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Robben Ford – 18 Julio – Plataforma Lavardén

 

Se presentará por primera vez en Rosario el viernes 18 de julio a las 22, en sala Lavardén, junto a  su trío, que completan Brian Allen (bajo) y Wes Little (batería).

Robben Ford es uno de los más grandes guitarristas de jazz & blues de todos los tiempos. Sin dudas, este músico californiano es toda una institución en el género, con casi 50 años de carrera.

Nació en California en 1951 y creció en un ambiente musical. Su padre, Charles Ford tenía su propia banda de blues, Charles Ford Blues Band, en la que figuraban como músicos sus hijos.

La fama mundial como guitarrista le llegó en 1986, año en el que figuró como músico de Miles Davis, por fusionar de manera genial jazz y blues de un modo innovador.

Robben Ford también ha tocado en vivo y colaborado en álbumes con  George Harrison y Joni Mitchell, además de haber sido uno de los fundadores de la célebre banda de jazz fusión, Yellowjackets.

 

Las entradas anticipadas con descuentos (hasta el 29 de junio) se pueden adquirir en:
Disquería Paraphernalia (Rioja 1070)
de lunes a viernes de 10 a 13 y de 16.30 a 19.30 y sábados de 10 a 13 hs.
y por sistema Ticketek.

Plateas bajas anticipadas limitadas a $300 Platea alta: $250 

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Evento en Facebook:

www.facebook.com/events/286161028219065



Escuchá su música en:
www.lastfm.es/music/Robben+Ford/_/Midnight+Comes+Too+Soon

Web oficial:
www.robbenford.com/

Mirá el video: Robben Ford – Freedom

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Elefantes (Club del Disco)

 

“Gracias a Litto Nebbia por permitir este renacimiento”, señala Jorge Migoya, el pianista, clarinetista y guitarrista rosarino radicado en París desde hace mucho tiempo al pie de la ficha técnica del CD.

“Con motivo de su visita al país para realizar algunos conciertos en Capital, Rosario y Santa Fe, produjimos este álbum de su original música y arreglos. La banda para lograr este cometido estuvo integrada por el batero francés Laurent Chofflet y los ya conocidos por nosotros Marcelo Moguilevsky (saxos y fauta) y César Franov (bajo)”, decía el texto original firmado por Nebbia cuando se lanzó el LP.

Temas de una gran originalidad, que no envejecieron con el paso del tiempo, y que permiten disfrutar de la versatilidad de este multiinstrumentista, en el marco de un cuarteto de virtuosos. Son igualmente cautivantes los temas en los que Migoya toca piano o guitarra como sus dúos de vientos con Moguilevsky (ver El tonto, track 5, por ejemplo).

Las cintas originales fueron remasterizadas en 2013 para esta bella primera edición en CD, que incluye un bonus track inédito: Fuegos y cenizas.

“Con la memoria por no desaparecer, con arrugas en la piel como elefantes”, escribió este talentoso rosarino para el CD, 22 años después, cerrando el círculo.

 

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Horacio Fumero y un disco con aires pampeanos (La Voz)

Por Adrián Baigorria

 

El contrabajista argentino Horacio Fumero vive hace tiempo en Barcelona. Se fue siguiéndole los pasos al mítico saxofonista Gato Barbieri, en un tour europeo, y quedó allá, tocando, dando clases, girando y componiendo. Cada tanto, vuelve a su Santa Fe natal y edita material nuevo, como ahora, que acaba de publicar por el sello especializado BlueArt Records su disco Vuelos, en formato trío, junto al pianista Diego Schissi y al trompetista cordobés Mariano Loiácono.

Registrado en los estudios Sound Rec de Buenos Aires, en agosto de 2013, Vuelospresenta cada composición trabajada en primera toma, como suelen hacer los buenos músicos de jazz, para crear una atmósfera cercana a la de un concierto en vivo.

El trabajo oscila entre el sonido del jazz y ciertos aires de música popular argentina, propios de las planicies santafesinas, en las que Fumero nació y se crió (en el pueblo de Cañada Rosquín), y del que partieron a Buenos Aires con su amigo León Gieco, cuando tenían sólo 19 años. Todos los temas del disco llevan nombres de pájaros litoraleños y son de autoría de Fumero, excepto una original versión de Las golondrinas, del compositor argentino Eduardo Falú, grabada sólo con un sutil tratamiento del contrabajo.

