Publicado el

En abril, vuelve el ciclo “JAZZ EN EL FONTANARROSA y EN EL ECU”

 

 

Jueves  9, 21 hs. CCRF, San Martín y San Juan.

SEMILLA NEGRA .El dúo compuesto por  Florencia Ruiz (banjo y voz) y  Natalia Nardiello (piano) se convirtió en uno de los mejores exponentes de la música tradicional afroamericana. El repertorio incluye temas de blues tradicional, blues rural, gospel, jazz tradicional y country.Ver video:  https://www.youtube.com/watch?v=Q7BCTba1tPM

RUGGIERI-RUGGIERI DU0.El dúo, formado en 2013 e integrado por Mariano Ruggieri en sintetizadores y LucianoRuggieri en batería, interpreta un repertorio basado en composiciones originales, donde laimprovisación e interacción tienen un papel fundamental.

 

Viernes 10, 21.30 hs. CCRF, San Martín y San Juan.

NEBREDA TRIO. Walter Nebreda en piano (quien hace poco regresó a la ciudad luego de una  gran experiencia en Europa), Pau Ansaldi en batería y Nico Boixader en bajo, logran un sonido de fineza pocas veces encontrada en el ámbito nacional, que conjuga a su vez un amplio abanico de estilos, siempre encontrando en el jazz el modo de canalizar sus expresiones.

 

FRANCO FONTANARROSA & AMIGOS. En lo que seguramente será una interesante propuesta para los amantes del avant garde, la experimentación, el arte multidisciplinario, el notable bajista Franco Fontanarrosa propone un set como solista, íntimo y visceral, y luego compartirá el escenario con Florencia Balestra, quien hará dibujos en torno a la música, y Alexis Perepelycia, en laptop y percusión.

Ver video: https://www.youtube.com/watch?v=vBLeb7mR4ng

MANDELMAN SEXTETO. El baterista porteño Hernán Mandelman presenta su nuevo disco, Reflexiones en verano (BlueArt Records) junto al trompetista  Juan Cruz de Urquiza y el saxofonista Rodrigo Domínguez (ex integrantes del  célebre Quinteto Urbano), el saxofonista radicado en Holanda, Natalio Sued, el pianista Francisco Lo Vuolo y el contrabajista Sebastián de Urquiza, un verdadero seleccionado del jazz argentino. El baterista reúne composiciones propias atravesadas de un gran lirismo y expresión rítmica.

Ver video: https://www.youtube.com/watch?v=Y9jZRwbpvQc

 

Sábado 11. 19.30 hs. ECU,  San Martín  750

ERNESTO JODOS.El pianista de jazz, Ernesto Jodos,  presenta su nuevo disco de solo piano, editado por el sello BlueArt Records,  en el Espacio Cultural Universitario (ECU).  Se llama “Actividades constructivas” y reúne 11 temas con música original e improvisaciones espontáneas. PRIVATE
A una década de la edición de “Solo”, su primer disco para BlueArt,  que fue recibido con críticas excelentes en el país y el extranjero, Jodos volvió a grabar un disco de solo piano que va en camino a convertirse en uno de los mejores discos de jazz del año.

Mirá el video promocional:

https://www.youtube.com/watch?v=NSpi9e8kFHE

 

Notas de Prensa:

http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/Entrevista-Ernesto_Jodos_0_1265873440.html

 

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-34235-2014-12-13.html

 

Sábado 11. 21.30 hs. CCRF, San Martín y San Juan

SUAREZ SOCOLSKY SUAREZ . El proyecto del trío compuesto por Pablo Socolsky (piano), Fermín Suárez (contrabajo) y Mariano Suárez (trompeta y flugëlhorn) comenzó con la producción de la música original para la muestra fotográfica “Portugal”  de  Nicolás Buraczok  en Rosario. Las composiciones  de este nuevo grupo de jazz de la ciudad  conjugan  la improvisación colectiva con elementos jazzísticos como aspectos  relevantes  en un marco cercano a lo camarístico.  Este año, el sello BlueArt Records editará su primer disco.

