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Último concierto del año del ciclo Jazz en el Rosedal

 

Este jueves, 28 de diciembre, desde las 19.30 en el Rosedal del parque de la Independencia, se realizará el último de los conciertos del ciclo de jazz que desde octubre se ofrecen semanalmente en este espacio. En este oportunidad actuará el trío conformado por Rocío Giménez López en piano, Martín Fernández en batería y Fermín Suárez en contrabajo. Contarán con la presencia de Ashley Wilson, desde San Francisco, como cantante invitada.

Estos talentosos artistas reducen la obra de The Beatles (muchas veces de proporciones casi sinfónicas, en cuanto a la instrumentación), al formato trío, abriendo las puertas a los improvisadores para explorar los aspectos más profundos y complejos de esta música, jugando e interviniendo las formas, armonías y melodías, siempre respetando la esencia de las canciones.

La programación de jazz en el Rosedal, impulsada por las secretarías de Ambiente y Espacio Público y Cultura y Educación, busca darle un nuevo espacio a talentos locales e instalar a este sector del parque como un lugar para las artes, conformando un particular clima para que los vecinos puedan acercarse y vivir una experiencia especial.

Cabe señalar que al tratarse de una actividad al aire libre, en caso de lluvia se suspende. La programación de Jazz en el Rosedal se retomará en febrero de 2018.

Remodelación del Rosedal

El Rosedal fue recientemente renovado: se plantaron siete mil nuevos ejemplares de 35 especies diferentes que ya están florecidos y despliegan un espectáculo de color sin igual. Además, en el entorno se colocaron 126 luminarias led para mejorar la iluminación durante la noche y generar mayor seguridad al circular. La obra del Rosedal incluye un sistema de riego subterráneo para mantenimiento del jardín, una novedosa iniciativa para conservar los rosales sanos y vitales.

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Escena jazzística

 El sello rosarino BlueArt records cumplió quince años y lo celebró con lanzamientos como Edén, del quinteto del trompetista Sergio Wagner, y el notable Dispositivo, del contrabajista Maximiliano Kirszner, con Nataniel Edelman en piano y Fermín Merlo en batería.

Santiago Giordano, Página/12. 19 de diciembre 2017

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Mezcal Trío (Revista Acción)

Recientemente publicado por el sello rosarino BlueArt Records, el primer trabajo de Mezcal Trío (Damián Bincaz en guitarra eléctrica, Facundo Aride en saxos tenor y soprano y Gastón Bozzano en bajo eléctrico) encarna con sólida competencia jazzera una mayoría de temas propios y otros de Ralph Towner («From a dream») y del legendario John Abercrombie («The weeper»). En ausencia de sección rítmica, el disco derrama una sonoridad lírica y reflexiva cuyo centro radiante se desliza muy armónicamente entre los saxos y la guitarra, muchas veces sostenido por el bajo de Bozzano como un arco tenso o un puente de susurros. A través de arreglos clásicos y recurriendo a varios estilos, sin embargo, la vocación heterodoxa del trío evoca las melodías y el aire sentimental de la Trova rosarina. En su conjunto, los elementos musicales que combina Mezcal Trío exploran una variante de jazz fusión abigarrada y abierta. La concepción del disco, que va hilando las canciones con arte metódico, privilegia el protagonismo de los vientos de Aride, un saxofonista con ímpetu sinfónico y técnica que se deja llevar por armonías nítidas y con frecuencia dotadas de lirismo. Bincaz, en todo caso, no solo realza los saxos o convierte a la guitarra en una voz rítmica, sino también aporta varias composiciones suyas a una serie de temas tan sugerentes como bordados de meticulosas filigranas.