El disco abre con Chimango, un tema que arranca con el contrabajo de Fumero en solitario durante poco más de un minuto, para luego ceder paso a una armonía que remite a la chacarera, en el piano de Schissi. Las sonoridades del folklore argentino aparecen más claramente en Torcacita, que comienza con un enigmático fraseo de la trompeta de Loiácono. En Tero Tero, el sonido del jazz se manifiesta más contundente, al ser una composición que bien puede encuadrarse dentro del bebop, llevada por el walking bass de Fumero.

Vuelos está atravesado por la fluidez del tratamiento que el original trío hace de los temas, evitando los remanidos caminos de la fusión. Hay una especie de comandancia alternada en cada corte, que transita del ritmo del contrabajo de Fumero a la melodía llevada por el personal sonido de Loiácono o a las armonías que describen las teclas de Schissi.

Excepto el tema Carancho, que ya tiene cerca de cinco años y fue grabada en formatos de quinteto y dúo, el resto de las composiciones son recientes. En el tratamiento del disco, Fumero cambió la percusión por la flexibilidad y las modulaciones rítmicas que puede generar desde su contrabajo, además de su inclinación por los silencios que, en su concepción musical, son imprescindibles para resaltar las cadencias y las texturas sonoras.

Vuelos

Muy bueno

Horacio Fumero

2014

BlueArt Records

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Al rescate de Cole Porter (Página/12)

 

Por Cristian Vitale

La lluvia emparda las cosas. La gente que escucha es casi igual, en número, a la que toca. Poca en el primer caso. Mucha en el segundo. Poca, en las butacas, debido al clima, lógico, pero también a la endémica impronta under del jazz argentino. Mucha, en escena, porque los que acompañan a Alberto Tarantini en su cruzada por revivir a Cole Porter configura una big band. Está Bernardo Monk, que se encarga del solo de saxo tenor de “I Get a Pick out of you”. Están Fernando Chiappero en corno y Juan Cruz de Urquiza, que luce su trompeta en “Every Time we Say Goodbye”. Está el saxo alto de Gustavo Cámara que manda en la sintomática “Easy to Love” y están todos –ellos y varios más, claro– bajo la dirección de Juan Carlos Cirigliano, y el fin de recrear un puñado de piezas, “apenas” dieciocho, de entre las más de mil que sembró el compositor y letrista estadounidense, muerto hace ya cincuenta años. “Fue mi gusto, así de fácil. Me leí dos biografías enteras de Porter. Conozco desde que se cayó del caballo y se arruinó las piernas hasta sus amantes con problemas, y fui viendo épocas, musicales, contextos. No sé, hubo cosas muy buenas y hubo sapos también… el tipo la peleó mucho, ¿no? En fin, hice un trabajo detallado de investigación y elegí lo que elegí simplemente por gusto, los temas descollantes y los que más emocionan”, dice Tarantini, consumado el concierto, y con un retrato de Gardel que lo mira “de coté”, mientras cuelga de una pared de La Botica del Angel.

De la casa –es un decir– de Eduardo Bergara Leumann (Luis Sáenz Peña 541), donde la big band de Tarantini presenta y presentará el disco Tributo a Cole Porter todos los jueves de abril, rodeada de angelitos colgantes, antigüedades, fotos de artistas que jugaron de local en ella y cuadros de Berni, Soldi o Noé. “El tipo que toca el piano en el bar de Medianoche en París, la película de Woo-

dy Allen, es Cole Porter, y este lugar, como aquél, también es el de un artista, un mecenas, un vanguardista, un tipo de este palo del cual Porter, sin dudas, hubiese sido amigo. Me siento cómodo aquí, y espero que no haya lluvia en la próxima”, ruega el cantante, con las luces del café concert en retirada y los ecos de la bella “Miss Otis Regrets” sostenidos entre rincones, esperando revancha.

–¿Por qué Porter?

–Porque era un tipo culto, muy sofisticado, que hizo un año de Derecho en Harvard, y yo estudié ahí, incluso tuve contacto en la disputa entre esa universidad y la de Yale, por su legado, ¿no? Porter era un tipo del ambiente universitario, y eso me produce una cercanía con él. Además había estudiado mucha literatura y era un tipo que había compuesto letras y músicas, con una gran comunión entre ellas. Y a mí me importan mucho las letras.

