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Música para descubrir (El Litoral)

Por Mili López.

Un dream team del jazz contemporáneo se juntó para grabar este disco que va a hacer historia. Ernesto Jodos (piano), Sergio Verdinelli (batería), Javier Moreno (contrabajo) y Rodrigo Domínguez (saxo) le imprimen su sello no sólo a la interpretación sino a las ocho composiciones que integran este registro. Si hay que elegir palabras síntesis serían riesgo, improvisación, belleza y equilibrio.

“Ahora después” (Domínguez) es la apertura con los instrumentos aportando cada frase que se ensamblan entre sí con un discurso sensible y musical, un engranaje suizo pero de sonidos musicales que perpetúa el tiempo en expresión.

“A plena luz” (Jodos) es uno de los platos fuertes, donde la creatividad y la libertad interpretativa del piano se funde con el saxo soprano. En “Ll # 9” (Jodos) aparece el matemático desorden, jugando con la ecuación orden-caos, un largo solo piano que marca una intención de balancear la ecuación.

En “Nasty” (Domínguez), la batería introduce con un solo para ingresar en un patrón junto al contrabajo, intención de comienzo con energía que da identidad al tema. El momento del contrabajo llega en “Black is the color”, donde se destaca en la introducción. Un puente hacia la obra del compositor académico contemporáneo Luciano Berio, con el arreglo del mismo contrabajista. Un joyita.

Un final digno de balance “Rubatos y conatos” (Moreno), donde se cuela en el inconsciente la propuesta de Keith Jarrett y su cuarteto europeo del ‘77, cantable y rubatos, un movimiento del intelecto y de la profunda emoción humana.

Cada pieza colabora a un sonido homogéneo de cuarteto. El piano envuelve con sus acordes todo el ambiente y lo reinventa a cada vuelta, con solos bien caminados y sensibles. El contrabajo percute no dejando que se caigan las armonías, empuja y apuntala. Se destaca el melodismo del saxo que se mantiene en todo el disco, no importa la escala, lo regular o lo irregular. La batería trabaja con sus platillos y su redo de manera casi fotográfica, ajusta los armónicos y hace que el corazón no se detenga cuando reina el caos, es un orquestador de los sonidos aperiódicos.

Los temas muestran una minuciosa habilidad y conocimiento del estilo, la interpretación finamente cuidada en todos los aspectos, todos se escuchan conversan, acompañan, asisten y visten entre todos un solo sonido, sí!, un perfecto mecanismo de relojería.

Disfrutar “A plena Luz” en una caminata nocturna.

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Solo (impronta-de-jazz.blogspot.com.ar)

 

Siempre pensé el dialogo a piano solo como un ideal hacia un nivel superior, como la soledad de la montaña, inhóspita y desolada dueña de una belleza singular, donde radica su originalidad. Es una prueba para sacar a la luz el fuego interno.
El concepto está  lejos de los senderos trillados porque nos aleja del conservatorio y el enfoque clásico del instrumento en trabajos de este tipo. El músico apuesta a una continuidad que ilumina una faceta más personal e introspectiva. Casi como un aprendizaje espiritual. Una mano izquierda marca líneas bien articuladas por una derecha de elegancia armónica, que da una idea acabada del buen gusto del material seleccionado.
Mediante la combinación de solo tres composiciones de cuño propio y ocho relecturas en donde quizás, no lo sé, intuyo quiso integrar todas sus influencias; el disco entero está bajo el signo de un lirismo que no peca nunca de sentimental.
Acá hay napas profundas y una hondura inquietante; sus tres composiciones “Una Idea”; “Wertic” y “Pasajero Frecuente” están admirablemente construidas y son ejemplo de erudición en los azarosos senderos de su teclado. Con una falsa sensación de espontaneidad, lo registrado tiene peso filosófico para aquellos que sentimos lo más íntimo del viaje musical, cuya escucha derrama la reflexión de un artista que se  afirma como uno de los ineludibles a tener presente.
Once entidades que están vinculadas en consonancia con el alcance de su talento, el tiempo de su herencia artística, los modelos musicales de su generación y los valores que representan: una prueba más de la universalidad de la música del pianista cordobés. 

