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Dúo Elía Andrada (La Voz)

 

El dúo integrado por el contrabajista Cristian Andrada y el pianista y compositor Eduardo Elía presenta su último disco “We see”. Este recital forma parte del ciclo Disco es Cultura que organiza la Agencia Córdoba Cultura.

El disco es un trabajo de estudio que está integrado por composiciones originales en el que se destacan diversas corrientes estilísticas del jazz, como el hard bop y el free jazz.

Cristian Andrada estudió contrabajo con importantes músicos, referentes de este instrumento, como Gustavo Lorenzatti, Mariano Otero, Hernán Merlo y Jerónimo Carmona. En 2005 fue becado para estudiar contrabajo en Holanda con Hans Roelofsen. Fue contrabajista de la Orquesta Sinfónica de Córdoba y también tocó junto a Martha Argerich, Bruno Gelber, Marcelo Álvarez, entre otros.

Eduado Elía se formó en la Escuela de Música La Colmena, cursó estudios de perfeccionamiento en la Escuela de Música Contemporánea Berklee Internacional Network (Buenos Aires) y en la Berklee College of Music de Boston (Massachussets). Sus dos grandes maestros fueron Luis Lewin (Córdoba) y Ernesto Jodos (Buenos Aires). Además estudió con Laszlo Gardony (Boston), Neil Olmstead (Boston) y Tino Derado (New York).

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NELI SAPORITI “TRAVESIA AMERICANA” (Diario La Opinión)



NELI SAPORITI
“TRAVESIA AMERICANA”

CD BlueArt – 2010 – 11 temas (Río de plata, La arisca, Lejanía y otros)

Dice la intérprete:
Dedicado a los cantores que reflexionan. Gracias a la familia y amigos, por su aliento y calidez. A Gerardo Gandini, paciente amor, quien ha escuchado, sugerido, acompañado y estimulado estos trabajos míos de hacer canciones. A Diego Rolón, artífice y mago del sonido de este disco. A todos los músicos participantes. A Diana Bellessi, por todo lo que recibí en el oficio de escribir. A Marcos López, por interpretar con sus imágenes la América morena que tanto conmueve. A Horacio Vargas y el sello BlueArt. (…)

Decimos nosotros:
A la voz de la intérprete -que además firma casi todos los temas- se suman guitarras, charango y programación a cargo de Diego Rolón. Ambos producen este trabajo que lleva los sonidos de músicos invitados como Gerardo Gandini en piano, Marcelo Baraj en percusión, Leandro Rouco en guitarra, charango y acordeón, Paula Pomeraniec en cello, entre otros. Ritmos de la tierra más cercana, paisajes regionales de la América profunda, historias de vida, una mirada desde el sur. Verdadera travesía americana.

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Fragmentos del mundo (Club del Disco)

 

En la contraportada se lee “Ernesto Jodos Doble Trío – Fragmentos del mundo – Jazz”. Y es muy contundente y real. 
Aunque vale la pena aclarar en qué consiste este “doble trío” (definición de por sí extraña). Es, Ernesto Jodos al piano, másJerónimo Carmona y Mauricio Dawid en contrabajos y Luciano Ruggieri y Sergio Verdinelli en baterías. Todos tocando juntos, algo que no es música experimental (como era en cierta manera el recordado Datrebil de Wenchi Lazo). 
Claro que no es algo que ocurra todo el tiempo: de los doce tracks que componen el disco, el doble trío toca en cinco. Con melodías bastante inasibles, por momentos aromas de be bop, de free jazz, ostinato en la base, los cambios entre tema y tema están dados más por lo climático y las texturas que por particularidades armónicas o melódicas. Hay vértigo como en LI# 6 (track 7), y calma en la bella balada que es Jaula de la luz; hay lugar para un tema del venerado Monk, Introspection (9), el resto de las piezas son de Jodos; y lo que más hay es un estilo personal e intransferible que este pianista, como pocos otros en nuestro medio, tiene. 

Es un placer escuchar música grabada en un nivel tan alto de técnica. Eso es mérito de Luis Bacqué, ingeniero de la grabación, desde las tomas hasta el mastering, y también contribuye la sala (nada menos que Ion) y los instrumentos utilizados. Una joya de música argentina, editada desde Rosario por Blue Art, ese pequeño milagro que persiste y hace a 300 kilómetros de la Capital, para alegría de todos los melómanos. 