 

OLIVERA & LUQUEZ. Entre 2002 y 2006, el dúo conformado por el saxofonista Mario Olivera y el pianista Leonel Lúquez le dio forma a tres discos notables que dejaron plasmada la personal mirada con la que la dupla abordaba al jazz, al tango y al bossa nova. Después de un receso, Olivera y Lúquez se reencontraron para seguir alimentando esa voz personal, en una nueva etapa en la que la mirada está puesta esencialmente sobre el jazz.

 

 

Publicado el

Muy buen jazz con sello propio (Ámbito Financiero)

Discurso recurrente pero no por eso menos cierto: es impresionante lo que han crecido el nivel técnico, la preparación académica y la destreza de los músicos en las últimas décadas. Y este fenómeno, que se hace evidente en muchísimos géneros en todo el mundo, tiene felizmente su correlato en la Argentina, donde en músicas como el jazz estamos a la altura de los principales centros internacionales.


Sumémosle a eso que, para alegría de este cronista y para cierto enojo de quienes prefieren seguir escuchando infinitas nuevas versiones de los “standards”, son unos cuantos los músicos que se atreven con composiciones propias. De eso, resultan montones de discos, con muchísimos temas originales, interpretados por combos que casi siempre se arman exclusivamente para las grabaciones, a costo y riesgo de los propios artistas. Y todo vale para el material que aquí comentamos.

Hernán Maldelman es un baterista que hace ya unos años forma parte de la escena porteña del jazz. Ha sido responsable de distintas formaciones y con distintos compañeros. Para este nuevo álbum, eligió armar un grupo con Natalio Sued en saxo tenor, Juan Cruz de Urquiza en trompeta (un lujazo para el disco), Rodrigo Domínguezen saxo alto, Sebastián de Urquiza en contrabajo y Francisco Lo Vuolo en piano. Se reservó para él los lugares del baterista, el compositor de todos los temas y el director del conjunto. Se movió en un lenguaje que podría asociarse al del “bebop”, con solos de gran despliegue creativo repartidos entre todos los músicos.

El único gran problema de la aparición de buenos discos como éste es la sobreoferta que dificulta la comunicación (y no tanto la producción, como antes), en tiempos en que, paradójicamente, se han multiplicados las vías de relacionamiento humano.

 

Link Fuente

Publicado el

Ernesto Jodos y una soledad compartida (Argent Jazz)

 

John Cheever solía decir que “El nadador”, uno de sus cuentos más conocidos, había sido de los más difíciles de escribir. “Dos meses de trabajo constante y 150 páginas de notas para 15 páginas de cuento”, recordaba en sus memorias, dando cuenta del enorme y paciente trabajo que subyace bajo una lograda sencillez.

“El nadador” es el segundo tema del nuevo disco de Ernesto Jodos: “Actividades constructivas” y un doble homenaje a un mismo tiempo.  Al cuento homónimo y al recordado Gerardo Gandini, su colega en la música y el piano, quien le hizo conocer al narrador norteamericano.

Y es que en “Actividades constructivas”,  como en la narrativa de Cheever,  la complejidad es el andamiaje interno sobre el que descansa la simplicidad de la belleza. La elaborada trama que sostiene una sencillez solo aparente. Por eso los once temas que  integran el disco tienen una entidad común. Exploración y desarrollo. Pocas notas y el silencio como un hilo conductor del mensaje.

Esto queda expuesto claramente en temas como el introspectivo “Láminas” y su lento andar hacia las profundidades del sonido, o en el lirismo de “Redondas”  o la melancólica “Perspectiva”. Aunque sin aviso se instale de pronto el rítmico “Manos como personas”. O que la  intensa y caótica  improvisación de “Actividades constructivas”  se adueñe del espacio, para que luego se exhiba la riqueza de  ciertos “Baúles del mundo”, el único tema que excede largamente los cinco minutos.