Gran trabajo de una potencia emocional sabia y elaborada que vuelve a extasiar. No dejará indiferente a nadie.
“Don Juan me había dicho que sin tristeza y añoranza uno no está completo, pues sin ellas no hay sobriedad, no hay gentileza.”
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4 estrellas (allaboutjazz)

By DAN MCCLENAGHAN.

 

Argentinian pianist Eduardo Elia, based now in his homeland, attended Berkelee College of Music in Boston. He has a handful of CD releases as a leader, and beyond that, information on the artist is hard to find. His internet profile is sketchy. 

So the review is all about the music, and maybe that’s how it should be… 

Solo is Elia’s sit down at the piano alone offering, in which he mines mostly 1960s jazz tunes, with and emphasis on the Blue Note label. His takes are not rote readings. He drills to the cores of these compositions and explores their depths. Opening with trumpeterMiles Davis‘ “Circle,” from perhaps the finest of the “Second Great Quintet” outings, Miles Smiles (Columbia Records, 1967), Elia is just as introspective as Davis, muted, was on the original, but with more brightness, and an equal measure of wistful beauty. Like many of his “covers” here, the tune may not be readily recognizable. The same can be said forOrnette Coleman‘s “Peace,” from the free jazz pioneer’s New York Is Now! (Blue Note Records, 1967). It is a jumbled, playful sound, full of joy, lots of notes flying around, bringing to mind—it took a while to make this connection—the approach of pianistMartial Solal, taking the tune apart and inspecting the parts and reassembling them, adding a serrated edge. 

Wayne Shorter‘s “Speak No Evil,” from the saxophonist’s 1966 Blue Note album of the same name has an ominous vibe, with “tolling bell” left hand rhythm and a “seeking redemption” (and not finding it) right hand melody. The Elia original, “Una Idea,” rambles, then sounds as if got put in a blender until, it seems, the chords (slightly warped) for John Coltrane’s “Giant Steps” surface, leading into the real thing, a halting, prickly take on the iconic saxophonist’s most recognizable compositions.


Three tunes by Wayne Shorter, two from Ornette Coleman, one from Thelonious Monk, one from Miles Davis, one from Coltrane—all from the seminal time of change. Add three more from the pen of Eduardo Elia, with everything crafted from the vital and original avant perspective of a first rate pianist.

 

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“Caminata” en la Rolling Stones

Diez años después de su primer disco, Peaceful Journey, el dúo rosarino conformado por Marcelo Petetta y Gastón Bozzano en contrabajo, regresa con un nuevo trabajo instrumental que incluye composiciones de Ralph Towner, Tom Jobin, Chick Corea y Pat Metheny, entre otros. La ejecución detallista, espaciosa y el clima cinemático recuerdan las épocas doradas del sello ECM en los 70.

 

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Mirada fascinada

Portugal inició todo. Más precisamente, un viaje del fotógrafo Nicolás Buraczok en el que su mirada se vio fascinada ante la arquitectura, los paisajes, los colores, el clima, la nostalgia y el trajín diario de los portugueses. Con esas imágenes se armó una exposición fotográfica y, desde el principio, el trío conformado por Mariano Suarez en trompeta y flugelhorn, Pablo Socolsky en piano,  y Fermín Suarez en contrabajo, fue el encargado de hacer música sobre esas imágenes. Sin recurrir al folklore o a sonoridades típicas del fado, la música parte del camino que hicieron los ojos de Buraczok antes de capturar cada instante: es una música que acompaña su mirada. Y, por supuesto, la enriquece, ya que gran parte de ese recorrido es lo que los tres músicos entienden, procesan, asimilan de cada imagen para crear, a partir de ella, algo totalmente nuevo. Los vamps y loops con variaciones que suenan en “Portugal II” y “Danza del pez”, los gemidos urbanos que atiborran “Puente Luis”, la dulzura extraordinario de “Belém”, y las tres miniaturas individuales –una para piano, otra para contrabajo y otra para trompeta -, muestran las capacidades compositivas de estos tres grandes músicos.