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“Uno tiene ganas de seguir buscando” (Página/12)

 

Por Diego Fischerman

La actuación en el Festival de Mar del Plata se pliega a las que estuvo haciendo en Brasil, Buenos Aires y varias ciudades del interior –entre ellas Resistencia– para presentar su nuevo disco, Fragmentos del mundo, publicado por el sello BlueArt. Director de la carrera de jazz del Conservatorio Manuel de Falla desde su fundación, partenaire de Gerardo Gandini o de Charles Tolliver, experimentador de las conformaciones instrumentales más diversas, desde big bands hasta grupos con vibráfono o donde él toca el órgano eléctrico, tríos con cello, dúos con guitarra, como el que integra junto al rosarino Carlos Casazza, o grupos inclasificables, como en el que a ellos se agrega el violinista Ramiro Gallo, Ernesto Jodos es no sólo uno de los principales músicos actuales, sino uno de los más influyentes. En el campo del jazz, casi todos los pianistas situados en una primera línea fueron sus discípulos.

El mantiene un perfil de búsqueda permanente y en su producción discográfica más reciente explora las posibilidades de lo que ha llamado un doble trío. En rigor, los dos tríos con los que tocaba de manera alternada (con Jerónimo Carmona y Luciano Ruggieri y con Mauricio Dawid y Sergio Verdinelli), esta vez juntos. En tanto el pianista es siempre el mismo, se trata finalmente de un quinteto con dos contrabajos y dos baterías. Ni una ni otra duplicación son totalmente nuevas. Ya Ellington trabajaba ocasionalmente con dos baterías, aunque se trataba de buscar una solución para cuestiones acústicas. Pero los grupos dobles, desde la superposición de los cuartetos de Eric Dolphy y Ornette Coleman en Free Jazz, el experimento de Ascension de John Coltrane o los dos contrabajistas del último grupo de Ornette tienen una modesta tradición. Sin olvidar, desde ya, un grupo que no pertenece al jazz pero cuya influencia fue mayúscula: King Crimson en su versión como doble trío. “No intento alterar lo que es la concentración del trío”, explica. “Busqué una ampliación, pero no en el sentido de agregarle posibilidades ajenas a la propia célula de lo que es un trío sino potenciando esas características. El comienzo fue más bien utilitario; tenía dos tríos más o menos estables como para no cambiar tanto de músicos cuando las fechas de unos u otros no coincidían con las actuaciones. Después apareció la idea de juntarlos. De todas maneras no sonamos todo el tiempo en quinteto; también hay momentos con cada uno de los tríos por separado.”

Jodos comenta que “cada uno de los grupos tiene características bien diferenciadas. Y hay temas que encontraron su lugar más con uno que con el otro. Lo que se toca en quinteto está pensado, o se fue pensando a medida, para todos juntos. Había allí un desafío contrapuntístico y rítmico, que me interesaba poder resolver. Cuando empezamos a ensayar me parecía muy abrumador, y después empezó a ser divertido, la cantidad de información que iba recibiendo mientras tocaba. El otro aspecto tentador era que la propia situación obligaba a no ceñirse a roles fijos. Si el contrabajo y la batería navegan entre las necesidades de marcación y cierta independencia, entre el acompañamiento y la posibilidad de ser protagonistas, en este caso no pueden mantenerse en las sombras demasiado tiempo. Por lo menos uno de los dos tiene que jugar para no pegarse al otro. Los papeles se cambian y, cuanto más tocamos en vivo, esos cambios se hacen más flexibles, que es el ideal, para mí, de una sección rítmica en el jazz. Que eso pueda realizarse de manera improvisada y que exista la suficiente confianza de cada uno en los otros y en el grupo, como para entregarse sin reservas. Hay una parte un poco atemorizante pero, una vez que nos familiarizamos, es como ser chico y estar con un juguete nuevo que no se sabe muy bien cómo se comporta pero siempre es divertido. Pueden aparecer cosas muy impensadas y desde lugares imprevisibles”.