 

https://www.accion.coop/mezcal-trio

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Los misterios de Migoya

por Héctor Mansur

 

Casi puntual , adaptándose a nuestra costumbre horaria salio del camarin rumbo al escenario en un viernes de Noviembre lluvioso y otoñal . De niño y de la voz narrante de mi querido profesor de batería Jorge Gravina escucho las peripecias y audacias musicales que el me contaba realizaba Jorge Migoya en Francia , pais en el cual vive y desarrolla su arte desde hace casi 40 años de residencia.
Comenzo su show solo en su piano con cadencias armoniosas y tonales pero con tempos variables, generando los primeros aplausos del publico de la ciudad que lo vio nacer .
La cosa prosiguió con ese aire improvisativo típico del free jazz mientras se incorporaban sus compañeros musicales a escena , hasta que el oído detecto la canción “Arrinconandose” incluida en su ultimo álbum recién lanzado al mercado por Blue Art Records titulado “Cuando el Alba”. Sin dudas una de las canciones hits con mixtura a milonga , jazz fusion y hasta con aire sambero brasileño incluido mas el desarrollo de un claro y simpático solo de piano.
Luego fue el turno de recordar “Lo obvio según yo” incluida en aquel 1er trabajo discográfico dentro del rock progresivo llamado “Sintesis” , grabado en Bs. As. El 24 de Marzo de 1976 , fecha histórica y complicada para nuestro Pais si las hubo. Alli el mutiinstrumentista ( Piano , Guitarra , Clarinete , Percusion & Canto ) mostro sus dotes colgándose la guitarra eléctrica y produciendo al mismo tiempo con su voz un Scat de estilo arabesco logrando climax y cambios rítmicos típicos del estilo setentoso.
Otro de sus éxitos sono en escena , el recordado “F7” incluido en su disco “Elefantes” , un verdadero divertimento musical no solo para los músicos ejecutantes sino también para el oyente . Pegadiza canción de compas irregular , crucial en el concierto con mezcla de jazz y rock sinfónico.
Turno para “Cuando el Alba” , tema que le da titulo al álbum en el cual Jorge con aire urbano , ciudadano y tanguero desplego su excelente sonido e interpretación del clarinete . Luego a manera de intro y cita simpatía se mezclo el famoso “Frére Jacques” una de las canciones populares infantiles más conocidas de origen francés como prologo de un temazo llamado “Tres Niños” a duo con batería y clima de emoción al estilo Mitchell Forman y uno de los aplausos mas llenos y cerrados de la noche junto a “Na te pido , Na te debo“ única canción cantada en francés.
Punto aparte para la gran labor de Julian Ribero en Bateria, con el toque justo super musical y al servicio del lenguaje del jazz como asi también para el excelente contrabajista Fermin Suarez de gran sonido e impronta . Dio mucha alegría ver a dichos dos jovencitos mezclados con un grande del Jazz , lo que demuestra una vez mas que no existen barreras y que la música solo une generaciones.
No dejes de estudiar guitarra , música … le dijo su padre , algún dia me lo vas a agradecer . No claudiques , sigue siempre para adelante pregonaban las cartas manuscritas que recibia ya en el exilio de su profesor el Gran Santiago Grande Castelli , y gracias a ellos hoy somos nosotros los que debemos agradecer .
Por ultimo , gracias al paso del tiempo y a la radio pude conocer en persona a Jorge Migoya , estrechar su mano y de a poco develar sus misterios con los cuales me crie . 
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Unos cincuenta minutos de música en estado de gracia (La Capital )

por Gastón Bozzano

   “Stand by me” es un viejo gospel de Charles A. Tindley que Elvis Presley tornó inolvidable. Desde entonces ha resultado difícil no cantarlo una vez más. Lo mismo ocurrió a través de los años en torno a la melodía tradicional celta de “Romeiro ao lonxe” (O “Scarborough fair” en la titulación inglesa): muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo, después de haberla escuchado -sea por cuenta de las sirenas de Luar Na Lubre o, allá lejos, por los irrepetibles Simon & Garfunkel- ya no pudieron olvidarla. Ambas canciones tienen algo común: la virtud de provocar cierta hipnosis en el oyente. Encantamiento motivado, hasta donde sabemos, por melodías tan simples como bellas que rasguñan el pecho y piden ingresar por allí al valle interior de nuestras emociones.

