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Saber cómo hacerlo (Rapto)

por José Luis Morelli

fotos: Renzo Leonard

En la nueva placa, editada por BlueArt Records, Fuster se pone codo a codo con las imágenes que su cabeza dibuja y traduce en el diapasón de su guitarra. Diez canciones que permiten un recorrido bellísimo entre solos de guitarras, teclados, algún saxo y flauta, pero con el aperitivo que tanto resaltó su protagonista: la sencillez y sensibilidad que fluyen tema a tema para recorrer las emociones que quedaran libradas a quien escuche. Un viaje que invita a mirarse dentro de uno  sin mediar ni una palabra. La potencialidad que solo tiene la música tocada desde el corazón.

Hacía mí

El mundo de lxs guitarristas tiene sus particularidades. Cada cual tiene su estilo, su manera de apreciar un disco, una canción o banda. Sus formas de relacionarse con el objeto también varían según la ocasión. No es lo mismo estudiar batería que tocar guitarra, de eso pueden testimoniar familiares y vecinos de los primeros. Pero, gracias a la vida, la cuestión es así y no hay otra. Es el recorrido que dará como resultado a un/a músicx. Y es parte del engranaje que requiere toda agrupación para comenzar a congeniar y diagramar lo que más tarde devendrá en música. Es un paso a paso que resulta largo, tedioso, donde en el medio conviven esfuerzos que llegan a frustraciones o grandes satisfacciones. Esto último no es una opinión, sino que es parte de lo que reflexionó Luis Fuster, guitarrista que lleva años tocando como sesionista y que ahora vuelve a marcar agenda tras editar su nuevo material.

Desde el vamos uno puede pensar que una charla en profundidad con él girará en cuestiones técnicas, marcas de guitarras, amplificadores y músicos equipados hasta los dientes para la ejecución de cada armonía o melodía. Pero no. Fuster rompe con ese modelo cartesiano que rodea a los músicos de sesión. Y no solo en lo personal sino en quienes colaboraron para llevar adelante este proyecto. Allí figuran nombres fuertes como el guitarrista-productor Palmo Adario, hombre clave en la grabación, Coco Maskivker y Leonel Lúquez  en teclados, Álvaro Manzanero en batería  y el bajo de Tutu Rufus.  A ellos se sumaron invitados de lujo como Andrés Ludmer, gran guitarrista de Jazz fusión, Claudio Cardone (histórico tecladista de Spinetta), Jazmín Rivarola y Melina Montalto en voces, el saxofonista Roberto Ceballos y la flauta de Javier Valderrama.

Luis resalta desde el principio que en esta experiencia, su relación con los estados de ánimos fue clave; el leitmotiv del disco. Al tener como productor a Adario, que es uno de los máximos conocedores en cuestiones de grabación así como un extraordinario guitarrista,  la principal anécdota fue el pedido recurrente de volver a regrabar tomas que se consideraban bien ejecutadas. “Pero él, con solo escuchar, podía sentir que a esa canción le faltaba emoción. Me decía que tocaba muy tenso o que no tenía vibración. Era impresionante, en el momento no lo veía, pero sobre el final entendí lo que me decía”. Grabar un disco tiene eso: hacer una y mil veces la misma toma, tocar cien veces el mismo riff, solo o acorde. Bajo presión o no, desgasta hasta al más profesional. La mano invisible del productor es fundamental. Una ventaja con la que corrió: grabó en su mini- estudio casero y en el de Palmo, con quien carga una amistad de años. “Se hace todo cuesta arriba cuando tocas bajo la mirada de tus compañeros, a contra reloj porque  pagaste por determinada cantidad de tiempo”. Un viejo problema que muchos músicos pueden dar fe. Quizás por eso la autogestión  repuntó para esquivar esta cuestión que incide, y mucho, en la cuestión artística.

En el imaginario de uno -al menos para este cronista- entrar en la intimidad de un músico sesionista es sinónimo de encontrarse con un estudio cargado de guitarras, pedales y amplificadores de todos los gustos y tamaños. Luis vuelve a dar la nota: con un Amplificador Zappy (la línea que fabrica Facundo Nardone y que en su historial lleva el honor darle sonido al disco póstumo de Spinetta) se las ingenia. “Si veo que el sonido es el que me gusta, voy con ese, no soy un gran estudioso en eso. Con un pedal, un overdrive quizas, conecto al equipo y arranco, no tengo mucha historia”. Lo mismo con las guitarras, solo dos: una DTM y una Strato, ambas retocadas por algún luthier amigo. Palo y a la bolsa. “Hacia mí” tiene esa simpleza de la que tanto habla Fuster. Dentro del virtuosismo y el talento se encuentra esa cuota de sencillez traducida en las emociones que su productor le pidió. “Cada tema representa una imagen que tengo dentro de mi cabeza”, explica en relación a componer canciones instrumentales. Además fueron pensadas para que cada invitado pueda sentirse cómodo y libre de interpretar lo que las melodías y armonías le produjeran.

