El Litoral

“Versos y trovas” de Abonizio

Noviembre de 2008

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Rosario/12

Canciones de una generación

Mayo de 2006

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Rosario/12

Mayo de 2006

Canciones de una generación

"Nos dimos cuenta de que podíamos tener un buen álbum, que podíamos homenajear a esas canciones sin desvirtuarlas", explicó.

Por Edgardo Pérez Castillo

 

A las canciones de Adrián Abonizio --por lo pronto, a aquellas que incluyó en el flamante disco Extraño conocido, que hoy a las 21.30 tendrá su presentación gratuita en la Plaza Cívica de San Lorenzo 1949-- pueden tildárselas de muchas maneras. Históricas, emblemáticas para la trova, poéticamente emotivas. Sin embargo, los rótulos se desmoronan ante la resignificación lograda con la placa editada por BlueArt Records, que cuenta con los arreglos de Carlos Casazza, quien además aporta su guitarra junto a la de Claudio Bolzani y el contrabajo de Charly Pagura (que para este concierto será reemplazado por Martín Marino). Desde esa sonoridad acústica, Abonizio se permite reabordar las composiciones creadas casi tres décadas atrás, reinterpretándolas desde la experiencia de una trayectoria que, según dejó en claro ante Rosario/12, le permite disfrutar de cierta condición de ilustre desconocido. Una currícula artística que, para forzar el autorreconocimiento del autor, debería agraciarlo con el don de la invisibilidad.

Porque Abonizio le esquiva a los elogios, y mucho más al autobombo. Aunque es allí donde gana capacidad analítica frente a su nueva obra. "La voz ha cambiado mucho, para bien, y es como volver a cantar las canciones en la génesis de lo que después se terminó llamando trova rosarina --admite--. En este caso soy un historiador de mí mismo, y tratamos de mantener una cronología de los hechos como algo casi periodístico. Y tienen un telón muy importante, porque no fueron compuestas ni en el exilio ni de vacaciones en Mar del Plata, fueron compuestas en Rosario en situaciones históricas de dictadura. Eso no las avala o convierte en algo de mayor o menor compromiso, sino en una fotografía, una instantánea de la época. Entonces tratamos de respetar esas instantáneas y no alterar el orden incluyendo temas que no correspondieran a esa cronología, porque son canciones del año 77 hasta el 83, cuando las canciones fueron grabadas por mí, en menor medida, y en mayor medida por Juan (Baglietto) y otros intérpretes".

-Al escuchar el disco, da la sensación de que no apunta a ser un "grandes éxitos", sino que tiene otro espíritu.

-Lo que pasa es que yo nunca los consideré grandes éxitos. Apenas las consideré buenas canciones. Lo que vino después fue producto de que se fogonearon, a través de Buenos Aires, canciones que fueron hechas acá. Ahora es como que volvemos al principio, hacemos de cuenta que no pasó nada y las volvemos a hacer como fueron concebidas. En todo caso pertenecen a un pequeño manual de historia que cada uno tiene en su cabeza, y corresponden a una etapa. Aparte mucha gente las quería escuchar en este formato. Contradiciendo eso de que uno no escucha a la gente y va siempre para adelante a la búsqueda de temas nuevos, de cantidad, buscamos un poco de calidad en diez temas, para lograr un disco que no sea largo, y que sea fiel a esa época en la que fue compuesto sin equipos, sin estudios, sin grandes pretensiones.

-De esas canciones hay muchas que fueron más escuchadas en la voz de otros cantantes.

-Claro, hay algunas que pese al autor, que soy yo, se convirtieron en caballitos de batalla de una suerte de generación. También hay algunas canciones que uno tenía olvidadas porque fueron grabadas en discos casi anónimos, por eso lo de Extraño conocido, porque a veces al autor no se lo conoce mucho. Y no es que uno viene a reivindicarse, porque realmente no lo preciso, porque si lo precisaría se notaría en el disco, haría algo más ampuloso, buscando más golpes bajos. Esto es como pasar en limpio lo que fue compuesto en distintas cocinas de distintos lugares donde uno vivió. Este es un disco que no perdió vigencia, porque está más o menos bien escrito. Queda mal que lo diga yo, pero si lo escucho no me sobresalta, no me choca, porque el 80 por ciento de esas canciones que grabamos las sigo tocando. Y las otras se me perdieron o las olvidé porque me parecieron muy inocentes en el sentido de que representaban unas ganas de que sucediera algo, y la canción ayuda aparentemente a que eso suceda. Como "Plantas argentinas" o "Cantándole a los vivos", que no las había cantado más.

