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Sr. Monk de Mariano Braun

Podés escuchar online

Superstición: https://soundcloud.com/sebastian-joel-vargas-1/sets/superstici-n-de-mariano-braun

Camba blues: https://soundcloud.com/sebastian-joel-vargas-1/04-camba-blues

Milorga: https://soundcloud.com/sebastian-joel-vargas-1/02-milorga

 

El sábado 16 de marzo, a las 21.30, en Plataforma Lavardén (La terraza de la cúpula ) -Sarmiento y Mendoza-  el  músico rosarino Mariano Braun presentará en vivo “Sr. Monk”, su primer disco solista, editado por el sello BlueArt Records.

Jazz, funk y folclore sudamericano, se fusionan desde una visión
electrónica minimalista donde sonidos, imágenes y ritmos se resignifican con sensibilidad, tradición y libertad.

La presentación tendrá lugar en un marco tan especial como es “La terraza de la Cúpula” en Plataforma Lavardén, donde 11 composiciones originales se complementarán con la proyección de videos de Diego Sinich, configurando un “ready made” multimedia. 

 Mariano  Braun (teclados, samplers, programación, acordeón, diseño sonoro) contará con los invitados que participaron del registro discográfico:
Julián “Chula” Venegas (voz y guitarra), Carlo Seminara (percusión) y Mariano Sayago (bajo).

 Entradas en venta el día del concierto. En caso de mal tiempo se traslada al “Gran Salón” (piso 5º).

 

 Más info en www.marianobraun.com.ar

 

 

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“Diez años a la sombra”. ADRIAN ABONIZIO HABLA DE SU LLEGADA AL TANGO (Página/12, Suplemento de Cultura RADAR)

 

Por Martín Pérez 

Con ropa de finado y las zapatillas de Federer. Así es como se viste Adrián Abonizio, y no le da ninguna vergüenza hablar de eso. “Me parece un despropósito gastar la plata que me gano trabajando en cosas suntuarias, como la ropa. Porque la moda no existe”, asegura el gran compositor secreto de la Trova Rosarina, autor de canciones inmortales en la voz de Juan Carlos Baglietto, como “Mirta, de regreso” o “Historia de Mate Cosido”, sentado a una de las mesas de El Cairo, el bar de Rosario que debe su fama más allá de sus fronteras a Roberto Fontanarrosa. De hecho, el lugar se ha transformado en una suerte de museo del autor de Inodoro Pereyra, aunque la estatua con la que cualquier ocasional visitante se tiene que cruzar camino al baño no se le parezca mucho. “Sólo les falta poner el ataúd en un rincón”, acota Abonizio sin mucho cariño. Pero volviendo al tema de la ropa, el hombre que supo contar lo que hacen Dios y el Diablo en el taller mientras por la radio Ferro y Platense eternamente empatan cero a cero, asegura que todos sus amigos conocen ya sus mañas, y le avisan cada vez que alguien muere, así él hace circular su guardarropa. “Algunas prendas me las quedo yo, otras las reparto –aclara–. Pero sí, no tengo ningún problema en reconocerlo: uso ropa de fiambres, de gente que se va yendo y sus parientes por superstición no quieren usarla. Algunas brujas que conocí se espantan, pero yo me cago de risa. Porque soy bello como un león al mediodía con ropa o sin ella”, bromea este rosarino oriundo del barrio de Echesortu, en el centro geográfico de su ciudad, a la que recorre todos los días con los ojos bien abiertos. “Si te hacés el boludo, podés no ver nada. Pero todo el tiempo nos rodean toda clase de mundos”, explica, y cuenta que por la mañana, yendo a jugar a la pelota-paleta, se cruzó con dos pibes quinceañeros, que duermen en las piedras que hay debajo de la costanera. Le pidieron una tanza y un anzuelo a los pescadores, y él se quedó hablando un rato con ellos. “Para mí eran pibes marginales, que pescaban para vivir. Pero no tengo dudas que hay gente que me ve venir, y piensa lo mismo de mí –asegura–. Son desigualdades que no tienen que ver con la condición humana, sino con la condición social, y eso es algo que me perturba todo el tiempo. No puedo estar en paz. Y por eso no me aguanto comprarme unos vaqueros nuevos”, explica Abonizio, sin rabia y sin pose, apenas como carta de presentación, como diciendo buen día. Pero las preguntas siempre quedan ahí, aun cuando escriba —en el texto presentación de Extraño conocido (2006), un indispensable disco para el que regrabó sus canciones más famosas— que al finalizar de componer “El témpano” se terminó la última línea de furia que sentía. Y esas preguntas y esa furia son también la razón de ser de los doce temas del flamante Tangolpeando, un admirable álbum de tangos propios que le tomó casi una década poder editar. ¿Y las zapatillas de Federer? “Yo no tenía ni idea de quién era Federer —explica con una sonrisa—. Pero uno de los que me traen ropa es Ramiro Sixto, un rosarino que es sparring de tenis, y gira por el mundo junto a los mejores. Como buen argentino, Ramiro limpia los vestuarios de cosas, ropas u objetos, que los famosos dejan tirados porque no necesitan guardarse todo en un bolsito. Un día se me apareció con unas zapatillas que dijo que eran de Roger Federer, y que me duraron quince años. Así que coleccionistas, atentos: las vendo aunque estén hechas mierda.”

