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Paula Shocron Trío presenta “Urbes” (http://radiomontaje.blogspot.com.ar)

 


La reconocida pianista rosarina, hoy ya instalada en Buenos Aires, lanza su tercer trabajo discográfico “Urbes”, que es también su primer proyecto para jazz trío.

La acompañan en el disco, editado por BlueArt Records, los músicos Jerónimo Carmona en contrabajo, Carto Brandan en batería, y como músico invitado en algunos temas aparece también Rodrigo Domínguez en saxo.

El material de Urbes está compuesto por ocho temas, seis de ellos composiciones propias (se destacan Urbes, que da nombre a la placa, Crónika y Siete días) y dos exquisitas versiones: “Chelsea Bridge” del mítico pianista Billy Strayhorn, discípulo y amigo de Duke Ellington, y “Conception” del pianista y compositor inglés George Shearing.

“Urbes” será presentado en vivo en Buenos Aires, luego de pasar por el Festival de Jazz de Rosario, los jueves 29 de noviembre y 6 de diciembre en el Jazz Voyeur Club, Posadas 1557.

A modo de biografía
Paula Shocron nació en Rosario en 1980.
Alumna de Ernesto Jodos, luego de pasar por la Universidad Nacional de Rosario donde cursó la carrera de composición. Junto con el bajista Franco Fontanarrosa y el baterista Alexis Perepelycia integró el trío de jazz progresivo Fuga de cerebros en el 2001.

 

Se alzó en 2005 con el Premio Clarín como Revelación de jazz, ya había sido Revelación de la edición 2004 del Festival de Jazz de Rosario. En estos últimos años ha tocado con distintos músicos como Marcelo Gutfraind, Julio Kobryn, Pepi Taveira, Sergio Verdinelli, Franco Luciani, Ada Rave y actualmente desarrolla sus propios proyectos.

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Paula Shocron Trío: una noche a puro jazz (Punto Noticias)

 

El sábado 10 de septiembre se presentará en Mar del Plata el trío formado por Paula Shocron en piano, Jerónimo Carmona en contrabajo y Eloy Michelini en batería. El show forma parte del Ciclo de Jazz ICM, que tiene lugar todos los sábados a las 22 hs. en Rondó Bar, Hipólito Yrigoyen 2575.

Paula Shocron nació en Rosario el 17 de marzo de 1980. Allí realizó sus primeros estudios musicales, recibió una formación clásica y, al mismo tiempo, empezó a desarrollar interés por la música popular. En 1998 ingresó a la carrera de Composición en la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Rosario. Fue discípula de Diana Rud y, en forma particular, de Jorge Horst.

En el año 2000 comenzó a tomar clases con Ernesto Jodos y fue dedicándose cada vez más al jazz. A partir de entonces, viajó permanentemente entre su ciudad natal y Buenos Aires, para empezar a tocar en la escena porteña.

En 2005, Shocron presentó su disco “La voz que te lleva”, que tuvo importantes críticas en medios nacionales e internacionales. Ese mismo año obtuvo el premio Clarín a la revelación en la escena del jazz. Paula Shocrón Trío cuenta con dos discos: “Urbes” (2007) y “Homenaje” (2009).

Paralelamente conformó, junto al músico Marcelo Gutfraind, el Shocron-Gutfraind Cuarteto, con el cual editó el disco “Percepciones”. A su vez, Shocrón colaboró con diversos artistas, entre los cuales se destacan: La Revancha, Pepi Taveira, Lucía Pulido, Fernando Tarres & La Raza.

Paula Shocron Trío cuenta, además, con la participación del reconocido contrabajista Jerónimo Carmona, quien acompañó, entre otros, a Kurt Rosenwinkel, Eddie Daniels (en el Teatro Colón), Antonio Arnedo, Donny McCaslin, Lucía Pulido, Matt McDonald, Michael Jefrey Stevens, John Stowell, Lalo Schifrin, Rick Zunigar, Billy Harper y Perico Sambeat. En batería estará Eloy Michelini, quien participó en los proyectos de Ernesto Jodos, Mariano Otero, la Buenos Aires Jazz Orquesta, Michael Stevens, Peter Asplund y Jakob Karlzon.

El ciclo de Jazz ICM es una iniciativa de Improvisación Colectiva en Mar del Plata (ICM), una ONG que promueve la organización de actividades educativas, la producción de espectáculos y eventos y la creación de lazos con músicos de otras ciudades del país y del exterior. El Ciclo de Jazz ICM se realiza todos los sábados a las 22 horas en Rondó Bar, ubicado en Hipólito Yrigoyen 2575. El ciclo se convirtió en un espacio muy valioso donde músicos locales y del resto del país pueden mostrar su producción y la comunidad disfrutarlo. Participaron del ciclo importantes músicos como Ernesto Snajer, Juan Pablo Arredondo, Pepi Taveira, Patricio Carpossi, entre otros.

