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El sonido del jazz rioplatense (Rosario/12)

Por Edgardo Pérez Castillo

 

Formado en piano clásico hasta los 20 años, y después de algún paso por el blues y el jazz, Eduardo Di Melfi abandonó la práctica musical durante más de una década. Sin embargo, allá por el 2000 decidió retomar la práctica y el estudio. Juan Carlos Silvera, primero, Leonel Lúquez y Ernesto Jodos, más tarde, fueron los docentes que moldearon a Di Melfi, que ya había definido su veta jazzística y empezaba a explotarla en algunos proyectos de big y small bands, hasta que en 2003 le dio forma al cuarteto con el que registró un primer disco titulado Estigma de swing. Editado este año por BlueArt, Por el camino del sur es el segundo material del proyecto que hoy completan Roberto Ceballos en saxofón, Willy Torres en bajo eléctrico y Pau Ansaldi en batería (quien reemplazó a Luciano Ruggieri, responsable de grabar en el disco).

“Nuestro estilo es latino, jazz argentino, música de nuestro hemisferio. De ahí el nombre del disco, que refleja que hacemos un jazz bien de nuestra tierra, tiene influencias folclóricas, de tango, hay una guajira, hay bossa nova. Es música latinoamericana tocada con el lenguaje jazzístico. Es un jazz latino pero más rioplatense”, define Di Melfi al momento de delinear las características de este nuevo trabajo, que esta noche (a las 21.30) tendrá su presentación en el Centro de Expresiones Contemporáneas (Sargento Cabral y el río).

Y si bien el cuarteto lleva por nombre el del propio pianista, este segundo disco incluye composiciones de Ceballos (“Otro daikiri para Miguel”) y Torres (“Claroscuro”), y es Di Melfi quien resalta el carácter participativo de todo el proceso creativo: “En sí nos manejamos como grupo. El que tiene un tema interesante lo trae, lo analizamos y lo tocamos, todo es debatido. Y cada concierto es abierto porque no se interpretan los temas tal cual lo grabamos. De hecho nosotros el disco lo grabamos a la manera de Coltrane en los 50, los cuatro juntos, una o dos tomas. No hay trabajo de edición, nosotros grabamos la mitad del disco con el piano del Centro Cultural Parque de España y la otra parte en estudio, pero sin trabajo de procesamiento. Sin ardides técnicos, porque ahora terminás escuchando discos que son de laboratorio, de técnicos y no de músicos. Entonces yo propuse que no hiciéramos éso, propuse que hiciéramos un disco tocado”.

En ese sentido, el músico remarca que “las versiones del disco son dos versiones más de los temas”. “Porque hay una base escrita, lo que le da la forma a los temas, pero en sí nadie está atado –agrega–. Si vemos que el bajista se enganchó soleando lo dejamos que siga. También la incorporación de Pau Ansaldi, que tiene unos recursos únicos en la batería, abre más el panorama”.

Esa apertura llega acompañada de nuevas composiciones, con las que Di Melfi profundiza en un nuevo concepto para el grupo, según concluye ante este medio: “Ya tengo composiciones nuevas, aunque ahora vamos a tratar de disfrutar un poco de este disco, donde hay una suite que consta de dos partes y que ya muestra el carácter más contemporáneo que se viene en la composición. En sí la forma que tengo para componer es la canción, le apunto a hacer canciones que no sean difíciles de escuchar. Si bien el jazz es popular pero no masivo, yo intento llegar a mucha gente”. Aunque no será esta noche la ocasión para acercarse a las nuevas creaciones del cuarteto, que se concentrará en Por el camino del sur e incluirá nuevas versiones de la primer etapa del proyecto.

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“Cuando algunos amigos tocan música champagne yo prefiero hacer agua” (La Capital)

Por Pedro Squillaci 

 

“Me importa más mi música que poner la cara”, dice Pichi De Benedictis y la frase cierra más aún con el título de su nuevo tríptico dicográfico “Fuera de foco”. Es que si algo no está en foco se pueden ver una, dos, o tres imágenes, para el caso, o bien todas y ninguna. El músico rosarino, en un viraje camaleónico que incluye a los personajes Leonardo Marini y Sanseverino Orsini, presenta (o presentan) los discos “Agua”, “Estudios sobre la monotonía y su relación con los cuerpos ingrávidos” y “Piezas para circos y glorietas”. La cita es hoy a las 21.30 en el teatro Príncipe de Asturias, del Complejo Parque de España, Sarmiento y el río. Invitación por partida triple.