TANGOS LARVARIOS

“Con otro ritmo, y otro fraseo, tal vez ‘Mirta, de regreso’ hubiera podido ser el éxito de algún cantor del ’40”, asegura el historiador y periodista Sergio Pujol, desde el elogioso texto que acompaña y presenta Tangolpeando. Pero desde su libro Canciones Argentinas (2010), Pujol redobla la apuesta y lo presenta como un “Mano a mano” en clave progre. “Pujol es muy generoso, pero está en lo cierto: ‘Mirta…’ era un tango larvario que empezaba a despertar”, confiesa por fin Abonizio, el niño que creció escuchando la radio, hasta que un vecino trajo “Love me do” de Los Beatles, y los pibes del barrio –cuenta– tuvieron una epifanía colectiva. “Fue como ver el primer gol por televisión”, intenta explicar Adrián, mucho después pionero del rock rosarino al frente de Irreal, la banda que dejó para que la liderase un Baglietto al que aún le faltaba para salir de Rosario. Pero en aquella primera formación de su grupo, Abonizio ya cantaba su “Mirta…”. “La versión original era igualita a la que hizo famosa Baglietto, salvo que con un poquito de forma de ‘La Bamba’ —aclara su autor—. Juan Carlos ayudó y la hizo más agradable, evitando con sus mohínes, simpatía y calidad lo indigerible de una temática de abandono.”

Una posible cronología de la carrera de Abonizio antes del fenómeno de la Trova Rosarina lo ubica primero armando Irreal, luego abandonándolo para dedicarse a componer canciones y cantarlas a cara de perro, y más tarde poniendo esos temas al servicio del carisma de un Baglietto solista pero con banda, que tomó por asalto el rock nacional antes y después de Malvinas. “En aquel entonces, ni Adrián tenía conciencia de ser un poeta metafísico, ni yo de ser un cantante popular”, recuerda Baglietto en el libro La Trova Rosarina (1998), de Sergio Arboleya. Abonizio subraya que si entonces desde el rock los acusaron de tristes y depresivos, como el tango, fue porque contaban historias recientes pero atemporales, y existencialistas. “Yo hacía mi camino en silencio. ‘Esto es tango, esto es tango’, me decía sin comentarlo con nadie”, confiesa ahora, sin tapujos. “Siempre quise hacer tango, pero me gustaban Almendra, Aquelarre, el sonido de Hendrix, Zappa, Serrat, Beatles, Carnota, El Dúo Salteño, Cream y tantos otros. ¿Qué culpa tengo yo de esta mescolanza? Pero a la hora de apuntar con mi rifle sanitario decidí matar los códigos idiotas del rock capitalino rolinga o fashion, y apuntar a la mezcla rosarina, con buenas y malas. Eso sí, siempre con el fantasma de Julio Sosa o Rivero convidándome un faso o una ginebra, susurrándome al oído: ‘Dale, pibe, animate que podés’.”