“Actividades constructivas” contó con la producción ejecutiva de Horaco Vargas y la coproducción artística del guitarrista Carlos Casazza. “Carlos estuvo en la grabación y posterior selección de tomas y armado. Fue muy útil contar con una persona afín para debatir ciertas cosas y ver que muchas veces coincidíamos. En un disco de piano solo no hay con quien intercambiar ideas”, explicó Jodos.

 
 “Actividades constructivas”.
Ernesto Jodos. Solo piano
 
 1.- Ll #7   5:12   
2 .-El nadador 3:00     
3 .-Láminas 5:15 
4 .-Actividades constructivas 3:46 
5 .-Baúles mundo  8:14
6 .-Trató de explicarle 3:44  
7 .-Perspectiva 4:20    
8 .-Manos como personas 2:44     
9 .-Láminas (Reciclaje) 2:52 
10 .-Redondas 5:17     
11 .-Hablándose a sí mismo  3:10
 
 
 
Todos los temas fueron compuestos por Ernesto Jodos.
Productor Ejecutivo: Horacio Vargas. Productores artísticos: Ernesto Jodos y Carlos Casazza.
 
LINK
Publicado el

“Acá está todo mucho más expuesto” (Página/12)

 

Por Diego Fischerman

Nada es exactamente lo que parece. O, por lo menos, no lo es en el caso de las obras complejas, ricas, inquietantes en el mejor sentido posible. A veces el rasgo más evidente –y nunca el único– es la explosión. Otras, la implosión: una gigantesca concentración de energía reconcentrada en sí misma. La manera de tocar el piano y también las formas de componer de Ernesto Jodos, afortunadamente son difícilmente reductibles. Maestro ya de dos o tres camadas de grandes pianistas del jazz argentino, director de la carrera dedicada a ese género en el Conservatorio Manuel de Falla, y con una carrera de una solidez y coherencia apabullantes, acaba de grabar su segundo disco de piano solo. El primero, hace diez años, fue registrado y editado en Rosario; este, también.

Aquel álbum, grabado en dos sesiones en el Centro Cultural Parque de España, se llamaba Solo. Este, que Jodos presentará en Buenos Aires hoy a las 18, en la sala de cámara de la Usina (Caffarena 1, esquina con Pedro de Mendoza), fue grabado en el estudio del notable pianista Alexander Panizza. Se llama Actividades constructivas y, como el otro, fue publicado por el sello BlueArt. “Grabar un disco de piano solo tiene una especie de valor simbólico agregado. Tal vez, no tan simbólico”, reflexiona Jodos en una conversación con Página/12. “Para un pianista de jazz que pasa casi todo su tiempo tocando con otra gente, el hacerlo solo implica, por un lado, un desafío técnico distinto y, por otro, un gran despliegue de posibilidades tímbricas, y de planos sonoros. Uno lleva la música hacia determinado lugar sin estar pendiente de si se escucha o no, o de lo que otros van aportando. El compromiso es con uno mismo. Y está todo mucho más expuesto, para bien y para mal.”

Acompañante de grandes músicos del género, como Michael Brecker, Paquito D’Rivera, Barry Altschul, Ingrid Jensen, Billy Harper y Charles Tolliver, más allá de los límites del jazz ha participado en proyectos de Raúl Carnota, Pedro Aznar, Mercedes Sosa y Lucho González, además de haber gestado un dúo tan atípico como productivo –y siempre situado en la frontera no sólo entre géneros sino, también, entre modelos constructivos y, en particular, entre la improvisación y la música escrita– junto al compositor Gerardo Gandini. “Si se piensa este disco en serie con el de hace diez años, una primera diferencia es que en éste no hay standards; no hay composiciones ajenas”, dice Jodos. “En Solo había una mayoría de temas que no eran míos y esto obedeció, tanto en aquella oportunidad como en ésta, a una decisión muy consciente. Me parece que no hay nada muy valioso que tenga para aportar, ahora, a ese repertorio. Antes, no sé si al repertorio pero sí, claramente, a mí. Para la manera en que sentía como músico, medirme con esos temas nucleares del jazz era importante, en ese momento. Pero no ahora. Para tocar los temas con la libertad con la que me gusta tocarlos, preferí directamente hacer improvisaciones, sin tema previo.”

