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El último cantor que llegó de París (La Capital)

Por José L. Cavazza

 

Jorge Migoya es una especie de pintor que, con pinceladas de rock, blues y jazz, suele generar paisajes de notable belleza, las que, además, tienen la noble característica de no repetir sus formas. Siempre, desde su perfil de compositor y multiinstrumentista. Sólo hasta hoy porque acaba de editar en BlueArt “Aquí me pongo a cantar”, y, tal como reza el título del CD, el músico rosarino que vive en París desde 1978 ahora también canta. Este álbum, grabado en la capital francesa y masterizado en Argentina, será presentado en vivo esta noche a las 20.30 en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia en un recital con entrada libre y gratuita, donde Migoya estará acompañado por Annabel de Courson en bandoneón, Luis y Mariano Suárez en saxo y trompeta, respectivamente, Charly Pagura en contrabajo, Silvina Gandini en teclados y Pablo Dawidowicz en batería.

Siempre hay y habrá una primera vez pero, ¿por qué ahora un disco cantado? Para Migoya hay dos razones: “Dada la dificultad para la gente de escuchar música sin texto, siempre fue para mí una obsesión cómo llegar a transmitir visiones, sentimientos y estados de animo sólo por el canal de la música. Creo que a veces lo he logrado, otras veces no”.

El rosarino dice que se pasó muchos años componiendo música de teatro de danza y varias veces tuvo la oportunidad de cantar una que otra canción para una obra, y en regla general, si bien al público le gustaba la música, muchos terminaban diciendo: “¡Qué linda canción, pero porque no cantás más!”. “Es más -acota- cuando yo era joven lo que a mí más me gustaba eran todos esos grupos de rock como Jetrho Tull, Led Zepellin, los Beatles o Stones, que no hacían otra cosa que canciones, simplemente canciones. Es cierto, la canción se percibe más accesible y directa, como al alcance de todos, y yo como músico tenía que resolver esta cuestión y para eso no había otra manera de hacerlo que meterme en ese mundo que no conocía demasiado, y lo divertido es que me divertí mucho al hacerlo”.

Migoya toma aliento y explica la segunda de las razones: “Tiene que ver con lo que estoy escuchando día a día en las radios de París, es decir una especie de modelo formateado donde aparecen dos cantantes nuevos por semana y hacen todos y todas, lo mismo, salvo raras excepciones… me hace acordar al filme de Pink Floyd “The Wall”, donde los pibes caen en una especie de mezcladora uno atrás de otro como zombies, “just another brick in the wall”…es insoportable. En conclusión, me dije: «Realmente, peor que ellos, no lo puedo hacer», y me eso me dio fuerza y furia para hacerlo”.

El disco incluye temas cantados en español y otros en francés; tiene un título muy ilustrativo, y la voz de Migoya suena a veces como un instrumento más y otras como un Tom Waits latino. Migoya se ríe complacido y después advierte que nunca tuvo ambiciones de cantante. “Ni las tengo hoy”, añade. “Uno no puede dejar de ser lo que es, por consiguiente mi idea no era de querer hacerme cantor sino que la voz se amalgame con la música, pero también se me planteó el problema del texto, porque yo jamás había escrito una palabra atrás de otra por una canción”.

Migoya disfruta volviendo a su ciudad para tocar y pasear un poco. Es más, le gustaría formar un grupo estable y amplio donde se puedan confrontar estilos de música y formas de tocar diferentes, un poco lo que hace en Francia. “Mi vida ya está hecha en París, mis hijos están allá, pero venir a Rosario me ayuda a no desgarrarme de mis raíces”, dice y luego añade: “Durante años no quise venir por miedo de no poder partir, de que la nostalgia sea muy grande y además porque tenía que construir mi vida en Francia, pero hoy que mis sentimientos están más ordenados y puedo volver sin sufrir, porque en definitiva, teniendo las dos nacionalidades, no estoy anclado en ninguna, y entonces tengo la sensación de estar en el aire, como un alma no totalmente perdida, en una situación que elegí yo, donde nadie me obligó, y por eso aquí estoy, flotando”.