Desde Tangolpeando, Abonizio demuestra que puede, junto a Rodrigo Aberastegui, cómplice en un disco que estuvo diez años esperando su turno, ya que calcula haberlo comenzado a grabar comienzos de la década pasada. Quedó rehén de una pelea entre productores y estudio de grabación, pero finalmente fue rescatado y completado… una década después. “Paciencia es poco, pero somos imbatibles”, se agranda un Abonizio que hace tiempo hace de la independencia una necesidad. “El músico que no tiene pelotas para bancarse tanto desánimo que venda electrodomésticos con un sueldo seguro. Esta profesión es alucinante porque te prueba la entereza, la capacidad de saltearse los vicios que son una trampa, el bronce y las ganas de ser famoso. Recomendable para cardíacos, para aquellos que no pudieron ser buzos entre tiburones blancos, para caballeros con espadas mágicas y para inconscientes.”

ORILLERO A PROPOSITO

Pudor. Eso es lo que Abonizio asegura que se siente cuando se escribe una canción que se hace famosa. “Porque da no sé qué haber tocado algo tan íntimo tuyo, y también de la gente —explica—. Uno hace de cuenta que entra en una selva virgen, por primera vez, tratando de no romper nada ni pisar ningún bicho. Es alucinante, porque descubrís un lugar nuevo, lo conquistás, pero no despreciás a la naturaleza. Te metés dentro de la gente, que absorbe eso y encima te felicita. Por eso es que uno siente mucho pudor. El mismo pudor que sentís ante el aplauso. Uno quiere que el público sea japonés, y que no aplauda después de cada tema”, asegura el compositor del que Baglietto supo contar que, en sus comienzos, solía cambiar sus temas cada vez que los cantaba, para que el público no pudiese aprenderse la letra y cantarlo con él. “Lo que pasa es que, cuando algo se hace conocido, sos descubierto. Tenía miedo, como nuestros antepasados temían que les robaran el alma. Pero hoy canto aquellas canciones sin paranoia, feliz de encontrarme en algún lado del cosmos con el tipo que las escucha.”

De todas aquellas canciones famosas y populares, con la que Abonizio asegura tener las anécdotas más raras es “El témpano”. Sentado en El Cairo, al lado de una ventana, recuerda con la mirada perdida a un músico callejero que cantaba el tema en una estación de subte porteña. Eran tiempos de poco dinero y Abonizio apenas disponía de dos monedas diarias, para ir y volver del trabajo. Pero no pudo evitar detenerse ante el pibe que cantaba su tema para nadie, y que entonó las últimas frases mirándolo a los ojos. “Metí las manos en el bolsillo y encontré la última moneda, y el pibe se dio cuenta. Y también se dio cuenta que saqué la mano, y me fui sin dejarle nada. Me debe haber odiado. Me despedí y no me contestó, y yo me sentí el peor tipo del mundo. Pero… ¿qué le iba a explicar? ¿Que había escrito la canción y no tenía un mango? ¡No me lo iba a creer jamás!”, se ríe Abonizio, que también sabe que una noche Mercedes Sosa pasó por Rosario y no paraba de cantar “El témpano” una y otra vez en voz baja, para ella misma. “Cuando preguntó si la podían contactar con el autor, le dijeron que era difícil de encontrarme… ¡y yo estaba a cuatro cuadras!”, recuerda. Y se embala: “Así son los productores locales, o gente de la cultura con falsa mayúscula: resentidos, idiotas o cobardes. Son los que luego te preguntan: ‘Che, ¿seguís en la música?’. Es como que yo les preguntase: ‘Che, ¿seguís en la vida?’. Tengo fama de mal llevado, pero con semejantes semejantes lo único que queda es batirse a duelo”.