Con una discografía prolífica, repartida entre BlueArt –donde también publicó De/Generaciones, el dúo con Gandini, y el excelente Fragmentos del mundo, de 2011–, Bau, S’Jazz, Pai y Sony, Ernesto Jodos diferencia la experiencia de grabar y publicar de la de tocar en vivo. “Hay cosas que están bien en un boliche, uno las disfruta y el público también. Pero cuando se hace un disco es algo que uno se imagina mucho más perdurable. Tiene que ser capaz de hacer que quien lo compró tenga ganas de escucharlo más de una vez. La exigencia es distinta. De todas maneras es distinto cuando se toca con un grupo con el que uno está ensayando desde hace un tiempo, y tiene claro un material y una manera de improvisar, que algunas juntadas más informales. En los primeros casos diría que siempre pienso un poco como si estuviera grabando un disco, en el sentido de concentrar la música, de no tocar de más, de lograr una especie de esencia de la música que se está tocando. En los otros uno se permite más cosas. Es más relajado.” El otro aspecto al que el pianista le confiere una gran importancia es la docencia. “En principio uno lo piensa en la dirección contraria, desde la experiencia de tocar y ver qué cosas uno piensa y cuáles lo ayudan a encontrar un estilo propio hacia los alumnos. Tratar de sistematizar lo que uno atraviesa como músico práctico y, digamos, curioso, para que les sirva a los estudiantes. Pero hay algo que sucede en sentido contrario: desde la práctica de la enseñanza hacia lo musical propio. Y es que ese pensar en cuestiones generales y tratar de volverlas entendibles acaba modificando también, aunque no me dé demasiada cuenta de cómo, la manera de tocar.”

Publicado el

Todos los colores en un piano solo (Clarín, Revista Ñ)

 

POR SANDRA DE LA FUENTE

Pasaron diez años desde Solo , su primer trabajo solitario, y Ernesto Jodos decidió dejar encerrarse en el precioso estudio que el pianista Alexander Panizza tiene en Rosario para grabar, en unos pocos días, un nuevo solo piano, Actividades constructivas . “La idea de dejar de buscar excusas, de posponer y de ponerme a trabajar de una vez, de dedicar mi tiempo a algo constructivo es la que se impuso, de ahí el nombre”, cuenta en charla con Ñ, días antes de presentar el disco que editó el sello BlueArt, en la Usina del Arte, hoy sábado a las 18. “Me inhibía la neurosis pianística, porque encontrar el piano donde grabar es siempre difícil, como también encontrar el sentido para hacer las cosas –¿vale la pena grabar un solo piano? ¿para qué?– porque atrás de la grabación viene la presentación y en Buenos Aires es difícil presentar un disco de solo piano.

–¿Porque no hay salas con buenos pianos?

No sólo por eso. Los clubes tampoco son lugares ideales para tocar piano solo. Y es difícil que los programadores acepten ese formato.

–Hubiera creído lo contrario, que un piano solo era muy vendedor.

Puede ser muy atractivo, pero es una cuestión de volumen. En los clubes la gente habla y el piano pasa a un segundo plano, y se produce ese horrible efecto de convertir la presentación en algo similar a un piano bar.

–Me parece que el efecto piano bar depende mucho del grado de originalidad del pianista.

