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El guitarrista Gabriel Data y el pianista Alejandro Tejeda grabaron hace 20 años un disco de tangos. Se trata de unmaterial valioso que se edita por primera vez. No sólo es un registro de época en Rosario sino de una música quesensibiliza por su audacia, su picardía, y por la entrega de dos músicos en aquel entonces, sin prejuicios, para elabordaje de un género que los emocionaba. Las versiones “Nocturna”, “Milonga de mis amores” y “Tinta Roja” dan cuenta de ello.

 

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Aquellos hits de Fito que también brillan entre cuerdas (La Capital)

por Pedro Squillaci

Los días en cualquier lugar/perdido en un inmensa ciudad/en una rueda mágica”. Fito no canta, pero es como si lo hiciera, porque las cuerdas de Mauro Ramos tienen voz propia. “La rueda mágica”(BlueArt Records) se titula el disco de Ramos, que presenta hoy, a las 21.30, con entrada libre y gratuita en el Petit Salón de Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza).

El músico de Las Rosas ya tiene otros cuatro discos editados, en los que mechó temas propios con cierto pulso de música ciudadana e incluso versionó al mismísimo Astor Piazzolla. Pero esta vez quiso hacer una suerte de homenaje a las melodías más entrañables de Páez. “De Fito me gusta mucho la música, las melodías y los giros armónicos, y la forma que tiene de componer, que no me pasa con otra música de rock. Aunque lo de Fito no es esencialmente rockero, hay cosas más tangueras y de bossa nova, y eso siempre me atrajo mucho de su obra”, expresó.

Con guitarras acústica y criolla, Ramos interpretó diez perlitas del cancionero de Fito: “La rueda mágica”, “Brillante sobre el mic”, “Tumbas de la gloria”, “Las cosas tienen movimiento”, “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, “Mariposa teknicolor”, “Pétalo de sal”, “Un vestido y un amor”, “Ambar violeta” y “Tema de Piluso”.

“Los arreglos son míos, pero traté de limitarme a hacer las versiones para respetar bien las melodías que de por sí son bien redondas”, destacó Ramos y vaya si se nota. Aunque los temas suenan desnudos, sin la acostumbrada instrumentación que suele poner Fito, los punteos invitan a cantar y genera en el oyente una suerte de karaoke atípico.

“En Fito encontré giros hacia el tango que me hicieron sentir identificado. Eso se percibe bien en su disco a solo piano “Rodolfo”, que tiene zambas y temas como «Yo vengo a ofrecer mi corazón» con un aire a chacarera, o bien «La despedida», que en este recital lo vamos a hacer con un invitado especial que es Carlos Di Giácomo”, indicó el músico de 33 años.

No fue fácil elegir el repertorio para este material. “Si por mí fuera hubiese elegido otras diez más o bien hecho un disco triple, porque canciones tiene de sobra, lo que pasa es que es mucho trabajo”, dijo entre risas.

Aunque el próximo disco de Mauro Ramos será junto a un grupo y con temas propios, no cesa su interés por versionar a sus referentes. “Me gusta Piazzolla, Chopin y Fito, y ahora me falta el disco de Chopin en guitarra, que es muy difícil, pero estoy trabajando en eso”, indicó el músico.

“Me decidí por el título del disco porque está bastante asociado a la obra de Fito, la rueda mágica es un poco la vida —dijo—, estar en la rueda y no saber qué puede pasar, cosas buenas y cosas malas, pero hay que seguir la rueda, y que no pare”. De fondo sigue sonando “La rueda mágica”, justo en el estribillo de “nuestra vida es un lecho de cristal” y parece que esta última frase de Mauro se cristaliza entre sus cuerdas.

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De la amabilidad al riesgo (Rosario/12)

 

Diez años después de haber prestado su guitarra solista a un repertorio tanguero, Mauro Ramos retomó ese esquema solista para darle forma a La rueda mágica, donde propone un recorrido por hits y clásicos de Fito Páez. Y no es ésa una distinción menor: en esta obra, el guitarrista delineó un repertorio que se hamaca entre una amabilidad efectista (en servicio de los hits) y la posibilidad de imprimir una mirada propia a algunas de las joyas del compositor rosarino.

Instalados en el oído popular por su masificación radial, por el suceso que significó la aparición de El amor después del amor, entre los primeros aparecen “La rueda mágica”, “Brillante sobre el mic” y “Tumbas de la gloria”. Esa tríada abre el disco invitando rápidamente a la conquista del público masivo, con un esquema que se reitera: sobre bases gentiles, Ramos desarrolla con eficiencia las líneas melódicas que invitan a acompañar a viva voz cantando esas letras que sabemos todos.