Después de una década peleándola en Buenos Aires, de donde volvió a Rosario para ver crecer a su hijo Ciro, que ya tiene 8 años, Abonizio asegura que lentamente se está reencontrando con su mejor forma. “Lo mismo que le pido al rengo Goldín como fan que soy de su música, que haga el disco que se merece, sé que es lo que me pueden pedir a mí los que me siguen”, calcula. Por eso es que, a pesar de tener un disco nuevo bajo el brazo, Abonizio no se detiene. Le siguen dos más, que hace tiempo están esperando pista. El primero se hizo doble, lo viene grabando en Buenos Aires junto al Muerto Sainz, el ex bajista de Baglietto, y se llama Embarcaciones. Y el que le sigue lo estuvo grabando en Rosario, con criterio acústico pero instrumentos eléctricos, y se llama La madre de todas las batallas. Pero también, promete, habrá más discos de tango después de Tangolpeando, al que describe como orillero a propósito, buscando el sonido de los discos de Edmundo Rivero: el guitarrón grave y las guitarras. “Empezamos con tangos básicos y vamos a terminar con tangos psicodélicos. Pero de a poco. Ahora viene el romantic tango, el segundo disco de la trilogía, con cuerdas y monólogos. Y luego la hecatombe: el Album Blanco del tango, modestamente. Para que todos los cantores momias que no cantan temas nuevos por miedo a perder su público se hagan el harakiri.”

¿Por qué tanto tango?

—Porque tiene un sustrato de profunda amargura tranquila. Es la del tipo que se sienta en un bar y mira a su alrededor: en TN están apuntando a la democracia con gente perfumada que apenas sabe hablar, y hay accidentes y muertos. El mundo estalla de capitalismo, el Papa es una vieja podrida y no tengo fuerzas para putear ni juntarme con otros “accidentados” como yo. Por otra parte, les rajo como a la peste porque si no nos hundimos juntos y aún tengo mucho para contar. Entonces los narro, los pinto, me escribo en mi piel eso de que soy un poco ellos. O sea, hago tangos. Eso es. El que no lo entienda se está perdiendo una sabiduria de samurai. Somos criaturas que están solas, por su rareza y falta de cariño. No es mi caso. Yo sólo escribo. Y espero que el mundo cambie, mientras miro cómo la gente se pelea por un lugar en el entierro. Se apuran por morir.

Tangolpeando fue editado a fines del año pasado por el sello BlueArt Records, con el auspicio del Gobierno de Santa Fe y de la Municipalidad de Rosario. En el sitio blueart.com.ar hay una lista de disquerías de todo el país donde se pueden conseguir sus discos.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-8610-2013-02-17.html

Imagen: Nora Lezano

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Abonizio en Ámbito Financiero (Ámbito Financiero )

Por Ricardo Salton

El periodista e historiador Sergio Pujol escribió en la portada del disco que estamos viviendo un tiempo de revitalización del tango. Da la impresión de que, más vale, hay un aumento de cantantes y músicos que vuelven a leer, con mayor o menor atrevimiento, lo realizado en el pasado. Y cuando hay piezas nuevas, salvo honrosas excepciones, no pueden llegar al nivel de los momentos más gloriosos del género. Claro que, justamente, una de esas excepciones, es la del rosarino Adrián Abonizio.

Conocido en Buenos Aires a partir de lo que se llamó «la Nueva Trova Rosarina», muchas de sus canciones se hicieron populares en la voz de Juan Carlos Baglietto. Duro en su lenguaje poético, urbano en sus personajes, cruel en su escepticismo, el tango fue siempre parte de sus temas, aunque estuvieran musicalmente más ligados al pop o al rock. Y se había decidido firmemente hacia un repertorio de tangos nuevos y valiosos en colaboración con Lito Vitale y Lucho González para un álbum de hace unos años de la cantanteGabriela Torres. Aquí, es él quien hace conocer un listado de piezas escritas para la ocasión: tangos y milongas que tienen mucho de la primera época del género. Son canciones que, en términos generales, merecen la mayor atención; y además rescató su ya conocida«Constitución de noche».

