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Paula Shocron presenta en vivo su tercer disco, “Urbes” (La Capital)

Por José L. Cavazza

 

“Es casi inusual que recién en mi tercer disco salga a tocar con un formato de trío, que es la forma más convencional y básica en el jazz”, dijo la pianista rosarina Paula Shocron sobre su nuevo álbum, “Urbes”, que presentará hoy a las 21.30 en el teatro La Comedia, en el marco del Festival de Jazz.


   En este CD de ocho tracks, Shocron abandonó a su “segundo papá” Thelonious Monk y compuso seis temas. Los dos restantes pertenecen a los pianistas Billy Strayhorn y George Shearing. “Lo más natural hubiera sido una formación de jazz trío en mi primer álbum, porque creo que lo inusual fue hacer un disco de sólo piano (“La voz que te lleva”) en mi debut discográfico”.

   “El disco se armó así porque veniamos tocando juntos desde hace un buen tiempo y casi siempre un álbum —dijo— es el resultante del trabajo en vivo. Así, también el proyecto con Marcelo Gutfraind derivó en mi segundo disco, «Percepciones»”. Además, esta es la primer formación en la que Shocrón es líder absoluta. “En el proyecto con Gutfgraind éramos dos líderes y en el disco de sólo piano estaba a cargo de mí misma”, bromeó. El liderazgo para Paula Shocron tiene que ver con la responsabilidad y la producción musical, sobre todo porque los temas en su gran mayoría son propios. “Después somos un trío y decidimos en algún punto los tres”, añadió.

   Para Shocron, “Urbes” es un disco con temas muy diferentes entre sí. “El tema «Urbes» me sugirió además el nombre del álbum y tiene que ver un poco con la diversidad de las grandes ciudades”, señaló.

   La pianista y gran esperanza del jazz argentino hace un par de años hizo las valijas y se fue a vivir a Buenos Aires. “Ganás y perdés cosas todo el tiempo. Es una forma de equilibrio, y espero que lo que pierda sirva para ganar algo después”, comentó y finalmente dijo: “Los tiempos en la música son más largos; estoy aquí en Buenos Aires poniendo toda la energía en tocar. Necesito de mucho más tiempo para evaluarme, preguntarme si estoy consolidada. No tengo 30 años y estoy en una edad sólo para tocar”.

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Recital dúo de pianos Gandini – Jodos (Noticias.cancionero.net )

 

El sábado 13 de octubre a las 18:00 hs. en la Sala “Astor Piazzolla” del Teatro Argentino de La Plata, dependiente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, actuará el notable dúo de pianos constituido por Gerardo Gandini y Ernesto Jodos.

Las entradas serán gratuitas y deberán ser retiradas de la Oficina de Informes del Teatro, el mismo día de la función, a partir de las 10:00 hs.

En el marco del Ciclo de Música del Siglo XX, Gerardo Gandini –compositor de formación clásica, último pianista de Astor Piazzolla y ganador del Grammy Latino 2004 por su disco de tangos- y Ernesto Jodos –uno de los músicos de jazz más sobresalientes del momento- ejecutarán a dos pianos “Sobre nada” (Gandini-Jodos), “Lunario sentimental” (Gandini), “Malena” (Demare-Mazi), “G.G.” (Jodos), “Caravan” (Ellington-Tizol), “La cumparsita” (Contursi-Rodríguez), “La nostalgia” (Gandini), “Visa-Loverman” (Charlie Parker) y “I love you Porgy” (Gershwin). Además, Gandini interpretará solo “La última curda” (Troilo-Castillo) y Jodos. hará lo mismo con “Ella también” (Spinetta).

En ocasión de la reciente presentación de su disco “De/generaciones”, hecho a dos pianos por Gerardo Gandini y Ernesto Jodos, la crítica especializada destacó que se trataba de un álbum fascinante, donde ambos instrumentistas lograban sobresalir en el arte de la improvisación y de la interacción para tocar desde standards de jazz y tangos hasta temas propios y contemporáneos.

Por otro lado, Gandini y Jodosacaban de ser invitados a participar del prestigioso Festival Internacional Jazz Plaza 2008, que se realizará en La Habana (Cuba), del 14 al 17 de febrero próximo.