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Ernesto Jodos: (La Nación)

Por Gabriel Caldirola; Foto: Santiago Filipuzzi. 

 

 El estilo personal que, desde hace casi dos décadas, cultiva el pianista Ernesto Jodos conjuga el lenguaje del jazz con la exploración de sus márgenes, permaneciendo en una fina oscilación entre la tradición y la vanguardia. En más de una docena de discos con diversas formaciones, trabaja sobre un repertorio en el que se alternan las versiones propias de música ajena (mayormente standards) con numerosas composiciones de su autoría. En todos los casos, la improvisación ocupa un lugar central que incorpora en las obras escritas la dimensión de lo espontáneo. 

El disco Relojeros (ya no quedan), recientemente editado por el sello rosarino BlueArt Records, deja registro del cuarteto que integra junto con el baterista Sergio Verdinelli, el contrabajista español Javier Moreno y el saxofonista Rodrigo Domínguez. Los cuatro músicos se reparten la autoría de los temas, a la vez que intercambian sus roles como improvisadores. “Es música de los cuatro tocada por los cuatro”, dice Jodos.

-¿Cómo funciona la dinámica del cuarteto?

-Los cuatro tenemos influencias similares que se traducen en una visión estética compartida, la cual da lugar a una interacción fluida entre nosotros y permite que surjan armonías y ritmos bastante abiertos. En el caso de Verdinelli y Domínguez, son muchos años de tocar juntos en los que llegamos a establecer un lenguaje común. Por decirlo callejeramente, ya nos conocemos las mañas. Y Javier (Moreno), con quien tenemos menos experiencia tocando juntos, abre caminos por los que no estamos acostumbrados a ir.

El disco incluye un tema de Moreno basado en las canciones folklóricas del compositor italiano Luciano Berio. La música clásica convive, en Relojeros (ya no quedan), con otras influencias exteriores al jazz, como en el tema “Rock”, de Domínguez, en el que este género hace su aparición de manera más evidente. 

-¿Qué elementos del rock tienen la potencialidad de ser explotados jazzísticamente?

-Hay una manera de sentir el ritmo que es distinta de la idea de swing feel del jazz, que no es latina tampoco ni viene del free, sino que es propia del groove del rock. Tiene un carácter frontal, más repetitivo y binario, que funciona como una base relativamente estable. Es algo que está presente en los grupos de Miles Davis de fines de los 60 y principios de los 70, en los que se nota la influencia de Jimi Hendrix o del funk de Sly & The Family Stone. Por una cuestión generacional, es natural que aparezca el rock en un contexto en el que las influencias de cada uno pueden circular con cierta libertad. Por otro lado, que esté Verdinelli es una garantía de que eso puede funcionar. Cuando lo ves tocar con Spinetta o Fito Páez te das cuenta de que no es un baterista de jazz que trabaje tocando rock, sino que es capaz de manejarse en los dos mundos de manera genuina.

-¿En qué medida hay lugar, en tu música, para la experimentación?

-Me interesa cierta idea de espontaneidad y la búsqueda de algunas sonoridades, pero no me considero un músico extremo. Trato de que la experimentación conduzca hacia una forma clara, porque creo que cuando una improvisación queda grabada, empieza a ser una composición, la escucha repetida la transforma en una partitura. Los músicos experimentales más radicales descartan a priori muchas cosas. En lo personal, trato de no ponerme tantos “no”. Soy un pianista de jazz y tengo un lazo con esa tradición que no necesito abandonar.

-¿Qué música escuchaste recientemente?

-Estuve escuchando mucho al trompetista canadiense-británico Kenny Wheeler. Cuando me intereso por un músico, trato de escuchar toda su obra. Y, más que los discos tardíos, me interesan los primeros, donde se ve con claridad lo derivativo de su estilo. En ellos, se puede apreciar cómo van apareciendo algunos elementos que, en la madurez, van a ser los rasgos más personales. Es algo que puede apreciarse en Andrew Hill o en Keith Jarrett. Esta manera de escuchar me permite, también, estar atento a cómo se da ese proceso en mi propio trabajo. Es una escucha activa, una escucha de músico. En la actualidad, un grave problema que encuentro en los estudiantes de música es que no se sientan a escuchar un disco. No me parece grave escuchar temas sueltos, pero sí estoy en contra de escucharlos una sola vez, especialmente si uno pretende aprender algo de esas grabaciones.