–Se nota. En el vivo acaba de explicar de qué hablan o en qué marco fueron compuestas.

–Porque sé que no todos entienden inglés y no quiero que estén en la luna.

–¿Y en lo musical?

–Bueno, hay temas de Porter que son más raros que perro verde (risas). El arreglador se queja: “El puente en vez de ir para acá va para allá, ¿cómo es esto?” (risas). Y eso que Cirigliano –el arreglador– es un tipo que tiene mucha escuela musical. Estudió con Bill Evans, sabe un montón de música y conoce muy bien cómo se arregla una banda. Es un lujo para mí tenerlo a él y tener a estos músicos, claro.

Tributo a Cole Porter, que Tarantini editó a través del sello BlueArt, es el tercer disco de una cosecha que comenzó con Jazzy, placa en la que el baterista devenido cantante combina standards de jazz en portugués, inglés y francés con un par de tangos. Y prosigue con el nodal Gershwin & Piazzolla, disco doble destinado a cruzar el legado de ambas musas urbanas. “Me di el gusto de juntar los mundos del jazz y del tango, e incluso de cantar piezas de Astor que no muchos saben que tienen letra. Me refiero a ‘Adiós Nonino’ o ‘Invierno porteño’. Pasó eso, y por rescatar a Gershwin que, para mí, tiende un puente directo con Porter. Digamos que quise plasmar una continuidad estética”, explica Tarantini, a quien una mezcla de empirias y azares lo llevó a trocar la batería y el piano por el canto. “Me decidí a cantar por dos motivos: uno, porque mi mamá era cantante y yo lo hago desde los cinco años. Incluso tengo una versión de ‘El viejo hospital de los muñecos’, grabada en el Jardín Japonés (risas). Pero cuando era joven me gustaba el rock and roll, me gustaba Cream, y de hecho tenía un trío de guitarra, bajo y batería con dos bombos, y fui por ese lado”, evoca.

–¿Nunca intentó cantar y tocar la batería como Javier Martínez, ya que habla de “los Manal ingleses”?

–Lo intenté, pero nunca pude. No puedo porque muevo la cabeza y el micrófono se mueve, en fin… en aquella época no había un micrófono que te siguiera. Además estás lejos de la gente, estás atrás de los tambores, de los platillos… no te ven, es un lío. Y la otra razón es que tuve un problema en la muñeca, un ganglión que me llevó a dejar la batería y comprar un saxo, que tiene el mismo registro de la voz humana… uno puede tocar y cantar, ¿no? Y bueno, descubrí que lo que más me representa es cantar. Es lo que me define completamente, y es lo mejor que puedo poner de mí para evocar a estos monstruos.

 

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Fumero en la Rolling Stones

El contrabajista argentino radicado en España regresa con su álbum que hace honor a su título. La formación de trío sin batería favorece el vuelo lírico de Fumero, con el dulce y personal tono de su instrumento. Y la trompeta de Mariano Loiacano, en un set de composiciones instrumentales del propio “Isóca”, con nombres de pájaros autóctonos y aires folclóricos. 

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Alberto Tarantini – Tributo a Cole Porter (Tiempo Argentino)

Luego del CD Jazzy, en el que interpretaba a varios autores de jazz, y su elogiado álbum doble Gershwin y Piazzolla, el músico decidió grabar este Tributo a Cole Porter, en el que hace un recorrido por 14 temas del compositor estadounidense. Con el acompañamiento de una gran orquesta integrada por muchos de los más prestigiosos instrumentistas de jazz de la Argentina (entre ellos Bernardo Monk, Arturo Puertas, Javier Martínez, Miguel Ángel Tallarita y Richard Nant y muchos otros) y dirección del maestro Carlos Cirigliano, Tarantini recrea con un alto nivel interpretativo obras inolvidables como “Night and day”, “So in love”, “Dream dancing” o “Anithing goes”. Un trabajo notable para homenajear a uno de los grandes creadores de la historia del jazz. 

