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El extraño caso de Mariano Braun y el sr. Monk (Clarín)

 

Cómo: Mariano Braun, productor y compositor rosarino, tiene un largo y ecléctico currículo como sesionista y productor. También integró bandas como la de Roque Narvaja o Carlo Seminara. Para su primer disco, editado por BlueArt Records, eligió inventarse un alter ego: Sr. Monk es su Sr. Hyde, que desarma y reconstruye sus canciones a partir de sampleos y pocos pruritos de género.

Quién: En su doble personalidad, Braun/Sr. Monk se encarga de programaciones, sampling, djing, teclados, acordeón a piano y de dos etapas fundamentales en su proyecto: el diseño sonoro y la mezcla. Mariano Sayago aparece como un buen escudero desde el bajo y el contrabajo. Y Julián “Chula” Venegas aporta voces, fundamentalmente, y guitarra.

Qué: Siempre sobre bases electrónicas y samplers, Sr. Monk construye música de impacto visual, con vocación de soundtrack. Es como si Braun creara canciones sólo para remixarlas de modo sutil en un collage. En “15 cuadros”, el comienzo, se siente el ajetreo cotidiano con un piano que entra en juego con un fragmento del “Promenade” de Mussorgsky, vestido con ropas de loop funky. Y del que hay ecos, más adelante, en “Camba blues”. “Milorga” toma bastante del tango electrónico con marca Supervielle de Bajofondo, para una milonga chispeante. “Tres danzas tres” es una ambiciosa pieza que desanda un día (la mañana morosa con un soliloquio de piano, la velocidad de la tarde y la reflexión nocturna, ya con la voz de Julián “Chula” Venegas). En general, Sr. Monk le da musculatura con el piano a canciones meramente electrónicas y down tempo, salvo en “Un”, una pieza apátrida, bella en su frialdad, que pudo haber sido escrita por Röyksopp. Su opuesto es “Candor”, donde el uso del acordeón a piano le da un sabor rioplatense indudable. Los matices percusivos son un punto alto de todo el debut de Sr. Monk, pero les saca el jugo sobre todo en “Una casa de alto”, donde la cruza del afoxé con los sintetizadores da un sonido singular.

Links: Luciano Supervielle, otro tecladista que es DJ y que busca sonidos sin mirar de dónde vienen. Y el guitarrista Fernando Kabusacki, en tanto creador de música para mirar, muchas veces “sintetizada”.

Reversiones: Aunque hay fragmentos de varias canciones perdidos en la maraña de melodías de Sr. Monk, el único cover propiamente dicho es “Superstition”, básicamente un juego de arreglos e improvisación sobre la maravilla de Stevie Wonder.

Ilustres invitados: Carlo Seminara hace mucho por los matices percusivos antes mencionados, distribuyendo generosamente quinto, congas, púas de erizo, pezuñas y afoxé a lo largo del disco).

La frase: “Yo vi de una garza mora / Dandole combate a un río / Así es como se enamora / Tu corazón con el mío”. Los versos de la “Tonada de luna llena”, de Simón Díaz, repetidos como un mantra, es de lo poco que se escucha cantado o hablado en el debut de Sr. Monk (En “Tres danzas tres”)

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GANDINI REEDITADO

 

El último disco grabado por el maestro Gerardo Gandini, “Cuando lo imprevisto se torna necesario”, reeditado por BlueArt Records.

*  “Un disco dedicado a obras de Gandini tiene una trascendencia que escapa a la propia belleza de la música”. Diego Fischerman,  Página/12.

*  “Abordó magistralmente dos sonatas propias y una serie de obras inspiradas en el compositor alemán Robert Schumann”. Federico Monjeau, Clarín.

Disponible en disquerías y en tiendas digitales

 

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Crónica de Sr. Monk por la Revista Online Argent Jazz

Mariano Braun y su amigo el Sr. Monk.

