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Acordes que vienen del fondo del tiempo (Rosario/12)

por Edgardo Perez Castillo

 

Aún cuando son diversos los méritos que relucen en Los tangos y los días, es uno el que, indefectiblemente, se impone por sobre el resto. Porque la obra registrada por el guitarrista Gabriel Data y el pianista Alejandro Tejeda tiene el enorme valor de reflejar la identidad sonora del dúo, puesta al servicio de (y vaya aquí otro acierto) un repertorio clásico pero no efectista. Sin embargo, la mayor virtud de esa obra pudo comprobarse como fruto de algunos imponderables: registrado en 1997 en el ya desaparecido estudio Big Audio Records, el disco no fue editado en su momento, y si bien el material fue resguardado, fue recién en 2016 cuando el propio Data se rencontró con esas obras y las masterizó en el Centro de Estudios en Música y Tecnología de la Universidad Nacional de Rosario. A veinte años de aquella grabación, el sello BlueArt viabilizó la edición de una obra que hoy brilla por su vigencia en una ciudad que, en esas dos décadas, se vio marcada por el resurgimiento del tango, por la aparición de jóvenes intérpretes y compositores que proponen infinitos abordajes al género. Es precisamente este contexto de enorme valía el que eleva la vara para Los tangos y los días, un disco que, lejos de desentonar, sigue distinguiéndose con su abordaje personal a obras como “A Dos Agustín Bardi”, “La última curda”, “Nunca tuvo novio”, “El choclo, “Nocturna” o “Tinta roja”, entre otras.
“Cuando reapareció el material lo volvimos a escuchar y sentimos que hoy podría funcionar, que no lo que estábamos haciendo en aquel momento no está fuera de contexto, fuera de época”, admite Alejandro Tejeda, que luego de la grabación de aquella obra fue dejando a un lado su labor como músico profesional para volcarse a la gestión cultural. Para Gabriel Data, el registro fue de algún modo una despedida al género: además de su rol como docente en la Universidad Nacional de Rosario, y de su tarea como ingeniero de estudio, desde entonces ha profundizado su vínculo con la música electroacústica. Esos nuevos senderos profesionales alejaron a la dupla de aquel proyecto de dúo, llegando a un presente que, humor mediante, los tentó a bautizar al disco como “Impresentable”.
‑ ¿Qué cosas surgieron en ustedes al reencontrarse con estas músicas, veinte años después de haberlas grabado?
‑ Alejandro Tejeda: En lo personal me pasó preguntarme por qué no seguí tocando… La vida te va llevando por caminos distintos, uno tiene que ir tomando decisiones. No es un lamento, sino que sentí que había allí una cosa que podría haber explotado de manera distinta. Gracias a Dios que llegó hasta ahí, porque humildemente creo que el producto está bueno. Removió muchas cosas internas, pero la vida es así, te va llevando por caminos que uno no piensa. De hecho después de eso casi que no toqué más, no al menos en el sentido de vivir de la música.
‑ Gabriel Data: A mí me pasó eso de sentir que es una música que parece haber sido hecha ayer. Sigue siendo una propuesta original. Nosotros cuidábamos mucho el lenguaje del tango, pero tratábamos de no caer en los yeites del tango. La misma formación te lleva a éso. Tiene que ver con una decisión artística, pero también con el material con el que decidimos jugar. Jamás nos planteamos, por ejemplo, tocar con bandoneón.
‑ A.T.: A veces desde la insolencia, desde la inconsciencia, abordábamos un género que, en mi caso, la verdad no tenía estudiado. Sí lo tenía muy escuchado, porque en mi familia se escuchaba tango, y llega una época en la que el tango te empieza a gustar. La verdad es un género maravilloso, que permite una variedad de expresiones infinitas. Nosotros ensayábamos mucho, trabajábamos mucho, era una permanente búsqueda de sonoridades, ver cómo armarlo para que los instrumentos no se molestaran, cómo lograr que los dos fueran protagonistas, cómo no parecernos al monstruo que era la dupla Horacio Salgán y Ubaldo De Lío. En esa química se dio esto de dos instrumentos haciendo tango, funcionando a la par, en un diálogo musical, a mi criterio, interesante.

