La escena del jazz en Argentina comienza a adquirir un perfil internacional.
Se trata de un ambiente inquieto, con músicos curiosos y hambrientos de conocimiento y experimentación.
Muchos andan a la caza de tocar sin mayor recompensa que la atención de un público fiel. Otros muestran el signo de una madurez prematura. Ambos casos retratan a la pianista Paula Shocrón, que el año pasado obtuvo el premio Clarín como revelación del jazz por su disco La voz que te lleva, un debut de piano en solitario.
Aunque apenas tiene 25 años, Shocrón es vista como una veterana de la escena jazzística. Y no es para menos. Oriunda de Rosario, Shocrón toca el piano desde los tres años y ha desarrollado como pocos una relación íntima con el instrumento. Basta escuchar su grabación para darse cuenta de su portentosa imaginación y su profunda sensibilidad.
Pregunta: ¿Cómo surge tu relación con el piano y con el jazz específicamente?
Respuesta: Aunque en mi casa se escuchaba folklore, había algo de Miles — de su última época de los 80 — y algo de Duke Ellington. Mi tío era un fanático de Keith Jarrett y me lo hizo escuchar. Lo mismo sucedió luego con un disco de Chick Corea.
En la adolescencia, los discos empezaron a caer en mis manos y tuve interés por saber qué estaban tocando. Me puse a escuchar los discos y sacar la música. Escuchaba y escribía porque, por suerte, sabía escribir música. En un principio fui autodidacta, es decir fui desarrollando mi gusto musical sola, pero luego necesité ayuda y quise aprender más.
En Rosario, todos los años se hace el festival de jazz Santiago Grande Castelli, que además es muy buen docente. Yo me puse en contacto con él; lo llamé y empecé a tomar clases aquí, en Buenos Aires, una vez por mes o mes y medio. Hablo de 2001.
A los 17 años, tuve una lucha interna, ya que no quería tocar el piano.
Obviamente quería algo con la música, pero la carrera de piano me parecía algo muy simple. El repertorio de piano clásico no era para mí. Pero por otra parte estaba el tema de la composición y me vino bien ponerme a estudiar la Licenciatura en Composición Musical, en la Universidad Nacional de Rosario, donde estuve de 1998 al 2003.
Al mismo tiempo de a poco comencé a venir a Buenos Aires. Venía a tocar standards y a participar en jam sessions. Venir a Buenos aires me abrió la cabeza y me fue atrayendo cada vez más. De a poco tuve más motivos para venir a Capital.
P. En el 2005, salió tu primer disco como solista, La Voz que te lleva.
¿Cómo surge esta posibilidad?
R. En el invierno del 2004, ya estaba viniendo a Buenos Aires y estaba en transición entre Buenos Aires y Rosario. Me encontraba desligada de los músicos de Rosario. Luego vino el festival de Jazz de Rosario y se me ocurrió la idea de tocar sola. Es algo que me gusta mucho, ya que te permite generar cosas que no logras en grupo. Fue entonces cuando Horacio Vargas, del sello Blue Art, se me acercó y me dijo que tenía que grabar el material.
Cuando llegó el momento de la grabación, simplemente fui a las sesiones de grabación a tocar. Fue algo muy improvisado y es por eso que el CD suena espontáneo.
P. ¿No eres extremadamente joven para haber logrado tanto? ¿O este fue siempre tu objetivo cómo artista?
R. Aunque soy muy inquieta, no esperaba esto. Ahora mismo, para mí es un horror ya que la ciudad se muere. Siempre estoy buscando cosas, tocar lo más posible. El poder tomar composiciones y llevarlas a grupos y que otros músicos te incluyan en su música es algo que me da mucha gratificación. Para mí, componer es una excusa para tocar. Componer algo para que lo toque otra persona no funciona. Como músico, soy parte de lo que interpreto.
P: ¿Qué lugar ocupa hoy Buenos Aires? ¿Existió una necesidad de mudarte a la capital?