ICM busca acercar el jazz a la mayor cantidad de público posible a través de la improvisación artística, abierta a cualquiera que esté interesado en descubrirla.

Paula Shocron Trío se presentará el sábado 10 de septiembre a las 22 hs. en Rondó Bar, Hipólito Yrigoyen 2575. El valor de la entrada es de $20.

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Resignificar una ciudad sonora (El Ciudadano)

Por Javier Hernández

 

Autopistas y túneles, atajos y caminos de tierra, todos caprichos de una emancipada sonoridad. Líneas que, aquí, Mariano Braun invita a apropiar (se) sin reglas –casi como un eslogan de “elige tu propia aventura”– transitando consonancias y matices antagónicos que, desde expresiones policromas hasta otras más teñidas de tinta melancólica, se materializan en un incesante cruce melodioso organizado (o presentado, mejor dicho) en once canciones propias –y un singular homenaje a Stevie Wonder–, que se titula Sr. Monk.

Que la presentación de este trabajo –primer disco solista del rosarino, que se concretará esta noche, a las 21.30, en la Terraza de la Cúpula de Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza); aunque en caso de inclemencias climáticas pasa al 5º piso del mismo edificio– busque crear un “ready made” a partir de la proyección de videos no parece una decisión ni apresurada ni decorativa; aunque pueda –quizá para los más indómitos– limitar la generación de horizontes subjetivos: Todo un reto que habrá que enfrentar.

Con la “imprescindible colaboración” de Mariano Sayago en contrabajo y bajo electrónico; Carlo Seminara en percusión, y Julián Venegas en voces y guitarra eléctrica, Sr. Monk logra quebrar estructuras y transitar por los bordes de los géneros coqueteando con rítmicas de artistas tan diversos como Hugo Fattoruso y Luciano Supervielle pero también –por qué no– con otros como Manu Chao y Fernando Kabusacki.

Pero esto no es más que la consecuencia natural de un artista que, desde su adolescencia, piensa en clave musical; y que, como tal, recorrió un camino heterogéneo repleto de opuestos. Sr. Monk tiene un poco de todo eso. En él confluyen los tangos electrónicos de Los Ranas, el jazz fusión de 18.30 y los arreglos de percusión para el primer disco de Carlo Seminara. Y todo tiene una explicación para estar ahí.

Editado por el sello BlueArt Records, que dirige el periodista y productor Horacio Vargas, el disco ofrece una miscelánea de géneros que van desde el jazz y funk, hasta un desdibujado abanico rítmico y sonoro que el artista define como “folclore sudamericano”.

Con un alarde de los músicos que lo acompañan, Braun (composición, programación, teclados, grabación, mezcla y masterización) conduce la “máquina” con el poderío sonoro de elementos clásicos pero matizando la aparición instrumental con una proporcionada aplicación de samplers y efectos electrónicos plasmados en un profundo cuadro de capas que consolida la representación visual del disco.

En diálogo con El Ciudadano, el músico repasó detalles de la génesis de este trabajo que, en los primeros meses de 2013, ya marca un auspicioso pronóstico para el universo musical local del año.

—¿Cómo empieza a gestarse este primer disco solista fuertemente visual?

—Mis composiciones tienen muchísimo que ver con la imagen. A lo largo de mi carrera hice música para imágenes tanto para cine y teatro como para cortinas y jingles de televisión. Fruto de todo mi trabajo me fueron quedando muchas carpetas con ideas y de cada una de ellas fue surgiendo algo, aunque muchas veces fuera sólo un disparador para encontrarme con un sonido o un paisaje sonoro.

—¿Cómo es la dinámica que aplicaste para construir el disco?

—Mi manera de componer siempre va de lo micro a lo macro; siempre parto de alguna célula; y a veces la célula puede ser una foto, un fotograma de una película o una imagen que me impactó. También una frase pero generalmente está basada en una historia. Me gusta la música programática y utilizo mucho el sampler, una herramienta que nos lleva a los tecladistas a ser una especie de luthiers digitales o virtuales; una herramienta electrónica que me permite tomar un sonido de la realidad y, una vez grabado, repartirlo en el teclado. Me brinda innumerables posibilidades. Lo que está bueno es el paisaje sonoro que comienza a formar parte de la composición. Voy escuchando mi entorno como algo musical. Todo el tiempo estoy resignificando los sonidos.

—“Sr Monk” invita a sumergirse en esos paisajes, eligiendo y atravesando múltiples avenidas que conducen a parajes divergentes…

—Esa es la idea. Adentro de la cabeza cada uno tiene distintos barrios que configuran esta especie de ciudad musical; lo que hice fue tomarme la libertad de subir a un colectivo y bajarme a investigar cada uno de esos barrios; así fue surgiendo todo el disco.

—A nivel sonoro se percibe un decidido trabajo por capas. ¿Cómo fue la producción?