Afortunadamente, lejos está Ramos del rasgueo de fogón, mostrándose como un intérprete dúctil y talentoso que logra sus mejores momentos cuando va en busca de riesgos. Es entonces cuando aparecen los clásicos, aquellos temas extensamente transitados, revisitados por grandes artistas, los que perdurarán por peso propio más allá de los designios del mercado.

Cando Ramos presta sus cuerdas a “Las cosas tienen movimiento” y “Yo vengo a ofrecer mi corazón” (y, poco después, a “Ambar violeta”) el disco alcanza una profundidad que bien podría haber sido eje troncal de toda la producción. El pulso entre urbano y folclórico que allí se impregna resalta frente a la amabilidad de los éxitos de vestidura pop rockera.

Al margen de estas distinciones, La rueda mágica –que esta noche, a las 21.30, se presentará en el Petit Salón de Plataforma Lavardén– propone un paseo homogéneo por un recorte popular de la vasta obra de Páez. Un recorte que prueba la efectividad de una fórmula interpretativa de valía, que logra sus mejores momentos cuando esquiva los gustos de la taquilla y asume el riesgo de brindar su mirada sobre canciones inoxidables.

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“Los tangos y los días”, un lanzamiento del dúo Data-Tejeda veinte años después (La Capital)

por Gastón Bozzano

Es mediados de 1996 y el tango en Rosario está próximo a reinventarse. Pero no aún. Eso sucederá en el transcurso de los años que siguen. Por entonces en la ciudad todavía no está el enjambre de orquestas buscando dónde presentarse, tampoco las decenas de jóvenes bandoneonistas dispuestos a comerse el mundo en una noche, menos aún el fulgor de las milongas, y no existen, literalmente, ediciones discográficas de producciones tangueras contemporáneas.

En aquellas noches de ese paisaje finisecular, el gigante Domingo Federico recién empieza a ver los primeros brotes verdes de su cátedra de bandoneón, creada en 1993 en la Escuela de Música de la UNR (una suerte de útero desde el cual se alumbrará toda una generación de músicos en los años subsiguientes). Es un momento de crisis para el tango rosarino en términos estéticos, una geografía donde lo nuevo aún no ha llegado y lo viejo no termina de irse. En ese contexto histórico y astral el guitarrista Gabriel Data y el pianista Alejandro Tejeda se dispusieron a grabar un disco de tangos. Se trata de “Los tangos y los días” (BlueArt Records), que constituye una singular marca de época y, si de particularidades se trata, hay que sumar esta otra: se publica recién por estos días, casi veinte años después de haber sido grabado.

El Dúo Data-Tejeda -conocido por entonces en Rosario desde su debut en 1989- grabó el disco en los estudios Big Audio, de calle Moreno al 1600, en el fugaz sistema A-Dat (los viejos dispositivos de videocasetes); la grabación fue salvada en un Dat (el diminuto casete digital) y alguien, luego de unos años, hizo afortunadamente una copia en CD que terminó guardada en un ropero familiar. Dos décadas después la copia fue hallada azarosamente, su contenido remasterizado, y hoy esas músicas ven la luz y se disponen a ser compartidas.

Años de poco tango. “Estuvimos fuera de época: cuando nosotros dejamos de tocar apareció todo lo otro, empezó a explotar el tango en Rosario”, dice ahora, entre risas, Alejandro Tejeda. “En ese momento no había ni un joven bandoneonista tocando en la ciudad”, apunta Gabriel Data, un dato contrastante con los tiempos actuales. “Han pasado veinte años pero podemos decir con convicción que hay un trabajo muy honesto detrás de todo esto, y además mucho: ensayábamos toda la semana y buscábamos un sonido, una forma. Desde luego, algunas cosas no venían del lenguaje tanguero, yo nunca fui un estudioso del tango, y también eso marca lo que hicimos”, dice Tejeda.

Quizás por todo ese contexto y por la osadía de los músicos, “Los tangos y los días” resulta una obra sostenida por matices y originalidades. El dúo no tiene la impronta del legendario Salgán-De Lío, y no sólo porque Gabriel Data tocó una guitarra con cuerdas de nailon (a diferencia de De Lío, que pulsaba cuerdas metálicas), sino por la aproximación interpretativa a cada una de las piezas. En los once tracks, que arrancan con “A Don Agustín Bardi” y concluyen con “Tinta Roja”, el dúo da cuenta de un diálogo que parece no tener final: hasta la conclusión de cada pieza, un eterno contrapunto.