“Los bailes del azar/la vida entera/en su eterno girar/los cuerpos vuelan” canta Pichi en el disco “Agua”, nombre de su disco de canciones. Y Pichi vuela. Con la única pretensión de que su música sea lo más líquida posible. “Sé que no voy a lograr un éxito comercial con este trabajo, entonces pretendo que mis canciones sean como el agua, que se consuman para saciar una necesidad, que se integre a tu organismo y una vez que lo lograste, ya está, no pide nada más”, describe el ex autor ideológico de Acalanto.

“Hay muchos amigos míos que hacen música champagne o vino reserva, yo prefiero hacer agua”, grafica De Benedictis. Y agrega: “Quizá algunos pretendan que su música los trascienda cuando se mueran, y yo no anhelo eso, quizá porque me convencí que mi música no tiene la calidad para sobrevivir al tiempo.”

Los motivos de lanzar tres discos en vez de uno son miles y también uno solo.”Tenía ganas de grabar lo que realmente tenía ganas”, apunta el artista polifacético, periodista, autor de música para 40 obras de teatro, que fue secretario de cultura de la Municipalidad entre julio del 93 y diciembre del 95, y actualmente es el director y creador del Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC).

Muchas vidas en la vida de Pichi. Tantas que se autodefine como “El Salieri de todos”, en referencia al músico que se sintió postergado por no tener el talento de Mozart. “Cuando Baglietto cantaba «La censura no existe” pensaban que era de él pero es mi tema, cuando hice el CEC decían que era de Chiqui González, y así mil cosas”, detalla sin un atisbo de resentimiento.

Es que las historias van y vienen en su derrotero artístico, y Pichi quiso contarlas. El siente que hay, al menos, tres personajes identificables dentro de su mente, su cuerpo y su corazón. No es esquizofrenia ni locura, sino querer mostrar facetas interiores disímiles y con algún hilo conductor, tal vez como las de cualquier mortal.

Por eso aparecen otros dos personajes menos reconocibles, como el de Leonardo Marini y Sanseverino Orsini, ambos vinculados a nombres familiares. Marini refleja su costado instrumental vinculado con estructuras monótonas, de las que se siente un apasionado. Orsini se apoya en su perfil más festivo, en el acordeón a piano, “en esa música sin pretensiones”. Ambos toman vida, tienen su historia, y Pichi habla de ellos como si fueran personajes externos a él, aunque nunca estuvieron tan cerca.

“Ellos no son solamente mi historia, ellos son la historia nuestra, porque el que toca necesita alguien para quien tocar y el que escucha necesita alguien que le toque, y nada más, lo demás es artificio”, concluyó Pichi o tal vez Marini, aunque bien pudo ser Orsini.

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Fuera de Foco (Sindicato de Músicos de Rosario)