El dúo presentó el CD en distintos teatros del país como ND Ateneo de Buenos Aires, Teatro Libertador de Córdoba, Centro Cultural Parque de España de Rosario, Teatro Municipal de Santa Fe, Complejo Cultural de Río Gallegos y Teatro Municipal de Río Cuarto.

El disco “De/generaciones” fue muy elogiado por los especialistas. Federico Monjeau, del diario Clarín, dijo que era de “una belleza extraña y persistente”. Pablo Gianera, en Perfil, lo definió como “apasionante de punta a punta”. Para Santiago Giordano, de La Voz del Interior, “lo notable de este trabajo es que cada uno mantiene su individualidad”. Según César Pradines, de La Nación, “En Loverman (uno de los temas incluido en el disco), el dúo alcanza momentos de un ensamble intenso”. Para Buenos Aires Herald, en tanto, estos “dos brillantes pianistas de dos generaciones diferentes han logrado un disco altamente recomendable”. Mientras que para el periodista Eliseo Cardona, del diario El Sentinel de Miami, “no es un simple disco: es un lujo, la auténtica fundación de un canon del jazz al sur”.

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“Primero fue todo de oído” (Rosario/12)

 

Por Edgardo Pérez Castillo

Para muchos desconocido, Mauro Ramos podría ser calificado como el secreto mejor guardado de la música creada en Las Rosas. Oriundo de esa localidad santafesina, el guitarrista sin embargo tuvo su paso importante por la escena rosarina (como integrante del dúo de guitarras Nocturnos y el Quinteto El Amague) y nacional, convirtiéndose en Revelación de Cosquín en el 2001 con otra dupla, la que conformaba con su hermano. Ya abocado a un camino solista, Ramos empezó a darle forma a tangos propios y ajenos, registrándolos en un disco que, luego, llegaría a las bateas a través del sello local BlueArt Records. Mañana a las 21, Tangos tendrá su presentación oficial en la Plaza Cívica (San Lorenzo 1949), en un recital que se desarrollará con entrada libre y gratuita.

Para Mauro Ramos la relación con la guitarra se inició por simple curiosidad, cuando a los 11 años jugaba con la criolla que su hermano utilizaba para estudiar. “Empecé tocando de oído, tocando cosas solo y sacando muchos temas. Después empecé a estudiar con un profesor del barrio”, recuerda el músico. Con el tiempo, el rito se extendería por numerosas horas diarias, lo que derivó en un nuevo paso: “Cuando ví que iba superando cosas que parecían difíciles empecé a estudiar en Rosario con Claudio Zemp, a viajar, y a tocar con mi hermano, con quien armamos un dúo con el que anduvimos bien, porque tocamos por la zona, viajamos por la provincia y salimos Revelación en Cosquín. Pero a mí siempre me gustó tocar todo tipo de música, y con el dúo estábamos tocando tangos instrumentales conocidos, los dúos típicos de guitarra”.

Ya radicado en Rosario, Ramos comenzó a interpretar composiciones propias junto a otras de Piazzolla con el dúo de guitarras Nocturnos, para conformar luego el Quinteto El Amague, llegando después a la determinación de formarse como solista: “Empecé a estudiar para arreglar y tocar solo, pero no con un estilo clásico, sino improvisando en los temas, con un concepto más de jazz pero tocando música de acá. Con el tango encontré la forma de expresarme con la melodía, la armonía, para poder tocar lo que me gustaba”.

Ese gusto terminó redondeándose no sólo en las tres composiciones propias que aporta a Tangos, sino además en las personales versiones sobre reconocidas obras de Bardi y Cadícamo (“Nunca tuvo novio”), Stamponi y Castillo (“El último café”), Troilo y Castillo (“La última curda”), Piazzolla (“Decarísimo”) o Cobián y Cadícamo (“La casita de mis viejos” y “Nostalgias”). Porque, alejándose de toda sobreexposición innecesaria, Ramos no abusa de su virtuosismo, combinándolo con interpretaciones tan expresivas como sentidas. “Uno no puede estar haciendo notas rápidas una atrás de la otra durante todo el disco –reconoce a Rosario/12–. Además en el tango tenés que tener un momento de reflexión, y me gustó mucho el juego de tener un pasaje virtuoso y dos o tres pasajes tranquilos, con acordes nuevos, sacados de otros estilos. No soy un músico de tango, sino que estoy cerca porque es un género que me gusta. Siempre me gustaron mucho Piazzolla, Troilo, Grela, Salgán”.