– Venís tocando hace muchísimo tiempo, tenes experiencia de tocar en escenarios con gente muy profesional. ¿Cómo surge la idea del disco después de tanto camino recorrido?

Mi idea fue armar una especie de campo de juego: poner a los jugadores en su lugar, convocar a gente que hace mucho tiempo que conozco, músicos y amigos. Los quise reunir porque los temas los compuse un poco para cada uno de ellos. Le propuse esa idea a Palmo y le gustó. Yo tenía 20 maquetas de las cuales quedaron solo diez. Y empezamos a laburar sobre eso, por ejemplo, contactamos a Jota (Morelli), sabiendo que se la pasa girando, lo llamamos un día que sabíamos iba a estar y lo encerramos en el estudio. Hicimos lo mismo con el resto de los músicos.

– ¿Cómo se hace para componer así? ¿Cómo sale de tu cabeza componer una canción instrumental pensada para que otros aporten lo suyo?

Mencionaste algo interesante relacionado a los estados de ánimos: al ser música instrumental se me vienen imágenes a la mente: situaciones, momentos,  el amor que siempre está presente y es el que más imágenes aporta (risas). Concepciones que tenés de la vida, recuerdos que, generalmente,  bajan después de las 12 de la noche. Es tremenda la noche (risas). Me llegan melodías, ideas y lo que hago es grabar todo. Así es como voy alimentando ese campo que mencioné anteriormente. Luego elijo, no por lo que es mejor, sino lo que me parece que representa esa imagen que tengo en mente. Creo que lo logré, por lo menos yo lo siento así.

– Entonces cada título de las canciones remiten a eso. Hasta en esos detalles estuviste.

Totalmente. Los músicos venían más por lo musical. Palmo me ayudó a interpretar sobre qué músico podía tocar mejor esa melodía o lo que fuese. Ahí lo fuimos armando.

– Cualquiera no lo podría haber tocado entonces, en el buen sentido.

Pienso que músicos buenos hay por todos lados pero lo que pasó en este caso es que yo quería que además sean amigos para poder entablar una conexión. Los que grabaron estaban conectados con el tema. Y terminábamos todos conectados, dejando como resultado una energía positiva. Palmo a veces me pedía que repita otra toma y yo le discutía de que estaba bien, y me decía que sí, está bien, pero vos la podes tocar con más emoción: Tocála bien y transmitile algo más que vos podes transmitir más. Cuesta entrar en ese estado. Ahora, una vez que entraste, evidentemente sale mejor. Eso es algo que solo lo aprendés en una grabación y más en esta experiencia que tuve la suerte de tener.

– Entonces por lo que decís ¿es un disco solista o de una banda?

(Pensando) Es difícil responder, en realidad es mi disco solista. Yo he grabado con otros compañeros. Sería como un disco solista pero la idea tampoco es de banda pero porque hay invitados. Yo quise hacer una matriz donde cada uno pueda expresar lo que mejor hace. Generar un lugar donde el músico, el invitado, pueda hacer su base mediante un solo o un arreglo. Si bien los temas estaban armados, les di total libertad para que hagan lo que sentían necesario. Esa es la ventaja de hacer música instrumental. A mí no me salen las canciones cantadas, no escribo ni canto, me salen melodías instrumentales. En este caso, la intervención de la voz (de Jazmín Rivarola) es muy corta pero quedó lindo. Le dio un color.

– ¿Las composiciones nacen desde la guitarra y vas imaginando cómo enganchar con otros instrumentos? Imagino no es un trabajo fácil, más si se trata de comunicar imágenes desde un solo de guitarra o alguna armonía.

Hago todo desde la guitarra. Primero hago la base, después la melodía y finalmente los arreglos. Pero, por ejemplo, Claudio (Cardone), en “Amor Virtual”, hizo trabajo hermoso. Le dije que haga lo que sienta e hizo unos arreglos alucinantes. Y así hubo otras intervenciones que consideramos que estaban buenas y las dejamos.

– ¿Qué es lo que más rescatás de esta experiencia?