Para Migoya Rosario hoy es “el río Paraná, el olor de las veredas mojadas por la mañana temprano, cuando las damas baldean, ese cielo azul que en París falta tanto, los pibes esperando el bondi; en realidad, creo que todas las ciudades se parecen cuando están descritas por el corazón de los nativos”.

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Neli Saporiti: una travesía musical (Clarín)

 

¿Cómo es el show? Es la presentación en vivo de Travesía americana , un disco de canciones mayormente de mi autoría. Esas canciones cuentan una historia de encuentros, desencuentros, viajes, migraciones. Por necesidad o por deseo, siempre hay mucho movimiento en nuestro continente y, por lo tanto, mucha nostalgia e ilusiones. Musicalmente hay referencias al folclore de autor de América Latina, Chabuca Granda entre otras, y utilizo ritmos y aires del Perú, Chile, Paraguay, el Río de La Plata y otras regiones.

¿Qué músicos la acompañan en esta travesía? Un grupo formidable que integran Federico Siciliano en piano y acordeón, Goyo Alvarez en guitarra, Juan Elías en contrabajo y Agustín Barbieri en percusión. Hay además un invitado, Rodrigo Goçalvez en aerófonos.

¿Otras actuaciones además de esta? Sí, este año tengo previstas presentaciones en No Avestruz, la Biblioteca Nacional, la Casa del Fondo Nacional de las Artes, básicamente con el material de Travesía , pero tal vez también con algo nuevo. Y hay además una gira para junio.

“Travesía americana”, hoy a las 20 en La Casa del Bicentenario, Riobamba 985, gratis (las entradas se retiran a partir de las 19).

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Off Jazz (Cuadernos de Jazz, España)

Por Eduardo Hojman

 

En este disco de bellísimo título Gandini trabaja con las pausas, con las redondas, con los silencios, con las notas extendidas hasta el paraxismo o hasta la disolución. Todo es lento, metódico, y a la vez ligeramente inquietante, en especial cuando los cambios son tan mínimos, cuestiones de ritmos irregulares o de notas superpuestas, que parecen como si dos o más rumbos disputaran el mismo recorrido. Si el grueso del disco lo ocupan cuatro Piezas sobre Schumann, en las que Gandini reinterpreta, literalmente sin concesiones, al músico de Sajonia, a este centro lo flanquean dos extensas sonatas que planean sobre la misma obstinada, sostenida, flotante atmósfera. El tempo se sugiere y se desmiente, los pedales sostienen las notas hasta que pareciera que la gravedad actuara con ellas. Es esta una música-ensayo, una música-planteo filosófico; su densidad repele toda escucha desatenta; su profundidad exige altísima competencia del oyente. No parece haber espacio ni aire tan arriba.

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Oscar Feldman. De lenguajes improvisados (El Ciudadano)

 

Por Javier Hernández 

En el Festival Internacional de Jazz que tuvo lugar los primeros días de diciembre en Rosario participaron referentes del género a nivel mundial como la banda Mingus Dynasty, el contrabajista francés Renaud García-Fons, el trío suizo Marc Perronoud, y el saxofonista y compositor argentino radicado en Nueva York Oscar Feldman. En ese contexto, Feldman dialogó sobre su nuevo trabajo discográfico Oscar e Familia, recientemente editado en Argentina por el sello rosarino BlueArt Records.

El disco fue grabado en Estados Unidos con la participación del baterista Antonio Sánchez; el saxofonista Mark Turner; arreglos para cuerdas de Carlos Franzetti; la participación especial de Luis Alberto Spinetta, y temas compuestos por el legendario multiinstrumentista Hermeto Pascoal.

—“Oscar e Familia” es un disco que señalás como continuación de “El ángel”, tu primer trabajo; ¿cómo lo caracterizarías?

