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Producciones (Sindicato de Músicos de Rosario)

“Las obras fueron concebidas como canciones a las cuales se podría agregar letra mas tarde, compuestas por inspiración y prácticamente en tiempo real utilizando la voz y una guitarra. No fueron modificadas las armonías originales; algunas secciones o introducciones fueron agregadas mas tarde, logradas del mismo modo al igual que los arreglos que fueron escritos durante los ensayos y las horas de grabación”, explicó Escobar Blásquez. Los músicos que participaron de las sesiones de grabación fueron Juancho Parone (percusión), Leonel Lúquez (piano), Willy Torres (bajo), Roberto Ceballos (saxos), Marcelo Stenta (guitarra), Susana Rinesi (flauta), Diego Saavedra (bandoneón), Mariano Braun (acordeón), Javier Gómez (violín), y Escobar Blázquez en voces. Ramiro Escobar Blásquez es compositor, profesor de canto especializado en trastornos de la voz, cantante y bajista. Estudio canto durante 6 años con Graciela Mozzoni y durante 2 años con Juan Carlos Boljover. Tomo clases de bajo con Julio Fioretti y Carlos Belloso Colombres y de guitarra con Enrique Gule. Trabajó como profesor de canto en las academias Yamaha de San José de Costa Rica durante 4 años y en la Fundación Pro Música Academia Yamaha de Montevideo durante un año. Fue profesor de canto en la academia y productora de comedia musical “Producciones Artísticas Internacionales” de Guillermo Gentile. Fue profesor del cantante costarricense Arnoldo Castillo, entonces presidente de Sony para Centroamérica y el Caribe, por recomendación de Jairo. 

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Una fusión sin arquetipos (La Nación)

Por César Pradines

Primer trabajo surgido de un acuerdo entre el sello rosarino Blue Art e IC Records, de España y también primer disco “Candombe influenciado” editado en la Argentina del pianista uruguayo José Reinoso, un artista que viene construyendo una sólida carrera en España.

Radicado desde hace unos años en Barcelona, este músico convive con varios proyectos propios y como uno de los destacados sidemen que hay en España, de una valiosa ubicuidad.

Trabajos con artistas como Perico Sanbeat, ilustre saxofonista alto español y con Antonio Serrano, un armoniquista madrileño de hermosa sonoridad, abonaron su carácter y su gusto por la variedad estilística.

Por lo escuchado, “Candombe influenciado” es un disco del que surge una especie de síntesis musical antes que un trabajo de tipo conceptual, aunque nunca se puede estar seguro de que la síntesis carece per se de una mirada conceptual.

Reinoso cuenta en este disco con una cuerda de tambores, con Juan y José San Martín y Nicolás Arnicho; con Sanbeat, Serrano, el trompetista Raynald Colom y el guitarrista Luis Salinas, pero no se menciona quiénes fueron el bajista y el baterista.

La placa podría definirse como una recorrida por diferentes mundos, como el candombe, donde se luce por su fuerza y convicción rítmica, tangos, aire de boleros y una salsa que parece una versión de aquel viejo tema “Salsalinas”, pero que lleva el nombre de “Salsita para Luis”; en todos, Reinoso se muestra sólido en la interpretación y con un criterio maduro en la concepción de los arreglos.

ENCUENTRO DE GÉNEROS

Su música transmite colores armónicos y un entusiasmo que se refleja en la búsqueda, evidente en este trabajo, de un encuentro poligenérico que de cerca suena a jazz fusión, aunque sin los arquetipos de los años setenta u ochenta.

Respecto de la música de este disco, revela que Reinoso dejó de ser una promesa para tener un presente saludable en el campo del jazz, sin embargo, la totalidad suena a que tiene algo pendiente, algo que aún no ha salido.

Reinoso tocará durante toda la placa cerca de las melodías y aunque uruguayo de pura cepa, y con esto queremos decir músico rítmicamente definido, su disco muestra que no se adhiere a una identidad unidireccional. Hay un deseo de juego en su música y un intento acertado de recrear diferentes géneros sin afanes enciclopédicos o de exhibicionismo fatuo.

Mientras Reinoso habla jazz desde el piano, los ritmos regionales generan climas y ambientes que enriquecen las composiciones, aunque en sus piezas el horizonte siempre está a la vista.

“Candombe influenciado” es un disco que no parece pretender una unidad predeterminada. En esa variedad está su clave, sostenida por el claro protagonismo rítmico de la música. Una tradición rítmica tan fuerte como la uruguaya es para este artista su anclaje; un músico cuya solidez está en el desarrollo de cimientos profundos en el ritmo, desde donde edifica su propuesta.