Rodrigo Aberastegui, Érica Di Salvo, Gabriel Rivano, Horacio Hurtado Hugo Picofueron su incuestionable sostén instrumental para la voz de Abonizio que, por su propia historia, es -ahí sí coincidimos con Pujol– lo menos tanguerode este muy buen disco.

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Tango sin clichés tangueros (Tiempo Argentino)

 

Por Carlos Salatino

Cuando un tango compuesto en la actualidad habla del puerto, sin dudas se refiere al puerto de Buenos Aires en el pasado o a otro puerto de otra ciudad ribereña.Cuando se habla de un paisaje con personajes porteños, se suele asociar rápidamente esa porteñidad con la Reina del Plata.

 

Pero hay otros paisajes y otros puertos, a los que los poetas y los músicos suelen escribirles. Rosario, sin ir más lejos, tiene un puerto que además, al contrario de lo que ocurre con el de Buenos Aires, mira al río. Rosario también es identificada con artistas que hicieron de su pertenencia a esa ciudad, una bandera. Por citar solo a tres: Alberto Olmedo, Litto Nebbia y Roberto Fontanarrosa son apenas algunos de los referentes de una ciudad con una cultura con vida y personalidades propias.
Adrián Abonizio es otro de esos rosarinos que sabe retratar paisajes, situaciones y personajes de su ciudad. Lo hizo siempre, como integrante de la llamada Nueva Trova Rosarina, y continúa haciéndolo en esta oportunidad, en la que su paleta de colores toma como marco referencial el tango.
Tangolpeando, su nuevo disco, es un acercamiento al género pero desde una mirada despojada de todo cliché tanguero. Abonizio no necesita impostar su voz para darle el dramatismo característico de ciertos cantores ni para defender su poesía cargada de personajes y situaciones que son fácilmente descubiertas en la cotidianidad de la ciudad, sea ésta Rosario o Buenos Aires.
Protagonistas como María, la dulce guaraní de la milonga “Mi flor querida” o la de “Pata flaca”, con su final imprevisto, se suman al retrato del “chanta” de “Lo tuyo está al salir”, las imágenes sentimentales y a la vez decadentes de “Constitución de noche”, los giros piazzollianos que trasunta “Luna de alpiste” o la representación psicológica de “Paranoia SA”.
Abonizio tiene como cómplice de este trabajo a Rodrigo Aberastegui, con quien compuso gran parte de los temas de este álbum. Su presencia es fundamental tanto en la composición y en la ejecución de diversos intrumentos (guitarras, acordeón, contrabajo y piano) como en la elaboración de los arreglos de las piezas. Otro de los aciertos del disco es el protagonismo de un abigarrado grupo de músicos de gran nivel como Erica Di Salvo en violín, Gabriel Rivano y Hugo Pico en bandoneón y Horacio Hurtado en contrabajo.
De una austeridad sonora que propone un clima íntimo en el que se proyectan pequeñas historias de personas y paisajes, en Tangolpeando Adrián Abonizio deja en claro cuál es su mirada sobre el tango actual. «

 

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Oscar Feldman: “Importan las ideas, no los estilos” (Argent Jazz, Revista Online de Jazz Argentino.)

Por Fernando Ríos para la Revista Online de Jazz Argentino.


Lo que cuenta, como siempre con los grandes músicos, es el arte y la pasión. Y en eso, este cordobés que desde hace más de 20 años vive y toca en la Gran Manzana, no se guarda ni una gota. Desde el jazz más furioso, hasta la contagiante cadencia de la bossa, pasando por el tema que el gran Hermeto compuso en su homenaje, o el “Summertime” de Gershwin en tiempo de chacarera, Feldman le saca chispas a su viejo Selmer. Entregándose y disfrutando cada nota como si fuera la última.

¿Qué tal esto de reencontrarse cada tanto con el público argentino?

Muy lindo, por supuesto. Yo vengo una vez al año, generalmente para las fiestas y siempre tratamos de armar algo. Es bueno juntarse con amigos que conozco desde siempre y hacer la música que nos gusta.