‑ G.D.: En los ensayos arreglábamos y trabajábamos mucho. Lo que ocurría era que, no siendo bandoneonista, acá en Rosario no había un lugar donde poder estudiar, por ejemplo, la guitarra en el tango. Tenías que hacerlo con alguien que tocara tango, en una relación maestro‑discípulo. Los bandoneonistas sí, porque estaba Domingo Federico, Omar Torres, había muchos maestros. Entonces nosotros tuvimos que moldearlo y apelamos a la memoria emotiva: en mi caso mi padre escuchó tango toda la vida, bailaba tango. Un poco con esa memoria fuimos reconstruyendo el estilo. Lo que sí nos planteamos, quizás no conscientemente, fue que al empezar no arrancamos con los clásicos del tango que nos aseguraran el éxito, sino con obras que eran maravillosas pero no las más populares. Tampoco buscar la copia de lo más moderno, Piazzolla o ese tipo de cosas. La idea era buscar una sonoridad personal, darle un toque propio. Y creo que el disco refleja esa multiplicidad de repertorio dentro del tango.

‑ Una multiplicidad que se ve unificada por esa visión personal: al escuchar el disco, hoy, se trasluce esa sonoridad propia.
‑ A.T.: Sí, indudablemente.
‑ G.D.: Sí… hay un montón de cosas que uno las puede pensar y que no son las que salen, y otras uno no las piensa pero las perciben de afuera. Esa toma de distancia es muy difícil. Pero escucho al disco ahora y veo que hay una forma de hacer las cosas que eran propias del dúo, salían ahí.
‑ A.T.: Son cosas que hoy, a la distancia, las podemos analizar. En ese momento ocurrían. Muchas veces nos proponíamos hacer las cosas de determinada manera, otras surgían así. Hoy podemos ver que iban en una dirección, pero en ese momento no es que conscientemente lo estábamos pensando. De todas maneras no lo veo con la nostalgia de lo perdido, sino con la alegría de haberlo podido hacer en ese momento. Tenerlo hoy plasmado en un Cd es como cerrar una etapa. Una etapa que llegó hasta ahí, y que fue buena.
‑ G.D.: De ninguna manera fue una decisión de pérdida, de tristeza. No es la nostalgia tanguera. Todo lo contrario. Para mí es una sensación de alegría, de recuerdos fabulosos. Y de no haber perdido contacto con esa música. El tango es uno de esos géneros que impactan. Cuando el tango se instala, es un género que no podés dejar. Por más que no lo hagas en la práctica, siempre está ahí dando vueltas.

 

https://www.pagina12.com.ar/39026-acordes-que-vienen-del-fondo-del-tiempo

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Sergio Wagner Quintet Presenta “Edén” (Club de jazz)

El trompetista Sergio Wagner tocará con su quinteto, presentando su primer disco solista, “Edén” compuesto por Juan Canosa (trombón), Miguel Tarzia (guitarra eléctrica), Leonel Cejas (contrabajo) y Carto Brandán (batería). El disco tiene nueve temas y tres pequeños interludios, todos ellos originales, excepto el tema “Dos Murciélagos” de Spinetta.

Entre sus trabajos discográficos se encuentran dos álbumes de estudio con el grupo Brote, el primero Brote fue editado en 2008, y el segundo La urgencia de lo incierto en 2011. En 2013 el sello RivoRecords editó Backstage Sally donde -junto a Alan Zimmerman- lidera el grupo Hard bop Sextet, homenajeando a los principales artistas de la era hard bop. Luego de ser convocado para numerosas grabaciones de diferentes artistas nacionales, decidió desarrollar y componer su música. Hacia fines de 2015 grabó en estudio su primer disco solista Edén con composiciones originales. Actualmente participa en los grupos de Luis Nacht, Boris Big Band, Mariano Otero, Alan Zimmerman, Leonel Cejas, Nico Cota, entre otros.