No creo que se llegue a poner en la balanza la originalidad del pianista. En una época los programadores te decían directamente que un sábado por la noche sólo aceptaban grupos con saxofonista. Así que mejor no quejarnos si ahora ya podemos prescindir del saxo pero debemos aceptar que el piano solo no es tan atractivo. Como fuera, a mí se me hacía muy importante grabar un disco de piano solo. No era un disco más y como todas las cosas que uno pospone, este disco se fue agrandando como problema en mi cabeza. Finalmente apareció el estudio de Panizza, un estudio que mira al río, que tiene un Bösendorfer y un Steinway. Se terminaron las excusas y me puse a grabar.

–Tenías ya pensado un repertorio.

El repertorio es mínimo. Algunos temas míos, unos muy viejos y otros más nuevos y luego, improvisaciones.

–Hay varios momentos en los que parece evocarse la música de Gandini, el Gandini de Eusebius, más dispuesto tallar, a cavar una pieza que a adornarla. Y en otras aparece un movimiento en la mano izquierda que no parece muy usual en el jazz.

–Cierto, hay momentos gandinianos. Le dediqué especialmente una pieza que llamé “El nadador”, como el cuento de Cheever.

–¿Cuál es la relación entre “El nadador” y Gerardo Gandini?

Fue él quien me recomendó que leyera a Cheever. Respecto de lo que decís sobre el movimiento de la mano izquierda, creo que los cambios aparecen al pensar un poco qué podría ser tocar solo, dentro del lenguaje de la improvisación. Keith Jarrett dice que una de las cosas que puede estar en la cabeza del que improvisa es qué hace la mano izquierda en el jazz. Este disco tiene ideas de ese tipo, no creo que sean innovadoras, pero son maneras, por lo menos propias, de pensar qué hace la mano izquierda en el piano del jazz. Y lo que percibo es que en el formato más cercano a la canción, aparecen recorridos más convencionales, la típica mano izquierda jazzera; en cambio, en las improvisaciones más libres, la mano izquierda sigue un camino más personal. De cualquier modo, no me gustaría pensar que se escuchan muchas notas, que hay demasiada polifonía.

–Una de las características más evidentes de tu pianismo siempre fue el cuidado por el sonido, la búsqueda de un toque particular, que se manifestaba incluso es aspectos externos tan evidentes como el de elegir una banqueta muy baja para tocar. Era un poco cómico verte: una especie de Glenn Gould del jazz local.

Seguramente, los tiempos que me viste tocar con una banqueta tan baja coincidieron con los de mis clases con Sofía Rossoff. Fue ella quien me sugirió que bajara la altura de la banqueta, entre otro montón de cosas. Como casi siempre pasa con ese tipo de indicaciones, uno se pasa de rosca. Cuando volví a verla me pidió que la subiera, que no tocara tan abajo. En mi relación con el piano estuvo siempre presente la cuestión del timbre. Y a través de los años fui buscando muchos más colores. En algunos momentos creo haberlos encontrado. Si en algo puedo decir que escucho una evolución dentro de mi relación con el piano es que mi oído se ha vuelto cada vez más tímbrico.

–Cuando dijiste que el disco se llamaba Actividades constructivas relacioné el título con las variaciones progresivas brahmsianas. Hay piezas en las que realmente se escucha un desarrollo a partir de un motivo básico.

Sí, en algunas improvisaciones pensé en un núcleo que se desarrolla, en la idea de tomar unas pocas notas y llevarlas a algún lado. Diría que de los compositores académicos, Brahms es de los que más me interesa. Me gustan muchísimo sus baladas y sus intermezzos. Pero la verdad es que el título viene de una cuestión muy personal, de mi deseo de dejar de hacer pavadas y dedicarme a hacer algo constructivo, de mis ganas de practicar más, de estar más enfocado, sin rayes en la cabeza, sin dejarme llevar por las neurosis.

–Desde 2006, estás a cargo de la tecnicatura de jazz del Conservatorio Manuel de Falla. A ocho años de la creación de esa carrera, ¿cómo evaluás los resultados alcanzados?