—Fue un largo proceso porque cada uno de los instrumentos que puse a sonar fueron, después de grabados, vueltos a tocar. Salvo las cosas en vivo, todos los sonidos fueron trabajados electrónicamente. No solamente han sido pensados para el disco sino que, además, están diseñados para él.

—¿Cuál es la relación que establecés con las máquinas a la hora de producir una canción?

—Tengo una relación con las máquinas desde hace muchos años. La máquina me hace dar cuenta –transformando la energía musical en ceros y unos– la calidez de lo humano y de lo vivo, y cómo eso se puede fusionar con lo electrónico y lo digital.

—¿Qué te brinda la máquina?

—Me brinda intimidad. Cuando surge la necesidad de continuar un tema, puede ser a las tres de la mañana, la máquina está ahí. Si suena mal es porque hice algo mal. Esa disposición y la cantidad de posibilidades –de prueba y error, incluso con ideas absurdas– es lo que hace que la elija.

Una presentación multimedia

Que el estreno del disco vaya acompañado de una presentación multimedia no parece un dato menor ya que la sonoridad de Sr. Monk remite incesantemente a paisajes, dispara imágenes.

Este recurso no estará presente durante todo el concierto pero sí se pondrá en funcionamiento en tres momentos que Braun anticipó: “No será una cosa muy invasiva sino bastante abstracta. «Nu», va a tener un video del realizador Diego Sinich con imágenes que responden al estímulo sonoro. En «Candor» el video es una especie de historia submarina que comienza con la voz de (Jacques) Cousteau como yo la escuchaba cuando era chico. El tercer tema es «Una casa de Alto», que podría definir como un electro-huayno; yo creo que, donde uno hace la música y vive, es como canaliza ese ritmo. Obviamente no nací en la montaña y no viví la puna pero al escuchar esos ritmos me transporto a ciertos estados y los toco con respeto; la tradición tiene que ver con una música que evoluciona. Esa canción es para mí una visión urbana de las montañas”.

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La liberación creativa de un alter ego (Rosario/12)

Por Edgardo Pérez Castillo



Tratándose del disco de un pianista (y, particularmente, de uno talentoso), el título Sr. Monk remitiría con obviedad a la figura del gran Thelonious. Aunque no es ése el caso de Mariano Braun, quien construyó a su alter ego por obra y gracia de Julián Venegas, Mariano Sayago y Carlo Seminara, que exageraron algunas obsesiones del pianista y productor asociándolo con el detective obsesivo compulsivo que Tony Shalhoub personificó para la serie norteamericana Monk. Anecdótico, el dato es uno más en el entramado de asociaciones y metadiscursos que atraviesan al debut como solista de Braun, reconocido por sus numerosos trabajos como productor, arreglador e instrumentista, y que hoy a las 21.30 presentará el disco en la terraza –o, en caso de lluvia, el quinto piso– de Plataforma Lavardén (Mendoza 1085), sumando como invitados a los tres citados secuaces y a Diego Sinich con su “ready made” multimedia.

Es precisamente la amplia trayectoria de Braun, y su permeabilidad a influencias de lo más diversas, la que hace de Sr. Monk un disco difícil de encasillar. Es, sí, un disco “de productor”: a lo largo de las doce composiciones que lo conforman (once de las cuales llevan la firma de Braun, más una versión de “Superstition” de Wonder), Braun explora sonidos y recursos técnicos en canciones ricas visualmente, y que se resignifican al articularse con los textos que el pianista propone desde la gráfica.

Estilísticamente, los cruces son numerosos, algo que Braun reconoce como fruto de su recorrida musical. “A raíz de los diferentes y dispares ritmos musicales que he tocado se me fue armando como un reservorio musical inconsciente, que se fue transformando en células que en el 2009 fui guardando en la computadora. Lógicamente se fueron mixturando todas las rítmicas. No decidí mezclar un huayno con una base de hip hop, sino que es lo que exudó mi composición en ese momento. Me parece mucho más natural que, si has tenido una vida en oriente, para sazonar la comida uses curry y diferentes especias que acá no se utilizan. Mi razón musical ha sido sazonada con un montón de músicas, ya sea por cuestiones de trabajo, por la gente con la que he tocado, como también por una cuestión de investigación. Algunas de esas ideas fueron retomadas, otras desechadas. Incluso las ideas no necesariamente tenían que ver con una melodía o armonía, podía ser algo leído, una película, una sensación o momento del día. Después, en secreto, lo fui grabando”, detalla Braun, desnudando parte de un proceso creativo que incluyó la creación de insospechados instrumentos.