El disco comienza con una equívoca señal de introspección con “Para acunar a Borja”, una canción a medio tiempo que tras un arreglo se convierte casi en un vals, de tono intimista. Track tras track, el álbum irá mostrando un clima más extravertido, en el que Reinoso se consolida como líder y, a la vez, acompañante.

Dos temas hablan por sí solos: “Malena jugando”, donde la armónica de Serrano con el piano de Reinoso se encuentran en un fresco y conmovedor relato melódico, y “Candombe influenciado”, en el que mientras la trompeta de Colom le aporta una mirada personal y moderna a la melodía, la sección rítmica consigue un arco de impecable tensión.

Un disco que resume, en alguna medida, dónde se encuentra el jazz uruguayo, tan personal, tan cerca del candombe y tan rioplatense. 

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Eduardo Di Melfi Cuarteto (Sindicato de Músicos de Rosario)

El pianista rosarino Eduardo Di Melfi grabó su segundo disco para el sello BlueArt Records. Ocho composiciones propias que reflejan claramente la creatividad de este músico junto a Roberto Ceballos en saxo, Luciano Ruggieri en batería y Willy Torres en bajo eléctrico. 

1 Canción de la flor (E. Di Melfi) 2 Claroscuro (Willy Torres) 3 Por el camino del sur (E. Di Melfi) 4 Otro Daikiri para Miguel (Roberto Ceballos) 5 Como lo puedo explicar- Suite N° 1 (E. Di Melfi) 6 Vuelve tal como lo das – Suite N° 1 (E. Di Melfi) 7 Funky Club (E. Di Melfi) 8 Bluemenau (E. Di Melfi) 

Grabado en estudios DEMO y en el Teatro Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España de Rosario.

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EDUARDO DI MELFI CUARTETO (CEC Rosario)

 

Eduardo Di Melfi Cuarteto se forma a principios del 2003 con el objetivo de crear una propuesta de jazz con tintes latinos y vanguardistas, con mucho énfasis en las composiciones propias de los miembros del grupo. Luciano Ruggieri, Alejandro Machuca, Eduardo Di Melfi y Miguel Villalba se conocen a partir de sesiones de improvisación en el ámbito local y juntos deciden explorar el lenguaje del jazz, la bossa nova y los ritmos latinos desde la perspectiva de su experiencia en el genero jazzístico, afianzada a través del paso de los intérpretes por variados ensambles de nuestro medio y el exterior. Su repertorio de composiciones propias recorre un vasto espectro de los más variados ritmos, entremezclados con standards de jazz y otros temas que son interpretados indistintamente con sabor jazzístico o latino, independientemente del género en que originalmente fueran compuestos. Actualmente, el cuarteto se encuentra comprometido con su objetivo inmediato de presentar sus composiciones propias en numerosas actuaciones en vivo de frecuencia semanal, siendo uno de los pocos grupos de jazz rosarinos con presencia asidua en la escena local desde su reciente debut, producido con muy buena repercusión durante una de las reuniones de jazz del pub El Museo. A partir de ese evento, el objetivo primordial del grupo ha sido afianzar su material a través de ensayos y presentaciones con el fin de grabar su primer CD hacia fines del año 2003. Luego siguieron las actuaciones y algunos cambios en la formación, pasando a la agrupación definitiva y actual, integrada por Roberto Ceballos en saxofón, Eduardo Di Melfi en piano, Willy Torres en Bajo y Pau Ansaldi en batería. Durante este lapso, desde su formación, este grupo ha tocado en diferentes centros de la Cultura tales como el Teatro El Círculo, Museo Castagnino, entrega de premios Magazine (2006 y 2007), Cena Centenario Enapro Puerto Rosario, Festival de Jazz Rosario, Festival de jazz de Cruz Alta, etc. 

Momentáneamente el ingreso vehicular al CEC es por La Fluvial.

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El sonido del jazz rioplatense (Rosario/12)

Por Edgardo Pérez Castillo

 

Formado en piano clásico hasta los 20 años, y después de algún paso por el blues y el jazz, Eduardo Di Melfi abandonó la práctica musical durante más de una década. Sin embargo, allá por el 2000 decidió retomar la práctica y el estudio. Juan Carlos Silvera, primero, Leonel Lúquez y Ernesto Jodos, más tarde, fueron los docentes que moldearon a Di Melfi, que ya había definido su veta jazzística y empezaba a explotarla en algunos proyectos de big y small bands, hasta que en 2003 le dio forma al cuarteto con el que registró un primer disco titulado Estigma de swing. Editado este año por BlueArt, Por el camino del sur es el segundo material del proyecto que hoy completan Roberto Ceballos en saxofón, Willy Torres en bajo eléctrico y Pau Ansaldi en batería (quien reemplazó a Luciano Ruggieri, responsable de grabar en el disco).