 

http://clubedejazz.com/events/sergio-wagner-quintet-presenta-eden/



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Se viene el Festival de Jazz

 

Entre las formaciones convocadas estará el grupo Pólux, de Campana (Buenos Aires), ofreciendo un tributo jazzero a los Beatles. También se presentarán los dúos integrados por Lucrecia Aragón & Juan Grandi Claudio Cardone & Carlos Casazza, el cuarteto formado por el baterista Omar Pogonza– figura histórica del jazz local – , el grupo de Luciano Ruggieri – otro de los grandes bateristas locales del género de proyección nacional – y la banda Dr. Smooth con su particular estilo en la fusión de los principales tips del jazz, funk, bossa y soul.

El viernes 9 acturará también el notable trompetista porteño Sergio Wagner quien presentara su primer disco “Edén” (BlueArt, 2017) junto a su agrupación integrada por Sergio Wagner (flugel y trompeta), Juan Canosa (trombón), Miguel Tarzia (guitarra), Leonel Cejas (contrabajo) y Carto Brandán (batería).

El sábado 10 cerrará el festival el cuarteto del contrabajista, compositor y director argentino Jorge López Ruiz presentando un programa de composiciones de George Gershwin, Cole Porter, Thelonious Monk, Duke Ellington, Benny Golson y obras propias. Jorge López Ruiz Cuarteto ha realizado numerosas presentaciones personales junto a figuras como Jim Hall, Tony Bennett, Ella Fitzgerald, Buddy de Franco, Nat “King” Cole, Larry Coryell,  Joao Gilberto, Lalo Schifrin, etc. En su obra se destacan El Grito (1967) y Bronca Buenos Aires (1970). Su trayectoria abarca una quincena de discos grabados en la Argentina y Nueva York e innumerables bandas de sonido para cine y teatro. Lopez Ruiz es además Doctor en Música por la Columbia Pacific University de San Francisco y Doctor Honoris Causa por The London Institute for Applied Research.

Las entradas gratuitas se retiran (dos por persona y por noche) una hora antes de los conciertos hasta agotarse.

 

Programa general:

Viernes 9 de junio.

19 horas / Beatles Jazz Tributo

El grupo Polux, oriundo de Campana, rinde homenaje en formato jazzero a la banda más representativa de la música de todos los tiempos: Los Beatles.          

Mariano Alberti, guitarra

Pera Bogliotti, batería

Rubén Ramos, bajo

Daniel Worner, saxo alto

 

20 horas / Aragón & Grandi

El dúo ratifica su crecimiento musical y se destaca por un sonido y lenguaje sólidos. Formado hace poco más de dos años cuentan ya con un registro discográfico que incluye canciones de Aragón con arreglos de Grandi.

Lucrecia Aragón, voz

Juan Grandi, piano

 

21 horas / Sergio Wagner Grupo

El notable trompetista porteño Sergio Wagner presenta su primer disco “Edén” (BlueArt, 2017). Música original de una sonoridad homogénea y auténtica.

Sergio Wagner, flugel y trompeta

Juan Canosa, trombón

Miguel Tarzia, guitarra

Leonel Cejas, contrabajo

Carto Brandán, batería

 

22 horas / Cardone-Casazza

La unión de dos talentosos músicos le dieron forma a un proyecto compartido que revisita temas de los repertorios de Pat Metheny, Joni Mitchell hasta Luis Alberto Spinetta.

Claudio Cardone, teclados

Carlos Casazza, guitarras

Músicos invitados: Luciano Ruggieri (batería), Tutu Rufus (bajo), Yamile Baidón y Julián Venegas (voces)

 

Sábado 10 de junio.

19 horas / Dr. Smooth

Formada en 2012, la banda integrada por músicos de la ciudad de destacada trayectoria explora el particular estilo del Smooth Jazz, que fusiona los principales tips del jazz,           funk , bossa & soul .