“El sampler es un instrumento que a los tecladistas nos da la posibilidad de ser luthiers por un rato. El teclado es algo fabricado en masa, tiene número de serie, entonces la posibilidad de modificar sus sonidos, de crear otros, hace que nos podamos apropiar del instrumento. Un cellista o guitarrista puede elegir la madera con la que se hará construir el instrumento. Como decía Atahualpa: sabe que la madera cargó horas de cantos de pájaros, horas de sol, que se traducen a la canción. Es muy significativo crear un sonido”, apunta quien, para la grabación de Sr. Monk, apeló a termos inutilizables, bachas de cocina e, incluso, a la mochila del baño.

Aunque aquí la gracia no está dada por la explicitación del gesto bizarro, según indica Braun: “El chiste no es hacer sonar la bacha de la cocina, para mí el truco es agarrar el instrumento real y manipularlo electrónicamente para que sea creíble. Es como en la ciencia ficción, donde hay sonidos inventados para los rayos, las espadas láser, que están creados con un sonido analógico real. En este caso estoy tocando el piano pero suenan cosas extrañas, aunque no es raro para el oído, porque está previamente escuchado en el inconsciente. Al utilizar de esta manera los sonidos del paisaje sonoro que me rodea, se resignifican”.

Respaldado por ese Sr. Monk que funciona como alter ego –“Pensaba cómo podía hacer un disco si yo toco como sesionista, si soy productor… poder echarle la culpa al Sr. Monk me dio la posibilidad de juntarme esquizofrénicamente”–, inspirado por la música programática, Braun sumó como invitados a Venegas (voz y guitarra), Sayago (bajo y contrabajo) y Seminara (percusión) y se permitió allí también jugar con los sonidos. Mente y cuerpo detrás de la obra, Braun completó así un disco que esconde referencias poéticas, pictóricas y hasta científicas (con homenaje a Jacques Cousteau incluido). Y que están allí, revestidas con buenas canciones, para ser descubiertas… o reinterpretadas.

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El DJ rosarino Mariano Braun dijo que hay que atreverse a resignificar los sonidos (La Capital)

Por Marcelo Menichetti 

Mariano Braun presentará “Sr. Monk”, su primer álbum solista, esta noche, a las 21.30 en la Plataforma Lavardén, Sarmiento y Mendoza. El tecladista, arreglador, productor y compositor pondrá a consideración del público su primera placa editada por el sello rosarino BlueArt que reúne géneros como chillout, jazz, funk y folclore argentino. La presentación estará a cargo de Mariano Braun (teclados, sampling y producción musical), Mariano Sayago (bajo) y Julián Venegas (voz y guitarra), e incluirá acrobacias aéreas a cargo de Natalia Zata y Gianina Moisés y videos proyectados por Diego Sinich.

El músico es una especie de “Orozco” rosarino que tocó con casi todos. Actualmente es tecladista y director musical de la banda de Roque Narvaja, pero desde sus comienzos artísticos integró el grupo La Semilla y acompañó a cantantes como Myriam Cubelos, Ethel Koffman, Sandra Corizzo, Yamile Baidón y Vanesa Baccelliere. Braun también incursionó en el tango junto a Carlos Quilici y Los Tauras, con quienes recorrió escenarios de Dinamarca, Suecia, Noruega, Italia, Inglaterra. Otras experiencias musicales lo acercaron a Carlo Seminara y los Chachalokafuns y el Jazz Fussion; al pop de Vilma Palma e Vampiro y Fabián Gallardo.

—¿Este disco reafirma su condición de creador de música propia?

—La música propia siempre estuvo. Hace 15 años me dedico a hacer música publicitaria y la creación es constante. A veces el trabajo del jinglero se ve menospreciado, pero son pequeñas canciones en las que todo tiene que pasar en segundos.

—¿En el terreno de la creación cuáles son sus límites estilísticos?

—Trato de no ponerme ninguno. Me gusta la música que tiene tradición porque es muy fuerte y no se muere, por eso toqué tango, jazz, rock y folclore. La música con tradición me aporta cosas y pienso que yo puedo aportar cosas a ese reservorio de rítmicas diferentes. De todo eso se hizo esta mezcolanza donde no está previsto nada.

—Efectivamente, en el disco se escuchan sonidos que van del hipo-hop al jazz, pasando por el folclore, el house y el rock y el pop.

—Me permití ser disc jockey de mi propia música. El laburo de los disc jockey fue bastante menospreciado por la famosa frase de Pappo: “Buscate un laburo decente…” (risas). El Bambito García me hizo conocer un montón de disc jockey que hacían música.

—¿En qué medida recibió influencias de su padre músico?

—Lógicamente por los instrumentos que estaban en casa. Estudié batería con Jorge Gravina y con el acordeón empecé a hacer algo con mi papá y después seguí. En casa el folclore y el tango siempre sonaron. Por mi vieja sonaba Serrat y me sabía de memoria los arreglos de (Ricard) Miralles.

—¿Cómo se gestó el disco?