   Esas dos canciones son, además, los dos primeros temas de “Salmo”, el disco solista del baterista rosarino Luciano Ruggieri; la luz primera con la cual el artista alumbra el color del camino al que su disco invita: once canciones propias de una sonoridad sutil, sin estridencia, interpretadas de modo magistral. Ya no hay, además, letra alguna en el seno de estas piezas incluidas en “Salmo”; se trata de versiones instrumentales de música popular sagrada (bien podría existir esta definición para un vasto grupo de canciones que en incontables repeticiones han unido al hombre con su cielo desde hace más de dos siglos). En ese trayecto inmemorial muchas de ellas han perdido también a sus autores o cambiado sus nombres, y hasta han sido innominadas por largos períodos. De mano en mano, de voz en voz, amasadas por el tiempo y la fuerza de la reinterpretación, fueron transformadas en ángeles viajeros de la esfera celeste.

   Luciano Ruggieri parece haber sabido todo esto de antemano a la hora de elegirlas para integrar el repertorio de su disco y para abordarlo sólo con dos guitarras eléctricas (Sebastián López y Federico Riva), un contrabajo (Franco Di Renzo), y unos órganos y teclados (Lucas Polichiso). Con esa formación estable -a la que se suman las intervenciones de su hermano Mariano en piano y de otro baterista, Pau Ansaldi, en un par de temas-, Ruggieri sugiere siempre mucho, bastante más, de lo que toca. Los cinco músicos entablan un diálogo fecundo, un contrapunto incesante en torno a una idea que hace gala de su austeridad. Y se trata, también, de un disco de jazz. Los tracks se suceden y maravillan por esa impronta común antes descripta: cobran nueva vida temas universales como “Working on the building” (nuevamente se cuela en el recuerdo la versión de Elvis, pero también la de B.B. King o la de John Fogerty); como el tradicional “We shall overcome” que alguna vez cantaron Joan Báez y Bruce Springsteen. Y “Salmo” también invita a danzar cuando suenan otros dos “tradicionales” como “Amazing grace” o “Swing low, sweet chariot” (también alguna vez cantada por Clapton y por Elvis).

   ”A lo largo de la historia y en innumerables culturas la música ha cumplido, y lo sigue haciendo, una función de servicio a la comunidad. Como el sacerdote o el médico, en estas culturas el músico realiza una función de servicio comunal, acompañando funerales y nacimientos y animando y alegrando festividades”. (Luciano Ruggieri, Rosario, mayo de 2016).

   ”Salmo” ratifica la reflexión del músico que lo ideó. Su música es funcional a todos esos servicios. Pero además él y sus amigos, al grabar y publicar este disco, han hecho algo más, han depositado una carta en un viejo buzón que nos llegará a todos. Leerla será nuestro estado de gracia: unos cincuenta minutos de música para que el crepúsculo quepa en nuestro bolsillo.

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Nuevos lanzamientos

Dispositivo” es el nuevo trabajo discográfico del trío conformado por Maximiliano Kirszner encontrabajo, Nataniel Edelman en piano y Fermín Merlo en batería. Son temas originales de Kirsznercreados exclusivamente para este grupo en donde el material escrito dialoga permanentemente consituaciones improvisadas. Es también el disco que refleja el excepcional nivel musical de la nuevacamada de músicos de jazz en Argentina.