En esa misma línea, el músico reconoce que el suyo “no es un disco enfocado para la gente de tango, sino para aquel que gusta de la música en general, que va a encontrar más cosas de dónde agarrarse”. “Y no hice un disco para guitarristas, sino para la gente a la que le guste la música. Por eso al momento de hacer los arreglos no me importó si un acorde sonaba a flamenco, si me gustaba trataba de meterlo igual. Siempre trabajé con mucha libertad, tratando de no expresar lo mismo en todos los temas”, agrega.

Mientras tanto, la amplia influencia de Ramos encuentra una mayor presencia en el terceto de obras que llevan su firma, sobre las que apunta: “Son temas que compuse en distintos períodos de mi vida, no los hice especialmente para el disco. El primero que hice fue `Tanguito`, inspirado en guitarristas como Juanjo Domínguez, con un estilo bien tanguero. Después hay una zamba instrumental, `Llora el cielo` porque también me gusta mucho Atahualpa Yupanqui, y está muy inspirada en su música. Y el último tema, `Alma`, creo que tiene muchas influencias de Egberto Gismonti, de Chopin, que son autores que me gustan mucho. Escucho de todo, y en el disco traté de que eso se note”.

Y aunque existe la posibilidad de que el músico sea encasillado dentro del terreno del tango, sus intenciones son las de continuar abriendo caminos. “Estoy estudiando mucho jazz, y me gustaría lo que a todo músico, lograr un sonido propio –confiesa–. Por eso estoy muy contento de estar en BlueArt, que es un sello dedicado al jazz y el tango contemporáneo donde hay gente como Gerardo Gandini o Ernesto Jodos. No creo entonces que se encasille lo que hago. Algo que sí me pasó, por ejemplo, cuando salimos Revelación de Cosquín haciendo folclore y tango. En aquel momento decidí seguir otro camino. Hay que tener paciencia y hacer lo que a uno le gusta y siente, sino no podés perdurar, ni trascender”.

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El sonido compacto del jazz (Rosario/12)

Por Edgardo Pérez Castillo

 

Si bien para algunos oídos pueda sonar extraño eso de compartir el liderazgo, el cuarteto que encabezan Marcelo Gutfraind y Paula Shocron podría citarse como un buen ejemplo sobre las bondades del asunto. Aunque, claro, se trata en este caso de dos músicos con sólidas trayectorias individuales que, reunidos en un conjunto que hoy integran además Carto Brandán (batería) y Julián Montauti (contrabajo), encontraron una voz unificada para hacer de sus composiciones personales una obra homogénea a nivel grupal. Al menos eso es lo que se desprende de Percepciones, el disco que esta noche presentarán en un concierto gratuito que se desarrollará a las 21 en la Plaza Cívica, San Lorenzo 1949.

En diálogo con Rosario/12, el guitarrista bonaerense y la pianista rosarina se refirieron respecto a ese sonido compacto de un cuarteto que transita por el jazz pero que encuentra también fuertes puntos de contacto con el folclore argentino. “Con Paula venimos tocando desde el 2001, entonces básicamente la comunión que existe entre su música y la mía hace que nosotros seamos homogéneos todo el tiempo. O sea, yo entiendo los temas de Paula y ella entiende los míos. Es como si, en algún punto, los temas fueran de los dos. De hecho así es como lo trabajamos. Cuando Paula trae un tema o yo expongo algo mío, después lo trabajamos en conjunto, proponemos ideas y va quedando una cuestión homogénea. Por eso también nos sentimos cómodos tocando lo que estamos tocando”, apuntó Gutfraind.

Por su parte, Shocron distinguió: “Creo que la homogeneidad está más en la cuestión de los arreglos, porque los temas de por sí son bastante diferentes. Las composiciones en sí son distintas, tienen cada una su propia personalidad. Pero en cuanto a los arreglos, de hecho somos los mismos músicos que trabajamos tanto para las composiciones de Marcelo como para las mías y ahí es donde entra la cuestión homogeneizadora. Los arreglos están hechos para el cuarteto y además, más allá de que el compositor tire la primera idea, los arreglos se hacen entre todos, o sea que esa homogeneidad no sólo está dada por nosotros dos sino también por Carto y por Julián, que también aportan creatividad desde su lugar”.