Para mí fue una escuela en el sentido de que fue un aprendizaje porque cuando nos planteamos hacerlo Palmo me preguntó, “¿Querés un nivel sencillo o profesional?”. Fui por lo profesional, con una vara alta y tratamos de hacer lo mejor posible. Eso requirió todos estos detalles, no solo para tocarlo sino para poder transmitir esa emoción que estábamos haciendo. Después en la mezcla le dedicamos un montón de tiempo, más de doscientas escuchas a cada tema. Se hizo un trabajo ultra fino. Por ahí descubríamos que la afinación estaba corrida y volvíamos a grabar, o que el sonido de la viola quedaba menos tenso con otro instrumento, o yo necesitaba relajar un poco las manos, y así. Un arduo trabajo.

– ¿Cuál es la ventaja y desventaja de trabajar así, en los ínfimos detalles?

La ventaja es que quedás realmente satisfecho y decís “hice lo mejor que pude”. Independientemente del resultado que tenga. La  sensación de que hiciste las cosas bien. Después si lo escuchan sólo tus amigos, no me importa. Vos hiciste bien el laburo y le pusimos todas las pilas. El tiempo necesario, la dedicación, todos los detalles.

– Luego de grabar un disco, con todo lo que eso implica, tenés muchas ganas de presentarlo e incluso sentís que estás más preparado.  En este caso, luego de dos años ¿cómo vivís los momentos previos al armado del show?

A full, por momentos muy agotador (risas). Decí que tengo buenos músicos, que llegan al ensayo con todos los temas sabidos, los tocamos un par de veces y nos vamos directo al escenario. Ellos me ayudaron mucho. Una pena que no pueda venir el Jota Morelli, justo le salió una fecha. Pero en su reemplazo viene otro animal que es Álvaro Manzanero. Yo estoy con el sonido viendo si falta algo o hay que aportar algo. Queremos que salga bien, independientemente de la cantidad de gente que vaya. Ojala lo podamos replicar en otros bares o lugares.

– Nunca se te dio por salir a buscar lugares para tocar, ya sea figurar en la agenda o auto-gestionarse un show propio. ¿Qué es lo que pasó ahí?

No me gusta esa tarea, soy medio vago ahí (risas). Yo soy muy sencillo. Así como agarro la guitarra, conecto un pedal al equipo, enchufo y si suena bien, ya está. No estoy ocho horas estudiando. Lo mismo me sucede con los shows. Por mi parte lo único que me preocupa es que todos los músicos cobren por su laburo y chau, si yo pierdo no me importa. Solo me interesa tocar. Encima no existen lugares aceptables para tocar, cada vez es más difícil.

Sobre mí

En su historial figuran colaboraciones con personalidades como Fito PáezRubén GoldínFabián GallardoG11 (selección de guitarristas rosarinxs), entre otros. Un EP que circula en Youtube junto a Palmo Adario, junto a la cantante Jazmín Rivarola Demarchi y el proyecto  “3 + 1 Jazz-Rock Dominó”, un lúcido trabajo donde, entre otros, participa Guillermo Vadalá aportando los graves.
Saltando rápidamente hacía el pasado, la formación data desde muy joven en escuelas y profesores particulares. “Es muy importante encontrarte alguien que te motive a aprender, sino la frustración aparece en seguida” apunta Fuster, que entre otros maestros, tuvo a  Gustavo Sadofchi (ex guitarrista de Pedro Aznar). Actualmente, cada tanto, viaja a Buenos Aires para estudiar  blues y jazz de la mano de Rafael Nasta. Fuster asegura que es mitad autodidacta y aprendiz. Además, sostiene que es importante tener algún estudio hecho ya que “te da recursos para salir del apuro”. Con respecto a la escuela de integrar una banda resaltó “que aprendes mucho cuando te das cuenta que tenes que escuchar a tus compañeros más que a vos mismo. Cuando logras eso, la banda se consolida y no te importa si resaltás más que el resto. Muchos se pelean por figurar y se olvidan de la base, es algo que las escuelas deberían enseñar”.
Admirador de guitarristas como Larry Carlton, Frank Gambale y Andy Timmons, también se fascina con el blues y el funk. Aquello de que para tocar blues hay que hacer con sentimientos, a Fuster la camiseta le queda perfecta. Por más estudios que tenga, a la hora de expresarse dentro de esos tres tonos, el guitarrista realmente te atrapa desde las seis cuerdas. Para el futuro planea grabar algo más rockero con más funk y blues.
En los 80s y 90s integró Ciertamente Roma banda pop que llegó a girar por todos lados, sonar en las radios y vender discos, experiencia que puede llegar a sonar irreal. Eran los tiempos de Mortadela RanciaPunto GIdenti-kitGraffiti, entre otros combos rosarinos. Fuster recuerda con mucha honra esos tiempos en donde se desempeñó dentro de una banda, en el sentido clásico de la palabra.
Colegas tuyos sostienen que el mejor aprendizaje se da cuando integras una banda. ¿Extrañas eso tiempos que viviste con Certamente Roma? ¿Qué es lo que rescatas de esa experiencia siendo que, prácticamente, nunca más integraste una banda?