Como está hoy la escena jazzística en Nueva York?

Nueva York sigue siendo una ciudad muy rica musicalmente, donde el arte llega de todos lados. Es la ciudad  donde el jazz es “la cosa”, donde está la crema de la crema. Donde viene gente de todo el mundo, con gran nivel y competitividad. Para mi sigue siendo la capital mundial del jazz

Capital en la que te has dado algunos gustos musicales impresionantes…

Si es verdad. Desde que estoy aquí he podido tocar con gente muy talentosa. Formé parte de la Dizzy Gillespie United Nations Orchestra con la que recorrí varios países, grabé con Al Di Meola, hice “Tropicana Nights”, de Paquito D’Rivera, que ganó un Grammy como Mejor Álbum de latin jazz. Muchas cosas.

¿Y que estás haciendo ahora?

Tengo mi propio cuarteto, con el que hago distintas presentaciones. Toco con la Mingus Dinasty, la orquesta que hace la música del gran Charles Mingus y también estuve tocando con la Caribbean Jazz Proyect, el proyecto que lidera el virtuoso vibrafonista David Samuels.

¿Nueva York es una ciudad que se nutre sólo de su propia música o interactúa con otras?

Viene gente de otros lugares del mundo, como te decía, pero no tanto de otras ciudades de Estados Unidos. Sucede que las ciudades musicalmente “fuertes”, como Chicago, por ejemplo, tienen su propio circuito y sus propios músicos. No se da tanto este intercambio que preguntás. Además en Nueva York hay tantos músicos y de tanta calidad, que no es sencillo tener un lugar para tocar. No alcanza con tener un nombre o una trayectoria. Hay que vivir allá para hacer contactos, conocer gente y que te conozcan y así poder comenzar a participar de la escena.

¿Vos te fuiste con al idea de quedarte en Nueva York o tu proyecto era otro?

Yo me fui becado a Berklee, en Boston. Y una vez que estuve allá decidí quedarme y ver si podía insertarme. Era algo que yo quería hacer, pero recién lo tuve claro una vez que hice los estudios allá y comencé a conocer  gente.

Se dice que Berklee produce músicos de gran calidad técnica pero sin personalidad. ¿Qué pensás?

No creo. Para mi es un mito. Berklee es cuna de grandes pedagogos y de grandes musicos que forman parte de la escena del jazz mundial. Y si bien hay una metodología uniforme, cada profesor se formó de manera distinta y enseña de acuerdo con su propia personalidad. También podría decir lo mismo de ex alumnos como Al Di Meola, Kenny Garret, John Scofield, Ernie Watts. Todos ellos suenan bien distintos entre si. Creo que el problema con el músico que se forma es que a veces cree más en sus ídolos que en él mismo. Y ahí es cuando se aleja de encontrar su propia personalidad. De todos modos, un músico serio debe estudiar a fondo los estilos y a los intérpretes de todas las épocas, para poder llegar luego a producir algo mas profundo y verdadero.

¿A vos te pasó eso de creer más en tus ídolos que en vos mismo?

No. No creo. Soy un músico muy ecléctico. Siempre me gustó poder tocar con mucha gente. Yo no me encasillo en ningún estilo, porque no me interesan los estilos. Me interesan las ideas. Y esto lo digo no sólo como músico, sino también como oyente. Creo que esa característica me permitió combinar muchas músicas, ideas que me ayudaron a creer en mi mismo y no a buscar la comparación con los  grandes ídolos musicales.

Y  te permitió además tocar y grabar con músicos de diferentes procedencias, como Dino Saluzzi, Diego Urcola,  Hermeto Pascoal o Marc Turner…

También. Dino me dio una de las primeras oportunidades de mi carrera. Un gran recuerdo. Con Diego me siento muy cómodo, es un amigo de años. En cambio tocar con Marc Turner, quien está en mi segundo disco “Oscar e familia”, fue un desafío importante para mí. Es un músico muy talentoso y cuando te parás a su lado para tocar, tenés que estar a la par. No tenés excusas…

Y Hermeto Pascoal…

Que puedo decirte de Hermeto que no sepan…Es un músico extraordinario y un gran amigo. Hermeto tiene grandeza. Representa para mi la sofisticación, la originalidad y el salvajismo de la música de Brasil. Todo en una sola persona. Hace poco tuve ocasión de volver a tocar con él en Nueva York. Fue increíble.  Para mi fue una celebración de la música y de la amistad

En “Oscar e familia” te diste el lujo además de incorporar a Luis Alberto Spìnetta para que cante tu tema “Peace to Find” ….