Mientras tanto, al momento de prestar sus servicios a la labor de acompañantes, la dupla no tiene inconvenientes en salirse de los roles tradicionales, según destacó el guitarrista: “El hecho de que te pidan cosas que no hacés frecuentemente está bueno. Hay temas donde Paula prefiere que yo no acompañe, entonces tengo que buscar otro tipo de situaciones, funcionar más como un saxo. La guitarra tiene una parte armónica muy interesante, y como ella es muy activa tocando busca que la acompañe de otra manera, con sonoridades que son relativamente nuevas a la guitarra. Eso está buenísimo, porque tengo que tocar desde otro lugar y es divertido. Lo mismo ocurre con Paula”.

Centrando esta presentación en las obras registradas en Percepciones –placa editada por el sello BlueArt Records–, el Shocron-Gutfraind Cuarteto incluirá también algunas nuevas composiciones, que, según distinguió la pianista, se distancian de la sonoridad folclórica que marcan a muchas de las creaciones que llevan su firma en este disco (y entre las que brilla inclusive una notable interacción entre el jazz y las coplas norteñas). “Creo que eso es algo que aparece solo, pero a veces no aparece. No me siento en una especie de hilo conductor en relación al folclore, aunque sí a veces surgen cosas que tienen que ver con eso, pero yo no las busco. Así las composiciones nuevas por ahí tienen otro color, otra idea que no tiene tanto que ver con el folclore. Depende de la situación, no hay una pauta en cuanto a la composición. Si sale eso es porque está, es la música con la que me crié entonces va a ir apareciendo, pero no está forzada”, concluyó la compositora.

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La compactera (La Nación)

Por Adriana Franco

EN VIVO-VENDOME 
JUAN FALÚ

Chacarera ututa, Taficeña/La tristecita, El bien perdido, Pueblito mi pueblo, La vieja; Algarrobo, algarrobal; La cuartelera, Luz de giro, Nieblas del Riachuelo, Canción del jangadero, Tres bailecitos, Noches de Catamarca (Epsa).

El guitarrista Juan Falú puede hablar y hasta dar un ejemplo de cómo una grabación informal -la que un sonidista puede hacer desde la consola de un concierto- se transforma en el nuevo disco “oficial” de un músico. Porque este disco no es otra cosa que eso: la grabación de un concierto que dio en 2001 en un festival francés. Cuatro años después, durante otra gira, un amigo se lo hizo escuchar y el guitarrista tucumano dijo: “Este va a ser mi próximo disco”. Aquí está el resultado. Y la verdad es que suena lindo, con asperezas y desprolijidades incluidas. Ahí están todos sus gestos, su espontaneidad, su improvisación y el pulso vigoroso que le imprime a obras propias y ajenas. Un verdadero hallazgo de Falú que es justo que sea compartido con el público.

BEGIN TO HOPE 
REGINA SPEKTOR

Fidelity, Better, Samson, On the Radio, Field Below, Hotel Song, Après Moi, 20 Years of Snow, That Time, Edit, Lady, Summer in the City (Sire/Warner)

Algo sutil, extraño, delata en la voz y en el piano de Regina Spektor su particular origen. Nacida en Rusia, criada en el Bronx e invitada especial de los Strokes en su momento de mayor furor, la cantautora deja que se deslice todo ello en las canciones de este álbum, el cuarto de su carrera (pero el primero editado en el país). Su voz puede ir desde un registro alto a un estilo grave a lo Billie Holiday (a quien le dedica el tema “Lady”) mientras que en su piano se ven los rasgos de su formación clásica, pero también la influencia de su origen ruso y del pop a su manera. Sus canciones son historias cortas, urbanas e introspectivas, en las que juega con otros géneros y sorprende con golpes fuertes y precisos (en “That Time” recuerda: “Ese tiempo en que decidimos besarnos en cualquier lado salvo en la boca”, cuando “sólo leí Shakespeare” para terminar con “cuando tuviste una sobredosis”).

PERCEPCIONES 
SHOCRÓN-GUTFRAIND CUARTETO

Seven Down, Bronce, Vuelve viento, Lejanías, Señales de humo, La jungla, Caleidoscopio (Blue Art).

A partir de este primer trabajo, la mirada de la escena jazzística recayó sobre este cuarteto que había tocado bastante poco pero que, evidentemente, usó ese tiempo de una manera muy provechosa.

