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Solo (Radar, Página12)

Alumno de Luis Lewin y Ernesto Jodos, egresado de la escuela de música popular La Colmena, de Córdoba, y con estudios de perfeccionamiento cursados en Berkeley, el pianista y compositor Eduardo Elia –oriundo de Villa María– debutó discográficamente con Callado (2008), al frente de un cuarteto. Desde entonces ha grabado en formato de trío y de dúo, por lo que era de esperarse que completase el álbum con un disco de solo piano. Comenzando por “Circle” de Miles Davis, y desembocando en “Virgo”, de Wayne Shorter, son once los temas que recorre Elia, incluyendo temas de John Coltrane, Ornette Coleman y Thelonius Monk, mas tres originales de su autoría, que completan un trabajo consagratorio, editado por el sello rosarino Blue Art.

 

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BlueArt lanza DVD

El sello suma una nueva propuesta a su catálogo.

Concierto en vivo el 23 de noviembre de 2015, en el Centro Cultural Parque de España, Rosario, Argentina. 

 

Hugo Vitantonio – Director Escuela MuhsiMedios.

“La MusiMedios BigBand es una iniciativa de la Fundación MusiMedios. Buscamos que sus integrantes crezcan profesionalmente y valoren el trabajo cooperativo. También nos ocupa de modo muy especial la recuperación de los grandes repertorios de compositores argentinos”.

Director: Sebastián Tesei. 

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Música para descubrir (El Litoral)

Por Mili López.

Un dream team del jazz contemporáneo se juntó para grabar este disco que va a hacer historia. Ernesto Jodos (piano), Sergio Verdinelli (batería), Javier Moreno (contrabajo) y Rodrigo Domínguez (saxo) le imprimen su sello no sólo a la interpretación sino a las ocho composiciones que integran este registro. Si hay que elegir palabras síntesis serían riesgo, improvisación, belleza y equilibrio.

“Ahora después” (Domínguez) es la apertura con los instrumentos aportando cada frase que se ensamblan entre sí con un discurso sensible y musical, un engranaje suizo pero de sonidos musicales que perpetúa el tiempo en expresión.

“A plena luz” (Jodos) es uno de los platos fuertes, donde la creatividad y la libertad interpretativa del piano se funde con el saxo soprano. En “Ll # 9” (Jodos) aparece el matemático desorden, jugando con la ecuación orden-caos, un largo solo piano que marca una intención de balancear la ecuación.

En “Nasty” (Domínguez), la batería introduce con un solo para ingresar en un patrón junto al contrabajo, intención de comienzo con energía que da identidad al tema. El momento del contrabajo llega en “Black is the color”, donde se destaca en la introducción. Un puente hacia la obra del compositor académico contemporáneo Luciano Berio, con el arreglo del mismo contrabajista. Un joyita.

Un final digno de balance “Rubatos y conatos” (Moreno), donde se cuela en el inconsciente la propuesta de Keith Jarrett y su cuarteto europeo del ‘77, cantable y rubatos, un movimiento del intelecto y de la profunda emoción humana.

Cada pieza colabora a un sonido homogéneo de cuarteto. El piano envuelve con sus acordes todo el ambiente y lo reinventa a cada vuelta, con solos bien caminados y sensibles. El contrabajo percute no dejando que se caigan las armonías, empuja y apuntala. Se destaca el melodismo del saxo que se mantiene en todo el disco, no importa la escala, lo regular o lo irregular. La batería trabaja con sus platillos y su redo de manera casi fotográfica, ajusta los armónicos y hace que el corazón no se detenga cuando reina el caos, es un orquestador de los sonidos aperiódicos.

Los temas muestran una minuciosa habilidad y conocimiento del estilo, la interpretación finamente cuidada en todos los aspectos, todos se escuchan conversan, acompañan, asisten y visten entre todos un solo sonido, sí!, un perfecto mecanismo de relojería.

Disfrutar “A plena Luz” en una caminata nocturna.

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Solo (impronta-de-jazz.blogspot.com.ar)

 

Siempre pensé el dialogo a piano solo como un ideal hacia un nivel superior, como la soledad de la montaña, inhóspita y desolada dueña de una belleza singular, donde radica su originalidad. Es una prueba para sacar a la luz el fuego interno.
El concepto está  lejos de los senderos trillados porque nos aleja del conservatorio y el enfoque clásico del instrumento en trabajos de este tipo. El músico apuesta a una continuidad que ilumina una faceta más personal e introspectiva. Casi como un aprendizaje espiritual. Una mano izquierda marca líneas bien articuladas por una derecha de elegancia armónica, que da una idea acabada del buen gusto del material seleccionado.
Mediante la combinación de solo tres composiciones de cuño propio y ocho relecturas en donde quizás, no lo sé, intuyo quiso integrar todas sus influencias; el disco entero está bajo el signo de un lirismo que no peca nunca de sentimental.
Acá hay napas profundas y una hondura inquietante; sus tres composiciones “Una Idea”; “Wertic” y “Pasajero Frecuente” están admirablemente construidas y son ejemplo de erudición en los azarosos senderos de su teclado. Con una falsa sensación de espontaneidad, lo registrado tiene peso filosófico para aquellos que sentimos lo más íntimo del viaje musical, cuya escucha derrama la reflexión de un artista que se  afirma como uno de los ineludibles a tener presente.
Once entidades que están vinculadas en consonancia con el alcance de su talento, el tiempo de su herencia artística, los modelos musicales de su generación y los valores que representan: una prueba más de la universalidad de la música del pianista cordobés. 