Link: http://www.argentjazz.com.ar/mariano-braun-y-su-amigo-el-sr-monk/

Algunos podrán hablar de collage musical. Otros lo definirían como un paseo por lo mejor del jazz, el funk o la música folclorica. No faltarán quienes hablen de un arte inclasificable.

Lo cierto es que “Sr.Monk”, primer disco solista del rosarino Mariano Braun, que acaba de lanzar el sello rosarino BlueArt,  podría sentirse a gusto asumiendo cada una de las definiciones que busquen enmarcar su arte. O también rechazarlas todas, para refugiarse en una expresión que no necesita de palabras. Porque“Sr.Monk” es simplemente música. Y de la buena.

Música atravesada por la mirada personal de un artista poco convencional. Sonidos de piano que se entrecruzan con las máquinas y la electrónica. Un singular paisaje sonoro, donde el juego y el humor también forman parte del riesgo creativo.

Once de las doce composiciones que integran la placa de BlueArt pertenecen a Braun. La excepción es una personal versión de “Superstition” de Stevie Wonder, con el piano en primer plano. En todas los temas, incluso en el de Wonder,  se reconoce  una visión trabajada desde la electrónica, que resignifica  la lectura melódica.

Al mando del viaje “por tan extraño mundo”,  como bien lo dice uno de sus temas, el líder alza las banderas de la composición, programación, teclados, grabación, mezcla y masterización; secundado por Mariano Sayago en contrabajo y bajo electrónico, Carlo Seminara en percusión y Julián Venegas en voces y guitarra eléctrica.

“Me permití ser disc jockey de mi propia música” dice Braun. Buena síntesis para un disco bello y extraño, que resiste a pie firme todo intento por encasillarlo.

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Mariano Braun y su amigo el Sr. Monk (Revista Online “Argent Jazz”)

 

Algunos podrán hablar de collage musical. Otros lo definirían como un paseo por lo mejor del jazz, el funk o la música folclorica. No faltarán quienes hablen de un arte inclasificable.

Lo cierto es que “Sr.Monk”, primer disco solista del rosarino Mariano Braun, que acaba de lanzar el sello rosarino BlueArt,  podría sentirse a gusto asumiendo cada una de las definiciones que busquen enmarcar su arte. O también rechazarlas todas, para refugiarse en una expresión que no necesita de palabras. Porque“Sr.Monk” es simplemente música. Y de la buena.

Música atravesada por la mirada personal de un artista poco convencional. Sonidos de piano que se entrecruzan con las máquinas y la electrónica. Un singular paisaje sonoro, donde el juego y el humor también forman parte del riesgo creativo.

Once de las doce composiciones que integran la placa de BlueArt pertenecen a Braun. La excepción es una personal versión de “Superstition” de Stevie Wonder, con el piano en primer plano. En todas los temas, incluso en el de Wonder,  se reconoce  una visión trabajada desde la electrónica, que resignifica  la lectura melódica.

Al mando del viaje “por tan extraño mundo”,  como bien lo dice uno de sus temas, el líder alza las banderas de la composición, programación, teclados, grabación, mezcla y masterización; secundado por Mariano Sayago en contrabajo y bajo electrónico, Carlo Seminara en percusión y Julián Venegas en voces y guitarra eléctrica.

“Me permití ser disc jockey de mi propia música” dice Braun. Buena síntesis para un disco bello y extraño, que resiste a pie firme todo intento por encasillarlo.

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Bondades (Cuadernos de Jazz, España)

Por Eduardo Hojman

Este grupo, cuyos líderes parecen ser el pianista Pablo Socolsky y el multiintrumentista Kay Heinrinchsdorff, practica una suerte de jazz fusión que algunos, quizás reticentes al término, llaman jazz contemporáneo. En su sonido, mayormente suave y tranquilo, campean muchas influencias del jazz más accesible, desde las melódicas trompetas tributarias –pero no directamente—de la etapa eléctrica pop de Miles Davis, hasta la world music, incluyendo ritmos claramente pop como el reggae, que aquí hace aparición al menos dos veces. Hay también intermedios de temas anónimos de la etnia shona, ejecutados ora con mbira solista ora con mbira y trompeta, pero en el fondo estos añadidos suenan más bien a adornos de un proyecto claramente ubicado en un sonido agradable y paisajista más que arriesgado y narrativo.