Tal vez por su naturaleza efímera –el solo desaparece en el mismo momento en que es tocado– el jazz se ancla en dos planos simultáneamente: el de las actuaciones en vivo y el de las grabaciones. Pero, en la Argentina, ni uno ni otro son demasiado fáciles. “Mucho del camino musical recorrido, y del tránsito entre un proyecto y otro, no está en los discos sino que sucede semana a semana. Los discos no muestran un proceso sino el comienzo o el final de un proyecto. Son imágenes muy chicas pero, al mismo tiempo, son las que acaban fijando lo que uno es para los demás. Si pienso en mi discografía, el trío es lo que menos aparece. Y en cambio, en el día a día, es sin duda el núcleo más importante de mi actividad. Dentro de todos esos cambios, cuando la cosa funciona más de una vez entonces uno la mantiene. Le da una chance a ver qué pasa. Y eso suele acabar en un disco. No es demasiado apriorístico. Nosotros tocamos mucho, con muchos, todo el tiempo. Y van apareciendo cosas con las que nos dan ganas de seguir buscando.”

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Un jazz en expansión (Clarín, 6 de diciembre 2012)

Por Federico Monjeau

En Fragmentos del mundo , su flamante disco editado por Blue Art, el pianista Ernesto Jodos ha buscado una ampliación instrumental, pero su naturaleza experimental parece haberlo llevado a una forma muy curiosa: el doble trío, que completan Jerónimo Carmona y Mauricio Dawid en contrabajos y Luciano Ruggieri y Sergio Verdinelli en baterías, aunque los músicos tocan simultáneamente sólo en cuatro de los doce temas que componen este álbum, once de los cuales firma Jodos y el restante, Thelonious Monk: el hermosísimo Introspection .

El trío de piano, contrabajo y batería es una tradición instrumental tan rica y al mismo tiempo tan austera que su duplicación hace pensar en esas ampliaciones clásicas como el doble cuarteto de cuerdas de Spohr; pero mientras que el doble cuarteto de Spohr lo que hace es acercarse a una orquesta de cuerdas, el doble trío de Jodos no se acerca a una orquesta de jazz; ni en los colores, ni en la polifonía. Su forma es más espectral.

No es exactamente un doble trío, ya que el piano no se duplica. Tal vez Jodos haya buscado profundizar la idea abierta y el intercambio de roles que está en base del trío moderno desde Jarrett (acaso antes); una expansión de los límites del trío, manteniendo la identidad. En este caso, manteniendo también la centralidad del piano. Eventualmente uno de los contrabajos puede llevar arco y, con ello, una forma melódica más nítida, como en El cristal de los otros, pero no es la constante.

Hay una diferenciación en la semejanza, por decirlo así, como por ejemplo en la forma de los solos independientes y complementarios de los contrabajos en la formidable versión deIntrospection . La duplicación se da en la forma instrumental y en la duración del original, que Jodos lleva a cinco minutos por medio de unas expresivas digresiones en las que el alma del tema nunca deja de oírse.

La versión de Monk es uno de los puntos más altos de un álbum cuyo interés no decae un solo instante. Hay composiciones y desarrollos más idiosincrásicamente jazzísticos, como Punto ciego o Fragmento del mundo , y hay otros que transcurren en una frontera más extraña, como Un viaje (para “doble” trío), con esas pocas notas que van siendo desgranadas una a una, rodeadas y replicadas (y en estas réplicas la expansión del trío cobra plena significación), como algo atomizado que de pronto se ve envuelto en un swing maravilloso y perfectamente orgánico.

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Bondades de un gran debut (Rosario/12 – 4 de agosto 2012)

Por Edgardo Pérez Castillo

De las múltiples etiquetas a las que puede apelarse para referenciar una propuesta jazzera, probablemente la de “jazz contemporáneo” sea precisamente la que mejor defina el espíritu del cuarteto que integran Mariano Suárez (trompeta y flugelhorn), Pablo Socolsky (piano), Kay Heinrichsdorff (bajo, guitarra y mbira) y Pablo Dawidowicz (batería y percusión). Un proyecto de origen reciente, pero que ya ha logrado un muy buen debut con Bondades, placa editada por BlueArte Records y que se presentará formalmente esta noche, a las 21, en el Teatro Príncipe de Asturias, como parte del ciclo “Fila cero” del Centro Cultural Parque de España de Sarmiento y el río.