Leonel Lúquez, teclados

Willy Torres, bajo

Yamile Baidon, voz

Nicolás Getzrow, guitarras y voz

Héctor Mansur, batería

 

20 horas / Omar Pogonza Cuarteto

Figura histórica del jazz en Rosario (integró la primera formación del grupo El Umbral y fundó Conexión 5), el baterista Omar Pogonza tiene nueva banda con música propia, que fusiona los estilos del jazz, el blues, el funk y el latin, y la presenta en exclusiva.

Omar Pogonza, batería

Roberto Ceballos, saxos

Gustavo Girves, teclados

Gabriel Sena, bajo

 

21 horas / Luciano Ruggieri Grupo

El baterista Lucho Ruggieri, uno de los músicos más requeridos en la escena jazzística del país, interpretará música de diversos estilos con una sonoridad propia, arraigada a la tradición del jazz.

Luciano Ruggieri, batería

Sebastián López, guitarra

Federico Riva, guitarra

Lucas Polichiso, órgano

Franco Di Renzo, contrabajo

 

22 horas / Jorge López Ruiz Cuarteto

El contrabajista, compositor y director argentino presenta en un programa de composiciones de George Gershwin, Cole Porter, Thelonious Monk, Duke Ellington, Benny Golson y obras propias. Ha realizado numerosas presentaciones personales junto a figuras como Jim Hall, Tony Bennett, Ella           Fitzgerald, Buddy de Franco, Nat “King” Cole, Larry           Coryell, Joao Gilberto,           Lalo Schifrin, etc. En su obra se destacan El Grito (1967) y Bronca Buenos Aires (1970. Su trayectoria abarca una quincena de discos grabados en la Argentina y Nueva York, e innumerables bandas de sonido para cine y teatro. Doctor en Música por la Columbia Pacific University de San Francisco y Doctor Honoris Causa por The London Institute for Applied Research.

Jorge López Ruiz, contrabajo

Jorge Cutello, saxo alto y flauta

Tomás Fraga, guitarra

Germán Boco, batería

Cecilia López Ruiz, cantante invitada

 

Entrada gratuita. Capacidad limitada.

(Se retiran una hora antes de cada concierto – 2 por persona).

Centro Cultural Roberto Fontanarrosa [San Martín y San Juan]

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Hernán Jacinto y Fabio Cadore, el 3 de junio en Rosario

Hernán Jacinto es uno de los mejores pianistas argentinos (trabajó con Luis Alberto Spinetta, Pedro Aznar, Luis Salinas, recibió el Premio Clarín “Revelación en Jazz del Año 2011”). Fabio Cadore nació en San Pablo, es un cantante sorprendente, además de guitarrista y compositor. Juntos llevan adelante un amplio recorrido por grandes canciones.

  

El show se hará el sábado 3 de junio, a las 21.30, en el Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río). Anticipadas en galerías del CCPE, de 15 a 20, y en Ticketek

 

General anticipada: $300

Día del show: $350

 

Escuchá y mirá!

Mi Elemento | Fabio Cadore & Hernan Jacinto

Conversa de Botequim | Fabio Cadore & Hernan Jacinto

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Ya se consigue

El guitarrista Gabriel Data y el pianista Alejandro Tejeda grabaron hace 20 años un disco de tangos. Se trata de unmaterial valioso que se edita por primera vez. No sólo es un registro de época en Rosario sino de una música quesensibiliza por su audacia, su picardía, y por la entrega de dos músicos en aquel entonces, sin prejuicios, para elabordaje de un género que los emocionaba. Las versiones “Nocturna”, “Milonga de mis amores” y “Tinta Roja” dan cuenta de ello.

 

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De la amabilidad al riesgo (Rosario/12)

 

Diez años después de haber prestado su guitarra solista a un repertorio tanguero, Mauro Ramos retomó ese esquema solista para darle forma a La rueda mágica, donde propone un recorrido por hits y clásicos de Fito Páez. Y no es ésa una distinción menor: en esta obra, el guitarrista delineó un repertorio que se hamaca entre una amabilidad efectista (en servicio de los hits) y la posibilidad de imprimir una mirada propia a algunas de las joyas del compositor rosarino.