Ya hay varias camadas de egresados. Creo que la tecnicatura vino a cumplir un rol vacante en la ciudad, porque a nivel público estaba la Escuela de música popular de Avellaneda y otra con un plan similar en la zona Oeste. Pero en la ciudad no había nada.

–¿Por qué hablás en plural?

Porque fue una idea de Claudio Espector, director a cargo del Manuel de Falla en aquel momento. Se hizo la carrera y los primeros estudiantes eran músicos que ya venían tocando, con bastante experiencia, pero con formación desprolija dentro del jazz.

–¿Desprolija?

Sin marco institucional. Con algún profesor por aquí y otro por allá.

–¿Hay contenidos propios para la preparación de un músico de jazz?

Yo creo que sí y, en general, todos los que estamos en la carrera creemos que sí. Me parece que uno de los éxitos de la carrera se debe a que todos los profesores son músicos en actividad y tienen su proyecto musical. Todos tenemos concepciones musicales diferentes pero tenemos en común que creemos que es importante trabajar sobre algunas cosas que son falencias en la preparación de los músicos.

–¿Por ejemplo?

El trabajo del aspecto rítmico del jazz.

–¿No lo adquirirían de ningún modo en la academia de música clásica?

No, claro que no. De cualquier modo, la debilidad rítmica es una de las marcas del músico argentino, incluso de los que tocan música popular.

–Se cuenta que Hilda Herrera –gran pianista y maestra— exige a sus alumnos durante mucho tiempo que toquen sólo patrones rítmicos en el bombo, y mucho tiempo después trabaja sobre el piano.

Es que en la tradición musical argentina el aspecto rítmico no es muy fuerte. Ahora parecería que el candombe se ha sumado a la tradición argentina, pero sin entrar en esa discusión, la preparación rítmica de los músicos es pobre.

–Sin embargo, los ritmos del folclore son complejos.

–Sí, pero no son porteños. En Buenos Aires estamos lejos de la chacarera auténtica. Lo que nos llega es la de Los Nocheros. Muy poca gente está en contacto con la chacarera real desde su infancia.

–Y los ritmos rioplatenses, con los que sí estamos en contacto desde siempre los porteños, ¿no son lo suficientemente rítmicos?

Lo que digo es que el grueso de la gente que estudia música no está en contacto con esos ritmos. Esa es mi visión. Pero seguro que me estoy equivocando porque mi visión debe abarcar sólo diez cuadras a la redonda. Aunque no puedo dejar de decir lo que percibo. En todo caso, todos los músicos que enseñamos en la tecnicatura vemos la necesidad de fortalecer las cuestiones relacionadas con el ritmo y luego recorrer los diferentes estilos del jazz. Y ya hay muchos alumnos que tocan muy bien y que se formaron en la carrera. Si uno toma la programación de Thelonious, Virasoro o del Festival de Jazz de Buenos Aires, ve que hay muchísimos nombres de graduados y alumnos de esta tecnicatura.

–Vino a reemplazar al Berklee de los 90, los tiempos del dólar barato.

¡Yo fui uno de los que aprovechó esos tiempos para estudiar afuera! Ahora, mucha gente del interior viene a estudiar, se toman el micro una vez por semana para venir a las clases. También hay alumnos de Colombia y de Perú. Con ellos se crean conexiones musicales muy interesantes.

–Hablás de una cantidad de nuevos músicos que aparecen en Buenos Aires; sin embargo, respecto del movimiento que había diez años atrás, el escenario del jazz parece retraído.