“Sí, la particularidad del dúo era la forma de diálogo -señala Data-. Por momentos el arreglo no está nunca quieto, hay mucho contrapunto y el tema está repartido. La música se junta y se separa todo el tiempo. Lo interesante es cómo se relacionan los dos instrumentos, y eso es algo que se fue dando: no había una forma de llevar el tema de modo preestablecido. Yo, sobre todo, escribía después algunas cosas, pero nada más para no olvidar lo que habíamos tocado en el ensayo. Y habíamos incorporado también la improvisación, algo no común en el tango”.

“Había muy pocas cosas escritas, cambiábamos ideas y tocábamos. Hay arreglos que son de ambos y algunos individuales; claro que teníamos a Salgán-De Lío como referencia, pero ni podíamos llegar a ese nivel ni queríamos parecernos a ellos, lo nuestro era todo muy inconsciente”, dice Tejeda. A propósito de las inquietudes en las que reparaban, Gabriel Data agrega: “A veces nos deteníamos en un acorde y yo lo armaba en la guitarra de manera que se empastara mejor con la mano izquierda del piano; o sea: explorábamos por otro lado, no estaba el arreglo escrito desde el vamos. Nuestro punto de partida era una partitura conseguida en las casas de música locales”.

Con esos materiales (una partitura conseguida y el recuerdo sonoro que ambos tenían de los temas que elegían) y ese procedimiento (juntarse a tocar) el dúo Data-Tejeda comenzó su camino en 1989. Lo hizo en la Sala de la Cooperación en un festival de la revista Hipótesis que dirigía Eduardo Aliverti, y en esa ocasión compartió escenario con Tangata, un grupo de mujeres que también interpretaban tango entre las que se contaban Alicia Petronilli en bandoneón y Adriana Notta en guitarra. El Berlín, La Muestra y el Centro Cultural Bernardino Rivadavia fueron algunos de los lugares donde el dúo dejaría su huella en los años que seguirían; también en la Bienal de Arte Joven Rosario Imagina de 1990, donde fue distinguido (“Nos distinguieron sí, pero ya no éramos tan jóvenes”, bromea Tejeda). El grupo dejó de tocar en 1997, año en el que concluyó también la grabación que ahora se edita. Entre nostalgias, Alejandro Tejeda medita: “Me pregunto muchas veces por qué no seguí tocando estos tangos, pero así fue. El disco en algún punto es también el dolor de lo que no pudo ser. Pero reitero, es un material valioso”.

“Los tangos y los días” es un material valioso, pero no sólo porque se trata de un registro de época, siempre requerido y funcional a la escritura de la Historia, sino porque es una música que sensibiliza por su audacia, su picardía, y por la entrega de dos músicos en aquel entonces, sin prejuicios, para el abordaje de un género que los emocionaba. Las versiones de “Nocturna”, “Milonga de mis amores” y “Tinta Roja” dan cuenta de ello. Apenas unos años después de la grabación de este CD, el tango de Rosario, otra vez, reclamaría para sí todo su esplendor.

Piano histórico

Detrás de la grabación de “Los tangos y los días” hay un piano con historia. Unos años antes de 1996, Alejandro Tejeda trabajaba en el noviciado que estaba ubicado en la intersección de Moreno y Ocampo, donde daba clases de música. Allí, en una pieza, había un piano: un Steinway & Sons de media cola, propiedad de un médico de la ciudad. “Un tiempo después le comenté esto a Alberto Gollán (a la sazón titular de los estudios Big Audio Records) porque él estaba a la búsqueda del piano que había sido de su abuelo, y resultó ser este. Finalmente lo compró, el piano fue restaurado y afinado por Carmelo Miele y Guido Maranzana, y fue la nota distintiva en los estudios Big Audio, donde grabamos el disco”, comenta ahora Tejeda. Gollán supo enseguida por qué ese era el mueble musical de su abuelo, y no otro: ese piano tiene las firmas, las marcas, las rayas hechas autográfos, de leyendas que alguna vez visitaron la ciudad y lo tocaron. Entre estas firmas están las de Igor Stravinsky y Claudio Arrau.

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Próximo lanzamiento: Mauro Ramos interpreta a Fito Páez

El santafesino Mauro Ramos reversiona, solo con su guitarra, los clásicos de Fito Páez.

El resultado es un toque sorprendente de esos temas que sabemos todos.
“La rueda mágica” Rock abril 2017 BARCD 181

Ver videos:
Tumbas 
https://www.youtube.com/watch?v=0PghuwXPrBY&feature=youtu.be
Yo vengo a ofrecer
https://www.youtube.com/watch?v=k3fBmtsO5vs&feature=youtu.be

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Próximo lanzamiento: “Los tangos y los días”

El guitarrista Gabriel Data y el pianista Alejandro Tejeda grabaron hace 20 años un disco de tangos. Se trata de un
material valioso que se edita por primera vez. No sólo es un registro de época en Rosario sino de una música que
sensibiliza por su audacia, su picardía, y por la entrega de dos músicos en aquel entonces, sin prejuicios, para el
abordaje de un género que los emocionaba. Las versiones de “Nocturna”, “Milonga de mis amores” y “Tinta Roja” dan cuenta de ello.