Y es contemporáneo el abordaje que el grupo hace de sus composiciones propias, relecturas colectivas de creaciones individuales o bien obras conjuntas que van delineando un lenguaje propio, marcado por una faceta que brilla y atrapa: la posibilidad de descubrir nuevos elementos en cada escucha, la de hacer de Bondades un disco que invita a ser explorado. Pieza fundacional del cuarteto, Socolsky relató el origen de este proyecto que nació como dúo: “Empezamos juntándonos con Kay, y los primeros encuentros fueron de improvisación, de empezar a juntarnos cada uno con nuestros propios estilos e influencias. Así empezaron a generarse cosas muy interesantes, muy hipnóticas, nos pasábamos tres o cuatro horas tocando. Nos mostrábamos ideas y cosas que surgían en ese momento. A partir de ahí decidimos convocarlo a Mariano, porque nos parecía que el aporte de su toque podía ser muy interesante. Después el ingreso de Pablo, con su pulso, fue vital”.

Así, a la dupla original se le sumaron dos integrantes de un grupo histórico como El Umbral. Para el trompetista Mariano Suárez, sin embargo, hay aquí otros objetivos musicales: “Aquí es todo un poco más laxo. La idea es que haya un poco más de aire y que se vayan armando capas, tramas sonoras que vayan conformando los distintos temas. Y en el desarrollo de las improvisaciones la intención es que no hayan solos que se suceden, sino que se vaya armando una estructura de tramas”.

En esa misma línea, Socolsky destacó la aparición de creaciones grupales, allí donde comienza a consolidarse el lenguaje personal del cuarteto. “En el disco hay muchas composiciones colectivas. Fue un proceso donde íbamos aportando alguna idea y se iba generando el tema. Después la posibilidad de ir generando entramados en torno a la participación de cada uno permite que suene algo diferente”, apuntó el pianista.

A nivel sonoro, la utilización de algunas herramientas electrónicas en combinación con instrumentos como el mbira (de origen africano, emparentado con la kalimba) le dan al cuarteto matices particulares, y refuerzan la idea de lo contemporáneo, “con la amplitud de criterios que éso implica”, según la aclaración del trompetista, que si bien dentro del cuarteto aparece lógicamente como una voz melódica, se adapta aquí a otros roles menos habituales. “Siempre se hizo hincapié en tratar de utilizar pocos recursos, que no haya predominancia de nada. Y si bien la trompeta es una voz cantante, la idea es usar la trompeta haciendo planos sonoros. Incluso en algunos casos termina aportando bases”, concluyó Suárez, uno de los integrantes de un cuarteto que hoy estrenará Bondades, su auspicioso disco debut.

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Ernesto Jodos presenta su primer disco como solista

César Pradines, La Nacion

Es uno de los músicos que señalan el camino en la escena jazzística porteña. El pianista Ernesto Jodos, uno de los compositores con mayor vuelo, presentará pasado mañana, a las 20.30, en la sala Casacuberta del Teatro San Martín, su primer disco solista, “Solo”. Se trata de un trabajo de piano solo grabado en dos sesiones en el parque España, de Rosario, y que será editado por el sello Blue Art y BAU Records Alliance. 

Jodos comenzó en el piano clásico hasta que su grupo de amigos lo llevó a encontrarse con los discos del pianista Cecyl Taylor y de Weather Report. 

“Eran tiempos en los que no tenía un mínimo control de lo que escuchaba”, dijo Jodos durante una charla con LA NACION. 

Tras algunas efímeras asociaciones musicales, viajó a Bercklee, en Boston, donde estudio dos años la carrera de músico profesional. Regresó a Buenos Aires, en 1993, con diecinueve años. “Me vinculé con Enrique Norris, Pepi Taveira, Carlos Lastra y Hernán Merlo, también Guillermo Bazzola, con quienes participé en varios grupos”, añadió. 

Recordó tres en especial. Un cuarteto con Norris, Norberto Minichillo y Pablo Tozzi; un grupo con el baterista Eduardo Casalla y un trío con Javier Malosetti y Pepi Taveira. 

Mientras participaba de estos grupos, Jodos comenzó a componer para un sexteto. El disco con este grupo está considerado uno de los mejores trabajos discográficos del jazz argentino. Ese excelente arranque le hizo ganar un lugar importante en la escena local. 