Ahí me quedó algo que suena como una pavada pero es fundamental. La mayoría de las bandas no se escuchan entre sí. Cada uno toca lo que tiene que tocar pero no escucha al compañero. No se escucha el bombo, el bajo, dónde va cada cosa. Hay que formar ese engranaje general que es lo que hace que las bandas suenen bien, que suenen ajustadas, como se suele decir. Ahí fue como mi primera vuelta de tuerca.Cuando conocí a Palmo empecé a entender cómo era la mano. Hicimos seis temas que están en YouTube. Pero esos cinco o seis años que giré con él fue mi mejor escuela. Me refrescó, me marcó todo lo que te estoy diciendo. Ahí notas una gran diferencia. Es otra forma de tocar. Sino, todos tocamos al máximo y no pasa nada.  Empieza otra historia cuando los músicos se escuchan. Hay que difundir esta idea, estaría bueno que las escuelas de música enseñen eso porque no es solamente aprender a tocar escalas o acordes, es poder engranar todo en un conjunto. Sobre todo porque lo rítmico es el cincuenta por ciento, o más, de una canción.
Es común observar lo que Fuster destaca. El conocimiento muchas veces está pero cuesta encontrarlo funcionando dentro en una banda o por fuera de agrupaciones que se dedican a los covers. Quien presenció alguna vez una zapada de blues o del estilo que sea puede notar eso: no se respetan los volúmenes, la extensión de los solos se tornan densos y no hay coordinaciones. Por momentos no hay cruce de miradas. Algo a corregir y el que publico también deberá aprender a exigir. Que las bandas intenten llegar a este respeto antes de salir a tocar y realmente cautiven a la audiencia. Hay bandas que lo logran. Esto evita, por ejemplo, que el público se distraiga y empiece a dialogar entre sí olvidándose de ellos. Antes de contar los “Me gusta” digitales es mejor estar seguro de que las composiciones están realmente maduras y listas para ser mostradas. “Madurar musicalmente es cuando te copas en algo que suena bien y no solamente cuando te ponen de solista porque puede ser muy lindo tu solo, pero lo que estaba abajo está todo mal y el oyente no entiende nada. Te copaste vos solo. En cambio cuando tenés otra percepción, te podes copar con una base solamente” explica el guitarrista.
– ¿Y tú relación dentro de una banda? ¿Qué pasó allí? ¿No te dan ganas de volver a formar algo como lo de Certamente Roma?

Las bandas son como las parejas o los matrimonios. Sé el alto grado de fracaso que tienen y es muy doloroso. Siete de cada diez fracasan, es terrible. Es por una cuestión de ego. Uno quiere sobresalir, otro que no le dan bola, etcétera. Me pasó. Y volver a empezar es muy difícil. Encontrar músicos de nuevo, que haya onda, gente que vibre con vos, que pueda ensayar, que le guste lo mismo, es una locura y no es fácil. Lo mejor que encontré fue, si se me ocurre una canción, buscar a la gente y grabar. Después vemos, capaz lo hacemos diez veces y hacemos un tema. Capaz a los dos meses lo hacemos de nuevo. Pero no se genera eso de “la banda” aquello de juntar a la gente en una sala de ensayo.

– Por eso  se valora tanto cuando una banda cumple diez o más  años de trayectoria como Vudú, Vándalos o Cielo Razzo.

Una banda que admiro y reconozco mucho es a Vudú. Soy amigo del Willy (Echarte) y le dije esto que mencionamos y coincide. Ellos han generado una forma de laburo que no tienen ese problema. Pero es parte de una minoría. En bandas donde son muchos músicos, Cielo, Vándalos, ahí se generan liderazgos donde uno que indica una forma  de laburo y van a todos detrás de eso. Se generan estos lugares naturales y se está en paz.