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“El disco refleja un momento especial” (Rosario/12)

por Edgardo Pérez Castillo

Además de verse atravesado por las músicas que transitó en sus múltiples proyectos previos, Hacia mí, el flamante disco de Luis Fuster está marcado por los vínculos logrados en ese recorrido artístico. Porque si bien aparecen allí la búsqueda melódica de la canción, el filo y la contundencia del rock, la cadencia del blues y la espontaneidad e imprevisibilidad del jazz, en su nuevo disco el guitarrista rosarino hace un tributo a la amistad y las afinidades musicales.

Fue precisamente ése el factor común el que Fuster tomó como norte junto al también guitarrista Palmo Addario, productor del disco que, editado por BlueArt, esta noche tendrá su presentación oficial en Plataforma Lavardén (a las 21.30 en la Terraza de la Cúpula, Mendoza 1085). “Yo tenía las maquetas, con melodía y armonía, para unos 20 temas. Con eso fui y le pregunté a Palmo: ‘¿Te gustaría que hagamos algo con amigos, que vaya de la canción hasta el smooth jazz?’. Palmo me dijo que sí, elegimos diez temas y de ahí partió todo”, grafica Fuster, que a partir de ese momento comenzó a contactar a músicos “de distintos palos, del jazz, del rock, el blues, el soul, la canción”. El siguiente paso fue enviarles las bases e ideas sobre las que harían su aporte. Y si bien la característica de cada invitado invitaba a presuponer hacia dónde irían sus intervenciones, Fuster dejó el margen suficiente para que pudieran dejar su huella en las obras. “Justamente lo que quería era éso, darle una espontaneidad –admite–. Armé la melodía, la armonía y algunos arreglos, pero quería otra oreja, entonces con esa idea fui a pedirle su opinión a Palmo. Después entre los dos elegimos los músicos y a ellos le dejamos lugar para los solos, para que hicieran arreglos, para que aportaran”.

Al recorrer Hacia mí se hace evidente que el mecanismo resultó efectivo: en paralelo con la heterogeneidad estilística, las obras de Fuster responden a una unidad estética propia de una banda estable. “Me sorprendió la conexión que hubo –reconoce el compositor–. Los músicos interpretaban perfectamente el espíritu de la canción. Me sorprendió esa conexión, porque es muy variado, del disco participaron 14 músicos. Necesitábamos esa conexión, porque sino se iba para cualquier lado”.

Hoy, en el piso superior de Plataforma Lavardén, una docena de esos músicos participarán de la presentación oficial del disco: junto a Fuster subirán a escena Palmo Addario (guitarra), Coco Maskivker y Leonel Lúquez (teclados), Alvaro Manzanero (batería) y Tutu Rufus (bajo) tendrán participación constante, sumando como invitados especiales a Claudio Cardone (teclados), Andrés Ludmer (guitarra), Jazmín Rivarola y Melania Montalto (voces), Roberto “Negro” Ceballos (saxo) y Javier Valderrama (flauta).

Luego de haber dejado su sello en discos como Después de la guerra (Certamente Roma), Lejos de la ciencia (Fabián Gallardo), Dominó (del grupo 3+1 Jazz Rock, publicado en 2010 luego de ganar en el Concurso de Coproducciones de la Editorial Municipal), Many the miles (de Jazmín Rivarola) y G11 (junto a una selección de guitarristas locales), en Hacia mí Fuster encuentra una identificación con su presente artístico. “He tocado mucho rock, blues, bastante jazz-rock. De hecho en 2010 con Palmo grabamos en su estudio Dominó, que es de jazz rock pero es otra escuela, no tiene nada que ver con este nuevo disco. Hacia mí refleja un momento especial. Generalmente las canciones salieron de momentos especiales, asociados a imágenes. A mí las emociones se me transforman en imágenes, como creo a la mayoría de las personas, y es desde ese momento que puedo bajar ideas al instrumento. El disco en realidad resume momentos, emociones, transformadas en imágenes y después en música. Por eso es tan variado”, analiza el compositor, y concluye: “Hay mucha canción, no es un disco de hard-rock ni tampoco de baladas románticas. Es bastante ecléctico, con una línea más bien tranquila. Aún con sus picos de intensidad, no es un disco típico de un guitarrista, donde estás tocando a 250 kilómetros por hora de principio a fin. No es ese concepto, mi idea fue poder plasmar esas sensaciones en música, a través de amigos que conectan en la misma vibración”.