R. Estoy tocando mucho más que en Rosario, ya que a pesar de que el ambiente jazzístico no es grande en nuestro país, Buenos Aires es la forma de exponerte al mundo exterior. Es una especie de trampolín para el mundo, un nexo más fuerte. Aunque musicalmente hay movida en Rosario, hay pocos lugares para tocar.
P. Diego Fisherman dice que los músicos argentinos dieron la cara por el jazz argentino. Este año, muchos de los mejores músicos son de aquí.
R. Creo que es demasiado. Hay buenos músicos en todo el mundo, más aún en el jazz que es un género universal, gigante. Habría que conocer mucho para dar semejante opinión y creo que no sé lo suficiente.
Creo que la crisis del 2001 fue muy buena para el jazz local porque permitió que surgiera una nueva movida. Dejó de tocar gente de afuera y así surgieron los músicos de acá, muchos de ellos jóvenes. Aun más llamativo, tratándose de un país donde el jazz no es la música nacional.
P. ¿Tiene el jazz argentino un futuro?
R. Hoy hay más músicos. Tenemos que confiar en que somos argentinos. Debemos confiar en nuestra entidad. En ese sentido, el jazz se puede servir de la música de acá, nutrirse de lo nacional. El jazz hace justamente eso, toma cosas de distintas partes y no debemos tratar de imitar sonidos que no nos son propios. Si tienes una mínima conexión con el país, esa tiene que sentirse en el aire y no debe estar escondida.
Por ejemplo, si toco al estilo norteamericano, europeo o brasileño, va a sonar forzado. Hay que dejar que la entidad esté. Creo que deben aparecer cierto giros y melodías, a veces obvias y otras no, que a una, como argentina, le recuerdan a lo nuestro, como es el caso del folklore.
P. ¿Crees que puede ser una música de exportación, como el tango y el rock nacional? Existen cuatro sellos de jazz en un lugar donde esta música no es de consumo masivo.
R. Si no se pierde la identidad, se puede. De otro modo, no sería tan atractivo. Si escuchas, verás que todos tienen marca propia. Los sellos argentinos tienen su impronta, en ellos suena la música de la ciudad, del campo. Te suenan muchas cosas.
P. ¿Hay pianistas argentinos a los que admira por sus modelos o tradición?
R. Yo realmente no escuché a muchos pianistas argentinos, ya que por estar interesado en un género no local, fui a escuchar a los extranjeros. Hay una generación que me perdí, una anterior a los de mis padres. Hoy Ernesto Jodos es un referente. Como compositor de folklore rescato, entre otros, a Gustavo Cuchi Leguizamón.
P. ¿Con qué artista Te gustaría tocar?
R. Soñar es gratis, no terminaría más (risas). El otro día, hablamos de eso con un amigo, del sueño, a quién elegiríamos. No sé, así al azar, diría que a Jack DeJohnette y Dave Holland, músicos que admiro mucho. Puede haber una lista interminable, generalmente se trata de músicos que me parecen increíbles y de los cuales admiro su musicalidad.
P. ¿Pianista mujeres y por qué? ¿Cuáles son las principales y por qué?
R. En la argentina, folklore y clásico, hay un par de pianista: Hilda Herrera, Lilián Saba, Nora Sarmoria, me gusta el trabajo que hacen aunque entre ellas sean muy diferentes.
Para mí, la pianista Geri Allen es una referencia; me identifico con ella.
En cuestiones de composición me gusta Carla Bley, ya que es una pianista que genera interés.
P. ¿Qué te queda por hacer? ¿Cuáles son tus proyectos del próximo año?
R. Yo quiero seguir en este tren. Seguir grabando. En marzo o abril, estaremos sacando el disco del cuarteto, compuesto por Marcelo Gutfraind en guitarra, Julián Montauti en contrabajo, Carto Brandán en batería y con Pablo Pontoriero como artista invitado.
Por Ángeles Mase.