Leyendas y Escuelas

Cuando uno escucha  a tipos como Luis SalinasClaudio Marciello o David Lebon decir que nunca estudiaron guitarra y que aprendieron tocando desde los discos o escuchas aisladas de alguna radio AM, cuesta creer que semejante talento haya caído del cielo a la cabeza de estos maestros de las seis cuerdas. Algunos estudiosos desconfían de estas declaraciones e estipulan con que algo de estudio debió existir.
¿Existe el guitarrista ciento por ciento autodidacta o hay algo de estudio detrás de ellos? ¿Cómo te llevas con esta cuestión?

Sí, yo les creo cuando dicen eso. Evidentemente tienen una información que le baja vaya a saber uno de adónde, pero tienen un talento bárbaro. Yo soy una mezcla entre estudiante y autodidacta. Aprendí mucho mirando. Hoy con Internet puede ser más fácil. La ventaja que tiene estudiar es que te da recursos, si vos no tenés ese talento natural que no sabemos de dónde viene, el estudio te ayuda, te hace ir más rápido, te abre una biblioteca dónde sacar información. Si te interesa lo clásico hay escuelas y universidades. Ahora si te gusta el Jazz fusión, es más difícil, tenés que salir a buscar docentes. Acá lo tenemos a Andrés Ludmer que es un genio, de los más grandes a nivel nacional. Él estudió pero luego se reinventó él mismo. Bueno, entonces creo que hay un poco de todo.

– ¿A los que recién comienzan que le aconsejarías?

Que estudien. Nunca está demás e incluso vas a ir un poco más rápido. Después es como todo: tenés que tener tiempo, dedicación, paciencia y mucha voluntad. Yo tuve la suerte tener buenos profesores. Esa es otra clave también, que el docente sea un motivador, que estimule a los alumnos. Es muy importante eso. 

– ¿Cómo te definirías como guitarrista de acuerdo a tu propios conocimientos?

Es difícil. Es una fusión entre mezcla de blues, jazz y funk. Ponelo en el orden que quieras. Jazz moderno estudié lo clásico pero no tengo nada de eso. Me gusta la fusión del jazz con el blues, la del jazz con el rock, y el rock me encanta también. El blues me fascina. Actualmente estoy estudiando con Rafael Nasta, en Buenos Aires, un perfeccionamiento. Toca blues pero con Jazz. En realidad es un guitarrista de jazz que toca blues. A mí me gusta todo ese mundo. Es una mezcla. Me encantan las baladas. Fijate que el disco la mitad son canciones y el resto son medio funk, rock, frases jazzeras pero tocadas con guitarras con over drive, no hay guitarras con sonido limpio. Los temas, armónicamente, no son complicados. Sobre esa base, vos le pones algo un poco más complejo y le da un color especial. No hay acordes aumentados, disminuidos, complejos.

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Una ventana abierta hacia un lenguaje diferente (El Litoral)

En 1976, editaron su único disco, que lleva el mismo nombre que el grupo y
que contenía sólo 6 temas. En 2016, a 40 años de su grabación, el sello
BlueArt Records vuelve a reeditarlo en cd por primera vez, con bonus track,
fotos inéditas del trío y una remasterización a partir de las cintas originales.
 
El valor simbólico no sólo es por lo musical sino que este registro se realizó en
dos días -el 24 y 25 de marzo del 76-. El primero de ellos coincide con el golpe
militar que instaló la dictadura en Argentina.
 
Con inminente presencia de la guitarra con acertados arreglos de cuerdas y
vientos, cada tema es una ventana abierta hacia un lenguaje diferente. Así
despliegan ingredientes del jazz, del blues y aproximaciones sinfónicas desde
la mirada del rock.
Abre el registro “Lo obvio según yo”, con cambios de métrica y compases,
resultado de una búsqueda intelectual desde lo compositivo. Un ejemplo similar
fue el grupo Camel y su disco “Lady Fantasy”.
 
Le sigue “Sin nada”, donde el violín solista nos introduce en un ambiente
sinfónico orquestal. Si se quiere hacer un paralelismo o un parentesco, King
Crimson fue uno de los exponentes de este tipo de instrumentación que
buscaba la sofisticación de la música popular.
 
En esta paleta, “La necesidad de amar… a veces”, de base jazzera con una
fuerte intención depositada en los arreglos de los vientos nos remite al ángel de
Miles Davis metiendo sus cadencias y expresiones musicales en este tema.
Los espacios para la improvisación y la base rítmica pareciera que es un grupo
de jazz abordando al rock.
 
En “Algunas maneras de expresarme”, se escucha una guitarra más
“elaborada” a lo Frank Zappa. Los riff y efectos del instrumento líder y el apoyo
en la base nos permite un viaje hacia el hard rock del grupo británico Deep
Purple con su legendario tema “Smoke on the water” (1972).
 
