Discurso recurrente pero no por eso menos cierto: es impresionante lo que han crecido el nivel técnico, la preparación académica y la destreza de los músicos en las últimas décadas. Y este fenómeno, que se hace evidente en muchísimos géneros en todo el mundo, tiene felizmente su correlato en la Argentina, donde en músicas como el jazz estamos a la altura de los principales centros internacionales.
Sumémosle a eso que, para alegría de este cronista y para cierto enojo de quienes prefieren seguir escuchando infinitas nuevas versiones de los “standards”, son unos cuantos los músicos que se atreven con composiciones propias. De eso, resultan montones de discos, con muchísimos temas originales, interpretados por combos que casi siempre se arman exclusivamente para las grabaciones, a costo y riesgo de los propios artistas. Y todo vale para el material que aquí comentamos.
Hernán Maldelman es un baterista que hace ya unos años forma parte de la escena porteña del jazz. Ha sido responsable de distintas formaciones y con distintos compañeros. Para este nuevo álbum, eligió armar un grupo con Natalio Sued en saxo tenor, Juan Cruz de Urquiza en trompeta (un lujazo para el disco), Rodrigo Domínguezen saxo alto, Sebastián de Urquiza en contrabajo y Francisco Lo Vuolo en piano. Se reservó para él los lugares del baterista, el compositor de todos los temas y el director del conjunto. Se movió en un lenguaje que podría asociarse al del “bebop”, con solos de gran despliegue creativo repartidos entre todos los músicos.
El único gran problema de la aparición de buenos discos como éste es la sobreoferta que dificulta la comunicación (y no tanto la producción, como antes), en tiempos en que, paradójicamente, se han multiplicados las vías de relacionamiento humano.