“Nuestro estilo es latino, jazz argentino, música de nuestro hemisferio. De ahí el nombre del disco, que refleja que hacemos un jazz bien de nuestra tierra, tiene influencias folclóricas, de tango, hay una guajira, hay bossa nova. Es música latinoamericana tocada con el lenguaje jazzístico. Es un jazz latino pero más rioplatense”, define Di Melfi al momento de delinear las características de este nuevo trabajo, que esta noche (a las 21.30) tendrá su presentación en el Centro de Expresiones Contemporáneas (Sargento Cabral y el río).

Y si bien el cuarteto lleva por nombre el del propio pianista, este segundo disco incluye composiciones de Ceballos (“Otro daikiri para Miguel”) y Torres (“Claroscuro”), y es Di Melfi quien resalta el carácter participativo de todo el proceso creativo: “En sí nos manejamos como grupo. El que tiene un tema interesante lo trae, lo analizamos y lo tocamos, todo es debatido. Y cada concierto es abierto porque no se interpretan los temas tal cual lo grabamos. De hecho nosotros el disco lo grabamos a la manera de Coltrane en los 50, los cuatro juntos, una o dos tomas. No hay trabajo de edición, nosotros grabamos la mitad del disco con el piano del Centro Cultural Parque de España y la otra parte en estudio, pero sin trabajo de procesamiento. Sin ardides técnicos, porque ahora terminás escuchando discos que son de laboratorio, de técnicos y no de músicos. Entonces yo propuse que no hiciéramos éso, propuse que hiciéramos un disco tocado”.

En ese sentido, el músico remarca que “las versiones del disco son dos versiones más de los temas”. “Porque hay una base escrita, lo que le da la forma a los temas, pero en sí nadie está atado –agrega–. Si vemos que el bajista se enganchó soleando lo dejamos que siga. También la incorporación de Pau Ansaldi, que tiene unos recursos únicos en la batería, abre más el panorama”.

Esa apertura llega acompañada de nuevas composiciones, con las que Di Melfi profundiza en un nuevo concepto para el grupo, según concluye ante este medio: “Ya tengo composiciones nuevas, aunque ahora vamos a tratar de disfrutar un poco de este disco, donde hay una suite que consta de dos partes y que ya muestra el carácter más contemporáneo que se viene en la composición. En sí la forma que tengo para componer es la canción, le apunto a hacer canciones que no sean difíciles de escuchar. Si bien el jazz es popular pero no masivo, yo intento llegar a mucha gente”. Aunque no será esta noche la ocasión para acercarse a las nuevas creaciones del cuarteto, que se concentrará en Por el camino del sur e incluirá nuevas versiones de la primer etapa del proyecto.

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“Cuando algunos amigos tocan música champagne yo prefiero hacer agua” (La Capital)

Por Pedro Squillaci 

 

“Me importa más mi música que poner la cara”, dice Pichi De Benedictis y la frase cierra más aún con el título de su nuevo tríptico dicográfico “Fuera de foco”. Es que si algo no está en foco se pueden ver una, dos, o tres imágenes, para el caso, o bien todas y ninguna. El músico rosarino, en un viraje camaleónico que incluye a los personajes Leonardo Marini y Sanseverino Orsini, presenta (o presentan) los discos “Agua”, “Estudios sobre la monotonía y su relación con los cuerpos ingrávidos” y “Piezas para circos y glorietas”. La cita es hoy a las 21.30 en el teatro Príncipe de Asturias, del Complejo Parque de España, Sarmiento y el río. Invitación por partida triple.

“Los bailes del azar/la vida entera/en su eterno girar/los cuerpos vuelan” canta Pichi en el disco “Agua”, nombre de su disco de canciones. Y Pichi vuela. Con la única pretensión de que su música sea lo más líquida posible. “Sé que no voy a lograr un éxito comercial con este trabajo, entonces pretendo que mis canciones sean como el agua, que se consuman para saciar una necesidad, que se integre a tu organismo y una vez que lo lograste, ya está, no pide nada más”, describe el ex autor ideológico de Acalanto.