Instalados en el oído popular por su masificación radial, por el suceso que significó la aparición de El amor después del amor, entre los primeros aparecen “La rueda mágica”, “Brillante sobre el mic” y “Tumbas de la gloria”. Esa tríada abre el disco invitando rápidamente a la conquista del público masivo, con un esquema que se reitera: sobre bases gentiles, Ramos desarrolla con eficiencia las líneas melódicas que invitan a acompañar a viva voz cantando esas letras que sabemos todos.

Afortunadamente, lejos está Ramos del rasgueo de fogón, mostrándose como un intérprete dúctil y talentoso que logra sus mejores momentos cuando va en busca de riesgos. Es entonces cuando aparecen los clásicos, aquellos temas extensamente transitados, revisitados por grandes artistas, los que perdurarán por peso propio más allá de los designios del mercado.

Cando Ramos presta sus cuerdas a “Las cosas tienen movimiento” y “Yo vengo a ofrecer mi corazón” (y, poco después, a “Ambar violeta”) el disco alcanza una profundidad que bien podría haber sido eje troncal de toda la producción. El pulso entre urbano y folclórico que allí se impregna resalta frente a la amabilidad de los éxitos de vestidura pop rockera.

Al margen de estas distinciones, La rueda mágica –que esta noche, a las 21.30, se presentará en el Petit Salón de Plataforma Lavardén– propone un paseo homogéneo por un recorte popular de la vasta obra de Páez. Un recorte que prueba la efectividad de una fórmula interpretativa de valía, que logra sus mejores momentos cuando esquiva los gustos de la taquilla y asume el riesgo de brindar su mirada sobre canciones inoxidables.

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Aquellos hits de Fito que también brillan entre cuerdas (La Capital)

por Pedro Squillaci

Los días en cualquier lugar/perdido en un inmensa ciudad/en una rueda mágica”. Fito no canta, pero es como si lo hiciera, porque las cuerdas de Mauro Ramos tienen voz propia. “La rueda mágica”(BlueArt Records) se titula el disco de Ramos, que presenta hoy, a las 21.30, con entrada libre y gratuita en el Petit Salón de Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza).

El músico de Las Rosas ya tiene otros cuatro discos editados, en los que mechó temas propios con cierto pulso de música ciudadana e incluso versionó al mismísimo Astor Piazzolla. Pero esta vez quiso hacer una suerte de homenaje a las melodías más entrañables de Páez. “De Fito me gusta mucho la música, las melodías y los giros armónicos, y la forma que tiene de componer, que no me pasa con otra música de rock. Aunque lo de Fito no es esencialmente rockero, hay cosas más tangueras y de bossa nova, y eso siempre me atrajo mucho de su obra”, expresó.

Con guitarras acústica y criolla, Ramos interpretó diez perlitas del cancionero de Fito: “La rueda mágica”, “Brillante sobre el mic”, “Tumbas de la gloria”, “Las cosas tienen movimiento”, “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, “Mariposa teknicolor”, “Pétalo de sal”, “Un vestido y un amor”, “Ambar violeta” y “Tema de Piluso”.

“Los arreglos son míos, pero traté de limitarme a hacer las versiones para respetar bien las melodías que de por sí son bien redondas”, destacó Ramos y vaya si se nota. Aunque los temas suenan desnudos, sin la acostumbrada instrumentación que suele poner Fito, los punteos invitan a cantar y genera en el oyente una suerte de karaoke atípico.

“En Fito encontré giros hacia el tango que me hicieron sentir identificado. Eso se percibe bien en su disco a solo piano “Rodolfo”, que tiene zambas y temas como «Yo vengo a ofrecer mi corazón» con un aire a chacarera, o bien «La despedida», que en este recital lo vamos a hacer con un invitado especial que es Carlos Di Giácomo”, indicó el músico de 33 años.

No fue fácil elegir el repertorio para este material. “Si por mí fuera hubiese elegido otras diez más o bien hecho un disco triple, porque canciones tiene de sobra, lo que pasa es que es mucho trabajo”, dijo entre risas.