Si. Fue una bendición. Yo creo que ese tema es un milagro. Fijate que Luis no canta allí con letra. Lo canta como un instrumentista, sin palabras. Para mi fue un momento tremendo y un recuerdo imborrable. Además me llena de orgullo saber que Luis decía que era una de las cosas más lindas que había grabado. Fue uno de los grandes momentos de mi carrera. Qué más te puedo decir…

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Cierre Festival de Jazz

El miércoles 28 de noviembre a las 21.30, tocan El Umbral de Rosario (Luis Suárez, saxo alto y flautam Mariano Suárez, trompeta y flugelhorn, Carlos Pagura, contrabajo, Pablo Dawidowicz, batería y percusión) y MININO GARAY & PIERRE BERTRAND GROUPE (Francia). Entrada: $ 50.

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Cuando lo Imprevisto se torna Necesario – Gerardo Gandini (2009) (Republic of Jazz Blog)

 

Sin lugar a dudas, Gerardo Gandini es el máximo referente en la Argentina en lo que hace a la música de vanguardia. En su múltiple rol de instrumentista, compositor, programador de ciclos, director, pedagogo y difusor entusiasta de la música contemporánea, ocupa un lugar comparable, salvando las distancias, al que tuvo en el siglo pasado Juan Carlos Paz en el medio local. Gracias al sello rosarino Blue Art, que no edita sólo jazz (como ya lo demostró en su momento editando De Bach al ruido, de Martín Devoto, por ejemplo), llega a nuestras manos esta serie de obras clave para comprender algo que se podría llamar el estilo Gandini.


El mismo Gerardo Gandini es quien pone el cuerpo para tocar su Sonata VII, en primera audición, una obra que entonces estaba prácticamente fresca, recién escrita; las cuatro Piezas sobre Schumann, variaciones (en un sentido muy libre) sobre temas o ideas del gran compositor del Romanticismo alemán, quien es una obsesión en la obra de Gandini a lo largo del tiempo; y su Sonata IV, separada en dos movimientos.

Como bien dice Pablo Gianera en las palabras que acompañan a esta edición, “El título de este disco excede la sentencia enigmática y condicional. Contiene en realidad un programa”. Es así, porque Gerardo Gandini hace del “accidente”, de lo imprevisto, una gimnasia, y luego lo deja madurar hasta que naturalizamos ese accidente y pasa a ser parte del paisaje sonoro de la obra. Música para oídos exigentes, que no entrega ni un centímetro a lo esperable, a la complacencia; que hace de la inteligencia unida a la sensibilidad su mayor aliada y que en su discurrir entrega elementos, lugares para la reflexión sobre la arquitectura de la música de los últimos dos siglos.

El uso de la palabra sonata y la recurrencia a las formas de Schumann son guiños deliberados de Gandini, quien todo el tiempo usa la tradición musical de Occidente para subvertirla y crear algo nuevo, desde la Argentina. Dialogando con lo clásico y fragmentándolo a la vez.
 
Sonata VII (2007)
1. Primera audición
Piezas sobre Schumann
2. Eusebius, 4 nocturnos (1984)
3. Elegía -1986- (nueva versión)
4. Interludio de “Liederkreis” (2000)
5. Eusebius II -2006- (Primera audición)
Sonata IV (2004)
6. Primer movimiento
7. Segundo movimiento
Gerardo Gandini – piano
JAZZ ARGENTO
Interludio de “Liederkreis”
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Nota de Prensa 1 (Revista Ñ)

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