“Hay muchos amigos míos que hacen música champagne o vino reserva, yo prefiero hacer agua”, grafica De Benedictis. Y agrega: “Quizá algunos pretendan que su música los trascienda cuando se mueran, y yo no anhelo eso, quizá porque me convencí que mi música no tiene la calidad para sobrevivir al tiempo.”

Los motivos de lanzar tres discos en vez de uno son miles y también uno solo.”Tenía ganas de grabar lo que realmente tenía ganas”, apunta el artista polifacético, periodista, autor de música para 40 obras de teatro, que fue secretario de cultura de la Municipalidad entre julio del 93 y diciembre del 95, y actualmente es el director y creador del Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC).

Muchas vidas en la vida de Pichi. Tantas que se autodefine como “El Salieri de todos”, en referencia al músico que se sintió postergado por no tener el talento de Mozart. “Cuando Baglietto cantaba «La censura no existe” pensaban que era de él pero es mi tema, cuando hice el CEC decían que era de Chiqui González, y así mil cosas”, detalla sin un atisbo de resentimiento.

Es que las historias van y vienen en su derrotero artístico, y Pichi quiso contarlas. El siente que hay, al menos, tres personajes identificables dentro de su mente, su cuerpo y su corazón. No es esquizofrenia ni locura, sino querer mostrar facetas interiores disímiles y con algún hilo conductor, tal vez como las de cualquier mortal.

Por eso aparecen otros dos personajes menos reconocibles, como el de Leonardo Marini y Sanseverino Orsini, ambos vinculados a nombres familiares. Marini refleja su costado instrumental vinculado con estructuras monótonas, de las que se siente un apasionado. Orsini se apoya en su perfil más festivo, en el acordeón a piano, “en esa música sin pretensiones”. Ambos toman vida, tienen su historia, y Pichi habla de ellos como si fueran personajes externos a él, aunque nunca estuvieron tan cerca.

“Ellos no son solamente mi historia, ellos son la historia nuestra, porque el que toca necesita alguien para quien tocar y el que escucha necesita alguien que le toque, y nada más, lo demás es artificio”, concluyó Pichi o tal vez Marini, aunque bien pudo ser Orsini.

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Fuera de Foco (Sindicato de Músicos de Rosario)

Publicado por el sello  BlueArt Records, con fotografías de Norberto Puzzolo y diseño de Mauricio Chiaraviglio, Fuera de foco es  un nuevo encuentro de De Benedictis en el escenario con  sus viejos camaradas Marini y Orsini, tres de un par perfecto.
Agua, el disco del cantautor rosarino, es parte del tríptico Fuera de foco, pensado como un trabajo conjunto en el que navegan distintas facetas de músicos que difícilmente puedan ubicarse en un género o una categoría definida. Es  un trabajo a varias manos con poetas, letristas, creadores e intérpretes. En los once temas que integran su disco Agua (el primero de los tres) hay temas originales y también sobre textos de grandes poetas como Horacio Rega Molina y Raúl Gonzáles Tuñón, o en colaboración con rosarinos como Reynaldo Sietecase, Adrián Abonizio y Pablo Makovsky, e incluye una canción de Fernando de la  Riestra. En este disco participaron los músicos Adrián Abonizio, Leo Maslíah, Iván Tarabelli, Claudio Bolzani, Carlos Pagura, De la Riestra, Ethel Koffman, Tuti Branchesi, Guillermo Suleimen, Juancho Perone, Roberto Ceballos, Sandra Corizzo, Carlos Casazza, Alberto Callaci, Lucas Dimare, Manlio Paris, Virginia Llansa, Verónica Saracho, Martín Fernández, Darío Frontuto, Pepe Tranier, Armando Sabia, Mariano Braun y Fabiana Díaz.
Leonardo Marini, cultor de la máxima de su maestro Hans-Joachim Koellreutter (“la monotonía es lo más interesante para desarrollar musicalmente”) vuelve al ruedo con Estudios sobre la monotonía y su relación con los cuerpos ingrávidos, siete temas.
Por último, las ocho canciones reunidas en Piezas para circos y Glorietas, de Orsini, traerá a escena a la Orquesta  Sanseverino, a la bailarina Rosa Torres y a músicos invitados que, lo mismo que De Benedictis en la grabación de este disco, intercambiarán sus roles para interpretar las distintas composiciones de los artistas.
En la década del setenta, De Benedictis  formó su primer grupo, Objetivos Comunes; en enero de 1978, arma con Ethel Koffman, el dúo Canto Simple, que obtiene el premio Revelación del Festival de Folklore de Cosquín. En 1979 funda  Acalanto,  un histórico grupo rosarino  de proyección folklórica que editó cuatro  discos y realizó una gira latinoamericana  de un año que terminó en México. A su regreso, Acalanto  formó parte del boom del movimiento de la Trova Rosarina. En ese sentido, una de sus composiciones, “La censura no existe mi amor”, interpretada por Juan Carlos Baglietto, fue un suceso en plena recuperación democrática en Argentina.
En 1988 De Benedictis encaró su actividad solista, con la que grabó dos discos: Danza de los camalotes, Prueba de Artista y El tortelín y el canelón, éste último un disco para niños en colaboración con el músico uruguayo Leo Masliah que se convirtió en un clásico del género.
Intérpretes y autores como Leo Maslíah,  Juan Carlos Baglietto, Jorge Fandermole, Julio Lacarra, Los Trovadores, Sandra Corizzo o Ethel Koffman han cantado temas suyos.
En el campo de la gestión cultural, De Benedictis fue secretario de Cultura de la Municipalidad de Rosario (de julio de 1993 a diciembre de 1995), y creó el Centro de Expresiones Contemporánea de Rosario (CEC) que dirige desde 2004.