 

Maximiliano Kirszner nació en Buenos Aires en 1987. Estudió contrabajo con Carlos Vega, Jerónimo Carmona y Hernán Merlo.También ha tomado clases con John Hebert, William Parker, Rodrigo Domínguez, Carlos Lastra y Enrique Norris. Es egresado de lacarrera de jazz del Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla. Actualmente integra de manera estable el trío de EnriqueNorris, el cuarteto de Ernesto Jodos, el trío de Santiago Leibson,  el sexteto de Andrés Elstein, y el cuarteto de Julia Sanjurjo.  En elplano internacional ha tocado junto a John Hollenbeck, Tony Malaby, Gianluca Petrella, Giovanni Guidi, Austin Peralta,Johannes Bockholt, Judith Schwarz, Lisa Hofmaninger, Alexander Fizthum. Como docente, dicta clases de contrabajo en laOrquesta de Cuerdas de Cutral Có, Neuquén, en el proyecto Orquestas y Coros para el Bicentenario (Ministerio de Educación de laNación), y en el Sistema Municipal de Orquestas infanto-juveniles de San Martín, provincia de Buenos Aires.

 

Se suman a la biblioteca junto a el baterista Luciano Ruggieri, quien editó su primer disco, “Salmo“, un álbum que combina distintos estilos. Y a Jorge Migoya, junto César Franov en bajo y Pablo Dawidowicz en batería con “Cuando el alba”: un acercamiento al jazz desde un lenguaje propio.

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Jazz en el Rosedal

Un ciclo de conciertos de jazz especialmente programado para el mes de noviembre, con la curaduría del periodista y productor cultural Horacio Vargas, la Municipalidad de Rosario invita a disfrutar del espectáculo de las siete  mil rosas que adornan el parque Independencia. Entrada: Libre y gratuita − El ciclo está coordinado por las Secretarías de Ambiente y Espacio Público y Cultura y Educación. En caso de lluvia se suspende. 

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Entrevista con el compositor rosarino Jorge Migoya (Rosario/12)

 

La reciente edición de Cuando el alba enlaza un nuevo eslabón al fructífero vínculo entre el músico franco-rosarino Jorge Migoya y el sello local BlueArt. Una relación que se inició en 2003 con Otros vientos y que continuó con Casi solo(s) (2007), Aquí me pongo a cantar (2011) y Elefantes (2013). Y que se amplió, además, con la reedición de Síntesis, el disco de jazz-rock que Migoya publicó en la ciudad cuatro décadas atrás, previo a radicarse definitivamente en Europa. Recorrer ese conjunto de obras en perspectiva da la pauta de la multiplicidad de músicas que conviven en Migoya, que en su última obra congenió un formato de trío junto a César Franov (bajo) y Pablo Dawidowicz (batería) para redondear un álbum de raíz jazzera que incorpora pasajes free, de pura improvisación y composición colectiva. Un rasgo que amplía entonces la de por sí amplia gama de géneros que atraviesan a Migoya, que el viernes próximo presentará Cuando el alba en el Centro Cultural Fontanarrosa, en un concierto gratuito que, desde las 21.30, lo encontrará acompañado por Fermín Suárez en contrabajo y Julián Ribero en batería.

Y es una decisión deliberada la de Migoya, que luego de grabar su obra con los experimentados músicos bonaerenses apostó ahora por un cruce generacional que lo entusiasma. “Ellos tocan muy bien. Hay mucha gente joven y talentosa y ya no está más esa diferencia de que en las provincias los músicos tocaban menos que los porteños. Justamente, la mejor manera de corroborar eso es tocar con gente de acá. Además me gusta la mezcla entre músicos viejos y jóvenes, me parece importante, me interesa”, admite a Rosario/12, y adelanta: “Para la presentación del disco vamos a tocar las músicas que están escritas y habrá improvisación en el interior de los temas, pero no va a ser una cosa totalmente free, como sucedió en el disco. Podríamos hacerlo, los músicos están capacitados para hacerlo, pero yo estoy haciendo mucho esto en otras partes del mundo. Trabajo mucho en Italia con improvisación, con free jazz, entonces por ahí quiero equilibrar las cosas, no encasillarme”.

 

“No sé si voy a buscar qué música nueva voy a hacer, sino cómo voy a romper cosas para que salga algo nuevo”.