El saxo alto se destaca en el track de más duración del disco “El Final”, tiene su
momento para la improvisación y es el portador de la melodía que también
comparte con el clarinete. El tema más rockero llega al final con el bonus track
“Reminiscencias”, con la guitarra con distorsión al frente a lo Jeff Beck.
 
Este disco nos lleva a la retrospección y a indagar en algunos pasajes
musicales o recursos que hoy ya están consolidados en estilos de grandes
grupos que han hecho historia, pero que en esos años sólo se estaban
gestando. Es una puerta de entrada para conocer muchas vertientes del rock,
un viaje desde Yes y Pink Floyd, hasta Genesis y Led Zeppelin.

Mili López. Revista de El Litoral de Santa Fe, 2017.

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Un muy atrayente y bienvenido trabajo (El Amante)

Editado recientemente por el sello Blue Art de Rosario, aunque grabado en 2009, este disco ofrece la no demasiado habitual formación de dos saxos tenores, contrabajo y batería. Natalio Sued está radicado en Europa desde 2001 y ha trabajado con numerosos músicos de ese continente, en tanto que Rodrigo Domínguez es uno de los más completos saxofonistas del país y aunque aquí solo toca tenor, también es muy competente con el alto, el soprano e inclusive el clarinete. Apoyados por la muy sólida base rítmica integrada por el veterano Hernán Merlo en contrabajo y el siempre eficiente Eloy Michelini en batería, desarrollan un programa en el que se intercalan obras propias con amplio espacio para la improvisación en su mayoría de Sued, y breves dúos muy libre de los dos caños (dado que en el disco no está explicitado, y para no correr el riesgo de equivocarme, no trataré de diferenciar los solos de los dos saxofonistas). Hay temas potentes (todos de Sued) como el que da título al disco y Turn All Around, con muy buenos solos de los caños y el contrabajo y Motivation, un homenaje al gran Charlie Parker alrededor de las armonías de su tema Confirmation. Domínguez contribuye con dos obras introspectivas y serenas, Green D (arriesgo que con un gran solo de él) y Acacias. Se puede escuchar también la lírica Zamba para Nicanor en la que hay un consistente trabajo de Michelini y el disco finaliza con Angelesun intenso góspel de Sued. Un muy atrayente y bienvenido trabajo, aún con retraso,  de estos dos excelentes saxofonistas. Jorge García.

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Próximo lanzamiento

Luis Fuster , uno de los más importantes guitarristas de fusión de rock-blues-jazz de Rosario, acaba de publicar “Hacia mí” (BlueArt, 2016), su primer disco con la colaboración de Palmo Addario, Jota Morelli,  Claudio Cardone y Coco Maskivker  entre otros.

Escuchá un adelanto

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El CCPE / AECID saluda a BlueArt

En mi carácter de director del Centro Cultural Parque de España / AECID y de todo el equipo de esta institución, deseo saludarlo y felicitarlo por los quince años del sello discográfico que dirige, BlueArt Records.

En todas estas temporadas, desde su creación, ha sido un gusto para la Cooperación Española trabajar con usted en las coproducciones con grandes artistas del jazz en nuestro Teatro Príncipe de Asturias, en las grabaciones en dicho ámbito, en las presentaciones de tantos discos.
El CCPE / AECID renueva su compromiso de trabajo conjunto a futuro en tal sentido.
Muchas felicidades.
Saludos cordiales

Gastón David Bozzano
Director CCPE / AECID

Rosario, Argentina

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“Música de calidad”

  

Más de ochenta discos, un premio Grammy, un Gardel y el reconocimiento generalizado de músicos y críticos a un catálogo que, con el jazz como horizonte y guía, no se desvió de su búsqueda de calidad. Sintéticamente, ése es el saldo que el sello rosarino BlueArt Records cosechó durante sus primeros quince años de historia, un periplo que mañana comenzará a ser celebrado con un concierto en la Terraza de Plataforma Lavardén (Mendoza 1085), donde Mariano Suárez (trompeta y flugëlhorn), Pablo Socolsky (piano) y Fermín Suárez (contrabajo) volverán a recorrer su disco Portugal, en un show que cerrará con la presentación de Desvíos, obra del cuarteto conformado por los talentosos saxofonistas Natalio Sued y Rodrigo Domínguez, quienes subirán a escena acompañados por Hernán Merlo en contrabajo y Hernán Mandelman en batería.