—Los apuntes fueron los disparadores. Es lo que considero —con todo el respeto que hay que tener— como obra programática. Si bien el disco es para escuchar, la idea es que dispare más ideas. La voz está tratada y muchos de los sonidos vienen de otros ámbitos, como en uno de los temas que tiene una parte de la sección rítmica que es el ruido de la descarga del baño, que tenía una rítmica que sampleé y la acomodé para que sirva a un fin. Lo que está buenísimo es la resignificación de los sonidos. Esto es una fotografía del momento.

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Sr. Monk de Mariano Braun

Podés escuchar online

Superstición: https://soundcloud.com/sebastian-joel-vargas-1/sets/superstici-n-de-mariano-braun

Camba blues: https://soundcloud.com/sebastian-joel-vargas-1/04-camba-blues

Milorga: https://soundcloud.com/sebastian-joel-vargas-1/02-milorga

 

El sábado 16 de marzo, a las 21.30, en Plataforma Lavardén (La terraza de la cúpula ) -Sarmiento y Mendoza-  el  músico rosarino Mariano Braun presentará en vivo “Sr. Monk”, su primer disco solista, editado por el sello BlueArt Records.

Jazz, funk y folclore sudamericano, se fusionan desde una visión
electrónica minimalista donde sonidos, imágenes y ritmos se resignifican con sensibilidad, tradición y libertad.

La presentación tendrá lugar en un marco tan especial como es “La terraza de la Cúpula” en Plataforma Lavardén, donde 11 composiciones originales se complementarán con la proyección de videos de Diego Sinich, configurando un “ready made” multimedia. 

 Mariano  Braun (teclados, samplers, programación, acordeón, diseño sonoro) contará con los invitados que participaron del registro discográfico:
Julián “Chula” Venegas (voz y guitarra), Carlo Seminara (percusión) y Mariano Sayago (bajo).

 Entradas en venta el día del concierto. En caso de mal tiempo se traslada al “Gran Salón” (piso 5º).

 

 Más info en www.marianobraun.com.ar

 

 

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“Diez años a la sombra”. ADRIAN ABONIZIO HABLA DE SU LLEGADA AL TANGO (Página/12, Suplemento de Cultura RADAR)

 

Por Martín Pérez 

Con ropa de finado y las zapatillas de Federer. Así es como se viste Adrián Abonizio, y no le da ninguna vergüenza hablar de eso. “Me parece un despropósito gastar la plata que me gano trabajando en cosas suntuarias, como la ropa. Porque la moda no existe”, asegura el gran compositor secreto de la Trova Rosarina, autor de canciones inmortales en la voz de Juan Carlos Baglietto, como “Mirta, de regreso” o “Historia de Mate Cosido”, sentado a una de las mesas de El Cairo, el bar de Rosario que debe su fama más allá de sus fronteras a Roberto Fontanarrosa. De hecho, el lugar se ha transformado en una suerte de museo del autor de Inodoro Pereyra, aunque la estatua con la que cualquier ocasional visitante se tiene que cruzar camino al baño no se le parezca mucho. “Sólo les falta poner el ataúd en un rincón”, acota Abonizio sin mucho cariño. Pero volviendo al tema de la ropa, el hombre que supo contar lo que hacen Dios y el Diablo en el taller mientras por la radio Ferro y Platense eternamente empatan cero a cero, asegura que todos sus amigos conocen ya sus mañas, y le avisan cada vez que alguien muere, así él hace circular su guardarropa. “Algunas prendas me las quedo yo, otras las reparto –aclara–. Pero sí, no tengo ningún problema en reconocerlo: uso ropa de fiambres, de gente que se va yendo y sus parientes por superstición no quieren usarla. Algunas brujas que conocí se espantan, pero yo me cago de risa. Porque soy bello como un león al mediodía con ropa o sin ella”, bromea este rosarino oriundo del barrio de Echesortu, en el centro geográfico de su ciudad, a la que recorre todos los días con los ojos bien abiertos. “Si te hacés el boludo, podés no ver nada. Pero todo el tiempo nos rodean toda clase de mundos”, explica, y cuenta que por la mañana, yendo a jugar a la pelota-paleta, se cruzó con dos pibes quinceañeros, que duermen en las piedras que hay debajo de la costanera. Le pidieron una tanza y un anzuelo a los pescadores, y él se quedó hablando un rato con ellos. “Para mí eran pibes marginales, que pescaban para vivir. Pero no tengo dudas que hay gente que me ve venir, y piensa lo mismo de mí –asegura–. Son desigualdades que no tienen que ver con la condición humana, sino con la condición social, y eso es algo que me perturba todo el tiempo. No puedo estar en paz. Y por eso no me aguanto comprarme unos vaqueros nuevos”, explica Abonizio, sin rabia y sin pose, apenas como carta de presentación, como diciendo buen día. Pero las preguntas siempre quedan ahí, aun cuando escriba —en el texto presentación de Extraño conocido (2006), un indispensable disco para el que regrabó sus canciones más famosas— que al finalizar de componer “El témpano” se terminó la última línea de furia que sentía. Y esas preguntas y esa furia son también la razón de ser de los doce temas del flamante Tangolpeando, un admirable álbum de tangos propios que le tomó casi una década poder editar. ¿Y las zapatillas de Federer? “Yo no tenía ni idea de quién era Federer —explica con una sonrisa—. Pero uno de los que me traen ropa es Ramiro Sixto, un rosarino que es sparring de tenis, y gira por el mundo junto a los mejores. Como buen argentino, Ramiro limpia los vestuarios de cosas, ropas u objetos, que los famosos dejan tirados porque no necesitan guardarse todo en un bolsito. Un día se me apareció con unas zapatillas que dijo que eran de Roger Federer, y que me duraron quince años. Así que coleccionistas, atentos: las vendo aunque estén hechas mierda.”

