Ligado al contrabajo, instrumento desde el que ostenta dos décadas de notable camino como integrante estable de los conjuntos del bandoneonísta Rodolfo Mederos y miembro de la Orquesta Popular de Música Argentina Juan de Dios Filiberto, Rivas emprendió la tarea documental y artística de repasar la historia de su instrumento dentro del tango.
Con espíritu de buceador pero también -y fundamentalmente- con exquisito talento, el rosarino viaja hasta la década del 20 para asumir tres obras de Leopoldo Thompson, un guitarrista devenido en contrabajista por cuestiones de sonido ligadas a la aparición del piano en las formaciones tangueras.
Desde 1920 hasta casi nuestros días, el músico asume 15 piezas que muestran la riqueza de un instrumento tan esencial como algo desvalorizado dentro del tango y en ese tránsito recupera creaciones de Troilo-Piazzolla, de Astor y, más cerca en el tiempo, de Mederos, Cabarcos y Federico.
Como documento sonoro y como testimonio artístico, Rivas festeja al “grandote” que lo acompaña en sus andanzas musicales y en el tributo regala una muestra de virtuosismo colocada al servicio de nuestra música ciudadana.