Publicado por el sello  BlueArt Records, con fotografías de Norberto Puzzolo y diseño de Mauricio Chiaraviglio, Fuera de foco es  un nuevo encuentro de De Benedictis en el escenario con  sus viejos camaradas Marini y Orsini, tres de un par perfecto.
Agua, el disco del cantautor rosarino, es parte del tríptico Fuera de foco, pensado como un trabajo conjunto en el que navegan distintas facetas de músicos que difícilmente puedan ubicarse en un género o una categoría definida. Es  un trabajo a varias manos con poetas, letristas, creadores e intérpretes. En los once temas que integran su disco Agua (el primero de los tres) hay temas originales y también sobre textos de grandes poetas como Horacio Rega Molina y Raúl Gonzáles Tuñón, o en colaboración con rosarinos como Reynaldo Sietecase, Adrián Abonizio y Pablo Makovsky, e incluye una canción de Fernando de la  Riestra. En este disco participaron los músicos Adrián Abonizio, Leo Maslíah, Iván Tarabelli, Claudio Bolzani, Carlos Pagura, De la Riestra, Ethel Koffman, Tuti Branchesi, Guillermo Suleimen, Juancho Perone, Roberto Ceballos, Sandra Corizzo, Carlos Casazza, Alberto Callaci, Lucas Dimare, Manlio Paris, Virginia Llansa, Verónica Saracho, Martín Fernández, Darío Frontuto, Pepe Tranier, Armando Sabia, Mariano Braun y Fabiana Díaz.
Leonardo Marini, cultor de la máxima de su maestro Hans-Joachim Koellreutter (“la monotonía es lo más interesante para desarrollar musicalmente”) vuelve al ruedo con Estudios sobre la monotonía y su relación con los cuerpos ingrávidos, siete temas.
Por último, las ocho canciones reunidas en Piezas para circos y Glorietas, de Orsini, traerá a escena a la Orquesta  Sanseverino, a la bailarina Rosa Torres y a músicos invitados que, lo mismo que De Benedictis en la grabación de este disco, intercambiarán sus roles para interpretar las distintas composiciones de los artistas.
En la década del setenta, De Benedictis  formó su primer grupo, Objetivos Comunes; en enero de 1978, arma con Ethel Koffman, el dúo Canto Simple, que obtiene el premio Revelación del Festival de Folklore de Cosquín. En 1979 funda  Acalanto,  un histórico grupo rosarino  de proyección folklórica que editó cuatro  discos y realizó una gira latinoamericana  de un año que terminó en México. A su regreso, Acalanto  formó parte del boom del movimiento de la Trova Rosarina. En ese sentido, una de sus composiciones, “La censura no existe mi amor”, interpretada por Juan Carlos Baglietto, fue un suceso en plena recuperación democrática en Argentina.
En 1988 De Benedictis encaró su actividad solista, con la que grabó dos discos: Danza de los camalotes, Prueba de Artista y El tortelín y el canelón, éste último un disco para niños en colaboración con el músico uruguayo Leo Masliah que se convirtió en un clásico del género.
Intérpretes y autores como Leo Maslíah,  Juan Carlos Baglietto, Jorge Fandermole, Julio Lacarra, Los Trovadores, Sandra Corizzo o Ethel Koffman han cantado temas suyos.
En el campo de la gestión cultural, De Benedictis fue secretario de Cultura de la Municipalidad de Rosario (de julio de 1993 a diciembre de 1995), y creó el Centro de Expresiones Contemporánea de Rosario (CEC) que dirige desde 2004.

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El Umbral regresa a su laberinto (Rosario/12)

Por Edgardo Pérez Castillo

 

En pocos meses más, El Umbral alcanzará sus treinta años de historia. Con media docena de discos editados, el grupo rosarino logró imprimir su marca en el jazz argentino, al que el año pasado enriqueció con su sexta obra: Laberinto. Editado por BlueArt Records, el material vio demorado su estreno por la inesperada muerte, a fines de mayo de 2009, de Nono Belvis, el guitarrista y compositor que fue parte fundamental del proyecto que continúa bajo el comando de Luis Suárez (flauta y saxo alto) y Mariano Suárez (trompeta y flugelhorn). Acompañados ahora por Charly Pagura en contrabajo y Pablo Dawidowicz en batería y percusión, los hermanos Suárez concretarán mañana la presentación oficial de esta nueva obra, en un concierto que se realizará a las 21 en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, con entrada libre y gratuita.

Consultado por Rosario/12, Luis Suárez anticipó las cualidades de una función que permitirá aproximarse a las once canciones que conforman Laberinto, cinco de las cuales llevan la firma del guitarrista. “La muerte de Nono nos pegó muchísimo a Mariano y a mí, y estuvimos un tiempo desconcertados –explicó el saxofonista–. Nono llegó a participar de todas las decisiones artísticas del disco, lo habíamos terminado de grabar, habíamos pautado qué iba a quedar y qué no. Cuando él ya estaba enfermo fuimos a Buenos Aires, lo llegó a escuchar, y con Mariano pensamos que le gustó mucho. Pero a partir de su muerte estuvimos en un momento en el que la música no era lo importante. Después con el paso del tiempo me puse a hacer el trabajo de mezcla y masterización final del disco, algo muy emotivo porque estaba escuchando permanentemente lo que había grabado Nono, que era una cosa muy fresca”.

Sin embargo, los fundadores de El Umbral decidieron que, de cara al futuro, no habría reemplazo posible para Belvis. “El disco se terminó y después con Mariano no queríamos tener un guitarrista para hacer lo que hacía Nono, entonces de manera casi natural se dio una nueva formación con contrabajo y percusión –apuntó Suárez–. En definitiva, los dos músicos que completan El Umbral participaron de la grabación, y sin quererlo volvimos al origen absoluto de El Umbral, que fue con dos vientos, percusión y bajo”.

