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Tango y floklore en el piano de Joel Tortul este Viernes en el Rosa

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Joel Tortul: folclore y tango, en un solo ritmo

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Joel Tortul: folclore y tango, en un solo ritmo

A los 24 años, ya tiene editados dos discos. “Un instrumento mejor te hace tocar mejor”, dice el pianista santafesino.

Por Eduardo Slusarczuk

 

 

A los 24 años, Joel Tortul reparte su tiempo entre su Fuentes natal, en el sur santafesino, Rosario y los viajes, apoyado en el respaldo que le brindan sus dos discos editados - Impulso de tango , de solo piano, y el reciente Punto vivo , en formato de trío- y un interminable listado de presentaciones en vivo.

La rutina, a pesar de su edad, no es nueva. La decisión de estudiar piano fuera de su pueblo, allá por el año 2000, le abrió la puerta a un mundo que está en permanente expansión.

“A los 6 años empecé a tomar clases con la profesora de música de mi escuela primara, y dos años más tarde debutaba tocando la marcha nupcial en la iglesia del pueblo. Poco después, ya me llamaban de fiestas, aniversarios, peñas, y el paso siguiente fue el circuito de festivales de la zona. Sobre todo, en Casilda, en peñas”, resume el pianista, de paso por Buenos Aires.

De a poco, por las características de los sitios en los que tocaba, Tortul fue dejando de lado el repertorio de rancheras, valses, cumbias y foxtrot, y puso el foco en el folclore. “Y también me gustaba el tango”, aclara, al mismo tiempo que le adjudica esa preferencia al legado paterno.

A medida que alternaba las clases con Octavio Brunetti con el fútbol, el deporte fue perdiendo terreno frente a la música. Proceso en el que tuvo un peso decisivo la compra de su primer piano, cuando rozaba los 15, y pasaba a retiro eterno el teclado en el que había aprendido a tocar, “jugando”.

“La primera actuación con piano fue en Venado Tuerto. De pronto me encontraba con dos octavas más, con un sonido mucho mejor que el que había tenido hasta entonces, un con una reacción distinta de un público que ya me había escuchado tocar con el órgano”, recuerda el músico, que sentencia: “Un instrumento mejor te hace tocar mejor”.

¿Te costó adaptarte? Para nada. Lo que pasa es que todo lo que se aprende jugando, es interpretado por el cuerpo como algo natural. Por supuesto, después hay que ir corrigiendo cosas, mejorando cuestiones técnicas. Pero es importante tenerlo como natural desde chico.

A partir de ese momento, los certámenes previos a los festivales de Baradero y Cosquín fueron una escala anual, que lo pusieron a tiro de ambos escenarios. En el primero, su consagración fue en 2003, y repetiría un par de años más tarde en la localidad cordobesa.

“Fue algo lindísimo, porque lo esperaba desde hacía un montón”, cuenta Joel, quien asegura no haber despegado los pies de la tierra ni por un segundo. Y menos aún haber sufrido miedo escénico.

“Es que no fui de 80 personas a diez mil. Todo se fue dando de a poco. Como yo tocaba desde muy chico, se dio de manera muy natural. Crecí así”, explica.

¿Te frustraba presentarte al pre-Cosquín y no ganar? No. Era un certamen para el festival. Una instancia que veo sólo como una experiencia. Pero yo ya tenía claro que iba a ser músico, y sabía que el camino del artista no pasa por los certámenes, sino que todo dependía de mí y del público. No tanto de un jurado.

Mal podría haberle afectado entonces el silencio absoluto que mantuvo se teléfono después de pasar por un casting para alguno de los tantos certámenes tinellescos. “Fue como un juego. Lo único que recuerdo es que había una cola bárbara”, dice. En cambio, optó por estudiar. Primero con Juan Carlos Silvera, y luego con Juan Carlos Cirigliano. Así, el chico de Fuentes se acercó de modo definitorio al jazz y la música académica.

“Silvera me enseñó mucho de clásica, de música universal. Me hizo conocer a Debussy, Chopin, Beethoven. Pero no tocando, sino analizándolo. Todo lo que sabía me lo brindó para que lo aplicara a lo que yo tocaba”, dice.

Con Cirigliano, en cambio, Joel ingresó al universo de Astor Piazzolla. Y de la sonoridad sinfónica, con la que el pianista pretende ampliar el colorido de su propia música. “Ahora -anuncia-, estoy escribiendo para orquesta de cuerdas. Lo sinfónico llegará después.” Sin embargo, eso no lo distrae de su actualidad, que tiene formato de trío, y acaba de registrar enPunto vivo , un álbum en el que se codean Aníbal Troilo, Juan Falú, Piazzolla, Horacio Salgán y el propio intérprete.

Tortul reconoce la asociación del trío piano-contrabajo-batería al jazz. Sin embargo, marca diferencias. “La sonoridad jazzera la pone el trío. Pero es como sucede con el bandoneón. Lo primero que uno se imagina cuando lo escucha, es que es tango. Pero también puede ser chamamé”, ejemplifica.

Y se extiende: “Uno tiene que tener en claro adónde apunta. Mi idea es poder tocar tanto en un festival folclórico como en uno tanguero. Y poder tocar también en el exterior. Traté de darle un aire jazzero. Pero no es fusión. Hay grandes pianistas que la hacen, y muy bien. Yo no lo puedo hacer porque no toco jazz. Siempre lo he escuchado, he sacado muchas cosas, pero nunca me puse a tocar jazz”.

¿Por qué? No sé. Me pasa como con la clásica. Al tocar, hay una cuestión emocional que hace que me cueste. Entonces, prefiero arreglar una zamba con sus herramientas, pero no ir por ese territorio. Al fin de cuentas, al subir al escenario, lo que uno quiere es compartir con el público lo que a uno le gusta hacer, y le sale de adentro.

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¿Quién es?

Joel Tortul nació en la localidad de Fuentes, en 1986. Estudió con Octavio Brunetti, Mauricio Vuoto, Alexander Pannizza, Juan Carlos Silvera y Juan Carlos Cirigliano. En 2007 grabó Impulso de tango. Tocó con Leandro Lovato, Franco Luciani y María Volonté, entre otros.