TANGOS LARVARIOS

“Con otro ritmo, y otro fraseo, tal vez ‘Mirta, de regreso’ hubiera podido ser el éxito de algún cantor del ’40”, asegura el historiador y periodista Sergio Pujol, desde el elogioso texto que acompaña y presenta Tangolpeando. Pero desde su libro Canciones Argentinas (2010), Pujol redobla la apuesta y lo presenta como un “Mano a mano” en clave progre. “Pujol es muy generoso, pero está en lo cierto: ‘Mirta…’ era un tango larvario que empezaba a despertar”, confiesa por fin Abonizio, el niño que creció escuchando la radio, hasta que un vecino trajo “Love me do” de Los Beatles, y los pibes del barrio –cuenta– tuvieron una epifanía colectiva. “Fue como ver el primer gol por televisión”, intenta explicar Adrián, mucho después pionero del rock rosarino al frente de Irreal, la banda que dejó para que la liderase un Baglietto al que aún le faltaba para salir de Rosario. Pero en aquella primera formación de su grupo, Abonizio ya cantaba su “Mirta…”. “La versión original era igualita a la que hizo famosa Baglietto, salvo que con un poquito de forma de ‘La Bamba’ —aclara su autor—. Juan Carlos ayudó y la hizo más agradable, evitando con sus mohínes, simpatía y calidad lo indigerible de una temática de abandono.”

Una posible cronología de la carrera de Abonizio antes del fenómeno de la Trova Rosarina lo ubica primero armando Irreal, luego abandonándolo para dedicarse a componer canciones y cantarlas a cara de perro, y más tarde poniendo esos temas al servicio del carisma de un Baglietto solista pero con banda, que tomó por asalto el rock nacional antes y después de Malvinas. “En aquel entonces, ni Adrián tenía conciencia de ser un poeta metafísico, ni yo de ser un cantante popular”, recuerda Baglietto en el libro La Trova Rosarina (1998), de Sergio Arboleya. Abonizio subraya que si entonces desde el rock los acusaron de tristes y depresivos, como el tango, fue porque contaban historias recientes pero atemporales, y existencialistas. “Yo hacía mi camino en silencio. ‘Esto es tango, esto es tango’, me decía sin comentarlo con nadie”, confiesa ahora, sin tapujos. “Siempre quise hacer tango, pero me gustaban Almendra, Aquelarre, el sonido de Hendrix, Zappa, Serrat, Beatles, Carnota, El Dúo Salteño, Cream y tantos otros. ¿Qué culpa tengo yo de esta mescolanza? Pero a la hora de apuntar con mi rifle sanitario decidí matar los códigos idiotas del rock capitalino rolinga o fashion, y apuntar a la mezcla rosarina, con buenas y malas. Eso sí, siempre con el fantasma de Julio Sosa o Rivero convidándome un faso o una ginebra, susurrándome al oído: ‘Dale, pibe, animate que podés’.”

Desde Tangolpeando, Abonizio demuestra que puede, junto a Rodrigo Aberastegui, cómplice en un disco que estuvo diez años esperando su turno, ya que calcula haberlo comenzado a grabar comienzos de la década pasada. Quedó rehén de una pelea entre productores y estudio de grabación, pero finalmente fue rescatado y completado… una década después. “Paciencia es poco, pero somos imbatibles”, se agranda un Abonizio que hace tiempo hace de la independencia una necesidad. “El músico que no tiene pelotas para bancarse tanto desánimo que venda electrodomésticos con un sueldo seguro. Esta profesión es alucinante porque te prueba la entereza, la capacidad de saltearse los vicios que son una trampa, el bronce y las ganas de ser famoso. Recomendable para cardíacos, para aquellos que no pudieron ser buzos entre tiburones blancos, para caballeros con espadas mágicas y para inconscientes.”