En ese marco, lo que podrá escucharse mañana en el recinto de San Martín 1080 serán nuevos abordajes a aquello que fuera registrado por Belvis y los Suárez junto a diversos invitados (Pagura y Dawidowicz, sí, y también Jorge Migoya, Gastón Bozzano y Carlos Soler). Así lo anticipó el saxofonista: “Estamos muy conformes con el disco, y ahora vamos a reversionar los temas. Obviamente es interesante porque es otra vuelta de tuerca. El espíritu no se pierde, siempre está la improvisación y todo lo que ha caracterizado a El Umbral. Estamos contentos con cómo está sonando la banda, pero tampoco tengo la certeza de lo que vendrá. Me parece que, de alguna manera, ya no es fundamental el tema de los proyectos, sino lo que realmente se hace. Esa es la verdad”.

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El Umbral presenta su ‘Laberinto’ (El Ciudadano)

 

Mariano Suárez , Luis Suárez , Carlos Pagura y Pablo Dawidowicz, es la formación actual de El Umbral

El tradicional y rosarino grupo de Jazz El Umbral, presenta su nueva producción, “Laberinto”,   el disco póstumo del notable compositor y guitarrista del grupo, Nono Belvis.  Editado por el sello local BlueArt Records, el trabajo tendrá su presentación oficial el sábado a las 21, en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, San Juan y San Martín, con entrada libre y gratuita.

El Umbral está compuesto en la actualidad por Mariano Suárez (trompeta y flugelhorn), Luis Suárez (saxo alto y flauta),  Carlos Pagura (contrabajo) y Pablo Dawidowicz:  (batería y percusión). El sexto disco de El Umbral, “Laberinto” reúne composiciones de Belvis, y de los hermanos Mariano y Luis Suárez, trompetista y saxofonista, respectivamente, de la mítica banda nacida en Rosario.

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Prensa varios medios

 

Crítica de César Pradines

 
Viernes 21 de julio de 2006

Publicado en la ed. impresa de Espectáculos del diario LA NACION
Viernes 21 de julio de 2006

En las fronteras de la melodía

Teodoro Cromberg y Acaso de los Engranajes, con Daniel Johansen en saxo soprano, Juan Pablo Arredondo en guitarra, Teodoro Cromberg en teclados y sampler, Jerónimo Carmona en contrabajo y Rodrigo Gómez en batería. 

El segundo encuentro del ciclo Fronteras, organizado por el Centro Cultural Rojas, con la presentación del grupo Acaso de los Engranajes, del compositor y pianista Teodoro Cromberg, fue una propuesta sumergida en la más absoluta militancia en la música contemporánea, de corte muy inclinado al serialismo en la línea de Anton Webern.
Una propuesta árida en cuanto a la estrictamente musical, pero abierta en cuanto a la interpretación, pues básicamente el grupo de Cromberg proviene del jazz, lo que permitió un cruce, no muy profundo en sí mismo, pero de una notable solvencia técnica.

Ocho composiciones de Cromberg en las cuales tomó ciertos patrones, por ejemplo, agrupaciones de notas efectuadas sin tempo , un “no ritmo” que el grupo cumplió ordenadamente, aunque por momentos parecían inclinados hacia algún lado, a través de un pulso o un beat, que no llegó a consumarse. Acaso de los Engranajes mostró un proyecto que tiene una concreta aproximación a la edificación de sonoridades, desprovistas de acuerdos melódicos y que apuntaría a construir un camino de tensión/relajación. La propuesta mostró ciclos sonoros, con cambiantes protagonistas que buscaron interpretar, a través de timbres e intervalos, el clima deseado. Construir y destruir, surgir y apagarse, sonido y silencio, podrían ser tres de los estados en los que la propuesta mostró una forma de expresividad, más aparente que real.

Tanto en “Partes 1” como en la composición “Acaso los engranajes” Cromberg desarrolló la denominada estrategia de improvisación y creación colectiva a través de las sonoridades, algo a lo que no es sencillo, ciertamente, encontrarle más sentido que un escalonamiento sonoro, con momentos más lúcidos por la formas, menos abstractas y más reconocibles, pero que siempre quedan en el campo de la interpretación libre.