—Este disco es como una obra monumental en muchos sentidos, primero desde el punto de vista artístico pero también desde lo extramusical. El primer paso fue la idea, luego hacer que coincida todo, pero aunque fue difícil pude concretarlo en la manera en que quise y eso me puso contento. Cuando empecé tuve la idea de grabarlo con un cuarteto pero de pronto todo se convirtió en algo más ambicioso que sumó unos veinte artistas. De alguna manera es una continuación del primer álbum, que me simboliza porque presento diferentes estilos representando distintos roles.

—En tu nuevo disco combinás el jazz con otros géneros como folclore, chamamé, incluso un tema de Piazzolla. ¿Qué encontrás en la fusión?

—Es parte de lo mismo; la forma en que gusto de escuchar música es como también me gusta producirla; no quise encerrarme en un estilo particular y es por eso que siempre usé el aspecto de la improvisación que considero muy importante. Hay que tener en cuenta los lenguajes de cada música pero por experiencia pude tocar tango durante mucho tiempo y también otros estilos como fusión o latin jazz, y para mí es parte de una misma voz. Lo más importante es tocar la música que te representa.

—Dijiste que “la mayoría de los saxofonistas tienen miedo a ser diferentes”; ¿tiene que ver con esto?

—Sí, pero no sólo los de jazz sino todos los músicos en general. En Estados Unidos cada instrumento tiene un referente muy fuerte que trasciende y que parece dar la dirección hacia donde se debe ir. Las referencias son tan altas que el hecho de parecerse a ellos de alguna manera representa un gran logro. Desde el punto de vista investigativo está bien, pero en el momento de tocar se debería hacer de la manera más natural posible.

—¿Qué lugar ocupa la improvisación?

—En el disco todo lo que toco tiene algo único. En “Triunfal” de Astor Piazzolla existen elementos que no tiene ninguna otra música; el movimiento de los bajos y las figuras rítmicas que se usan en el tango no se usan en otros estilos. De pronto quiero tocar otras cosas como la chacarera “El Minotauro”, de mi amigo Guillermo Klein. El 6×8 me hace tocar de una manera diferente. Lo que me interesa es improvisar, sorprenderme a mí mismo de lo que toco y así presentarme. Hay gente que le gusta presentar una composición más cerrada y entonces su potencial se vuelca al trabajo de los arreglos; en mi caso no es así, por eso se parece mucho al formato del jazz, donde se tocan formas cortas para después improvisar sobre sus estructuras: este disco me expone bastante.

—¿Qué significa la canción que da nombre al disco?

—“Oscar e familia” es un tema que me dedicó el gran compositor y multiinstrumentista brasileño Hermeto Pascoal, a quien conozco desde hace muchos años. El tema es como una celebración de nuestra amistad y una confirmación de nuestra continuidad como músicos. Los músicos cambiamos todo el tiempo y para mí fue una gran alegría que me haya escrito este tema que, de alguna manera, bendice este proyecto. Él se enteró que mi mujer estaba embarazada de mi hija Valentina y me llamó para decirme que me iba a escribir un tema. Cuando me lo ofreció no sabía qué tipo de tema me iba a escribir, pero al verlo me sorprendió porque me requirió mucha atención y trabajo para montarlo y hacerlo sonar de la manera en que él lo tocaría con su banda.

—El booklet del disco refleja desde las  fotografías muchas épocas de tu vida…

—En algunas estoy de chiquito, otras con mis sobrinos, también está mi familia, mis suegros, mis padres, de nuevo yo en una foto con mi hermana en Mar del Plata, todos esos recuerdos forman parte de mí.

—Y en la tapa también pusiste al Flaco Spinetta.

—Con Luis nos une una amistad que data de hace treinta años. Cuando estaba armando el disco lo llamé para ver si quería cantar una melodía conmigo. En principio había escrito un arreglo para saxo soprano y trompeta pero me pareció mucho más interesante tener la voz de él porque era como me lo imaginaba. Fue muy emocionante y a Luis le gustó mucho participar. No es el tipo de participación que suele hacer, así que para mí el resultado fue una gran sorpresa. Como en el caso de El ángel, cuando invité al Gato Barbieri; me gustó su participación porque tocó distinto a como lo hace con su propia música. En el caso de Spinetta ocurrió lo mismo: yo podría haber escrito un tema a su medida pero preferí no hacerlo.