Aquí presentan siete composiciones originales, algunas de las cuales ya han sido estrenadas en otro discos (“Vuelve viento”, “Caleidoscopio” y “La jungla”), pero que han encontrado otros colores en manos de este combo que muestra una excelente integración conceptual como también una estimulante veta creativa tanto en sus improvisaciones como en los arreglos.

Como contagiados por la fuerza de la pianista rosarina Paula Shocrón, Marcelo Gutfraind suena más decidido en su papel de solista y la sección rítmica exhibe una solidez llamativa. “Percepciones” ya está entre los mejores discos de este año.

César Pradines

ESTABA CANTADO 
FACUNDO SARAVIA

Ni falta que hace, Nostalgias tucumanas, Que de inconvenientes para visitar la Pancha, Amor y distancia, y otros (DBN).

“Sencillito y de alpargatas” suena este disco, como dice aquella canción de Omar Moreno Palacios. Aunque Facundo Saravia se mete en un problema cuando le toca cantar “Que de inconvenientes para visitar la Pancha”, uno de los temas que eligió para este CD y que es, justamente, de Moreno Palacios. Es prácticamente una carrera de obstáculos que pocos, descontando al autor, pueden atravesar con buena pericia. Pero aún con esto el disco suena sencillito y sin pretensiones. Con estilos tradicionales del folklore. Con clásicos como “Nostalgias tucumanas” y muchos temas propios. Con melodías como la de “Ni falta que hace” que quedan sonando en el oído. Con instrumentaciones actuales, pero sobrias y una manera de recrear los temas que no es otra que la de ceñirse al propio estilo. Un auténtico material a la manera de Facundo Saravia. Es cierto: estaba cantado. .


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Canciones de una generación (Rosario/12)

Por Edgardo Pérez Castillo

 

A las canciones de Adrián Abonizio –por lo pronto, a aquellas que incluyó en el flamante disco Extraño conocido, que hoy a las 21.30 tendrá su presentación gratuita en la Plaza Cívica de San Lorenzo 1949– pueden tildárselas de muchas maneras. Históricas, emblemáticas para la trova, poéticamente emotivas. Sin embargo, los rótulos se desmoronan ante la resignificación lograda con la placa editada por BlueArt Records, que cuenta con los arreglos de Carlos Casazza, quien además aporta su guitarra junto a la de Claudio Bolzani y el contrabajo de Charly Pagura (que para este concierto será reemplazado por Martín Marino). Desde esa sonoridad acústica, Abonizio se permite reabordar las composiciones creadas casi tres décadas atrás, reinterpretándolas desde la experiencia de una trayectoria que, según dejó en claro ante Rosario/12, le permite disfrutar de cierta condición de ilustre desconocido. Una currícula artística que, para forzar el autorreconocimiento del autor, debería agraciarlo con el don de la invisibilidad.

Porque Abonizio le esquiva a los elogios, y mucho más al autobombo. Aunque es allí donde gana capacidad analítica frente a su nueva obra. “La voz ha cambiado mucho, para bien, y es como volver a cantar las canciones en la génesis de lo que después se terminó llamando trova rosarina –admite–. En este caso soy un historiador de mí mismo, y tratamos de mantener una cronología de los hechos como algo casi periodístico. Y tienen un telón muy importante, porque no fueron compuestas ni en el exilio ni de vacaciones en Mar del Plata, fueron compuestas en Rosario en situaciones históricas de dictadura. Eso no las avala o convierte en algo de mayor o menor compromiso, sino en una fotografía, una instantánea de la época. Entonces tratamos de respetar esas instantáneas y no alterar el orden incluyendo temas que no correspondieran a esa cronología, porque son canciones del año 77 hasta el 83, cuando las canciones fueron grabadas por mí, en menor medida, y en mayor medida por Juan (Baglietto) y otros intérpretes”.

-Al escuchar el disco, da la sensación de que no apunta a ser un “grandes éxitos”, sino que tiene otro espíritu.