-En tu manera de tocar, la espontaneidad convive con un modo más cerebral de abordar el instrumento.

-Lo cerebral también puede ser espontáneo, pero el momento de mayor reflexión tiene lugar antes de la improvisación, porque si no llegás tarde. Por mencionar un caso, Charlie Parker no hubiera podido tocar algo tan novedoso para su época sin una reflexión previa. Se nota cuando un músico tiene ese tipo de reflexión, y me interesa tenerla.

-¿Cómo definirías tu música?

-Hago música improvisada con una base muy fuerte en el jazz, en un sentido amplio del término que incluye una manera específica de interacción entre los músicos y la posibilidad de abrirse hacia otras influencias. Y trato, dentro de eso, de expresar alguna idea personal.

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Crítica de Cluadio Kleiman (Rolling Stones)

Diez años después de su primer disco, Peaceful Journey, el dúo rosarino conformado por Marcelo Petetta y Gastón Bozzano en contrabajo, regresa con un nuevo trabajo instrumental que incluye composiciones de Ralph Towner, Tom Jobin, Chick Corea y Pat Metheny, entre otros. La ejecución detallista, espaciosa y el clima cinemático recuerdan las épocas doradas del sello ECM en los 70.

 

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La vigencia de los setenta del guitarrista jazzero Jorge Migoya (La Capital)

   

  Hay discos que en su época tienen una vida fugaz y pasan inadvertidos, pero que con el paso del tiempo se convierten en una joya para coleccionistas. Ese es el caso del primer y único disco de Síntesis, el grupo rosarino que es un emblema del jazz rock de los 70. Aquellos eran tiempos de fusión progresiva: los Síntesis escuchaban desde Jethro Tull, King Crimson y Genesis hasta Mozart, Beethoven y Satie, pasando por John Coltrane y Herbie Hancock. Su música era el resultado de aquella mezcla, con una búsqueda experimental sobre la base de guitarra, bajo y batería, a los que se sumaban arreglos de cuerdas y vientos. El álbum se grabó el 24 y 25 de marzo de 1976 en Buenos Aires —sí, en esos días turbulentos—, pero tiempo después fue descatalogado. Unos pocos se quedaron con las copias originales en vinilo, y el grupo se disolvió en 1977.

  Ahora, cuatro décadas después, el disco se reeditó primera vez en CD a través del sello Blue Art, y trae bonus tracks, fotos inéditas y una remasterización a partir de las cintas originales. El líder del grupo, el guitarrista Jorge Migoya —que está radicado en París desde hace 35 años— regresa hoy a Rosario para celebrar esta reedición con un show, que es parte del ciclo Jazz en el Fontanarrosa. El músico y su banda (Annabel de Courson en piano y percusión, Tomás Ferrari en bajo y Pablo Dawidowicz en batería) recrearán tres temas de Síntesis y también mostrarán composiciones nuevas, que son una continuación del estilo del trío que nació en los 70. Antes tocarán Petetta & Bozzano y el pianista Marco Sanguinetti.

   “Yo no soy un tipo nostalgioso, para nada”, dijo Migoya en charla con Escenario. Y explicó cuál fue el camino hacia la reedición del disco homónimo de Síntesis: “Fue una idea de Horacio Vargas, que es el director de Blue Art. El ya me lo había propuesto unos años atrás, pero yo no estaba muy entusiasmado con el proyecto. No tenía ganas de volver a tiempos antiguos, de rememorar lo que hacía a los 19 años. Este año se cumplían 40 años de esta historia y Vargas relanzó la idea. Entretanto, alguien subió el disco a Internet y ahí me di cuenta de que la gente lo escuchaba. Tenía miles de visitas y escuchas en distintos sitios, con comentarios alucinantes y todo. Por la manera de hablar y de comentar me daba cuenta de que eran jóvenes, gente que ni siquiera había nacido cuando este disco salió. En ese contexto me pareció interesante editarlo, porque no estamos sólo hablando de los viejos nostalgiosos que se acuerdan del pasado, esa cosa tanguera de que el pasado fue mejor. Esta es una escucha de gente nueva. Y eso me dio ganas de reeditar”, se explayó.