ORILLERO A PROPOSITO

Pudor. Eso es lo que Abonizio asegura que se siente cuando se escribe una canción que se hace famosa. “Porque da no sé qué haber tocado algo tan íntimo tuyo, y también de la gente —explica—. Uno hace de cuenta que entra en una selva virgen, por primera vez, tratando de no romper nada ni pisar ningún bicho. Es alucinante, porque descubrís un lugar nuevo, lo conquistás, pero no despreciás a la naturaleza. Te metés dentro de la gente, que absorbe eso y encima te felicita. Por eso es que uno siente mucho pudor. El mismo pudor que sentís ante el aplauso. Uno quiere que el público sea japonés, y que no aplauda después de cada tema”, asegura el compositor del que Baglietto supo contar que, en sus comienzos, solía cambiar sus temas cada vez que los cantaba, para que el público no pudiese aprenderse la letra y cantarlo con él. “Lo que pasa es que, cuando algo se hace conocido, sos descubierto. Tenía miedo, como nuestros antepasados temían que les robaran el alma. Pero hoy canto aquellas canciones sin paranoia, feliz de encontrarme en algún lado del cosmos con el tipo que las escucha.”

De todas aquellas canciones famosas y populares, con la que Abonizio asegura tener las anécdotas más raras es “El témpano”. Sentado en El Cairo, al lado de una ventana, recuerda con la mirada perdida a un músico callejero que cantaba el tema en una estación de subte porteña. Eran tiempos de poco dinero y Abonizio apenas disponía de dos monedas diarias, para ir y volver del trabajo. Pero no pudo evitar detenerse ante el pibe que cantaba su tema para nadie, y que entonó las últimas frases mirándolo a los ojos. “Metí las manos en el bolsillo y encontré la última moneda, y el pibe se dio cuenta. Y también se dio cuenta que saqué la mano, y me fui sin dejarle nada. Me debe haber odiado. Me despedí y no me contestó, y yo me sentí el peor tipo del mundo. Pero… ¿qué le iba a explicar? ¿Que había escrito la canción y no tenía un mango? ¡No me lo iba a creer jamás!”, se ríe Abonizio, que también sabe que una noche Mercedes Sosa pasó por Rosario y no paraba de cantar “El témpano” una y otra vez en voz baja, para ella misma. “Cuando preguntó si la podían contactar con el autor, le dijeron que era difícil de encontrarme… ¡y yo estaba a cuatro cuadras!”, recuerda. Y se embala: “Así son los productores locales, o gente de la cultura con falsa mayúscula: resentidos, idiotas o cobardes. Son los que luego te preguntan: ‘Che, ¿seguís en la música?’. Es como que yo les preguntase: ‘Che, ¿seguís en la vida?’. Tengo fama de mal llevado, pero con semejantes semejantes lo único que queda es batirse a duelo”.

Después de una década peleándola en Buenos Aires, de donde volvió a Rosario para ver crecer a su hijo Ciro, que ya tiene 8 años, Abonizio asegura que lentamente se está reencontrando con su mejor forma. “Lo mismo que le pido al rengo Goldín como fan que soy de su música, que haga el disco que se merece, sé que es lo que me pueden pedir a mí los que me siguen”, calcula. Por eso es que, a pesar de tener un disco nuevo bajo el brazo, Abonizio no se detiene. Le siguen dos más, que hace tiempo están esperando pista. El primero se hizo doble, lo viene grabando en Buenos Aires junto al Muerto Sainz, el ex bajista de Baglietto, y se llama Embarcaciones. Y el que le sigue lo estuvo grabando en Rosario, con criterio acústico pero instrumentos eléctricos, y se llama La madre de todas las batallas. Pero también, promete, habrá más discos de tango después de Tangolpeando, al que describe como orillero a propósito, buscando el sonido de los discos de Edmundo Rivero: el guitarrón grave y las guitarras. “Empezamos con tangos básicos y vamos a terminar con tangos psicodélicos. Pero de a poco. Ahora viene el romantic tango, el segundo disco de la trilogía, con cuerdas y monólogos. Y luego la hecatombe: el Album Blanco del tango, modestamente. Para que todos los cantores momias que no cantan temas nuevos por miedo a perder su público se hagan el harakiri.”

¿Por qué tanto tango?

—Porque tiene un sustrato de profunda amargura tranquila. Es la del tipo que se sienta en un bar y mira a su alrededor: en TN están apuntando a la democracia con gente perfumada que apenas sabe hablar, y hay accidentes y muertos. El mundo estalla de capitalismo, el Papa es una vieja podrida y no tengo fuerzas para putear ni juntarme con otros “accidentados” como yo. Por otra parte, les rajo como a la peste porque si no nos hundimos juntos y aún tengo mucho para contar. Entonces los narro, los pinto, me escribo en mi piel eso de que soy un poco ellos. O sea, hago tangos. Eso es. El que no lo entienda se está perdiendo una sabiduria de samurai. Somos criaturas que están solas, por su rareza y falta de cariño. No es mi caso. Yo sólo escribo. Y espero que el mundo cambie, mientras miro cómo la gente se pelea por un lugar en el entierro. Se apuran por morir.