 

‑ En relación a la aparición del free jazz dentro de Cuando el alba, y pensando este disco en relación a los que has publicado con BlueArt, en cierto modo completa un abanico de todos los Migoya posibles. Hasta aquí, el free jazz no estaba presente en tus discos para el sello.

‑ Sí, el free jazz no estaba. Y puede ser lo que decís. Lo que espero es que también me descubra a mí mismo haciendo otras cosas. Ese es el dilema eterno del músico, cómo seguir renovándose sin repetirse, sin tocar lo que ya sabés tocar. Inclusive en el free jazz hay códigos establecidos. Entonces podemos caer en la trampa de decir que el free jazz es libre, pero no, porque ya tiene códigos. Como la música contemporánea, que tiene sus códigos, que ya se escribe. Hay que tratar de buscar, no sé si nuevos códigos, pero sí maneras de eludirlos. No creo que el free jazz sea la extrema libertad, como parece. Entonces no busco eso para irme a otro lado, sino que es otro estilo de música. Y el problema es ver qué voy a hacer en un próximo disco, qué es lo que me motiva a seguir tocando. Y compartir, porque la cosa es compartir: hacer free jazz en tu pieza, hacer metal en tu pieza, no sirve. Lo importante es poder compartir. El free jazz, como la música contemporánea, son difíciles de compartir, pero por ejemplo la otra vez tocamos en un festival de Italia, frente a un público más clásico, y quedó encantado con las músicas que tocamos, cosas muy libres. El público se adaptó, y eso es lo importante, que haya un eco. Para mí es fundamental ver cómo llegar al otro.

‑ En ese sentido, ¿qué músicas van apareciendo? ¿Cuáles imaginás que te permitirían romper con los códigos y, en paralelo, llegar al público?

‑ La composición, la orquestación, ayudan. Si un tema en el piano lo transporto a la guitarra, a una trompeta, ya es otra cosa. La orquestación tiene mucho que ver. Ahora estamos viendo con BlueArt si editamos el concierto de piano solo que hice el año pasado en el Espacio Cultural Universitario. Ese concierto ya es distinto a lo que vengo haciendo hasta ahora, porque el piano me llevó a otros rumbos. La instrumentación, la formación (de trío, en cuarteto, con una big band) son cosas a explorar. Creo que es fundamental buscar siempre, ver qué es lo que puedo hacer para romper esquemas. En un mundo totalmente esquematizado, donde salvo ejemplos muy raros la radio está esquematizada, y de la tele ni hablemos porque es un desastre (y no hablo sólo de Argentina, en el mundo hay una mediocridad terrible), hay que romper eso. No podemos estar haciendo lo que ya se hizo. Estoy en esa onda, que es la mía: hay que romper esa cosa que nos encierra, buscar la libertad. Pero no sólo la del músico: la libertad del periodista, del carnicero. La libertad que llega rompiendo esquemas. Esa es la motivación creativa. No sé si voy a buscar qué música nueva hacer, sino cómo voy a romper cosas para que salga algo nuevo. En definitiva, no creamos nada nuevo, lo único es salir de lo que está estipulado, de lo que nos imponen. Estamos impuestos por un montón de cosas que nos rodean, hay que ver cómo salir de eso, que es lo que me permite ir a hacer otra música.

 

 

‑ Aquí es clave lo que mencionaste respecto a no perder la percepción de que esas músicas puedan llegar a alguien. Porque también podrías darle forma a músicas sólo comprensibles para unos pocos…

‑ Que no sirven para nada. No tienen sentido. Con la música clásica pasó que se transformó en una música burguesa, donde gente que a lo mejor no entiende nada de música se viste bien, se pone sus joyas y va al teatro. Pero no entienden nada de Beethoven, nunca escucharon la música de otra manera que por la forma de vestirse y sentarse en un teatro. Pero podés escuchar a Mozart desnudo en tu cama y es tan erótico como escuchar, no sé… a Shakira. Mozart puede ser tan sensual como Shakira, pero si lo metés en un teatro, con gente que se viste de una determinada manera, la música ya tiene una distancia terrible. A la música clásica la encerraron.