 

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Tarantini, un homenaje argentino a Cole Porter (La Razón)

 

El disco “Tributo a Cole Porter”, el tercero como solista del cantante, saxofonista, baterista y pianista Alberto Tarantini con la orquesta de Juan Carlos Cirigliano, así como sus presentaciones en La Botica del Angel el 20 y 27 de este mes y el 3, 10 y 24 de abril, reactualiza en nuestro país la figura y la obra del más popular de los compositores integrales de la cultura musical estadounidense. Nacido en 1891 en una localidad llamada Perú, en el estado de Indiana, Estados Unidos, falleció en 1964, con lo cual este año se cumple el cincuentenario de su muerte. Por esta razón se organizan conciertos y homenajes en todo el mundo a quien fue autor de más de mil canciones, una más famosa que la otra, al punto que en las primeras décadas del siglo XX era raro que una comedia musical no tuviera música suya.

El disco de Tarantini contiene 18 temas y resulta inimaginable la sola idea de ponerse a elegir entre tal inmensidad de canciones. Cualquier nómina, en todo caso, debe ser inevitablemente buena, especialmente si se conserva el espíritu del hombre que alegró la vida de millones y que sin embargo transitó la suya propia de drama en drama, aunque casi nadie se enterara. Efectivamente, Cole Porter fue el alma de las fiestas más locas del Paris de entreguerras, se casó para ocultar su homosexualidad, se volvió multimillonario con sus temas pegadizos con letras llenas de malicia, vivió como un gran triunfador, pero la realidad es que terminó sus días solo y alcoholizado. En rigor, el enorme talento que tenía para la música también lo tuvo para sobrevivir en un ambiente que, con otra personalidad, le hubiera resultado insoportablemente hostil.

Porter vivía en un mundo imaginado por él mismo a su medida. Fue, para muchos, uno de los más grandes hedonistas del siglo XX, y contaba con una imaginación portentosa que excedía lo musical. Se inventó una participación en la Legión Extranjera y se compraba trajes militares con los que fingía vaya a saber qué. Se casó con Linda Lee -ya dijimos que para disimular- y se dedicaron a viajar por todo el mundo con una multitud de mayordomos y valijas llenas de dinero. Porter, frente a las críticas, sostenía que “mucha gente dice que el dinero puede destrozarte la vida. Para mí la hace sencillamente maravillosa”. 

Un tremendo accidente al caer de un caballo -su esposa evitó que le amputaran las piernas- hicieron que padeciera sus casi últimos treinta años de vida con treinta operaciones, semiparalítico y dolores tremendos. Una década antes de morir no se salvó de que le cortaran una de las piernas. Porter no se quejaba. “Un caballero no debe deprimir a sus amigos con sus desgracias”, decía. Sin embargo cayó varias veces en tremendas depresiones y fue una de las primeras personas en el mundo en “probar” el electroshock. Su mujer, separada de hecho, a veces vivía en otra ciudad y hasta en otro continente. Gracias a la plata amasada, la pileta de natación de Porter en una de sus mansiones estaba llena de “jóvenes escultóricos”, en palabras de un amigo suyo. “Espero que tu vida y tu piscina estén llenas. Sé de buena tinta que es así”, le escribía, cómplice, George Cukor.

“Dream Dancing”, “So in Love”, “Night and Day”, “From this moment on”, “Do I Love you?”, “Ev´ry tieme we say goodbye”, “All oof you”, “Anything goes”, son apenas un puñadito de sus celebrados temas y algunos de los que aborda Tarantini en “Tributo a Cole Porter”. Algunos de ellos fueron escritos por un hombre que sufría atrozmente. Su vida fue llevada al cine más de una vez, pero magistralmente por Irving Winkler en “De lovely”, con Kevin Kline como Porter y la bellísima Ashley Judd como Linda. Woody Allen lo homenajeó en “Días de radio” y en “Hannah y sus hermanas”. Tom Waits, Annie Lennox, Erasure, Sinead O’Connor, Iggy Pop, Lisa Stanfield, David Byrne y Bono fueron algunos de quienes interpretaron temas suyos en “Red hot + blue: a tribute to Cole Porter”, un disco cuyos beneficios se destinaron a la lucha contra el Sida en 1990. Entre nosotros, un buen homenaje es escuchar este muy buen CD de Tarantini.

 

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