Aunque el próximo disco de Mauro Ramos será junto a un grupo y con temas propios, no cesa su interés por versionar a sus referentes. “Me gusta Piazzolla, Chopin y Fito, y ahora me falta el disco de Chopin en guitarra, que es muy difícil, pero estoy trabajando en eso”, indicó el músico.

“Me decidí por el título del disco porque está bastante asociado a la obra de Fito, la rueda mágica es un poco la vida —dijo—, estar en la rueda y no saber qué puede pasar, cosas buenas y cosas malas, pero hay que seguir la rueda, y que no pare”. De fondo sigue sonando “La rueda mágica”, justo en el estribillo de “nuestra vida es un lecho de cristal” y parece que esta última frase de Mauro se cristaliza entre sus cuerdas.

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“Los tangos y los días”, un lanzamiento del dúo Data-Tejeda veinte años después (La Capital)

por Gastón Bozzano

Es mediados de 1996 y el tango en Rosario está próximo a reinventarse. Pero no aún. Eso sucederá en el transcurso de los años que siguen. Por entonces en la ciudad todavía no está el enjambre de orquestas buscando dónde presentarse, tampoco las decenas de jóvenes bandoneonistas dispuestos a comerse el mundo en una noche, menos aún el fulgor de las milongas, y no existen, literalmente, ediciones discográficas de producciones tangueras contemporáneas.

En aquellas noches de ese paisaje finisecular, el gigante Domingo Federico recién empieza a ver los primeros brotes verdes de su cátedra de bandoneón, creada en 1993 en la Escuela de Música de la UNR (una suerte de útero desde el cual se alumbrará toda una generación de músicos en los años subsiguientes). Es un momento de crisis para el tango rosarino en términos estéticos, una geografía donde lo nuevo aún no ha llegado y lo viejo no termina de irse. En ese contexto histórico y astral el guitarrista Gabriel Data y el pianista Alejandro Tejeda se dispusieron a grabar un disco de tangos. Se trata de “Los tangos y los días” (BlueArt Records), que constituye una singular marca de época y, si de particularidades se trata, hay que sumar esta otra: se publica recién por estos días, casi veinte años después de haber sido grabado.

El Dúo Data-Tejeda -conocido por entonces en Rosario desde su debut en 1989- grabó el disco en los estudios Big Audio, de calle Moreno al 1600, en el fugaz sistema A-Dat (los viejos dispositivos de videocasetes); la grabación fue salvada en un Dat (el diminuto casete digital) y alguien, luego de unos años, hizo afortunadamente una copia en CD que terminó guardada en un ropero familiar. Dos décadas después la copia fue hallada azarosamente, su contenido remasterizado, y hoy esas músicas ven la luz y se disponen a ser compartidas.

Años de poco tango. “Estuvimos fuera de época: cuando nosotros dejamos de tocar apareció todo lo otro, empezó a explotar el tango en Rosario”, dice ahora, entre risas, Alejandro Tejeda. “En ese momento no había ni un joven bandoneonista tocando en la ciudad”, apunta Gabriel Data, un dato contrastante con los tiempos actuales. “Han pasado veinte años pero podemos decir con convicción que hay un trabajo muy honesto detrás de todo esto, y además mucho: ensayábamos toda la semana y buscábamos un sonido, una forma. Desde luego, algunas cosas no venían del lenguaje tanguero, yo nunca fui un estudioso del tango, y también eso marca lo que hicimos”, dice Tejeda.

Quizás por todo ese contexto y por la osadía de los músicos, “Los tangos y los días” resulta una obra sostenida por matices y originalidades. El dúo no tiene la impronta del legendario Salgán-De Lío, y no sólo porque Gabriel Data tocó una guitarra con cuerdas de nailon (a diferencia de De Lío, que pulsaba cuerdas metálicas), sino por la aproximación interpretativa a cada una de las piezas. En los once tracks, que arrancan con “A Don Agustín Bardi” y concluyen con “Tinta Roja”, el dúo da cuenta de un diálogo que parece no tener final: hasta la conclusión de cada pieza, un eterno contrapunto.

