la segunda de las razones: “Tiene que ver con lo que estoy escuchando día a día en las radios de París, es decir una especie de modelo formateado donde aparecen dos cantantes nuevos por semana y hacen todos y todas, lo mismo, salvo raras excepciones… me hace acordar al filme de Pink Floyd “The Wall”, donde los pibes caen en una especie de mezcladora uno atrás de otro como zombies, “just another brick in the wall”…es insoportable. En conclusión, me dije: «Realmente, peor que ellos, no lo puedo hacer», y me eso me dio fuerza y furia para hacerlo”.

El disco incluye temas cantados en español y otros en francés; tiene un título muy ilustrativo, y la voz de Migoya suena a veces como un instrumento más y otras como un Tom Waits latino. Migoya se ríe complacido y después advierte que nunca tuvo ambiciones de cantante. “Ni las tengo hoy”, añade. “Uno no puede dejar de ser lo que es, por consiguiente mi idea no era de querer hacerme cantor sino que la voz se amalgame con la música, pero también se me planteó el problema del texto, porque yo jamás había escrito una palabra atrás de otra por una canción”.

Migoya disfruta volviendo a su ciudad para tocar y pasear un poco. Es más, le gustaría formar un grupo estable y amplio donde se puedan confrontar estilos de música y formas de tocar diferentes, un poco lo que hace en Francia. “Mi vida ya está hecha en París, mis hijos están allá, pero venir a Rosario me ayuda a no desgarrarme de mis raíces”, dice y luego añade: “Durante años no quise venir por miedo de no poder partir, de que la nostalgia sea muy grande y además porque tenía que construir mi vida en Francia, pero hoy que mis sentimientos están más ordenados y puedo volver sin sufrir, porque en definitiva, teniendo las dos nacionalidades, no estoy anclado en ninguna, y entonces tengo la sensación de estar en el aire, como un alma no totalmente perdida, en una situación que elegí yo, donde nadie me obligó, y por eso aquí estoy, flotando”.

Para Migoya Rosario hoy es “el río Paraná, el olor de las veredas mojadas por la mañana temprano, cuando las damas baldean, ese cielo azul que en París falta tanto, los pibes esperando el bondi; en realidad, creo que todas las ciudades se parecen cuando están descritas por el corazón de los nativos”.

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Neli Saporiti: una travesía musical (Clarín)

 

¿Cómo es el show? Es la presentación en vivo de Travesía americana , un disco de canciones mayormente de mi autoría. Esas canciones cuentan una historia de encuentros, desencuentros, viajes, migraciones. Por necesidad o por deseo, siempre hay mucho movimiento en nuestro continente y, por lo tanto, mucha nostalgia e ilusiones. Musicalmente hay referencias al folclore de autor de América Latina, Chabuca Granda entre otras, y utilizo ritmos y aires del Perú, Chile, Paraguay, el Río de La Plata y otras regiones.

¿Qué músicos la acompañan en esta travesía? Un grupo formidable que integran Federico Siciliano en piano y acordeón, Goyo Alvarez en guitarra, Juan Elías en contrabajo y Agustín Barbieri en percusión. Hay además un invitado, Rodrigo Goçalvez en aerófonos.

¿Otras actuaciones además de esta? Sí, este año tengo previstas presentaciones en No Avestruz, la Biblioteca Nacional, la Casa del Fondo Nacional de las Artes, básicamente con el material de Travesía , pero tal vez también con algo nuevo. Y hay además una gira para junio.

“Travesía americana”, hoy a las 20 en La Casa del Bicentenario, Riobamba 985, gratis (las entradas se retiran a partir de las 19).

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Off Jazz (Cuadernos de Jazz, España)

Por Eduardo Hojman

 

En este disco de bellísimo título Gandini trabaja con las pausas, con las redondas, con los silencios, con las notas extendidas hasta el paraxismo o hasta la disolución. Todo es lento, metódico, y a la vez ligeramente inquietante, en especial cuando los cambios son tan mínimos, cuestiones de ritmos irregulares o de notas superpuestas, que parecen como si dos o más rumbos disputaran el mismo recorrido. Si el grueso del disco lo ocupan cuatro Piezas sobre Schumann, en las que Gandini reinterpreta, literalmente sin concesiones, al músico de Sajonia, a este centro lo flanquean dos extensas sonatas que planean sobre la misma obstinada, sostenida, flotante atmósfera. El tempo se sugiere y se desmiente, los pedales sostienen las notas hasta que pareciera que la gravedad actuara con ellas. Es esta una música-ensayo, una música-planteo filosófico; su densidad repele toda escucha desatenta; su profundidad exige altísima competencia del oyente. No parece haber espacio ni aire tan arriba.