—Lo que implicó un riesgo y un reto de superación mutua…

—Sí, totalmente, y él lo sintió y me dijo elogiosamente que era una de las cosas más lindas que había hecho en los últimos tiempos. En realidad no le creí porque al escuchar algunas canciones de un disco que no había sacado todavía pensé: “Está totalmente loco”, las cosas que él graba son increíbles. Cuando le mostré la partitura –yo pensaba que leía música pero no es así–, me dijo: “Oscar esto es como cruzar la cordillera en ojotas” (risas). Pero creo que fue un desafío y también por eso lo concretó.

—Comenzaste a tocar en el 79; ¿en cuánto influyó para tu estilo radicarte en Estados Unidos?

—De la misma manera en que un jugador de fútbol quiere ir a España, Inglaterra o Italia, el llegar a esos lugares y jugar en esos equipos automáticamente te afecta y tu nivel se eleva de una manera dramática y muy intensa.

—La dificultad siguiente sería continuar y lograr un crecimiento en ese terreno.

—Claro, ésa es una manera de testearse y ver cómo funciona uno en un ambiente distinto y tan competitivo como el que elegí para vivir. Dentro de la meca del jazz, Nueva York es el epicentro y de alguna manera tocar el saxo acá es como ir a tocar el bongó a Cuba. Lo importante es sentirse afectado por todo esto, dar lo mejor de uno, y de esa manera mejorar la propia performance. Estar en este lugar fue un antes y un después. Cuando llegué a Boston era un músico formado pero me di cuenta que tenía que empezar de nuevo como estudiante y llenar esos baches de conocimiento que tenía.

—En esa vuelta a lo académico ¿iniciaste una nueva experiencia?

—Claro y el hecho de estar en Berklee fue muy revelador para mí, no sólo por los profesores que me enseñaron sino por la influencia de mis propios colegas. Creo que a partir de esa experiencia todo cambió, hasta mi sonido, que es lo más difícil de cambiar para un músico. Me empapé de lo que se respiraba. El nivel de los músicos de jazz en Estados Unidos es altísimo, por lo que muchos de los estudiantes no tenían mayor diferencia con los otros músicos profesionales.

—¿Quienes fueron esos referentes?

—Todos. Puedo nombrar gente por ahí no tan conocida, pero lo que tiene Boston es una gran tradición pedagógica muy relacionada con Berklee. Todo eso me marcó y las influencias que recibí fueron netamente de la gente con quien trabajé: Paquito D’Rivera, Alex Acuña, o el gran Bebo Valdez, con el que hice una extensa gira por España. Todos ellos vienen de un lugar muy firme y claro, con gran personalidad, que en muchos casos fueron un contagio para lo personal.

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El saxofonista Oscar Feldman y sus amigos neoyorquinos (La Capital)

 

El saxofonista cordobés radicado desde hace muchos años en Nueva York, Oscar Feldman, lanzó su nuevo disco solista en Argentina bajo el sello rosarino BlueArt. Grabado en Estados Unidos con la participación especial de Luis Alberto Spinetta, Pablo Aslan, Diego Urcola, el baterista Antonio Sánchez, el saxofonista Mark Turner y arreglos de Carlos Franzetti y Guillermo Klein.

“Oscar e Familia”, fue editado originalmente por el prestigioso sello de jazz norteamericano, Sunny Side Records. Rápidamente recibió críticas elogiosas de la prensa especializada, como la revista Down Beat, que señaló: “Compartiendo solos junto al tenorista Mark Turner, Feldman demuestra que sabe y toca con swing”.