   La idea inicial era reunir a los tres integrantes originales de Síntesis: Migoya, el bajista Juan Ricci y el baterista Julio Cusmai. Pero el proyecto resultó imposible. “Juan Ricci vive en Tenerife y tenía las cintas originales de Síntesis”, comentó el guitarrista. “El me envió las cintas a París y ahí yo las remastericé y las remezclé para el CD. Pero a Julio Cusmai lo perdí de vista. No sé si sigue tocando la batería. Era muy complicado llevar a cabo esa reunión”, afirmó.

   El único disco de Síntesis se empezó a grabar el 24 de marzo del 76, el mismo día del golpe militar que dio paso a la última dictadura. “Nosotros éramos un poco inocentes sobre lo que estaba sucediendo políticamente en Argentina, y además estábamos con toda esa energía de ir a grabar. No era habitual entonces que un grupo de Rosario vaya a grabar a Buenos Aires. Estábamos muy entusiasmados”, recordó Migoya. “Pero en una pausa de la grabación, cuando fuimos a tomar un café, nos enteramos del golpe militar. Por la tele veíamos los tanques, a Videla, fue una cosa terrible. Nosotros sabíamos que la cosa venía pesada, pero éramos muy jóvenes y no nos esperábamos un golpe de Estado”, reconoció.

   En los años 80 y 90 el jazz rock y el rock progresivo se transformaron en “música de dinosaurios” para los más jóvenes. Esa mirada, sin embargo, cambió con el nuevo siglo. “Hoy hay una revalorización de los 70”, aseguró el guitarrista. “No sé si es positivo o no, pero creo que la mediocridad actual hizo que cierto público se diera cuenta de que lo que pasaba en los 70 era muy bueno. En los 80 yo estaba en Francia y recuerdo que los jóvenes estaban en otra. Lo único que les interesaba era la música disco. En esa época todo lo de los 70 se ocultó. Pero ahora hay una escasez cultural general en el mundo entero, no sólo en Argentina. Entonces los jóvenes de los 2000 empezaron a bucear en lo más viejo y se dieron cuenta de que había música muy interesante”, explicó.

   En los 70 había mucho espacio para la experimentación. Y en ese contexto surgió Síntesis. ¿Dónde está la experimentación hoy? “En los años 90, en Europa, el jazz estaba un poco esclerosado. Frank Zappa decía: «El jazz no está muerto pero huele mal»”, respondió Migoya entre risas. “Ahora la cosa cambió. Hoy el jazz es mucho más abierto. Hay un trompetista en Francia, Ibrahim Maalouf, que trabaja entre la música árabe y el jazz. Hoy el público es más receptivo a este tipo de cosas. Yo pienso que hay más fusión hoy que en los años 70. Ahora no sólo hay mezclas de estilos musicales, hoy hay mezclas culturales, lo cual es mucho más poderoso”, aseguró.

 

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“Me reconozco en ese disco” (Rosario12)

 

Por Edgardo Pérez Castillo

A cuatro décadas de su edición original, el relanzamiento del disco Síntesis no sólo profundiza el vínculo entre el compositor Jorge Migoya y el sello local BlueArte. Significa, además, la reaparición de una obra que cobró carácter de culto y que en sus seis temas resguarda algunos aspectos esenciales que marcarían a la trayectoria del pianista y guitarrista rosarino, que poco después de la presentación de aquella ópera prima emigró a Francia y cerró así el proyecto compartido con el bajista Juan Ricci y el baterista Julio Cusmai.

