Portugal inició todo. Más precisamente, un viaje del fotógrafo Nicolás Buraczok en el que su mirada se vio fascinada ante la arquitectura, los paisajes, los colores, el clima, la nostalgia y el trajín diario de los portugueses. Con esas imágenes se armó una exposición fotográfica y, desde el principio, el trío conformado por Mariano Suarez en trompeta y flugelhorn, Pablo Socolsky en piano, y Fermín Suarez en contrabajo, fue el encargado de hacer música sobre esas imágenes. Sin recurrir al folklore o a sonoridades típicas del fado, la música parte del camino que hicieron los ojos de Buraczok antes de capturar cada instante: es una música que acompaña su mirada. Y, por supuesto, la enriquece, ya que gran parte de ese recorrido es lo que los tres músicos entienden, procesan, asimilan de cada imagen para crear, a partir de ella, algo totalmente nuevo. Los vamps y loops con variaciones que suenan en “Portugal II” y “Danza del pez”, los gemidos urbanos que atiborran “Puente Luis”, la dulzura extraordinario de “Belém”, y las tres miniaturas individuales –una para piano, otra para contrabajo y otra para trompeta -, muestran las capacidades compositivas de estos tres grandes músicos.