Tangolpeando fue editado a fines del año pasado por el sello BlueArt Records, con el auspicio del Gobierno de Santa Fe y de la Municipalidad de Rosario. En el sitio blueart.com.ar hay una lista de disquerías de todo el país donde se pueden conseguir sus discos.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-8610-2013-02-17.html

Imagen: Nora Lezano

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Abonizio en Ámbito Financiero (Ámbito Financiero )

Por Ricardo Salton

El periodista e historiador Sergio Pujol escribió en la portada del disco que estamos viviendo un tiempo de revitalización del tango. Da la impresión de que, más vale, hay un aumento de cantantes y músicos que vuelven a leer, con mayor o menor atrevimiento, lo realizado en el pasado. Y cuando hay piezas nuevas, salvo honrosas excepciones, no pueden llegar al nivel de los momentos más gloriosos del género. Claro que, justamente, una de esas excepciones, es la del rosarino Adrián Abonizio.

Conocido en Buenos Aires a partir de lo que se llamó «la Nueva Trova Rosarina», muchas de sus canciones se hicieron populares en la voz de Juan Carlos Baglietto. Duro en su lenguaje poético, urbano en sus personajes, cruel en su escepticismo, el tango fue siempre parte de sus temas, aunque estuvieran musicalmente más ligados al pop o al rock. Y se había decidido firmemente hacia un repertorio de tangos nuevos y valiosos en colaboración con Lito Vitale y Lucho González para un álbum de hace unos años de la cantanteGabriela Torres. Aquí, es él quien hace conocer un listado de piezas escritas para la ocasión: tangos y milongas que tienen mucho de la primera época del género. Son canciones que, en términos generales, merecen la mayor atención; y además rescató su ya conocida«Constitución de noche».

Rodrigo Aberastegui, Érica Di Salvo, Gabriel Rivano, Horacio Hurtado Hugo Picofueron su incuestionable sostén instrumental para la voz de Abonizio que, por su propia historia, es -ahí sí coincidimos con Pujol– lo menos tanguerode este muy buen disco.

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Tango sin clichés tangueros (Tiempo Argentino)

 

Por Carlos Salatino

Cuando un tango compuesto en la actualidad habla del puerto, sin dudas se refiere al puerto de Buenos Aires en el pasado o a otro puerto de otra ciudad ribereña.Cuando se habla de un paisaje con personajes porteños, se suele asociar rápidamente esa porteñidad con la Reina del Plata.

 

Pero hay otros paisajes y otros puertos, a los que los poetas y los músicos suelen escribirles. Rosario, sin ir más lejos, tiene un puerto que además, al contrario de lo que ocurre con el de Buenos Aires, mira al río. Rosario también es identificada con artistas que hicieron de su pertenencia a esa ciudad, una bandera. Por citar solo a tres: Alberto Olmedo, Litto Nebbia y Roberto Fontanarrosa son apenas algunos de los referentes de una ciudad con una cultura con vida y personalidades propias.
Adrián Abonizio es otro de esos rosarinos que sabe retratar paisajes, situaciones y personajes de su ciudad. Lo hizo siempre, como integrante de la llamada Nueva Trova Rosarina, y continúa haciéndolo en esta oportunidad, en la que su paleta de colores toma como marco referencial el tango.
Tangolpeando, su nuevo disco, es un acercamiento al género pero desde una mirada despojada de todo cliché tanguero. Abonizio no necesita impostar su voz para darle el dramatismo característico de ciertos cantores ni para defender su poesía cargada de personajes y situaciones que son fácilmente descubiertas en la cotidianidad de la ciudad, sea ésta Rosario o Buenos Aires.
Protagonistas como María, la dulce guaraní de la milonga “Mi flor querida” o la de “Pata flaca”, con su final imprevisto, se suman al retrato del “chanta” de “Lo tuyo está al salir”, las imágenes sentimentales y a la vez decadentes de “Constitución de noche”, los giros piazzollianos que trasunta “Luna de alpiste” o la representación psicológica de “Paranoia SA”.
Abonizio tiene como cómplice de este trabajo a Rodrigo Aberastegui, con quien compuso gran parte de los temas de este álbum. Su presencia es fundamental tanto en la composición y en la ejecución de diversos intrumentos (guitarras, acordeón, contrabajo y piano) como en la elaboración de los arreglos de las piezas. Otro de los aciertos del disco es el protagonismo de un abigarrado grupo de músicos de gran nivel como Erica Di Salvo en violín, Gabriel Rivano y Hugo Pico en bandoneón y Horacio Hurtado en contrabajo.
De una austeridad sonora que propone un clima íntimo en el que se proyectan pequeñas historias de personas y paisajes, en Tangolpeando Adrián Abonizio deja en claro cuál es su mirada sobre el tango actual. «