Gran trabajo de una potencia emocional sabia y elaborada que vuelve a extasiar. No dejará indiferente a nadie.
“Don Juan me había dicho que sin tristeza y añoranza uno no está completo, pues sin ellas no hay sobriedad, no hay gentileza.”
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4 estrellas (allaboutjazz)

By DAN MCCLENAGHAN.

 

Argentinian pianist Eduardo Elia, based now in his homeland, attended Berkelee College of Music in Boston. He has a handful of CD releases as a leader, and beyond that, information on the artist is hard to find. His internet profile is sketchy. 

So the review is all about the music, and maybe that’s how it should be… 

Solo is Elia’s sit down at the piano alone offering, in which he mines mostly 1960s jazz tunes, with and emphasis on the Blue Note label. His takes are not rote readings. He drills to the cores of these compositions and explores their depths. Opening with trumpeterMiles Davis‘ “Circle,” from perhaps the finest of the “Second Great Quintet” outings, Miles Smiles (Columbia Records, 1967), Elia is just as introspective as Davis, muted, was on the original, but with more brightness, and an equal measure of wistful beauty. Like many of his “covers” here, the tune may not be readily recognizable. The same can be said forOrnette Coleman‘s “Peace,” from the free jazz pioneer’s New York Is Now! (Blue Note Records, 1967). It is a jumbled, playful sound, full of joy, lots of notes flying around, bringing to mind—it took a while to make this connection—the approach of pianistMartial Solal, taking the tune apart and inspecting the parts and reassembling them, adding a serrated edge. 

Wayne Shorter‘s “Speak No Evil,” from the saxophonist’s 1966 Blue Note album of the same name has an ominous vibe, with “tolling bell” left hand rhythm and a “seeking redemption” (and not finding it) right hand melody. The Elia original, “Una Idea,” rambles, then sounds as if got put in a blender until, it seems, the chords (slightly warped) for John Coltrane’s “Giant Steps” surface, leading into the real thing, a halting, prickly take on the iconic saxophonist’s most recognizable compositions.


Three tunes by Wayne Shorter, two from Ornette Coleman, one from Thelonious Monk, one from Miles Davis, one from Coltrane—all from the seminal time of change. Add three more from the pen of Eduardo Elia, with everything crafted from the vital and original avant perspective of a first rate pianist.

 

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“Caminata” en la Rolling Stones

Diez años después de su primer disco, Peaceful Journey, el dúo rosarino conformado por Marcelo Petetta y Gastón Bozzano en contrabajo, regresa con un nuevo trabajo instrumental que incluye composiciones de Ralph Towner, Tom Jobin, Chick Corea y Pat Metheny, entre otros. La ejecución detallista, espaciosa y el clima cinemático recuerdan las épocas doradas del sello ECM en los 70.

 

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Mirada fascinada

Portugal inició todo. Más precisamente, un viaje del fotógrafo Nicolás Buraczok en el que su mirada se vio fascinada ante la arquitectura, los paisajes, los colores, el clima, la nostalgia y el trajín diario de los portugueses. Con esas imágenes se armó una exposición fotográfica y, desde el principio, el trío conformado por Mariano Suarez en trompeta y flugelhorn, Pablo Socolsky en piano,  y Fermín Suarez en contrabajo, fue el encargado de hacer música sobre esas imágenes. Sin recurrir al folklore o a sonoridades típicas del fado, la música parte del camino que hicieron los ojos de Buraczok antes de capturar cada instante: es una música que acompaña su mirada. Y, por supuesto, la enriquece, ya que gran parte de ese recorrido es lo que los tres músicos entienden, procesan, asimilan de cada imagen para crear, a partir de ella, algo totalmente nuevo. Los vamps y loops con variaciones que suenan en “Portugal II” y “Danza del pez”, los gemidos urbanos que atiborran “Puente Luis”, la dulzura extraordinario de “Belém”, y las tres miniaturas individuales –una para piano, otra para contrabajo y otra para trompeta -, muestran las capacidades compositivas de estos tres grandes músicos.

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Ernesto Jodos: (La Nación)

Por Gabriel Caldirola; Foto: Santiago Filipuzzi. 

 

 El estilo personal que, desde hace casi dos décadas, cultiva el pianista Ernesto Jodos conjuga el lenguaje del jazz con la exploración de sus márgenes, permaneciendo en una fina oscilación entre la tradición y la vanguardia. En más de una docena de discos con diversas formaciones, trabaja sobre un repertorio en el que se alternan las versiones propias de música ajena (mayormente standards) con numerosas composiciones de su autoría. En todos los casos, la improvisación ocupa un lugar central que incorpora en las obras escritas la dimensión de lo espontáneo. 