-Dice que su voz está mejor ahora que en aquel momento. ¿Cree que las canciones se resignificaron a partir de la interpretación?

-Sí, uno antes de grabar tiene que pensar si las palabras no se han vuelto en contra, si las historias han perdido vigencia o si uno ya no piensa lo mismo que antes. Pero como es poesía, y no tiene la pretensión de ser un testimonio de época, es inalterable en el aspecto de que por más que pase el tiempo sigue siendo poesía. En cuanto a la interpretación creo que aprendí mucho. Antes no me consideraba un cantor, pero ahora considero que puedo cantar mejor, aprendí algunos yeites gracias a haber tocado mucho. Hoy puedo cantar esas canciones con un poco más de conocimiento de lo que significa cantar. Antes a lo mejor andaba a los gritos, pero creo que lo hacía porque era más joven y había una necesidad de ser escuchado. Ahora uno ya fue escuchado, la generación de la Trova Rosarina ya se escuchó, con todos los errores que teníamos ya se sabe que somos buenos, que podemos integrar una lista de Pekerman, si hubiera una. Nuestras canciones, no sólo las de este disco, están metidas en la historia como un color más entre las tantas que hubo, están en los libros de texto, las cantan en los colegios, a veces en días patrios.

-¿Está conforme entonces con el resultado?

-Sí, mucho más de lo que creía. Nos dimos cuenta de que podíamos tener un buen disco, que podíamos homenajear a esas canciones sin desvirtuarlas y sin la necesidad de pensar en las versiones de otros. Lo que causa gracia es que el técnico que mezclaba eso tenía dos años cuando yo cantaba estas canciones. Pero le pasa a todos los tipos que van llegando a los 50 años, que tienen la necesidad de pasar en limpio y seguir.

-Más allá de lo que pase con Extraño conocido, ¿le interesaría continuar con esta mirada histórica de su propia obra?

-Sí, de hecho me interesaría armar un tríptico, hacer dos discos más. Pasar en limpio y a formato acústico las otras canciones que no han sido muy conocidas. Es como un libro de historia, porque las canciones de Extraño conocido fueron escritas en dictadura y nacieron en democracia. Sería bueno hacer otro disco con canciones escritas en democracia y un tercero con temas acostumbrados a la democracia. Depende mucho de las finanzas, de las ganas y el convencimiento, pero si uno hace un correlato de lo que está escuchando en este disco, se va a situar en una época en la que algunas cosas siguen igual, otras empeoraron y otras mejoraron. Pero sí se sitúan en una época en la que cantar esto era raro, era difícil. No éramos los únicos, por supuesto, pero por lo menos yo cada canción no la puedo sacar del contexto de quien gobernaba. La única forma que uno tiene de defensa es evidenciar el momento que está pasando. La música es un oficio muy riesgoso en el sentido de que queda mucha gente en el camino. Siempre se está soñando con una fama que no llega. Por suerte en mi caso no va a llegar nunca, ni me la merezco, la creo merecer, ni la preciso o pretendo. Pero sí hay un reconocimiento y muchas historias que me han pasado con canciones mías que han tenido caminos realmente insólitos con respecto a como uno las concibió.

-Cuénteme una.

-Una vez iba en un colectivo en Buenos Aires y un tipo vestido de payaso cantó "El témpano", pero con la letra cambiada. Justo coincidimos en la parada, me bajé con él y le dije: "Che, esa frase no es así, es de otra forma". "Yo no la cambié --me dijo--. Siempre me gustó pero no tenía plata para comprarme el cassette, y tuve la suerte de que caminando por la calle me encontré la letra en un cancionero, pero estaba sucia, borrada, y yo leí eso". Lo que él cantaba era otra cosa, pero la cantaba con fuerza y ganas, entonces yo no tenía por qué corregirlo.

-¿Le dijo que el tema era suyo?

-No, para nada. Jamás lo hago, porque ese es uno de los placeres que a uno le da ser un conocido en forma anónima. Si uno pudiera llegar a la invisibilidad sería un placer enorme.