‑ Hay ahí una apropiación de parte de una elite que busca que esas músicas no puedan ser disfrutadas por otros.

‑ Seguro, y es un error total. Inclusive hay gente como Miguel Angel Estrella que iba a tocar a lugares exóticos con su piano arriba de un camión, para hacer participar a gente que nunca había escuchado eso.

 

“El dilema eterno del músico es cómo seguir renovándose sin repetirse, sin tocar lo que ya sabés tocar”.

 

‑ En la última visita de Estrella a Rosario, él recordaba que cuando estuvo detenido y fue torturado en dictadura un oficial militar le reprochaba, precisamente, que él llevaba la música clásica “a los negros”. “Esa música es nuestra”, le gritaba el represor.

‑ Un delirio total… Todo ese tipo de clases sociales continúan. Hay cierta gente que cree que porque viste bien, o tiene plata para ir a conciertos muy caros, sabe de música. Pero a lo mejor sabe menos que un tipo que nunca escuchó nada. A lo mejor agarrás a un tipo que está en la selva amazónica, le hacés escuchar Beethoven y lo considera genial. No hay que olvidarse de eso. El otro día, después del concierto que hice en el Rosedal de Rosario, un pibe joven se me acercó y me dijo que le había encantado lo que hicimos. Y me dijo: “Esta no es para nada la música que escucho, a mí me gusta la música romántica”. Lo que pasa es que cuando te encierran en un lado, escuchás sólo una música. Pero es posible romper eso.

‑ En el jazz, al igual que con la música clásica, hay sectores que pretenden apropiarse del género, que en realidad tiene un origen popular.

‑ Exactamente. Lo mismo pasa con el tango, que es una caricatura de sí mismo. Y el jazz comienza a transformarse en una caricatura de sí mismo. Pero eso pasa aquí, te das cuenta que hay una especie de mito, una escuela de jazz, donde tocan los ancianos, una cosa rígida. Pero en Estados Unidos no es así. Pensá en Miles Davis, que tuvo muchos detractores cuando se fue a hacer jazz rock., que estuvo siempre en la búsqueda de algo nuevo. Hay tipos como Davis, o como Zappa en el rock, que es un género que también está muy formateado. Hay músicas que se transforman en caricaturas de sí mismas y aparece la gente que “sabe” escuchar determinada música, es absurdo. La única manera de combatir eso es romper los esquemas.

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El pasado punk de Luciano Ruggieri (Revista Sublime)

 

“Yo empecé tocando punk y salí a pegar carteles con engrudo a la madrugada”, sorprendió Luciano Ruggieri, durante la entrevista radial que le realizó la periodista Patricia Dibert. Lejos de arrepentirse, el baterista que esta noche presenta el disco Salmo que grabó con el sello rosarino BlueArt, recuerda con afecto sus primeros pasos en el mundo de la música. “Estoy muy agradecido de todo eso porque me dejó una gran experiencia. Es como hacerse de a poco y de bien abajo y me permite valorar y disfrutar todo lo que vino después como si fuera un regalo”, afirmó.

Ruggieri comenzó a tocar batería a los 9 años, cuando sus padres, cansados de que golpee los muebles de la casa, decidieron comprarle el instrumento. Luego estudió con Omar Pogonza, Polo Benítez, “quien era como un abuelo que me enseñó muchas otras cosas además de la música” y en Buenos Aires con Pepi Taveira.

El concierto tendrá lugar esta noche, a partir de las 21, en la Terraza de La Cúpula de Plataforma Lavardén. Las entradas generales tienen un costo de 100 pesos y pueden adquirirse en la boletería del centro cultural.

El Luciano Ruggieri Grupo está integrado por Sebastián López (guitarra), Federico Riva (guitarra), Lucas Polichiso (órgano), Franco Di Renzo (contrabajo) y Luciano Ruggieri (batería).