En “Acaso…”, la propuesta se basó en agrupaciones de doce notas hechas por cada uno de los instrumentistas de manera diferente. Nada de pulsos; más bien un concatenamiento sonoro con énfasis en la combinación de este ensamble de buen nivel técnico, férreamente guiado por las partituras.

¿Cuál es la frontera de esta propuesta? Por lo escuchado, este grupo toma a músicos de jazz para desarrollar relaciones tímbricas y desatarse durante el concierto de todo pulso dominante. La propuesta, que tuvo en su final composiciones como “Inarmonicidades”, un título que habla por sí solo, o “Intervalos II”, en el cual la
composición tomó como matriz de la sonoridad los intervalos de séptima y segunda, terminó por tener un cariz estético.
César Pradines

 
 
 

La experiencia Acaso de los Engranajes

 
La relación entre la nueva música “clásica” y la música de jazz promete ser siempre fructífera, aún cuando se trate de discursos no tonales o puramente tímbricos.

“Acaso de los Engranajes” es un proyecto de Teodoro Pedro Cromberg que integra la experiencia musical diversa de sus miembros en campos estéticos que se nutren del jazz, la música “clásica-contemporánea” y la música electroacústica. Algunos de los trabajos presentados proponen técnicas compositivas y estrategias de improvisación y creación colectiva, propias de la nueva música de concierto, a músicos entrenados en las destrezas específicas del jazz. En otros, ejecuciones instrumentales apoyadas en relaciones puramente tímbricas, habituales ya en la creación musical actual, se incorporan al sampler y a pistas electroacústicas precompuestas.

Los integrantes de “Acaso de los Engranajes” son: Daniel Johansen en saxo soprano, Juan Pablo Arredondo en guitarra eléctrica, Jerónimo Carmona en contrabajo, Rodrigo Gómez en batería y Teodoro Pedro Cromberg en teclados y composición.

 
ETIQUETAS: JAZZ EXTREMO
 

MARTES, 1 DE ABRIL DE 2008

Crítica de Benjamín Domenech de El Sonidero

 
Viernes 3 de Agosto de 2007 BS.AS. | ARGENTINA

En el marco del ciclo de música electrónicaexperimental-noise, se presentará por última vez este miércoles el quinteto reunido por Teodoro Cromberg: Acaso de los engranajes.

Organizado por el baterista Rodrigo Gómez (Gordolöco Trío), el ciclo presenta características y sonidos únicos en manos de los más grandes referentes de la escena local de jazz. 

Acaso de los engranajes trabaja bajo un precepto matemático que confunde cada uno de los instrumentos, elaborando un pentagrama cronométrico, un meticuloso entreverado de sonidos. Así, la falsa simetría entre Acaso… y el free jazz parte sólo del aparente desorden de las notas que componen el sonido, de una intensidad a la que al público se invita.

El sonido que de Acaso… se desprende -y que tanto remite al New Jazz Quartet de OtomoYoshihide- tiene mucho que ver con las relaciones que entre los instrumentos se mantienen. 

Como en las composiciones de Urquiza, se trabaja en dúos dentro del quinteto: la base rítmica de Brandán-Carmona, o Cromberg (piano) y Arredondo (guitarra). Cada pareja de instrumentos sigue una propia melodía dentro de la que se alejan o se juxtaponen, como en un juego.

Muchas de las canciones abandonan -por momentos- el barroco y se abren camino a la experimentación. Las notas de la batería o de la guitarra pasan a tener menos que ver con su musicalidad que con la materialidad del instrumento. Se apunta a un mismo objetivo, a una democracia del sonido estrictamente físico o material. En ningún momento se apartan las canciones de esa intensidad a la que al público se somete. Las breves palabras de Cromberg entre tema y tema son bocanadas de aire dentro de una materia densa y atrapante que es Acaso… 

Para pocos e interesados, el conjunto crea un clima que -como se comprueba- no todos pueden resistir.
BD
Calendario

Virasoro Bar
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Discos: Tres novedades desde Rosario (Living Jazz)

La tercera propuesta de este sello, es el misterio absoluto de “Acaso los engranajes” o “El proyecto Teo Cromberg”. Como una suerte de novela de ciencia ficción, este disco produce ambientes musicales oníricos, como los cincos músicos pudieran deconstruir la música hecha hasta ahora para partirla en mil secuencias. Teo Cromberg, en piano, Juan Pablo Arredondo en guitarra, Daniel Johansen en saxo soprano, Jerónimo Carmona en contrabajo y Carlo Brandán en batería, proponen una curiosa recreación de la música experimental de los setenta, con aires diseminados de jazz. Para oídos preparados y exigentes.

