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Reseña del disco de Eduardo Elía en Página/12

Diario Página/12. Nota de Santiago Giordano, 20 de agosto de 2019.

 

Eduardo Elía ocupa un lugar destacado entre los pianistas de jazz que tienen algo para decir a partir de un lenguaje propio, elaborado sobre influencias cuidadosamente seleccionadas y metódicamente asimiladas. Cada trabajo del pianista, sin renunciar al equilibrio entre técnica y fruición, representa una especie de tesis, un estudio sobre las posibilidades de los estilos, siempre con formaciones distintas. Si sus primeros discos trazan una línea entre el hard bop de gusto monkiano -Callado (2008)- y los principios libertarios de Ornette Coleman -El yang y el yang (2011)-, a partir del tercero, We See (2012), la madurez artística que expresará de manera bien distinta: Figuras de un solo trazo (2015), con temas propios, y Solo (2016), una bella apropiación de temas ajenos, están sostenidos por un responsable sentido de la libertad.

Cuando sea necesario es el regreso de Elías a la música propia, ahora puesta en juego en el andamiaje de un trío sólido, que completan Rodrigo Domínguez en saxo y Sergio Verdinelli en batería. En la amplitud de sus perspectivas, la música de este trío se ciñe a la gramática de lo que puede barajarse en términos de jazz contemporáneo. Es decir, música compuesta para ser recompuesta continuamente, a partir de una dinámica que potencia los aportes individuales y las amplias excursiones de la improvisación. Es ahí donde se redondea la identidad de cada tema. Es lo que permite, por ejemplo, que las dos versiones de “PF2” muestren tantas similitudes como características propias. En su sexto disco personal, Elías se confirma como un pianista de formación eminentemente jazzera y espíritu abierto, cuyo gusto por la coherencia melódica no está exento de sentido del riesgo y la experimentación.