Gracias a la alta calidad de los cuatro intérpretes, a la omnipresencia tan grata del trompetista Mariano Suárez y en especial a la profundidad compositiva de todos los miembros, el cuarteto sortea con soltura los meandros más peligrosos de los sonidos lounge y del smooth jazz, y la propuesta suena, al fin, honesta, aunque quizás se eche en falta algo de personalidad.

 

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Respiro (Cuadernos de Jazz, España)

Por Eduardo Hojman

Interesante propuesta de este cuarteto rosarino en el que el teclado nord, una especie de versión sintética del órgano Hammond, tiene la voz cantante, aunque con un protagonismo compartido con el guitarrista Emanuel Marquiore. Las referencias más inmediatas no son, como podría sospecharse al principio, los sonidos del primer jazz funk de Jimmy Smith sino el trío Medeski Martin & Wood en su vertiente más tranquila (es decir, aquella primera colaboración con John Scofield, que es aquí mencionado como figura de admiración por este cuarteto, junto con Brian Blade y, de manera quizás menos evidente en el sonido del grupo, Brad Mehldau). 

En cualquier caso, El RMDM cuarteto suena un poco a todos ellos, y también a los sonidos de órgano de la primera fusión progresiva de los sesenta y setenta pero, al mismo tiempo, consigue elevarse por encima de sus influencias, con un swing tan sutil como poderoso, obra de la solidez rítmica de Di Renzo y Mamet, y un sentido de la melodía adictivo. Un jazz que no denota sus orígenes, sino sus influencias. 

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El músico argentino Horacio Fumero recibió premio en España

 

El galardón se entregó el 22 de marzo pasado durante un concierto homenaje en un atestado club de jazz, Nova Jazz Cava, en el cual Fumero tocó junto trece músicos españoles. Ese día además el músico argentino radicado en Barcelona cumplió 64 años. “Ha sido el mejor cumpleaños de mi vida”, dijo, emocionado.

  “Contrabajista completo, con una dinámico juego rítmico y una exquisita sensibiidad, Fumero exhibió su maestría”, señaló el diario españolLa Vanguardia, a propósito del concierto realizado.    

  Fumero estará en agosto en Argentina, para grabar su próximo disco, junto a dos jóvenes talentos del jazz, el pianista Francisco Lo Vuolo y el trompetista Mariano Loiácono. El disco –que contendrá todas composiciones originales de Fumero- será editado por el sello BlueArt Records.

 

  Natural de Cañada Rosquín, en la región pampeana argentina de Santa Fe, Fumero es toda una institución musical. Sobran las presentaciones y argumentos, pero hay que recordar que la amistad con Jazz Terrassa fecha de la noche de Todos los Santos del año 1980, cuando Fumero debutaba en la antigua Jazz Cava prácticamente acabado de aterrizar en Cataluña. Un año más tarde, forma parte con Peer Wyboris (1 Jazzterrasman, 2002) del trío estable de Tete Montoliu (Jazzterrasman, 2007), formación que no abandona hasta 1997 con la muerte de su líder. Este año con el reconocimiento para Horacio se cierra el círculo de aquel excelente trío que, justamente, ofreció su último concierto enla Nova JazzCava unos meses antes de la muerte del pianista catalán.

  En 1973 Fumero llegaba a Europa para tocar en el Festival de Jazz de Montreux de la mano de Gato Barbieri y ya no la abandonará. Los primeros años reside en Ginebra donde colabora, entre otros, con el Orquestre a’Cordes de Lausanne. En 1980 se  traslada a Barcelona. Nombres internacionales de primer orden desde Freddie Hubbard, Johnny Griffin, Harry “Sweets” Edison, Philip Catherine, Woody Shaw, Bobby Hucherson  lo tuvieron como la columna vertebral de sus grupos.