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Con la luz de Robert Schumann (Clarín)

Por: Federico Monjeau

El sello Blue Art de Rosario ha vuelto a editar m�sica de Gerardo Gandini, aunque esta vez no se trata de sus originales improvisaciones en el dominio del tango sino de su obra pian�stica m�s elaborada y personal: dos de sus Sonatas y un conjunto de sus piezas inspiradas en Robert Schumann, interpretadas por el autor en un concierto en la Biblioteca Nacional en 2007.

 

Cuando lo imprevisto se torna necesario, el t�tulo del �lbum, es una variaci�n de una frase de Pierre Boulez, que expresa una aspiraci�n de toda aut�ntica obra musical, o tal vez de toda obra de arte, y que el fil�sofo Adorno condens� en una f�rmula parad�jica: arbitrariedad en lo no arbitrario. El azar o la ocurrencia aspiran a lo necesario; lo subjetivo, a lo objetivo; y a pocas obras de nuestra �poca le cuadrar�an bien esta metamorfosis como a la serie de composiciones de Gandini sobre Schumann, especialmente los cuatro nocturnos de Eusebius y su continuaci�n en Eusebius II. Recordemos que los cuatro nocturnos, de 1985, eran cuatro lecturas o filtros diferentes de una melod�a de Schumann (la N� 14 del cicloLa liga de David), le�da siempre del principio al fin. Lo que en principio hubiera parecido una ocurrencia un tanto residual, basada exclusivamente en un material no original, adquiri� en la obra de Gandini una extraordinaria proyecci�n; m�s a�n cuando se oye el quinto nocturno, que consiste en la ejecuci�n simult�nea de los otros cuatro (lo que es posible en la versi�n para una orquesta divida en cuatro partes, como se ha interpretado m�s de una vez en la Argentina, o en una eventual ejecuci�n por cuatro pianistas, como ocurri� dos a�os atr�s en el auditorio de la Sinf�nica de Chicago, o en la formidable sobregrabaci�n que Hayd�e Schvartz realiz� para el sello Mode Records de Nueva York). 

Eusebius II, escrita hacia fines de 2006, es una lectura de Eusebius (por lo tanto, una lectura de una lectura de Schumann), hecha de punta a punta pero de atr�s para adelante, en una forma continua, sin interrupciones. Si Eusebius I progresaba desde una lengua m�s crom�tica a otra m�s diat�nica y cadencial, ahora es al rev�s: le�da de atr�s para adelante, la pieza avanza hacia una forma m�s abstracta y suspensiva, no s�lo por efecto de los materiales de Schumann oportunamente filtrados en cada una de las lecturas, sino por la expresiva sustracci�n que realiza Gandini en esta nueva versi�n invertida. El efecto es grandioso, pero de una grandiosidad asordinada. Esa genial intuici�n original con relaci�n a esa pieza de Schumann termin� creando un maravilloso mundo aut�nomo.

El conjunto de Schumann incluye adem�s la bell�sima Eleg�a de 1986 y elInterludio de Liederkreis (2000), mientras que las dos sonatas que abren y cierran el �lbum son respectivamente la cuarta (2004) y la s�ptima (2007). La cuarta es una pieza desdoblada: el segundo movimiento tiene la forma de un gran arpegio. La s�ptima, en un solo movimiento, es m�s caracter�sticamente mot�vica. Un peque�o n�cleo de sonidos sostiene una anudada polifon�a en una forma desnuda, despojada, para perderse en la m�nima c�lula de dos notas de Pasos en la nieve, ese preludio de Debussy que en forma m�s o menos impl�cita atraviesa tantas obras de Gandini. 

La edici�n no podr�a ser mejor. El sonido est� cuidado, mientras que las notas del cuadernillo que firma Pablo Gianera constituyen un conciso y brillante ensayo sobre el arte de Gandini.