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Oscar Feldman. De lenguajes improvisados (El Ciudadano)

 

Por Javier Hernández 

En el Festival Internacional de Jazz que tuvo lugar los primeros días de diciembre en Rosario participaron referentes del género a nivel mundial como la banda Mingus Dynasty, el contrabajista francés Renaud García-Fons, el trío suizo Marc Perronoud, y el saxofonista y compositor argentino radicado en Nueva York Oscar Feldman. En ese contexto, Feldman dialogó sobre su nuevo trabajo discográfico Oscar e Familia, recientemente editado en Argentina por el sello rosarino BlueArt Records.

El disco fue grabado en Estados Unidos con la participación del baterista Antonio Sánchez; el saxofonista Mark Turner; arreglos para cuerdas de Carlos Franzetti; la participación especial de Luis Alberto Spinetta, y temas compuestos por el legendario multiinstrumentista Hermeto Pascoal.

—“Oscar e Familia” es un disco que señalás como continuación de “El ángel”, tu primer trabajo; ¿cómo lo caracterizarías?

—Este disco es como una obra monumental en muchos sentidos, primero desde el punto de vista artístico pero también desde lo extramusical. El primer paso fue la idea, luego hacer que coincida todo, pero aunque fue difícil pude concretarlo en la manera en que quise y eso me puso contento. Cuando empecé tuve la idea de grabarlo con un cuarteto pero de pronto todo se convirtió en algo más ambicioso que sumó unos veinte artistas. De alguna manera es una continuación del primer álbum, que me simboliza porque presento diferentes estilos representando distintos roles.

—En tu nuevo disco combinás el jazz con otros géneros como folclore, chamamé, incluso un tema de Piazzolla. ¿Qué encontrás en la fusión?

—Es parte de lo mismo; la forma en que gusto de escuchar música es como también me gusta producirla; no quise encerrarme en un estilo particular y es por eso que siempre usé el aspecto de la improvisación que considero muy importante. Hay que tener en cuenta los lenguajes de cada música pero por experiencia pude tocar tango durante mucho tiempo y también otros estilos como fusión o latin jazz, y para mí es parte de una misma voz. Lo más importante es tocar la música que te representa.

—Dijiste que “la mayoría de los saxofonistas tienen miedo a ser diferentes”; ¿tiene que ver con esto?

—Sí, pero no sólo los de jazz sino todos los músicos en general. En Estados Unidos cada instrumento tiene un referente muy fuerte que trasciende y que parece dar la dirección hacia donde se debe ir. Las referencias son tan altas que el hecho de parecerse a ellos de alguna manera representa un gran logro. Desde el punto de vista investigativo está bien, pero en el momento de tocar se debería hacer de la manera más natural posible.

—¿Qué lugar ocupa la improvisación?

—En el disco todo lo que toco tiene algo único. En “Triunfal” de Astor Piazzolla existen elementos que no tiene ninguna otra música; el movimiento de los bajos y las figuras rítmicas que se usan en el tango no se usan en otros estilos. De pronto quiero tocar otras cosas como la chacarera “El Minotauro”, de mi amigo Guillermo Klein. El 6×8 me hace tocar de una manera diferente. Lo que me interesa es improvisar, sorprenderme a mí mismo de lo que toco y así presentarme. Hay gente que le gusta presentar una composición más cerrada y entonces su potencial se vuelca al trabajo de los arreglos; en mi caso no es así, por eso se parece mucho al formato del jazz, donde se tocan formas cortas para después improvisar sobre sus estructuras: este disco me expone bastante.

—¿Qué significa la canción que da nombre al disco?

—“Oscar e familia” es un tema que me dedicó el gran compositor y multiinstrumentista brasileño Hermeto Pascoal, a quien conozco desde hace muchos años. El tema es como una celebración de nuestra amistad y una confirmación de nuestra continuidad como músicos. Los músicos cambiamos todo el tiempo y para mí fue una gran alegría que me haya escrito este tema que, de alguna manera, bendice este proyecto. Él se enteró que mi mujer estaba embarazada de mi hija Valentina y me llamó para decirme que me iba a escribir un tema. Cuando me lo ofreció no sabía qué tipo de tema me iba a escribir, pero al verlo me sorprendió porque me requirió mucha atención y trabajo para montarlo y hacerlo sonar de la manera en que él lo tocaría con su banda.

—El booklet del disco refleja desde las  fotografías muchas épocas de tu vida…

—En algunas estoy de chiquito, otras con mis sobrinos, también está mi familia, mis suegros, mis padres, de nuevo yo en una foto con mi hermana en Mar del Plata, todos esos recuerdos forman parte de mí.

—Y en la tapa también pusiste al Flaco Spinetta.

—Con Luis nos une una amistad que data de hace treinta años. Cuando estaba armando el disco lo llamé para ver si quería cantar una melodía conmigo. En principio había escrito un arreglo para saxo soprano y trompeta pero me pareció mucho más interesante tener la voz de él porque era como me lo imaginaba. Fue muy emocionante y a Luis le gustó mucho participar. No es el tipo de participación que suele hacer, así que para mí el resultado fue una gran sorpresa. Como en el caso de El ángel, cuando invité al Gato Barbieri; me gustó su participación porque tocó distinto a como lo hace con su propia música. En el caso de Spinetta ocurrió lo mismo: yo podría haber escrito un tema a su medida pero preferí no hacerlo.