-Lo que pasa es que yo nunca los consideré grandes éxitos. Apenas las consideré buenas canciones. Lo que vino después fue producto de que se fogonearon, a través de Buenos Aires, canciones que fueron hechas acá. Ahora es como que volvemos al principio, hacemos de cuenta que no pasó nada y las volvemos a hacer como fueron concebidas. En todo caso pertenecen a un pequeño manual de historia que cada uno tiene en su cabeza, y corresponden a una etapa. Aparte mucha gente las quería escuchar en este formato. Contradiciendo eso de que uno no escucha a la gente y va siempre para adelante a la búsqueda de temas nuevos, de cantidad, buscamos un poco de calidad en diez temas, para lograr un disco que no sea largo, y que sea fiel a esa época en la que fue compuesto sin equipos, sin estudios, sin grandes pretensiones.

-De esas canciones hay muchas que fueron más escuchadas en la voz de otros cantantes.

-Claro, hay algunas que pese al autor, que soy yo, se convirtieron en caballitos de batalla de una suerte de generación. También hay algunas canciones que uno tenía olvidadas porque fueron grabadas en discos casi anónimos, por eso lo de Extraño conocido, porque a veces al autor no se lo conoce mucho. Y no es que uno viene a reivindicarse, porque realmente no lo preciso, porque si lo precisaría se notaría en el disco, haría algo más ampuloso, buscando más golpes bajos. Esto es como pasar en limpio lo que fue compuesto en distintas cocinas de distintos lugares donde uno vivió. Este es un disco que no perdió vigencia, porque está más o menos bien escrito. Queda mal que lo diga yo, pero si lo escucho no me sobresalta, no me choca, porque el 80 por ciento de esas canciones que grabamos las sigo tocando. Y las otras se me perdieron o las olvidé porque me parecieron muy inocentes en el sentido de que representaban unas ganas de que sucediera algo, y la canción ayuda aparentemente a que eso suceda. Como “Plantas argentinas” o “Cantándole a los vivos”, que no las había cantado más.

-Dice que su voz está mejor ahora que en aquel momento. ¿Cree que las canciones se resignificaron a partir de la interpretación?

-Sí, uno antes de grabar tiene que pensar si las palabras no se han vuelto en contra, si las historias han perdido vigencia o si uno ya no piensa lo mismo que antes. Pero como es poesía, y no tiene la pretensión de ser un testimonio de época, es inalterable en el aspecto de que por más que pase el tiempo sigue siendo poesía. En cuanto a la interpretación creo que aprendí mucho. Antes no me consideraba un cantor, pero ahora considero que puedo cantar mejor, aprendí algunos yeites gracias a haber tocado mucho. Hoy puedo cantar esas canciones con un poco más de conocimiento de lo que significa cantar. Antes a lo mejor andaba a los gritos, pero creo que lo hacía porque era más joven y había una necesidad de ser escuchado. Ahora uno ya fue escuchado, la generación de la Trova Rosarina ya se escuchó, con todos los errores que teníamos ya se sabe que somos buenos, que podemos integrar una lista de Pekerman, si hubiera una. Nuestras canciones, no sólo las de este disco, están metidas en la historia como un color más entre las tantas que hubo, están en los libros de texto, las cantan en los colegios, a veces en días patrios.

-¿Está conforme entonces con el resultado?

-Sí, mucho más de lo que creía. Nos dimos cuenta de que podíamos tener un buen disco, que podíamos homenajear a esas canciones sin desvirtuarlas y sin la necesidad de pensar en las versiones de otros. Lo que causa gracia es que el técnico que mezclaba eso tenía dos años cuando yo cantaba estas canciones. Pero le pasa a todos los tipos que van llegando a los 50 años, que tienen la necesidad de pasar en limpio y seguir.

-Más allá de lo que pase con Extraño conocido, ¿le interesaría continuar con esta mirada histórica de su propia obra?

-Sí, de hecho me interesaría armar un tríptico, hacer dos discos más. Pasar en limpio y a formato acústico las otras canciones que no han sido muy conocidas. Es como un libro de historia, porque las canciones de Extraño conocido fueron escritas en dictadura y nacieron en democracia. Sería bueno hacer otro disco con canciones escritas en democracia y un tercero con temas acostumbrados a la democracia. Depende mucho de las finanzas, de las ganas y el convencimiento, pero si uno hace un correlato de lo que está escuchando en este disco, se va a situar en una época en la que algunas cosas siguen igual, otras empeoraron y otras mejoraron. Pero sí se sitúan en una época en la que cantar esto era raro, era difícil. No éramos los únicos, por supuesto, pero por lo menos yo cada canción no la puedo sacar del contexto de quien gobernaba. La única forma que uno tiene de defensa es evidenciar el momento que está pasando. La música es un oficio muy riesgoso en el sentido de que queda mucha gente en el camino. Siempre se está soñando con una fama que no llega. Por suerte en mi caso no va a llegar nunca, ni me la merezco, la creo merecer, ni la preciso o pretendo. Pero sí hay un reconocimiento y muchas historias que me han pasado con canciones mías que han tenido caminos realmente insólitos con respecto a como uno las concibió.

