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El DJ rosarino Mariano Braun dijo que hay que atreverse a resignificar los sonidos (La Capital)

Por Marcelo Menichetti 

Mariano Braun presentará “Sr. Monk”, su primer álbum solista, esta noche, a las 21.30 en la Plataforma Lavardén, Sarmiento y Mendoza. El tecladista, arreglador, productor y compositor pondrá a consideración del público su primera placa editada por el sello rosarino BlueArt que reúne géneros como chillout, jazz, funk y folclore argentino. La presentación estará a cargo de Mariano Braun (teclados, sampling y producción musical), Mariano Sayago (bajo) y Julián Venegas (voz y guitarra), e incluirá acrobacias aéreas a cargo de Natalia Zata y Gianina Moisés y videos proyectados por Diego Sinich.

El músico es una especie de “Orozco” rosarino que tocó con casi todos. Actualmente es tecladista y director musical de la banda de Roque Narvaja, pero desde sus comienzos artísticos integró el grupo La Semilla y acompañó a cantantes como Myriam Cubelos, Ethel Koffman, Sandra Corizzo, Yamile Baidón y Vanesa Baccelliere. Braun también incursionó en el tango junto a Carlos Quilici y Los Tauras, con quienes recorrió escenarios de Dinamarca, Suecia, Noruega, Italia, Inglaterra. Otras experiencias musicales lo acercaron a Carlo Seminara y los Chachalokafuns y el Jazz Fussion; al pop de Vilma Palma e Vampiro y Fabián Gallardo.

—¿Este disco reafirma su condición de creador de música propia?

—La música propia siempre estuvo. Hace 15 años me dedico a hacer música publicitaria y la creación es constante. A veces el trabajo del jinglero se ve menospreciado, pero son pequeñas canciones en las que todo tiene que pasar en segundos.

—¿En el terreno de la creación cuáles son sus límites estilísticos?

—Trato de no ponerme ninguno. Me gusta la música que tiene tradición porque es muy fuerte y no se muere, por eso toqué tango, jazz, rock y folclore. La música con tradición me aporta cosas y pienso que yo puedo aportar cosas a ese reservorio de rítmicas diferentes. De todo eso se hizo esta mezcolanza donde no está previsto nada.

—Efectivamente, en el disco se escuchan sonidos que van del hipo-hop al jazz, pasando por el folclore, el house y el rock y el pop.

—Me permití ser disc jockey de mi propia música. El laburo de los disc jockey fue bastante menospreciado por la famosa frase de Pappo: “Buscate un laburo decente…” (risas). El Bambito García me hizo conocer un montón de disc jockey que hacían música.

—¿En qué medida recibió influencias de su padre músico?

—Lógicamente por los instrumentos que estaban en casa. Estudié batería con Jorge Gravina y con el acordeón empecé a hacer algo con mi papá y después seguí. En casa el folclore y el tango siempre sonaron. Por mi vieja sonaba Serrat y me sabía de memoria los arreglos de (Ricard) Miralles.

—¿Cómo se gestó el disco?

—Los apuntes fueron los disparadores. Es lo que considero —con todo el respeto que hay que tener— como obra programática. Si bien el disco es para escuchar, la idea es que dispare más ideas. La voz está tratada y muchos de los sonidos vienen de otros ámbitos, como en uno de los temas que tiene una parte de la sección rítmica que es el ruido de la descarga del baño, que tenía una rítmica que sampleé y la acomodé para que sirva a un fin. Lo que está buenísimo es la resignificación de los sonidos. Esto es una fotografía del momento.