La función, anunciada para las 21.30, será la primera de un programa aniversario que se completará el jueves 1 de diciembre en la Biblioteca Argentina (Roca 731), donde Eduardo Elía presentará su primer disco de solo piano, en una fecha que sumará además la recorrida que Ernesto Jodos (piano), Sergio Verdinelli (batería), Javier Moreno Sánchez (contrabajo) y Rodrigo Domínguez (saxo) realizarán sobre Relojeros (ya no quedan), distinguido como uno de los mejores discos de jazz del corriente año. 

 

Con estos conciertos, BlueArt vuelve a poner en escena algunos de sus lanzamientos recientes, con los que ratifica una búsqueda en la que lo estético prima por sobre el afán comercial. “Nos sentimos parte clave de la revitalización de la industria cultural en Argentina. Publicamos la música que nos gusta, la que los grandes sellos no escuchan”, señala en ese sentido Horacio Vargas, director del sello (y jefe de redacción de Rosario/12), que en 2004 pudo celebrar la obtención de un Grammy Latino por Postangos en vivo en Rosario, obra de Gerardo Gandini distinguido como Mejor Album de Tango. Nueve años más tarde, ese género le significó un nuevo reconocimiento: Tangolpeando, de Adrián Abonizio, obtuvo en 2013 el Gardel como Mejor Album de Tango Alternativo. BlueArt sumó además otras dos nominaciones a los Gardel: Flores negras de Gandini fue ternado como Mejor Album Artista‑Grupo de Tango Nuevas Formas en 2006, y Actividades constructivas, de Ernesto Jodos, fue nominado el año pasado como Mejor Album de Jazz.

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BlueArt Records cumple 15 años y lo festeja con un festival de jazz

Conclusión digital, 24 noviembre 2016

BlueArt Records, el prestigioso sello rosarino especializado en jazz contemporáneo, con proyección nacional e internacional, cumple 15 años y lo celebra en dos noches con su III BlueArt Jazz Festival.

El sábado 26 de noviembre, el trío rosarino Suárez-Socolsky- Suárez repasa el elogiado disco “Portugal”, y como cierre estará la presentación oficial de “Desvíos”, el CD de dos notables saxos tenores como Natalio Sued (Ámsterdam) y Rodrigo Domínguez (Buenos Aires), junto a Hernán Merlo en contrabajo y Hernán Mandelman en batería. Temas originales, en ambos casos,  que sorprenden por la riqueza de la improvisación.

En Biblioteca Argentina, en tanto, el jueves 1 de diciembre, se presentan otros discos de BlueArt. “Relojeros” –por muchos críticos especializados el mejor disco de jazz 2016- y solo piano del cordobés Eduardo Elia.

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Sábado 26 de noviembre

En la cúpula de la terraza de la Plataforma Lavardén, desde las 21.30 y con una entrada a 120 pesos, se presentará en primer lugar el trío rosarino Suárez-Socolsky-Suárez, que repasará el elogiado disco “Portugal” (BlueArt, 2015).

El grupo de jazz contemporáneo está compuesto por Mariano Suárez (trompeta y flugëlhorn), Pablo Socolsky (piano) y Fermín Suárez (contrabajo). Las composiciones del grupo conjugan la improvisación con elementos del jazz como aspectos relevantes, en el marco de un estilo cercano a lo camarístico.

Luego de ellos, sonará Sued/Dominguez Cuarteto. Ellos son dos grandes saxos tenores del jazz y se unieron para sacar el primer trabajo discográfico: “Desvíos” (BlueArt 2016).  Natalio Sued y Rodrigo Domínguez –de ellos se trata- junto a  Hernán Merlo en contrabajo y Hernán Mandelman en batería presentan trece temas originales que sorprenden por la riqueza de la improvisación.

Sued, nacido en Buenos Aires, vive en Ámsterdam desde 2001, donde desarrolló una formidable carrera musical que le permitió tocar con Lee Konitz, Chris Cheek, Sal Mosca y otros. Participó además en diferentes grupos tanto en Holanda como en toda Europa. Domínguez, también porteño, es hoy uno de los músicos más sobresalientes de la escena del jazz en Argentina.

Jueves 1 de diciembre

En este caso el festejo será con entrada gratuita, desde las 20 en la Biblioteca Argentina (Presidente Roca 731). Allí se presentará el pianista de jazz, Eduardo Elía, con su primer disco de solo piano.

Egresado de la Escuela de Música Popular La Colmena de Córdoba y especializado en la BerkleeCollege of Music de Boston, Elía, como dijo el portal de música El intruso, “ha dejado de ser un pianista con un futuro auspicioso. Su futuro, ya llegó”.