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El Umbral regresa a su laberinto (Rosario/12)

Por Edgardo Pérez Castillo

 

En pocos meses más, El Umbral alcanzará sus treinta años de historia. Con media docena de discos editados, el grupo rosarino logró imprimir su marca en el jazz argentino, al que el año pasado enriqueció con su sexta obra: Laberinto. Editado por BlueArt Records, el material vio demorado su estreno por la inesperada muerte, a fines de mayo de 2009, de Nono Belvis, el guitarrista y compositor que fue parte fundamental del proyecto que continúa bajo el comando de Luis Suárez (flauta y saxo alto) y Mariano Suárez (trompeta y flugelhorn). Acompañados ahora por Charly Pagura en contrabajo y Pablo Dawidowicz en batería y percusión, los hermanos Suárez concretarán mañana la presentación oficial de esta nueva obra, en un concierto que se realizará a las 21 en el Centro Cultural Bernardino Rivadavia, con entrada libre y gratuita.

Consultado por Rosario/12, Luis Suárez anticipó las cualidades de una función que permitirá aproximarse a las once canciones que conforman Laberinto, cinco de las cuales llevan la firma del guitarrista. “La muerte de Nono nos pegó muchísimo a Mariano y a mí, y estuvimos un tiempo desconcertados –explicó el saxofonista–. Nono llegó a participar de todas las decisiones artísticas del disco, lo habíamos terminado de grabar, habíamos pautado qué iba a quedar y qué no. Cuando él ya estaba enfermo fuimos a Buenos Aires, lo llegó a escuchar, y con Mariano pensamos que le gustó mucho. Pero a partir de su muerte estuvimos en un momento en el que la música no era lo importante. Después con el paso del tiempo me puse a hacer el trabajo de mezcla y masterización final del disco, algo muy emotivo porque estaba escuchando permanentemente lo que había grabado Nono, que era una cosa muy fresca”.

Sin embargo, los fundadores de El Umbral decidieron que, de cara al futuro, no habría reemplazo posible para Belvis. “El disco se terminó y después con Mariano no queríamos tener un guitarrista para hacer lo que hacía Nono, entonces de manera casi natural se dio una nueva formación con contrabajo y percusión –apuntó Suárez–. En definitiva, los dos músicos que completan El Umbral participaron de la grabación, y sin quererlo volvimos al origen absoluto de El Umbral, que fue con dos vientos, percusión y bajo”.

En ese marco, lo que podrá escucharse mañana en el recinto de San Martín 1080 serán nuevos abordajes a aquello que fuera registrado por Belvis y los Suárez junto a diversos invitados (Pagura y Dawidowicz, sí, y también Jorge Migoya, Gastón Bozzano y Carlos Soler). Así lo anticipó el saxofonista: “Estamos muy conformes con el disco, y ahora vamos a reversionar los temas. Obviamente es interesante porque es otra vuelta de tuerca. El espíritu no se pierde, siempre está la improvisación y todo lo que ha caracterizado a El Umbral. Estamos contentos con cómo está sonando la banda, pero tampoco tengo la certeza de lo que vendrá. Me parece que, de alguna manera, ya no es fundamental el tema de los proyectos, sino lo que realmente se hace. Esa es la verdad”.