“Oscar e familia” es una obra sentida y verdaderamente magistral”, dice la reseña de Allegro Music; “Oscar Feldman está preparado, con este álbum, para poner su propio sello en el saxo alto y ha hecho un avance en el lenguaje del latin jazz”, resaltó All About Jazz, mientras que Jazz Times indicó que “los arreglos para cuerdas de Carlos Franzetti embellecen dos de las composiciones originales de Feldman: el sensual «Coco da Bahia» y el seductor «New Tango», sobre los cuales Feldman toca dos cautivantes solos con su saxo alto”.

l tema que da nombre al disco fue compuesto especialmente por el legendario multiinstrumentista Hermeto Pascoal.

La semana pasada, Feldman -de gira por Argentina- presentó el disco junto a un trío de musicos porteños en el Parque de España y en el marco de un festival de jazz.

Hermeto

“El sonido de Oscar (Feldman) y todos los músicos que tocaron en este CD es hermoso”, dijo Hermeto Pascoal, autor del tema que da nombre al álbum.

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Oscar Feldman presenta su nuevo disco con una gira por todo el país (Living Jazz)

 

“‘Oscar e familia’ es una obra sentida y verdaderamente magistral”. Allegro Music
“Oscar Feldman está preparado, con ‘Oscar e Familia’, para poner su propio sello en el saxo alto y ha hecho un avance en el lenguaje del Latin Jazz”.  All About Jazz
“Los arreglos para cuerdas de Carlos Franzetti embellecen dos de las composiciones originales de Feldman: el sensual ‘Coco da Bahia’ y el seductor ‘New Tango’, sobre los cuales Feldman toca dos cautivantes solos con su saxo alto”. Jazz Times
 
Oscar Feldman,  notable saxofonista de jazz y compositor argentino radicado desde hace varios años en Nueva York, donde lleva adelante una importante carrera musical, llega a la Argentina en el marco de una gira nacional en diciembre próximo para presentar su  nuevo disco “OSCAR E FAMILIA” (BlueArt Records, 2010). Feldman y su cuarteto se presentará en los Festivales de Jazz de Córdoba –su ciudad natal- y Rosario, y en clubes de jazz de Buenos Aires y Venado Tuerto (provincia de Santa Fe)
El tema que da nombre al disco fue compuesto especialmente por el legendario multiinstrumentistaHermeto PascoalEl sonido de Oscar y todos los músicos que tocaron en este CD es hermoso”, dijo  Hemeto. “Oscar tiene una gran personalidad musical”, señaló por su parte Lalo Schifrin.
“Oscar e Familia”, fue editado en EE.UU. por el prestigioso sello de jazz norteamericano, Sunny Side Records. Rápidamente recibió críticas elogiosas de la prensa especializada, como la revista Down Beat:Compartiendo solos junto al tenorista Mark Turner, Feldman demuestra que sabe y toca con swing”.
Ahora el disco llega al país a través de BlueArt Records, que lo licenció para su comercialización y distribución exclusiva en Argentina, Uruguay, Chile y Brasil.  
Durante su gira por el país, Oscar Feldman estará acompañado por lo mejor de la escena del jazz argentino: Hernán Jacinto en piano, Oscar Giunta en  batería y Pablo Motta en contrabajo.
Gira presentación en todo el país:
2/12:  Teatro Real, San Jerónimo 66, Córdoba (en la inauguración del Córdoba Jazz 2010).
7/12:  Centro Cultural Parque de España, Sarmiento y el río Paraná, Rosario (en el marco del Festival Internacional de Jazz)
8/12: Centro Cultural Provincial Ideal,  Pellegrini 980, Venado Tuerto (provincia de Santa Fe.)
15/12: Thelonious,  Salguero 1884 (ciudad de  Buenos Aires).
17 y 18/12: Notorious, Avenida Callao 966  (ciudad de Buenos Aires)
23/12: Café Vinilo, Gorriti 3780 (ciudad de Buenos Aires).
  