Luego de él estarán Jodos-Verdinelli-Moreno-Domínguez presetando “Relojeros (ya no quedan)”, uno de los mejores discos de jazz editados en Argentina en 2016.

El CD cuarteto que integran Ernesto Jodos (piano), Sergio Verdinelli (batería),  Javier Moreno Sánchez (contrabajo) y Rodrigo Domínguez (saxo) incluye temas propios de los cuatro integrantes de la banda y un arreglo del español Moreno Sánchez sobre las canciones folclóricas de Luciano Berio.

BlueArt Records

Es un sello independiente de Argentina, surgido en Rosario en 2001, que se especializa en editar a músicos de jazz del país.  Sus discos se distribuyen en disquerías de todo el país y también se comercializan on line a través de gigantes como Amazon, Ebay, entre otros.

En la actualidad posee un catálogo con 81 títulos editados.  A 15 años de su surgimiento, BlueArt se ha consolidado como uno de los sellos discográficos independientes más importantes del país.

Su director, el periodista y escritor Horacio Vargas,  señaló: “Nos sentimos parte clave de la revitalización de la industria cultural en Argentina. Publicamos la música que nos gusta, las que los grandes sellos no escuchan”.

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Los Desvíos de Sued y Domínguez (El Intruso)

 

Rodrigo Domínguez es un reconocido líder de banda con cinco álbumes en su haber (Tonal en 2004, Soy sauce en 2008, Presenciaen 2010, Drop Dogs –con Mark Helias y Hernán Hecht- en 2012 y Limón en 2015) y ha integrado varias de las bandas más interesantes de la Argentina de las últimas décadas como Quinteto Urbano, Mariano Otero Quinteto y Orquesta, Santiago Vázquez y La Grande, Lucía Pulido y La Raza, Juan Pablo Arredondo Quinteto, Juan Pablo Hernández Quinteto, Hernán Mandelman Sexteto, las agrupaciones de Ernesto Jodos, Fernando Tarrés, Mariana Baraj, Guillermo Klein, Paula Shocron, Guillermo Bazzola, Eleonora Eubel, Hernán Merlo, etc.

En tanto que Natalio Sued, quien reside en Ámsterdam desde 2001, es un activo integrante del movimiento free en los Países Bajos, donde ha brindado conciertos de tinte experimental en todo el país. Su ideario artístico combina música escrita con improvisada y en la actualidad participa de varios proyectos en forma simultánea con los que realiza numerosas presentaciones, especialmente en Europa, entre los que podemos mencionar Native Speaker, Antimufa, Del Abasto, Tetzepi, etc. En 2003 conformó Intuit Quintet, con el que debutara como líder al año siguiente con Istmo; luego editaría, entre otros álbumes, Mirada esquiva (en la edición europea, Our Hour) y Amistad. Ha tocado con músicos de reconocida trayectoria en el mundo del jazz como Michael Moore, Jasper Blom, Thomas Andersen, Sal Mosca, Chris Cheek, Lars Dietrich y Lee Konitz, entre otros.

Desvíos, como se dijo, fue registrado en marzo de 2009. Su edición, siete años después por intermedio del sello rosarino BlueArt, no le ha quitado frescura y resulta un interesante ejercicio la comunión que surge de los temas interpretados con el aporte de la base rítmica (siete, cinco correspondientes a Sued y los dos restantes a Domínguez) y a dos saxophones tenores (seis, de composición compartida). Estas breves piezas, tituladas Dúo (1 a 6), son gemas de protagonismo repartido que bien podrían conformar un mini álbum por separado. De los restantes (muy buenos los aportes tanto de Eloy Michelini como de Hernán Merlo), podemos destacar –casi arbitrariamente- Desvíos, Zamba para Nicanor Acacias.

Desvíos tendrá su presentación oficial el próximo miércoles 23 de noviembre a las 19:00 hs. en el Salón de Honor del Centro Cultural Kirchner, sito en Sarmiento 151 (CABA), con entrada libre y gratuita. En esta ocasión, los saxofonistas Rodrigo Domínguez y Natalio Sued estarán acompañados por Hernán Merlo en contrabajo y Hernán Mandelman en batería.

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Francisco Lo Vuolo Trío.

El pianista santafesino se ha convertido en uno de los principales artistas de la escena del jazz merced a una potente creatividad y una depurada técnica. Junto a su trío, presenta un show único donde interpretará standards de jazz y composiciones propias.

El 11 de noviembre en Plataforma Lavardén, Terraza de la Cúpula (Sarmiento y Mendoza), dentro del programa “La Casa del Jazz

21.30 horas.