“Sí, la particularidad del dúo era la forma de diálogo -señala Data-. Por momentos el arreglo no está nunca quieto, hay mucho contrapunto y el tema está repartido. La música se junta y se separa todo el tiempo. Lo interesante es cómo se relacionan los dos instrumentos, y eso es algo que se fue dando: no había una forma de llevar el tema de modo preestablecido. Yo, sobre todo, escribía después algunas cosas, pero nada más para no olvidar lo que habíamos tocado en el ensayo. Y habíamos incorporado también la improvisación, algo no común en el tango”.

“Había muy pocas cosas escritas, cambiábamos ideas y tocábamos. Hay arreglos que son de ambos y algunos individuales; claro que teníamos a Salgán-De Lío como referencia, pero ni podíamos llegar a ese nivel ni queríamos parecernos a ellos, lo nuestro era todo muy inconsciente”, dice Tejeda. A propósito de las inquietudes en las que reparaban, Gabriel Data agrega: “A veces nos deteníamos en un acorde y yo lo armaba en la guitarra de manera que se empastara mejor con la mano izquierda del piano; o sea: explorábamos por otro lado, no estaba el arreglo escrito desde el vamos. Nuestro punto de partida era una partitura conseguida en las casas de música locales”.

Con esos materiales (una partitura conseguida y el recuerdo sonoro que ambos tenían de los temas que elegían) y ese procedimiento (juntarse a tocar) el dúo Data-Tejeda comenzó su camino en 1989. Lo hizo en la Sala de la Cooperación en un festival de la revista Hipótesis que dirigía Eduardo Aliverti, y en esa ocasión compartió escenario con Tangata, un grupo de mujeres que también interpretaban tango entre las que se contaban Alicia Petronilli en bandoneón y Adriana Notta en guitarra. El Berlín, La Muestra y el Centro Cultural Bernardino Rivadavia fueron algunos de los lugares donde el dúo dejaría su huella en los años que seguirían; también en la Bienal de Arte Joven Rosario Imagina de 1990, donde fue distinguido (“Nos distinguieron sí, pero ya no éramos tan jóvenes”, bromea Tejeda). El grupo dejó de tocar en 1997, año en el que concluyó también la grabación que ahora se edita. Entre nostalgias, Alejandro Tejeda medita: “Me pregunto muchas veces por qué no seguí tocando estos tangos, pero así fue. El disco en algún punto es también el dolor de lo que no pudo ser. Pero reitero, es un material valioso”.

“Los tangos y los días” es un material valioso, pero no sólo porque se trata de un registro de época, siempre requerido y funcional a la escritura de la Historia, sino porque es una música que sensibiliza por su audacia, su picardía, y por la entrega de dos músicos en aquel entonces, sin prejuicios, para el abordaje de un género que los emocionaba. Las versiones de “Nocturna”, “Milonga de mis amores” y “Tinta Roja” dan cuenta de ello. Apenas unos años después de la grabación de este CD, el tango de Rosario, otra vez, reclamaría para sí todo su esplendor.

Piano histórico

Detrás de la grabación de “Los tangos y los días” hay un piano con historia. Unos años antes de 1996, Alejandro Tejeda trabajaba en el noviciado que estaba ubicado en la intersección de Moreno y Ocampo, donde daba clases de música. Allí, en una pieza, había un piano: un Steinway & Sons de media cola, propiedad de un médico de la ciudad. “Un tiempo después le comenté esto a Alberto Gollán (a la sazón titular de los estudios Big Audio Records) porque él estaba a la búsqueda del piano que había sido de su abuelo, y resultó ser este. Finalmente lo compró, el piano fue restaurado y afinado por Carmelo Miele y Guido Maranzana, y fue la nota distintiva en los estudios Big Audio, donde grabamos el disco”, comenta ahora Tejeda. Gollán supo enseguida por qué ese era el mueble musical de su abuelo, y no otro: ese piano tiene las firmas, las marcas, las rayas hechas autográfos, de leyendas que alguna vez visitaron la ciudad y lo tocaron. Entre estas firmas están las de Igor Stravinsky y Claudio Arrau.