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Rosario: Tres novedades de BlueArt (Living Jazz)

 “Unlocked” es un trabajo definitivamente abierto a la bifurcación de figuras melódicas muy breves. Leo Genovese en el piano avanza por notas angulares que no alcanzan a formar una expresión terminante. Acompañado por Justin Purtill en bajo y Joe Hunt en batería, la música de este trío no concede simplezas. La belleza está oculta en los climas, por momentos de tensión, por momentos extrañamente dulces. Basta sentarse y oírlo para ir descubriendo, en las filigranas del piano, el aire del blues, del jazz tradicional, y hasta del soul, todo muy encriptado en el free.

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El niño indócil (Blog de Paul Citaro)

 

Por Paul Citraro
Leo Genovese es un desobediente de las penumbras. Y en el jazz, con cierta frecuencia, suelen estar presentes. Desde sus inicios a manos de maestros barriales y en tránsito de aprendizaje siestero -hora sagrada en el corazón del interior- a sus estudios superiores en Rosario (cantera cada vez más fortalecida de músicos de jazz) y otras descendencias privadas: los pianistas Ana María Cué, Leonel Lúquez y Ernesto Jodos. Al punto y lo inevitable, todo buceador de aguas profundas busca mayor intensidad: Berklee College of Music. Ese pibe con derecho propio adquirido, no ha menguado un céntimo de pasión y talento en cada una de sus composiciones. Y esa es la historia que vuelve a repetirse. Una Babel de crecimiento permanente. De estilo espasmódico e iconoclasta y virtuosismo resuelto y fluidas filigranas. Un arrebatado de musicalidad en sí mismo. Ese equivalente que lo llevó a sesionar junto al trompetista Phil Grenadier, el saxofonista Joe Lovano o ser el lugar teniente de la reconocida contrabajista y cantante Esperanza Spalding. Vinieron inexcusablemente los trabajos en solitario; “Haikus II” y el proyecto en solitario con su banda; “Leo Genovese y los Gauchos Cromáticos”. Y ahora, esta brisa editada por BlueArt. Un derviche saltarín de octavas en octavas que se regodea en la transformación de melodías modernistas e irónicas. Esa transformación plena, siempre le concede al artista una dosis de luz displicente en las oscuridades del género. Por lo visto, avanzar hacia un futuro incierto y excitante, fue y es un buen presagio de lo que viene. Tal como se suponía de ese pibe que hace unos cuántos años, cuando sudaba la gota gorda paseando partituras a primera hora de la tarde o tocando diez horas en pleno estado de trance, ese patrimonio, le ha tocado el timbre. Entiendo que si le preguntásemos a Leo, no sabría de qué se trata. Los pájaros desconocen sus facultades, desconocen la palabra libertad. Simplemente vuelan.

UNLOCKED – 1era placa editada en Argentina del pianista Leo Genovese

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Barcelona Hora Cero (Cuadernos de Jazz)

 

Por Marcos Maggi

Miniguía subjetiva para escucharlo: 
La fusión empieza antes de tocar la primera nota, con la inclusión de la trompeta en ritmos extraños para ella. 

Las improvisaciones respetan el estilo dominante. Los vientos importan fraseos típicos de esas otras músicas, que en este disco son las primeras (pareciera que el jazz es el adoptado). Hay una coherencia compacta entre fuentes, melodías e improvisaciones, así, Por una Cabeza es un tango-balada de jazz; La Nochera, una samba-grooveMontevideo, un candombe vestido de funky con una intro de blues y La Arenosa, un folclore-jazz. 

En los solos, la economía es una elección, porque la música exige un recorrido despojado de malabares. El virtuosismo es contenido y se suelta en Barcelona Hora Cero, el tema más jazzístico. 

Una síntesis perfecta de la fusión entre estilos e instrumentos es Buenos Aires Hora Cero, composición de Piazzolla que inspiró el título del trabajo (otro aspecto que remite al mestizaje y lo cierra), en la que la trompeta es además bandoneón. 

Las diez pistas de Barcelona Hora Cero se dividen en cientos de pistas. Es un disco en el que lo prodigioso, lo notable, las maquinitas de belleza son los detalles, algo parecido a una oración sorprendente, formada por diez palabras tan genialmente desconcertantes como la oración misma.