Revisitadas desde el presente, la vigencia de las obras registradas en Síntesis no pueden dejar de leerse como una muestra primaria de la coherencia artística de Migoya, por entonces un veinteañero que ya dejaba registrada una búsqueda sonora personal. En Síntesis se tradujo en líneas de rock y jazz que se enlazan con algunos aires progresivos (principal rastro de época, que ancla a Síntesis en un período histórico preciso), con pasajes entre clásicos y tangueros (como en la apertura de “Sin nada”, segundo tema de los seis del disco). La mixtura, para Migoya, aparecía entonces anticipando lo que pronto resultaría un rasgo permanente. “En esa época ya había semillas de lo que iba a hacer. Estaba todo por desarrollar, pero la semilla ya estaba ahí. No había nada más que regarla y que crezca. Me reconozco en ese disco”, asegura hoy con firmeza, reorientando una mirada que, poco tiempo atrás, resultaba algo más crítica.

Las páginas de este diario pueden dar cuenta de ello: en noviembre de 2013 Migoya regresó a Rosario para acompañar el relanzamiento de Elefantes (vinilo publicado por Melopea en 1990 y que quedó relegado ante la irrupción del Cd), reedición de BlueArt que le permitió constatar la vigencia de aquellas obras. Consultado entonces sobre ese reencuentro, Migoya anticipaba además a Rosario/12 el relanzamiento de Síntesis, aunque alertaba sobre la posible presencia de “errores de juventud”

“En realidad no son tantos”, admite ahora Migoya, que hoy celebrará en Rosario el relanzamiento de aquella obra. “Cuando me propusieron armar esto con los músicos originales del proyecto me pasó que yo no tenía mucho contacto con ellos. Sí me contacté con Juan, que tenía las cintas y me las envió a París para remasterizarlas. Pero Juan no está tocando más, y no sé si Julio sigue tocando. No se dio la posibilidad de tocar con ellos, por eso digo que no estoy haciendo a Síntesis, sino que es una celebración a Síntesis”, explica.

Acompañado por Annabel de Courson (piano y percusión), Tomás Ferrari (bajo) y el baterista Pablo Dawidowicz, Migoya tomará guitarra eléctrica y piano para reabordar los temas que el trío original dejó registrados en Síntesis. El concierto incluirá nuevas composiciones y significará el cierre de la tercera jornada del festival Jazz en el Fontanarrosa, que esta noche a las 21 abrirá con la actuación del dúo del guitarrista Marcelo Petetta y el contrabajista Gastón Bozzano (que interpretarán obras de Ralph Towner, Egberto Gismonti, Tom Jobim, Gary Peacock y Pat Metheny) y del pianista Marco Sanguinetti con reversiones jazzeras sobre temas de Radiohead (proyecto que desarrolla junto a Migma en bandeja de vinilos, Tomás Babjaczuk en batería y Pablo Butelman en guitarra).

El cierre, claro, llegará con Migoya y su feliz reencuentro con Síntesis. “Hace unos años no estaba muy entusiasmado con esta idea de resurgimiento –admite–. Pero gracias a Internet me dí cuenta que los jóvenes de hoy, que ni siquiera habían nacido cuando eso se grabó, comentan en Youtube sobre el disco. Escuchan eso por primera vez sin tener en cuenta que se hizo hace cuarenta años. Y escuchándolo de nuevo, veo que no hay tantos errores de juventud como pensaba. Me sorprendió, sobre todo con las improvisaciones. Hace unos años fui mucho más crítico que ahora que he reescuchado el disco. Tenía una imagen, pero que ni siquiera era del disco en sí, sino de cómo lo habíamos grabado, las condiciones (porque lo grabamos sólo en dos días, inclusive con la mezcla). Al escucharlo cuarenta años más tarde me di cuenta que no era tan negativo como creía”.

Si de imágenes se trata, Síntesis se plasmó en un momento crítico de la historia argentina: el trío viajó a Buenos Aires para grabar su obra el 24 de marzo de 1976, en sincronía con un Golpe de Estado que los músicos sólo dimensionarían una vez culminado su paso por el estudio. “Estábamos grabando y era como estar fuera no sólo de Argentina, sino fuera del mundo –recuerda Migoya–. Estábamos encerrados en ese lugar y eso de alguna manera nos protegió para meternos más profundamente en la música y olvidar lo que estaba pasando en el exterior. Que no era nada fácil: fue el comienzo de lo más terrible que conoció Argentina”.