Desarma el sexteto y decide escribir para un trío, Cambio de Celda, junto con Martín Iannaccone en violonchelo y Sergio Verdinelli en batería. 

Su camino evidenciaba el florecimiento de un compositor maduro para su edad y que proponía renovar los cimientos del jazz porteño. 

Sólo Jodos 

Respecto del trabajo que presentará el martes, “Solo”, la música muestra su especial predilección por las estructuras lineales en las que integra la melodía con una forma rítmica y contrapuntística. “No trabajo especialmente con la armonía. En realidad, odio los acordes”, confiesa este artista, que se ha ganado un lugar de privilegio como docente. 

Su repertorio está basado en temas propios y standards como “Four in One”, de Thelonious Monk; “Prelude to a Kiss”, de Ellington, y “Parisian Thoroughfare”, de Bud Powell, que tiene internalizados y que representan vehículos para la interpretación. 

“Esos temas agilizan mi atención, me conectan muy rápido. Alcanzo pronto un buen grado de concentración. Concretamente, me libero”, dice Jodos. 

El disco de este pianista es un reflejo del nivel que ha alcanzado como compositor e intérprete. La música de “Solo” excede la media de lo que puede escucharse en el jazz local; algo así como una performance superlativa que seguramente funcionará como un aliciente para el resto de la escena porteña. 

Por cierto, los dos mejores trabajos discográficos de este año corresponden a placas de piano solo. El otro es el de Pepe Angelillo, músico platense que editó su primer trabajo recientemente. 

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Un dúo en construcción (Clarín)

Por Federico Monjeau 



El encuentro Gandini-Jodos tal vez sea una manifestación de ciertos desplazamientos geológicos ocurridos durante estos últimos años en el interior de la música argentina; o tal vez —como sostiene agudamente Diego Ficherman en el cuadernillo del disco De/generaciones (del sello BlueArt de Rosario), que se lanzó en el concierto del miércoles en ND Ateneo—, la irrupción de una nueva categoría de “músicos viajeros”, de unos músicos “capaces de tomar en cada territorio aquello que les atrae y capaces también de saber qué se mezcla con qué y qué no debería juntarse jamás”. 

Sea como fuese, se trata del encuentro de dos personalidades altamente individuales, que llevan su carrera artística un poco a contrapelo. En Gandini esto seguramente es así desde su propio origen como pianista y compositor culto, y debe de haber tomado un nuevo giro cuando el músico empezó a trabajar profesionalmente en la música popular, primero como pianista de Piazzolla y después como músico de jazz e intérprete de sus fragmentarios postangos; en Jodos, probablemente desde que el músico resolvió encarar un jazz difícil, geográficamente abstracto, sin red y sin muletillas de fusión. 

Quien haya tenido oportunidad de oír el disco De/generaciones y la música ejecutada durante su presentación, habrá comprobado que las interpretaciones están en movimiento permanente y que la actitud de los músicos es de un radicalismo extremo: esas expresiones sobre la incertidumbre que tanto gustan entre los instrumentistas de jazz suenan aquí completamente verdaderas. 

El hecho de que el concierto empiece y termine con interpretaciones individuales —de Jodos y Gandini cada uno por su lado, lo que no figura en el disco—, es significativo como presentación de universos diferentes: la interpretación de Jodos proviene del corazón del jazz moderno; Gandini se presenta con un aire de milonga inmaterial. 

Las diferencias de tradición y de carácter se mantienen productivamente a lo largo de todas las improvisaciones de este dúo, que confluyen en los standards del jazz (LovermanVisaCaravanI loves you Porgy); en el tango (Malena); en nuevas composiciones, como G. G. de Jodos (por las iniciales de Gerardo Gandini) o La nostalgia de Gandini; o en un fragmento de Lunario Sentimental (que es un trío que Gandini a su vez compuso sobre un fragmento del Pierrot Lunaire de Schoenberg); o bien en improvisaciones “sobre nada”. 

Es un dúo en construcción, cuyo estilo nocturno y reflexivo no se parece a ningún otro; su idea de improvisación es extrema y al mismo tiempo evita la dispersión y la deriva; las improvisaciones se desarrollan sobre las notas del otro, lo que le da a la música una forma escarpada, como un paisaje con relieves y perfiles superpuestos, de una belleza extraña y persistente.