—Lo que implicó un riesgo y un reto de superación mutua…

—Sí, totalmente, y él lo sintió y me dijo elogiosamente que era una de las cosas más lindas que había hecho en los últimos tiempos. En realidad no le creí porque al escuchar algunas canciones de un disco que no había sacado todavía pensé: “Está totalmente loco”, las cosas que él graba son increíbles. Cuando le mostré la partitura –yo pensaba que leía música pero no es así–, me dijo: “Oscar esto es como cruzar la cordillera en ojotas” (risas). Pero creo que fue un desafío y también por eso lo concretó.

—Comenzaste a tocar en el 79; ¿en cuánto influyó para tu estilo radicarte en Estados Unidos?

—De la misma manera en que un jugador de fútbol quiere ir a España, Inglaterra o Italia, el llegar a esos lugares y jugar en esos equipos automáticamente te afecta y tu nivel se eleva de una manera dramática y muy intensa.

—La dificultad siguiente sería continuar y lograr un crecimiento en ese terreno.

—Claro, ésa es una manera de testearse y ver cómo funciona uno en un ambiente distinto y tan competitivo como el que elegí para vivir. Dentro de la meca del jazz, Nueva York es el epicentro y de alguna manera tocar el saxo acá es como ir a tocar el bongó a Cuba. Lo importante es sentirse afectado por todo esto, dar lo mejor de uno, y de esa manera mejorar la propia performance. Estar en este lugar fue un antes y un después. Cuando llegué a Boston era un músico formado pero me di cuenta que tenía que empezar de nuevo como estudiante y llenar esos baches de conocimiento que tenía.

—En esa vuelta a lo académico ¿iniciaste una nueva experiencia?

—Claro y el hecho de estar en Berklee fue muy revelador para mí, no sólo por los profesores que me enseñaron sino por la influencia de mis propios colegas. Creo que a partir de esa experiencia todo cambió, hasta mi sonido, que es lo más difícil de cambiar para un músico. Me empapé de lo que se respiraba. El nivel de los músicos de jazz en Estados Unidos es altísimo, por lo que muchos de los estudiantes no tenían mayor diferencia con los otros músicos profesionales.

—¿Quienes fueron esos referentes?

—Todos. Puedo nombrar gente por ahí no tan conocida, pero lo que tiene Boston es una gran tradición pedagógica muy relacionada con Berklee. Todo eso me marcó y las influencias que recibí fueron netamente de la gente con quien trabajé: Paquito D’Rivera, Alex Acuña, o el gran Bebo Valdez, con el que hice una extensa gira por España. Todos ellos vienen de un lugar muy firme y claro, con gran personalidad, que en muchos casos fueron un contagio para lo personal.

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El saxofonista Oscar Feldman y sus amigos neoyorquinos (La Capital)

 

El saxofonista cordobés radicado desde hace muchos años en Nueva York, Oscar Feldman, lanzó su nuevo disco solista en Argentina bajo el sello rosarino BlueArt. Grabado en Estados Unidos con la participación especial de Luis Alberto Spinetta, Pablo Aslan, Diego Urcola, el baterista Antonio Sánchez, el saxofonista Mark Turner y arreglos de Carlos Franzetti y Guillermo Klein.

“Oscar e Familia”, fue editado originalmente por el prestigioso sello de jazz norteamericano, Sunny Side Records. Rápidamente recibió críticas elogiosas de la prensa especializada, como la revista Down Beat, que señaló: “Compartiendo solos junto al tenorista Mark Turner, Feldman demuestra que sabe y toca con swing”.

“Oscar e familia” es una obra sentida y verdaderamente magistral”, dice la reseña de Allegro Music; “Oscar Feldman está preparado, con este álbum, para poner su propio sello en el saxo alto y ha hecho un avance en el lenguaje del latin jazz”, resaltó All About Jazz, mientras que Jazz Times indicó que “los arreglos para cuerdas de Carlos Franzetti embellecen dos de las composiciones originales de Feldman: el sensual «Coco da Bahia» y el seductor «New Tango», sobre los cuales Feldman toca dos cautivantes solos con su saxo alto”.

l tema que da nombre al disco fue compuesto especialmente por el legendario multiinstrumentista Hermeto Pascoal.

La semana pasada, Feldman -de gira por Argentina- presentó el disco junto a un trío de musicos porteños en el Parque de España y en el marco de un festival de jazz.

Hermeto

“El sonido de Oscar (Feldman) y todos los músicos que tocaron en este CD es hermoso”, dijo Hermeto Pascoal, autor del tema que da nombre al álbum.