¡No comparto para nada esa opinión! La cantidad de lugares para tocar ha variado poco, siempre fue un número muy acotado, pero ahora hay muchos más músicos que se los disputan. El ambiente del jazz creció en músicos. Hay muchísimos más jóvenes tocando y muchísimos nuevos discos. Lo que sucede es que no tienen la misma exposición que hace diez años. Por alguna razón no terminan de salir a la superficie en los medios, pero tocan muchísimo. Aquí tal vez tenga yo una crítica para hacerle a tu trabajo: hace diez años, vos y muchos críticos escribían sobre lo que sucedía en el jazz porteño, escuchaban las novedades. Hoy, en cambio, ya no se hace crítica de jazz, Los críticos sólo van a ver lo que conocen desde hace tiempo. Entonces, los nuevos no se conocen.

–Nombraste el Festival de Jazz, ¿cuál es tu evaluación sobre el desarrollo del BAJazz, a seis años de gestión del pianista Adrián Iaies?

– El Festival de jazz se convirtió en algo orgánico desde que lo programa Adrián. Lo armó con un criterio claro, con ideas muy fuertes que incluso aparecieron ya en la primera edición, la de 2008. Tal vez los músicos no seamos los mejores evaluadores porque nuestras visiones están siempre sesgadas por lo que el festival nos da a nosotros. En ese sentido, yo tengo la suerte de haber participado y de participar bastante allí. Pero hay algo objetivo que yo no puedo dejar de pensar, y es el vínculo que el Festival estableció con la carrera de jazz del conservatorio. Después del primer año Adrián y yo nos juntamos a hablar. Yo le propuse que hubiera una relación más estrecha del festival con la carrera y él se tomó el tema muy seriamente. Desde el 2009 vinieron músicos extranjeros a trabajar casi exclusivamente con los alumnos de la carrera. Se generan cruces donde participan profesores del conservatorio. Los músicos trabajan durante dos días completos con los alumnos. Eso es algo que no tiene precio.

–Y que sitúa al conservatorio y a la ciudad de Buenos Aires en otro punto del planeta, más cerca del mundo.

Totalmente. De entrada, los alumnos del conservatorio tienen contacto con músicos sensacionales. A mí toda la idea de los cruces que hace el BAJazz me parece una pegada. Me parece que es un festival que creció y se mantiene. E imagino que no debe ser fácil mantenerlo teniendo en cuenta los recortes presupuestarios que sufre la cultura en todo el aparato estatal. Después, hay que decirlo, no pensamos todos igual respecto de la programación; hay cosas que me gustan más y otras que me gustan mucho menos. Pero si pienso fríamente también en este punto, tengo que decir que los músicos que trajo Iaies son muy buenos, no tiró el dinero en estrellas sino que trajo músicos muy interesantes, que hacen una música muy diferente. No es fácil encontrar festivales en Latinoamérica que traigan esa clase de músicos. Tal vez el único punto que se pueda discutir respecto del Festival es que sea sólo de gestión estatal, que no tenga un soporte privado. Pero esa es una característica del país y de todos los festivales que se hacen en Buenos Aires. Aquí no existe un festival de música de gestión privada en la que el Estado colabore. En Europa, los privados hacen los festivales y el Estado asegura ciertas cosas. No son festivales asociados a ningún gobierno, no hay empleados del Estado trabajando para la organización del festival de Orvieto, por ejemplo. En nuestro país, la gente que trabaja en el festival de jazz está en una oficina que pertenece a un gobierno. Eso hace que las cosas se confundan un poco. Pero eso no tiene que ver con la gestión de Iaies, que ha mostrado ser muy buena.

 

Publicado el

Página/12 le pone un 9 a Hora Libre

Radicado en España, Guillermo Bazzola fue uno de los músicos más influyentes del jazz argentino, tanto por los grupos que armó –y los jóvenes que descubrió– como por la información que puso en circulación. En una de sus vueltas despuntó el vicio, se juntó con Ernesto Jodos, en órgano Hammond, Rodrigo Domínguez en saxo y, en la batería, el español Juanma Barroso y logró un disco tan ajustado como fresco. Los homenajes al admirado Abercrombie y al viejo y buen jazz rock son, apenas, un vehículo para la poderosa originalidad. 

Diego Fischerman

 

Más información clikeando aquí