-Cuénteme una.

-Una vez iba en un colectivo en Buenos Aires y un tipo vestido de payaso cantó “El témpano”, pero con la letra cambiada. Justo coincidimos en la parada, me bajé con él y le dije: “Che, esa frase no es así, es de otra forma”. “Yo no la cambié –me dijo–. Siempre me gustó pero no tenía plata para comprarme el cassette, y tuve la suerte de que caminando por la calle me encontré la letra en un cancionero, pero estaba sucia, borrada, y yo leí eso”. Lo que él cantaba era otra cosa, pero la cantaba con fuerza y ganas, entonces yo no tenía por qué corregirlo.

-¿Le dijo que el tema era suyo?

-No, para nada. Jamás lo hago, porque ese es uno de los placeres que a uno le da ser un conocido en forma anónima. Si uno pudiera llegar a la invisibilidad sería un placer enorme.

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Un río. Un piano. Una mujer (Tomajazz.com, España)

Así podría comenzar la historia de esta centelleante opera prima registrada en un centro cultural pegado al Paraná que ya alumbró interesantes trabajos en solo piano, como los de Gerardo Gandini (Flores negras) y Ernesto Jodos (Solo).

Apenas finalizada una actuación de la pianista en el Festival de Jazz de Rosario, el productor Horacio Vargas le comunicó su deseo de publicar ese material para BlueArt. Así fue que, casi sin planificarlo, Paula Shocron vio nacer el primer álbum a su nombre. Llevaba yo ya unos meses con ganas de conocerlo, había leído algunos comentarios de la crítica especializada argentina que hablaban de ella como la revelación del 2005. Luego vi que este disco había sido calificado con cinco estrellas en Cuadernos de Jazz (por Carlos Sampayo) y más tarde pude apreciar el formidable papel que desempeñaba Paula en la última entrega del batería Pepi Taveira (Bs. As.
Inferno). La escucha de “La voz que te lleva” fue a la vez una inequívoca confirmación y una feliz sorpresa.

A través de ocho cortes (tres de Monk y los restantes de la pianista), Paula articula un lenguaje de una madurez y personalidad infrecuentes en un debut discográfico. Debut por otra parte bastante inusual éste por su formato en solitario.

Desde el primer tema, el río interior de la Shocron fluye con asombrosa naturalidad, transportándonos por territorios sonoros de gran inventiva que van de los vaivenes rítmicos y los recodos angulosos a los espacios intimistas y los remansos reflexivos.

En ese caudal tan personal confluyen el latido de Monk, el sonido post Jarrett, las influencias de la música de cámara y algún aire folklórico que podría recordar a Manolo Juárez.

Las lecturas de “Monk’s Mood”, “Off Minor” y “Evidence” son algo más que un sentido homenaje. En estas composiciones (¡cuánta música hay en ellas!) la rosarina encuentra un material óptimo para expresarse, para hacerlo suyo moldeándolo en elaboradas deconstrucciones y, finalmente, para hacerse con la complicidad del oyente atento.

“Vuelve viento”, “Caleidoscopio”, “La voz que te lleva” y “El golpe” nos enseñan que como compositora, Paula Shocron tampoco se queda atrás. Y si durante el recorrido de los primeros siete temas, admiramos a una instrumentista con un delicioso toque percusivo, una enérgica mano izquierda y una derecha que domina todas las velocidades, al llegar a “Coda” nos encontramos con una percusionista lúdica y audaz que pone un broche de oro a su debut en disco improvisando sobre una rica variedad de ritmos de raíz folklórica. El final es toda una invitación a volver a pulsar el Play, a comprobar que La voz que te lleva gana con cada escucha, a sumergirnos en ese hipnótico paisaje .

Hay junto al río un piano. Junto al piano, una mujer. Imposible saber dónde empieza el río, dónde acaba el piano, dónde la mujer.