A partir de las cintas originales logradas en aquellas dos jornadas de grabación y mezcla, Síntesis fue retrabajado hasta alcanzar un sonido actualizado. Aunque el compositor aclara: “La música propiamente dicha no se tocó para nada, solamente se corrigieron estructuras de sonido, la dimensión de sonido”.

Así, el reencuentro con Síntesis le permitió a Migoya erradicar sus sospechas sobre aquel registro musical. Ese que, lejos de plasmar errores de juventud todavía funciona como piedra basal de un fructífero recorrido, un camino donde la música esquiva etiquetas para seguir sorprendiendo a cada paso.

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La gema que se fue puliendo: reeditan “Síntesis” (El Ciudadano)

 

Por Juan Aguzzi

Una imagen de la que tengo registro –y persistió a través del tiempo–, durante un año que identifico con mediados de los 70, es la siguiente: caminábamos con mis amigos el baterista Darío Luciani (tío de Franco, el armonicista) y el bajista Héctor Ruiz por calle San Lorenzo hacia el río y cuando estábamos por la mitad (cerca, me parece, de la sala de teatro de la Asociación Bancaria) nos cruzamos con Jorge Migoya, a quien conocíamos por la banda Síntesis y de alguna zapada en la que en ese tiempo participábamos y nos quedamos un rato largo hablando sobre el disco que el guitarrista acababa de sacar; aun insistiendo, ya no recuerdo el tenor exacto de la conversa pero esa imagen quedó allí, en un rincón de la memoria, redimensionada al poco tiempo al escuchar el disco. Era, para decirlo sin exagerar, uno de los discos más impactantes entre lo que se venía escuchando. Y lo que se escuchaba en esa época era Pescado Rabioso, Aquelarre o Color Humano, para no abundar demasiado en la riquísima lista de bandas de rock nacionales. Claro que Síntesis, el disco y la banda –integrada por Juan Ricci en bajo y Julio Cusmai en batería, además de Migoya– eran también algo más que rock.

 

El guitarrista y pianista rosarino Jorge Migoya, afincado en París desde hace más de 35 años, vuelve a la ciudad para tocar parte de ese disco señero para su carrera posterior. Lo hace porque el disco acaba de (re) editarse por el sello local Blue Art, y porque quien lo incentivó a sacar nuevamente el material fue Horacio Vargas, director de Blue Art, para quien ese disco fue parte de su travesía de iniciación musical. Síntesis se escuchará esta noche, en el Centro Cultural Fontanarrosa (Plaza Montenegro), a partir de las 21, en el marco del Encuentro de Jazz, edición 2016, que se desarrolla con entrada libre y gratuita. Lo recrearán Jorge Migoya en guitarra eléctrica y piano, Annabel de Courson en piano y percusión, Tomás Ferrari en bajo, y Pablo Dawidowicz en batería.

A continuación, Jorge Migoya, quien cuenta con otros bellísimos discos, algunos presentados en Rosario, habla sobre su sorpresa al escuchar el sonido de Síntesis nuevamente, y de cómo los jóvenes “de menos de 20” lo festejan a través de Youtube.

—El disco suena muy contemporáneo, tiene una concepción muy actual.

—Alguien subió el disco a Youtube y hay muchos comentarios de gente joven; evidentemente suena actual.

—¿Habías vuelto a escucharlo?

—Lo había escuchado hace 15 o 20 años atrás con una mirada crítica, pensando en lo que se podía haber mejorado, además lo habíamos grabado en dos días, cuando Spinetta o Edelmiro Molinari se tomaban hasta dos meses para grabar un disco; nosotros tuvimos sólo dos días para grabarlo; igual dadas esas circunstancias, hoy pude darme cuenta de que el disco sonaba bien.

—¿Cómo surgió la iniciativa de volver a editarlo?