El disco Relojeros (ya no quedan), recientemente editado por el sello rosarino BlueArt Records, deja registro del cuarteto que integra junto con el baterista Sergio Verdinelli, el contrabajista español Javier Moreno y el saxofonista Rodrigo Domínguez. Los cuatro músicos se reparten la autoría de los temas, a la vez que intercambian sus roles como improvisadores. “Es música de los cuatro tocada por los cuatro”, dice Jodos.

-¿Cómo funciona la dinámica del cuarteto?

-Los cuatro tenemos influencias similares que se traducen en una visión estética compartida, la cual da lugar a una interacción fluida entre nosotros y permite que surjan armonías y ritmos bastante abiertos. En el caso de Verdinelli y Domínguez, son muchos años de tocar juntos en los que llegamos a establecer un lenguaje común. Por decirlo callejeramente, ya nos conocemos las mañas. Y Javier (Moreno), con quien tenemos menos experiencia tocando juntos, abre caminos por los que no estamos acostumbrados a ir.

El disco incluye un tema de Moreno basado en las canciones folklóricas del compositor italiano Luciano Berio. La música clásica convive, en Relojeros (ya no quedan), con otras influencias exteriores al jazz, como en el tema “Rock”, de Domínguez, en el que este género hace su aparición de manera más evidente. 

-¿Qué elementos del rock tienen la potencialidad de ser explotados jazzísticamente?

-Hay una manera de sentir el ritmo que es distinta de la idea de swing feel del jazz, que no es latina tampoco ni viene del free, sino que es propia del groove del rock. Tiene un carácter frontal, más repetitivo y binario, que funciona como una base relativamente estable. Es algo que está presente en los grupos de Miles Davis de fines de los 60 y principios de los 70, en los que se nota la influencia de Jimi Hendrix o del funk de Sly & The Family Stone. Por una cuestión generacional, es natural que aparezca el rock en un contexto en el que las influencias de cada uno pueden circular con cierta libertad. Por otro lado, que esté Verdinelli es una garantía de que eso puede funcionar. Cuando lo ves tocar con Spinetta o Fito Páez te das cuenta de que no es un baterista de jazz que trabaje tocando rock, sino que es capaz de manejarse en los dos mundos de manera genuina.

-¿En qué medida hay lugar, en tu música, para la experimentación?

-Me interesa cierta idea de espontaneidad y la búsqueda de algunas sonoridades, pero no me considero un músico extremo. Trato de que la experimentación conduzca hacia una forma clara, porque creo que cuando una improvisación queda grabada, empieza a ser una composición, la escucha repetida la transforma en una partitura. Los músicos experimentales más radicales descartan a priori muchas cosas. En lo personal, trato de no ponerme tantos “no”. Soy un pianista de jazz y tengo un lazo con esa tradición que no necesito abandonar.

-¿Qué música escuchaste recientemente?

-Estuve escuchando mucho al trompetista canadiense-británico Kenny Wheeler. Cuando me intereso por un músico, trato de escuchar toda su obra. Y, más que los discos tardíos, me interesan los primeros, donde se ve con claridad lo derivativo de su estilo. En ellos, se puede apreciar cómo van apareciendo algunos elementos que, en la madurez, van a ser los rasgos más personales. Es algo que puede apreciarse en Andrew Hill o en Keith Jarrett. Esta manera de escuchar me permite, también, estar atento a cómo se da ese proceso en mi propio trabajo. Es una escucha activa, una escucha de músico. En la actualidad, un grave problema que encuentro en los estudiantes de música es que no se sientan a escuchar un disco. No me parece grave escuchar temas sueltos, pero sí estoy en contra de escucharlos una sola vez, especialmente si uno pretende aprender algo de esas grabaciones.

-En tu manera de tocar, la espontaneidad convive con un modo más cerebral de abordar el instrumento.

-Lo cerebral también puede ser espontáneo, pero el momento de mayor reflexión tiene lugar antes de la improvisación, porque si no llegás tarde. Por mencionar un caso, Charlie Parker no hubiera podido tocar algo tan novedoso para su época sin una reflexión previa. Se nota cuando un músico tiene ese tipo de reflexión, y me interesa tenerla.

-¿Cómo definirías tu música?

-Hago música improvisada con una base muy fuerte en el jazz, en un sentido amplio del término que incluye una manera específica de interacción entre los músicos y la posibilidad de abrirse hacia otras influencias. Y trato, dentro de eso, de expresar alguna idea personal.

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Crítica de Cluadio Kleiman (Rolling Stones)

Diez años después de su primer disco, Peaceful Journey, el dúo rosarino conformado por Marcelo Petetta y Gastón Bozzano en contrabajo, regresa con un nuevo trabajo instrumental que incluye composiciones de Ralph Towner, Tom Jobin, Chick Corea y Pat Metheny, entre otros. La ejecución detallista, espaciosa y el clima cinemático recuerdan las épocas doradas del sello ECM en los 70.