—A partir de Horacio Vargas, que es un poco el iniciador de esto, yo no soy mucho de volver al pasado; Vargas me insistió diciéndome que se cumplían cuarenta años del disco, incluso porque para él era un disco muy importante en su historia, él lo siente como algo muy ligado a su propio pasado, y ahora como director de un sello tiene esa posibilidad, y después, cuando vi cómo se potenciaba el disco en internet, cuando aparecían una gran cantidad de “me gusta”, y me di cuenta además que se trataba de gente muy joven, me embalé; algo estaba pasando, porque si los pibes lo comentaban como si se tratara de un disco que hubiera salido recién había que reeditarlo.

—Hay pasajes en este disco que luego, trabajados de diferente modo, aparecen en tus discos posteriores; a nivel conceptual son universos distintos, pero sin embargo hay algo que permaneció; ¿escuchás algo del Migoya que vino después en este disco?

—Sí, y me sorprendo bastante; es increíble cómo las gemas que tenés cuando sos muy joven luego se van puliendo, es extraordinario; podría decir que lo que vamos a tocar en el Fontanarrosa se podría llamar “Síntesis”, que si hubiese continuado hubiese sido lo que hoy toco. Yo quiero y me esfuerzo para que cada disco sea un universo distinto, aunque uno nunca se puede desprender de lo que es musicalmente.

—¿Cómo se conservaron las cintas de esa primera grabación durante tanto tiempo?

—Lo de las cintas es alucinante; sé de un productor brasileño que vino a buscarlas acá, y se editó el disco en Brasil, pero yo no seguí la cosa de cerca. Finalmente, Juan Ricci (bajista de Síntesis) era el que las conservó, y él hoy vive en Tenerife, así que cuando empecé a pensar en hacer este disco lo contacté y ahí él me dijo que tenía las cintas y que estaban en perfecto estado, así que me las mandó a París, y luego las remasterizamos en Buenos Aires. Las cintas estaban en muy buen estado, el tiempo no las degradó, la calidad evidentemente era óptima.

—En esta reedición de “Síntesis” está todo el repertorio original más un bonus track…

—El bonus track es una trampita porque soy yo quien toca, no es el grupo original, es algo totalmente nuevo; hice como una mezcla al final como si fuese un viejo disco, el tema nuevo desaparece poco a poco y está mezclado con lo antiguo de Síntesis, hay como un sonido a disco rayado, un ruido de púa, me gusta meter algo de humor, como un disco que se escucha hasta el final aunque salte la púa.

—¿Cómo será la presentación del disco en Rosario?

—En la presentación no vamos a hacer todo el disco sino sólo dos temas, los que eran solamente los temas del trío, los otros no porque necesitaríamos los vientos, y en mi formación actual no hay, haremos una recreación de esos temas, que suenan muy modernos, y debo decir que cuando escucho lo que hacemos en los ensayos, me sorprendo; el bajista que toca con nosotros es muy joven y está recopado, no puede creer que haya sido hecho en el 76, y en realidad lo hice antes porque Síntesis nació en el 73 pero su apogeo fue cuando grabamos el disco.

Grabación en fecha fatídica

El disco Síntesis comenzó a grabarse en Buenos Aires el 24 de marzo de 1976, y terminó al día siguiente, el 25, cuando el golpe cívico-militar hacía su carta de presentación a sangre y fuego. Migoya cuenta algo de esos días que la historia mostraría como verdaderamente trágicos. “Las fechas ya estaban pactadas y queríamos grabar. Nosotros no teníamos conciencia de lo que se venía; yo a mitad de ese año hice la colimba y luego me fui porque ya era demasiado lo que se vivía, y quería ir a Europa y no a Estados Unidos, por ejemplo –donde también pasaban cosas musicalmente–, porque fueron ellos quienes nos pusieron a los dictadores. Además, Europa tenía más que ver con la libertad, Francia particularmente, un país que dio asilo a muchos refugiados y que fue un baluarte de los Derechos Humanos en ese momento, sobre todo para argentinos exiliados de la dictadura”.